Víctor Samuel Rivera

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El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Este blog, Anámnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política desde el ángulo de la hermenéutica filosófica.
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miércoles, 24 de junio de 2020

Entrevista de José Chocce sobre Coronavirus (II-III)



Comparto con los lectores la entrevista que me ha hecho José Chocce Peña a raíz de la Gran Pandemia del Coronavirus.

Agradezco las casi 300 solicitudes de inscripción para el Taller de Hermenéutica y Estudios Sociales de Ciher, casi la mitad de las cuales proceden de México, Argentina, España, Colombia y Chile. Lamento ir anunciando que le taller deberá ser dividido en bloques trimestrales más pequeños, según los intereses y grado de estudios de los participantes. Es materialmente imposible hacer un taller con un número tan grande de colaboradores.




2— ¿Cuál es su comentario sobre Sopa de Wuhan, ese libro escrito y distribuido en forma digital que recorre el mundo entorno al mundo COVID 19?


   Apenas iniciado el proceso de la Gran Pandemia, cuando lo que ahora tomaríamos por una cifra modesta de pocos más o menos unos cientos de muertos en el norte de Italia, y unos miles de chinos poquísimos, que a la gente se le hacía una desaparición anecdótica de otros, mis alumnos y singularmente José Luis Herrera y Manuel Paz y Miño me mandaban el colectivo Sopa de Wuhan. No me pareció relevante en absoluto leer a los grandes de la filosofía en esa incertidumbre entonces fundada dar opiniones que, a pesar de la esperanza de muchos, continuaban siendo a mis ojos las mismas del tiempo del Gran Espejo, una terquedad del Mar de Cristal pugnando involuntario por atar sus pedazos disparados por el impacto de Corona. No había notado entonces algo que ahora comprendo que es fundamental, y es que el virus Corona un buen día se había sentado en el trono vacío.

     No comprendo cómo una opinión puede ser importante, salvo cuando fuese posible una suerte de instalación del saber, cosa que no ocurre casi nunca, dada la naturaleza inexpresable e inefable del auténtico saber. En la Carta VII de Platón está subrayado el carácter inefable del saber auténtico que, por definición, es puesto en el horizonte de la inteligencia humana como un más allá del discurso. Dice Platón que ese saber es arrethon, inefable, más allá de donde es ámbito del discurso, incluso del verdadero, bajo la imagen de que hubiera alguno que no fuera éndoxon. Lo que se puede decir, ciertamente, y esto sin duda vale también para quien contesta, es “fable”: en el triple sentido de a la vez inexacto, de aspecto imaginario y débil de carácter (que al parecer pasa por intermedio del francés a en “feble”). Es algo bastante paradójico que esta época, la época de la Gran Pandemia, que sea algo común que se pida este estar “más allá”, a falta de sacerdotes católicos o pitonisas oraculares paganas, al filósofo. Lo fascinante es que finalmente el mundo del espejo transparente en que se inclinan los todos/mismos se ve obligado a volver a los arúspices y los profetas, o la huella que queda de ellos en los modestos filósofos.
   
    

 La Gran Pandemia es un mundo; el mundo de los hombres luego del quiebre del mar de cristal. Estamos dentro del ruido de las opiniones entre los tiestos de los cristales rotos, en la gran noche de la pandemia. Y si la opinión se asocia culturalmente con la oscuridad, el saber, ese saber que se pide en el instante mismo en que la sociedad ha dejado de fluir en el mar y la transparencia de la “sociedad trasparente” se muestra como nunca como una ilusión, es que el quiebre del cristal atraviesa el evento. Es un evento de luz invasora. No la luz de la razón, sino la luz de la no razón, la luz fundadora que es por ello externa, extraña y violenta. La metáfora de la Caverna de Platón afirma de modo muy plástico el vínculo entre las opiniones y el saber. La plenitud del mundo y de lo que es propiamente, que solo es posible a la vista de la luz, se halla en el orden de lo que es propiamente visible. Justamente la visibilidad es ausente en el Mar de Cristal del fluido mundo transparente, pues el que ve, ve sí mismo, que es una manera de decir que no ve nada.

     
     Sigamos un instante con la Caverna. Wuhan envía al Corona a recoger a los sabios, pero estos, a medio camino, encuentran restos del vidrio del espejo, y se asombran con lo que ven. A medio camino se sientan a dar su opinión de los espejos, que ahora consideran muy interesantes, pero extrañamente repetitivos, redundantes pues dicen otra vez lo mismo. Cuando en el fondo de la Caverna el ruido de la éndoxa se ve afectado por el llamado desde Wuhan, ese ruido mismo es el anuncio de un saber, es ese saber mismo que se aloja haciendo, rehaciendo la Caverna, instalándola en un giro incomprensible, para el que Sopa de Wuhan es a modo de muchos fracasos que intentan restablecer el Mar de Cristal, sin saber nunca cómo pues, aunque llamados por algo nuevo, un saber antes oculto para todos, solo usan partes viejas de lo que antes fluía y ahora son esquirlas.
     
     El filósofo, creo yo, debe hacer moralmente, está fenomenológicamente llamado (por el virus, y su Padre, Wuhan, la verdad luminosa) a reconocer la caducidad de sus tiestos de vidrio. Conocer y saber es ahora experimentar el llamado, experimentarlo al modo de una no/opinión. Por decirlo de alguna manera: El momento del saber de las multitudes, de gerenciar el mundo consultando a la gente de la calle, sus gustos anónimos y antojadizos, la anarquía de sus caprichos, ha tenido al virus como el anuncio de un gran no. Y este no es además no solo lo que pide Wuhan, la lejana y oriental ciudad de la luz incomprensible, sino lo que reclaman los usuarios mismos de la filosofía en este tiempo de la Gran Pandemia. ¿Y qué piden los que opinan mismos, tanto y en medida análoga a lo que el virus reclama desde fuera? Que sean los filósofos los arúspices del saber nuevo ya previamente instalado.

domingo, 21 de junio de 2020

Entrevista de José Chocce Peña (parte I-III)



#FilosofíaEnTiemposDePandemia

Lima, jueves 18 de junio de 2020
Víctor Samuel Rivera

1— ¿Qué opinión le merece toda la situación actual que vive el mundo y entorno a la pandemia COVID 19?


      
  Sobre las opiniones soy escéptico, aunque el mundo al que pertenecemos, en cambio, deposite su fe en ellas. Sobre temas públicos, altamente sensibles, y con hondo sentido político y moral, se recurre al artista, se acude al cómico, a la persona que lee las noticias; cuando no al mero y anónimo caminante, que es la expresión más íntima y esencial del opinador. A fines de la década de 1990, con la aparición y masificación de la computadora portátil y del internet, pareció cumplirse la utopía más ansiada del mundo moderno, el mundo de la comunicación transparente y sin límites, la sociedad posmoderna, la sociedad que Gianni Vattimo denominó entonces “transparente”; líquida o fluida, para pensar el tema en la terminología entonces tan potente de Zygmunt Bauman. De pronto la opinión, lo que los griegos llamaban éndoxa, la opinión como el derecho ilimitado a decir lo que sea sin importar de los labios de quién, terminó por ser el faktum de la razón posmoderna o, mejor dicho, de la posibilidad realizada donde el conocimiento y la opinión se han vuelto idénticos entre sí.

   
         El mundo al que pertenecemos, como un mundo humano específico donde opinar y estar en la opinión, por así decirlo, es lo más metafísico a donde nos es lícito llegar, es un mundo cuya constitución es un no saber donde el opinador reconoce sus derechos. Este tiempo y mundo hace de la comunicación su trabajo, su actividad realizadora. Y es como un mar de cristal donde cada uno que ve, ve lo mismo. Esa sociedad transparente de la década de 1990 era como el Mar de Cristal, una figura profética del Apocalipsis de San Juan evangelista. El Mar de Cristal es un extenso piso de espejo. Hacia el fondo el buen Dios sentado. Allí doce santos obispos metropolitanos se ven a sí mismos, y entonces, echando sus coronas al suelo, se humillan y adoran, una figura maravillosa de la liturgia Confiteor Deo omnipotenti, solo que sin ningún Dios que la contemple en su trono Un inmenso espejo, una comunidad del espejo. Y, de pronto, el evento. Ha acontecido que el espejo ha sido roto, ya que no por la opinión del hombre que no se humilla, sí por la Corona soberana de un virus que inesperadamente yace sentado.



sábado, 20 de junio de 2020

Metafísica del virus Corona / El ser que no puede ser comprendido

El virus Corona
El ser que no puede ser comprendido

Texto escrito a propósito de la pandemia del Coronavirus
Lo integraré a un libro de ensayos que muy posiblemente imprima en Arequipa

Lo redacté con el estímulo de Manuel Paz y Miño, Director de la Revista Peruana de Filosofía Aplicada, así como por la tenaz insistencia de José Luis Herrera

Aplastando el afiche podrá accederse a la versión en formato PDF en www.academia.edu



 
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