Víctor Samuel Rivera

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Este blog, Anámnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política desde el ángulo de la hermenéutica filosófica.
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lunes, 17 de mayo de 2010

Reseña: Carácter de la literatura del Perú independiente (edición de 2008)


Estimados lectores: Interrumpo brevemente la saga sobre hermenéutica de la violencia en el encuentro con el otro para adelantarles una breve reseña sobre una reedición de una obra señera del pensamiento monarquista de José de la Riva-Agüero y Osma, Marqués de Montealegre de Aulestia.

Cuando esté disponible en pdf, colgaré el enlace.

Pueden ver la saga desde hoy en La Coalición



DE LA RIVA-AGÜERO Y OSMA, José . Carácter de la literatura del Perú independiente. Edición, prólogo y notas de Alberto Varillas Montenegro. Lima: Universidad Ricardo Palma, Instituto Riva-Agüero, 2008, 386 pp.

Se trata de la segunda reimpresión de una de las obras centrales del Marqués de Montealegre de Aulestia (José de la Riva-Agüero y Osma), polígrafo, pensador, ensayista católico, filósofo político y connotado historiador, fundador de la historiografía científica peruana (1885-1944). De todas sus obras, ésta es sin duda una de las menos conocidas y menos eficazmente divulgadas. El texto original fue su tesis para el Bachillerato presentada a la Facultad de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos, sustentada e impresa en 1905 (Carácter de la literatura del Perú independiente, Lima, Librería Francesa Científica Galland, E. Rosay Editor, 1905, 272 pp.). Del texto de 1905 se hizo una escasa impresión de 300 ejemplares que, además, no fueron puestos a la venta al público, sino distribuidos de manera privada a parientes, amistades y diversos eruditos, como Ricardo Palma, Marcelino Menéndez y Pelayo y Miguel de Unamuno. Esta obra de Montealegre se considera un clásico del pensamiento de la así llamada “Generación del 900”, grupo de intelectuales del cual Riva-Agüero fue líder indiscutible. Junto con su La Historia en el Perú (1910) y Le Pérou Contemporain de Francisco García Calderón (1907), Carácter es uno de los libros decisivos del 900 peruano. Sólo por ese motivo debería ya saludarse la reimpresión de la obra. Pero tenemos más.

Carácter de la literatura habría de resultar medular para la historia literaria del Perú. En calidad de tal se hizo una primera reimpresión del texto de 1905 en 1962, esta vez a cargo del Instituto Riva-Agüero, que recogía la herencia intelectual del Marqués de Montealegre. Como obra primera, se le cedió el volumen I de la edición de las Obras Completas del marqués, empresa que a la fecha (2010) aún no se ha concluido. Esta segunda edición sufrió una serie de recortes y alteraciones sobre la base de indicaciones manuscritas del autor, cuyo deseo postrero fue depurar el original de ciertas afirmaciones anticlericales y antitradicionales de las que estaba plagado. Como consecuencia de lo anterior, la obra efectivamente difundida para uso académico terminaba llevando consigo una serie de distorsiones y deformaciones. La tercera edición de 2008 que estamos reseñando es un facsimilar de la de 1905, es decir, es una copia idéntica al original, del que conserva incluso su paginación. Dada la escasez de ejemplares de la edición original y el lógico predominio que ha tenido la de 1962 en los estudios peruanos en general, el significado de la edición nueva es inestimable. Permite hacer accesible el pensamiento del autor tal cual fue. Escribió Montealegre de sí mismo: “Yo también soy anticlerical” (p. 208). Leer la obra en clave anticlerical es ya bastante interesante, pues es casi como leerla nueva. Pero desde el interés de la historia del pensamiento peruano aparece además algo que tal vez los propios encargados de la presente edición no han previsto: recuperar la dimensión original de la obra es algo más que dar la vista a su presunto anticlericalismo. Significa recordar que Carácter no es un texto de estudios literarios, sino una pieza magistral de filosofía política.

De la mano del texto facsimilar es más fácil reconocer en Carácter lo que en realidad era: un libro de filosofía política. En efecto, esta obra fue en su tiempo considerada, sin duda, como un libro de filosofía, para lo que debe tomarse en cuenta una clave histórica: durante la juventud de Montealegre predominaba en filosofía peruana el positivismo sociólogo. Como obra académica, Carácter era consideraba una extensión heterodoxa del positivismo sociológico que había introducido hacia fines del siglo XIX en el Perú el filósofo Javier Prado y Ugarteche (1871-1921), como bien ya ha señalado en sus memorias de 1945 Francisco García Calderón, su compañero en la Generación del 900, (In Memoriam, Genève, La Frégate, 1945). Pero más aún: se trataba de una versión extraordinariamente audaz del positivismo, entre cuyas consecuencias sociales debía incluirse un notorio elogio de algunas instituciones como pilares de la sociedad peruana y recursos necesarios para su salud y prosperidad. Por su diseño, y por extraño que resulte al lector de la actualidad, se trata de una obra ligada al positivismo francés monarquista, en particular a la obra histórica de Hyppolite Taine, Histoire de la littérature anglaise (1873) y a sus Essais de Critique et d’Histoire (1892), éstos últimos expresamente citados por el autor (pp. 5-6). De Prado procede el método; de Taine, la orientación normativa. De Taine sale el elemento “heterodoxo” del positivismo de Riva-Agüero, que se plasma en las tesis centrales de la obra, hasta ahora disimuladas por el maquillaje de la edición de 1962.

Sobre presupuestos positivistas, Montealegre sostiene en Carácter tres tesis centrales de sociología política: la primera es la única y solitaria defensa del sistema monárquico constitucional del siglo XX como la forma de gobierno más adaptada a la realidad social peruana; en segundo lugar, Carácter defiende la idea de que es necesaria una relación empática con la tradición y con el pasado, lo cual implica un programa de incorporación y reapropiación del pasado colonial y de revaloración de las formas sociales, prácticas y creencias heredadas del régimen monárquico hispánico. La tercera es una postura frente a la religión católica, a la que se rescata como institución articuladora de la práctica social, defendiendo el régimen de patronato eclesiástico. Estas tres posiciones se derivan de la puesta en práctica del método positivo tal y como éste había sido introducido antes en el mundo universitario por Javier Prado. No podemos dejar de insistir en que estas tesis, que son en realidad el nudo de la obra, su significado histórico auténtico, quedan notoriamente ocultadas en la edición adaptada de 1962; en el afán de los editores de esa fecha de eliminar elementos anticlericales o antitradicionales, la edición hasta ahora más difundida de la primera obra de Riva-Agüero desaparece justamente lo que ésta tenía de más favorable a las causas a las que se quería proteger: tanto a la Iglesia como a la tradición cultural española. Con la nueva edición facsimilar damos este episodio por terminado. Es rescatable que el Instituto Riva-Agüero haya participado en esta reparación histórica que permitirá renacer a Montealegre como lo que fue: un filósofo precoz, original y brillante.

Mencionar el sentido, las fuentes y la estructura de la obra es inevitable, así como una breve referencia crítica a la introducción de Alberto Varillas Montenegro. Para comenzar, los editores de 2008 han tenido el acierto de incluir como apéndices a la edición facsimilar de la obra original de Montealegre las ediciones de los dos primeros comentarios académicos de su tiempo, una redactada por Miguel de Unamuno: “Algunas consideraciones sobre la literatura hispanoamericana: a propósito de un libro peruano”, en La Lectura, revista de Ciencias y de Artes, Año VI, # 69, 1906; la otra por Francisco García Calderón: “La tesis de José de la Riva-Agüero”, en El Ateneo (Lima), tomo VII, # 41, 1906. No son las únicas, pero sí las más significativas por la fuente de donde provienen y el alcance que significaron para la obra reseñada; más aún si fueron crítica del libro original, en su contexto original. Con estos comentarios disponibles puede constatarse que hay una doble interpretación del libro, una literaria, que es la que ha acentuado la edición de 1962, frente a otra filosófico-política (la de García Calderón) que es, a nuestro juicio, la definitiva. Es la que afectó en el siglo XX la oposición y el ocultamiento de la obra de Riva-Agüero por sus destinatarios, los peruanistas del siglo XX como Jorge Basadre, José Carlos Mariátegui o Luis Alberto Sánchez, por citar a los más notorios. Montealegre redactó una tesis positivista-monarquista. Los futuros estudios históricos del pensamiento peruano ya no tendrán excusa para estar de espaldas ante esta realidad.

La edición original de Carácter se divide en siete partes, que son los capítulos respectivos de la tesis de Bachiller en Letras, más un apéndice que es una rápida retractación del marqués sobre las opiniones originales del libro acerca de La Cristiana del Padre Diego de Hojeda (pp. 275-295). Las partes de la tesis se dividen en números romanos del I al VII. La última es un conjunto de consideraciones sociológico-políticas, en su mayor parte dirigidas a esclarecer las conclusiones de la obra que antes hemos anotado. La edición actual permite ver en su lugar las críticas a la teocracia y al tradicionalismo español, con frases del tipo “la execrable tradición teocrática que, como una sierpe, se les ha enroscado y adherido tenazmente a la idea de la patria española” (p. 265). Pero esto permite comprender también frases como la precedente: “¿No serán meras ilusiones nuestros proyectos de acercamiento intelectual a España?” (ibid.) como lo que eran: la postulación de una versión moderada del monarquismo, gracias a cuya ausencia, motivada por la adhesión irracional al sistema republicano “En revoluciones y trastornos hemos perdido un siglo y, con la rapidez de la civilización moderna, la pérdida de un siglo no se repara” (p. 266). La parte I es una introducción al problema de la nacionalidad peruana y sus instituciones sobre la base de los estudios previos de Javier Prado, que tenían una marcada orientación racista con antecedentes en Gustave Le Bon y el Conde Gobineau. En resumen, es un estudio de la psicología nacional con los mismos presupuestos de Prado, que empujaban las conclusiones al racismo. Es notorio que el autor supera el racismo científico de Prado por un estudio social a través de la historia literaria, a la que se dedica las secciones intermedias II-VI. La última es una breve aproximación a la literatura contemporánea (del 900). El resto se ocupa en cuatro partes de la historia literaria según las influencias del estilo predominante y con énfasis en los autores representativos. Un mayor énfasis, si cabe, en Ricardo Palma y Manuel González Prada, el “tradicionismo” frente al “modernismo” del autor de Horas de Lucha. Imaginamos fácilmente de parte de quién se halla el autor.

La introducción de Alberto Varillas Montenegro recoge significativos aportes de la historiografía relativa a Riva-Agüero, admitiendo, como es el caso, de su virtual inexistencia. Quizá fue injusto no mencionar como biografía relativa a Montealegre nuestro Víctor Samuel Rivera: “El marqués de Montealegre de Aulestia. Hermeneuta de la contrarrevolución” (en Solar, revista iberoamericana de filosofía, Año II, # 2, 2008, pp. 105-137). Por otro lado, Varillas no hace mayor referencia al significado político social de la obra, y nos desanima en cambio al detallar varios elementos anecdóticos, como las enfermedades del pensador y los detalles de su vida amorosa, que además la correspondencia nos sugiere bastante más complicada de lo que la esboza el editor. Muchas inexactitudes históricas podrían señalarse que, por el escaso espacio disponible nos inhibimos de señalar. Para terminar, es digno de mencionarse un par de cosas. La primera es la insistencia (algo exagerada) de Varillas en presentar a Montealegre como un pensador “liberal” (cfr. pp. XXV, XXVI, XXIX). Es motivo de otro lugar demostrar su profunda dependencia respecto del parlamentario español reaccionario Juan Donoso Cortés y del Conde Joseph de Maistre desde periodo muy temprano en la obra jurídica y política del autor. La segunda es el reconocimiento de su título nobiliario como forma de identificación de Riva-Agüero (p. XXV). Montealegre: un marqués desconocido asoma hacia el recuerdo portando su título de nobleza.

lunes, 4 de enero de 2010

No fue nunca liberal



No fue nunca liberal
Apuntes sobre una biografía del marqués de Montealegre


(Comentario a la biografía de José de la Riva-Agüero y Osma de Alberto Varillas Montenegro, 2008)

Víctor Samuel Rivera
Universidad Nacional Federico Villarreal



Prólogo a mis lectores hermeneutas: Voy a postergar unas semanas la continuación de la serie de comentarios que he estado dedicando a la Lezione di Congedo de Vattimo. Deseo en el ínterin escribir un par de comentarios a libros recientes. Uno sobre el Marqués de Montealegre; el otro sobre un folleto grande que se ha publicado recientemente en Lima con ensayos pequeños sobre hermenéutica y política.

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Acabo de terminar hace pocos días mi ensayo “La amnistía y el gobierno. La filosofía jurídica del marqués de Montealegre”. Se trata de un trabajo relativamente extenso en el que trato de explicar la obra de filosofía política del marqués. Originalmente, mi objetivo era presentar de manera analítica sus obras de filosofía jurídica. El desarrollo de mi esfuerzo, sin embargo, me orientó a ver algo que ya sospechaba: que la fuente más relevante de esta filosofía había que buscarla en el pensamiento reaccionario español. Debo ser enfático: La filosofía política de José de la Riva-Agüero y Osma podría resumirse en la tesis central del parlamentario español del siglo XIX Juan Donoso Cortés, en su Discurso de la Dictadura (1850). Esta tesis consiste en la idea de que el horizonte de lo jurídico es más extenso que el de lo legal. Vale decir: el Derecho no es coextenso con el ordenamiento legal, sino más amplio que éste. Hay aspectos del orden que están fuera de la capacidad de previsión de la ley. Para el lector interesado en filosofía política y jurídica, hay que anotar que se trata de distinguir “legalidad y legitimidad”, y de concebir ambas como Derecho, como desarrollaría después Carl Schmitt en el ensayo de ese nombre (1932). Esta posición tenía como contraria la idea liberal según la cual el orden legal es el límite del Derecho o la reducción de lo jurídico al orden legal. En este tema, quien postula que la legitimidad excede los límites de la legalidad no es liberal. Montealegre defendió esa postura en sus textos de filosofía política y jurídica. Eso por sí mismo, claro está, no indica que haya tomado la idea de Donoso Cortés. Pero vayamos ahora al asunto que motiva esta nota. Como sea, un seguidor del Discurso de la Dictadura de Donoso no podía ser un liberal.



He mencionado una de mis últimas investigaciones sobre Montealegre porque, accidentalmente, me he topado con uno de los más interesantes aportes a la historiografía de José de la Riva-Agüero que conozco. Y resulta ser –si ignoramos mis propios trabajos, lo cual es aquí legítimo- también el más reciente aporte serio que existe a la historiografía sobre el marqués de Lártiga. Se trata del prólogo de Alberto Varillas Montenegro a la edición facsimilar del primer libro de Montealegre, Carácter de la literatura del Perú independiente, cuyo original es de 1905 y que ha sido impreso recientemente (Lima: Universidad Ricardo Palma/ IRA, 2008). El de Varillas es un notable opúsculo académico de 65 páginas. Su texto está dividido en dos partes, cada una de las cuales es bastante meritoria en su género. La segunda es una exposición del contenido, el significado histórico y la historia del libro de Riva-Agüero, así como una presentación de un par de textos complementarios facsimilares que acompañan el volumen, un artículo de Miguel de Unamuno (1905) y otro de Francisco García Calderón (1906). La primera parte es una biografía del personaje, que buena falta hacía.



Varillas comienza el trabajo biográfico con un detalle de modestia. Confiesa el autor que no tiene la pretensión de que su trabajo sea considerado como tal, sino –entendemos nosotros- una especie de reseña. Con esto parece indicar que considera el suyo un trabajo que podría completarse, en lo que no le falta algo de razón. Creemos que el material disponible sobre Montealegre es tan grande en la actualidad que se impone reconstruir su vida en función de todo el conocimiento sobre él que antes era inaccesible y que ahora no lo es más. De manera correcta, Varillas alude a sus contactos europeos, en lo que no yerra. Varillas afirma también que no había disponible aún otra biografía, lo cual es, si no falso, al menos una exageración. Para comenzar, porque existe la mía, que es accesible en formato pdf en la barra lateral de este blog. Como mi texto fue impreso el mismo año que el suyo, es comprensible que no lo haya considerado. También exagera porque existen otras biografías anteriores, no malas. Para comenzar, la conocida y seria de José Jiménez Borja, en forma de libro (1966), pero también una larga lista de semblanzas (o sea, biografías más pequeñas) de fecha diversa, entre las que llaman la atención las de Pedro Benvenuto Murrieta (1954) y las de José de la Puente y Candamo, la más reciente de hace apenas un par de años. Pero hay un mérito del texto de Varillas. La suya es casi la primera biografía que incorpora como material de información los nueve tomos de Correspondencia del marqués de Montealegre de Aulestia que han sido impresos hasta ahora por el Instituto Riva-Agüero (2007). Decimos “casi”, pues nos hemos servido también nosotros del mismo material en nuestra tesis de maestría en historia de la filosofía, así como en las dos biografías que hemos compuesto e impreso: una para Solar (2008), y otra para la revista Escritos, de Colombia (2009). Incluso con el desacuerdo de su autor

La de Varillas es una magnífica biografía peruana de Montealegre -habría que decir, de Riva-Agüero-. Ha reseñado de manera didáctica puntos soslayados en otros trabajos, incluidos los míos, entre los que destaco la salud del marqués, sus amistades juveniles, una relación amorosa de circa 1911, la relación con Luis Alberto Sánchez, así como la relación entre sus ideas y su práctica política entre 1930 y 1936, con toda certeza, esto último de extremada importancia para la historia social del siglo XX del Perú. Como en todo lo anterior se atiende fundamentalmente a hechos, hechos que pueden certificarse con el cotejo de sus las impresas de Riva-Agüero, poco es lo que podemos agregar que no sea un halago. El trabajo es exhaustivo para su extensión, cita fuentes oportunas y no hay erratas (hay algunas erratas, pero menores, que son más asunto del corrector de estilo y que debe ser una llamada de atención para éste. La más grave es citar a Francisco García Calderón con el pie de imprenta equivocado). Pero hay un núcleo básico en la reseña biográfica que es el motivo de este comentario. Varillas afirma que el marqués de Lártiga fue liberal. Lo hace en la introducción de su trabajo, lo hace a la mitad de la historia, y termina el relato enfatizando que fue liberal. Pero no, estimados lectores. No lo fue. Se trata de la reiteración de un tópico de la historiografía política del siglo XX que es necesario corregir. En esto estamos ante un error histórico, un error que desfigura la imagen de nuestro más representativo pensador reaccionario del siglo XX.

La opinión de Varillas no es solitaria ni caprichosa. Se basa en un conjunto de antecedentes muy largo y muy complejo y consideramos excusable el error. Pero no por eso incorregible.

Una manera de iniciar la refutación de lo afirmado por Varillas respecto del presunto liberalismo de Montealegre sería remitirlo a la argumentación del texto sobre la filosofía jurídica del marqués que vengo de redactar. Pero eso sería hoy de extensión inapropiada para el blog, así que me voy a ajustar a otra estrategia. Voy a explicarle al lector en qué único sentido Riva-Agüero sí fue un liberal: en el vocabulario social del siglo XX peruano, pero muy en especial antes de la Segunda Guerra Mundial, la voz “liberal” se usaba para significar: partidario de la modernidad política, republicanista y, más particularmente, persona no católica. Riva-Agüero fue liberal solamente en el último sentido, no en los dos anteriores. Como anticlerical o no católico (incluso anticatólico) lo contamos apenas alguna vez en su vida, con certeza antes de 1907, muy posiblemente entre 1902 y 1906. Pero en 1905 Montealegre (1885-1944) tenía apenas 20 años. La redacción de la tesis de 1905 se hizo mientras el joven Riva-Agüero tenía la influencia marcada del positivismo y el darwinismo social, en particular por su maestro Javier Prado, rector entonces de la Universidad de San Marcos. Pero eso fue entre 1902 y 1904. Como una cuestión de hecho, Riva-Agüero ya no era anticlerical durante la segunda mitad de la segunda década del siglo XX, lo cual se comprueba por su patrocinio y participación en actividades religiosas. Posiblemente no era entonces un devoto practicante, pero no era más el anticlerical de 1905. Quedan las otras dos entradas para “liberal”. Si vamos por sinónimo de “republicanista”, no lo era. Era monárquico, como lo indica la parte III del libro del que la biografía de Varillas hace de prólogo. Y si la letra del marqués mismo no fuera muy convincente, está también el comentario de García Calderón de 1906 que el profesor Varillas ha tenido la sensatez de acompañar como addenda, dada la rareza del documento. Y lo último que nos queda: “partidario de la modernidad política”. Las obras de 1905-1910 tratan la modernidad y la Revolución Francesa en términos de “crisis Ética” y “abismo”. Es cuestión de revisar la conclusión del libro de 1905 con cierto detalle, y difícilmente el lector podrá concluir otra cosa.

Si le ha parecido a usted lector que hemos argumentado muy rápidamente, le sugerimos que lea nuestra biografía de 2008 “El Marqués de Montealegre de Aulestia. Hermeneuta de la contrarrevolución”, a la que se tiene acceso pulsando la imagen del polígrado en el lugar indicado de la columna derecha del post. Y para ser el post de inicios de año, me parece bastante por ahora.

Y como diría el Conde Joseph de Maistre, lectura juvenil de Montealegre:

Caetera adsunt…

PD: Para los lectores poco imaginativos y con problemas de tolerancia: Les cuento que el Marqués de Montealegre de Aulestia, activo colaborador internacional en la Guerra Civil Española en favor del bando nacionalista, no asistió al desfile triunfal de Madrid. Se había disgustado con Franco sobre la situación de la monarquía, que quedaba fuera de juego.
 
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