Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

viernes, 29 de agosto de 2008

Osetia, geografía hermenéutica


South Osetia,
Ontología del límite y el permitir


Víctor Samuel Rivera




Rusia invade Georgia, un diminuto desagregado de la URSS en el Cáucaso. Era el día de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Ocupa Osetia del Sur, luego Abjasia, provincias diminutas del diminuto Estado. Es un problema de derechos humanos. El argumento central es dar apoyo político a indefensos grupos minoritarios oprimidos por una mayoría insensible, liberar a indefensos ciudadanos de masacres y el genocidio Sakaabilly, tirano de Georgia, al decir del Embajador de Rusia en Lima, un “fascista” y un “genocida”. El derecho internacional vigente, fundado en la coexistencia política de Estados naciones soberanos, sin embargo, condena la acción. Hay un derecho humanitario –argumentan los rusos-. El derecho humanitario es anterior, tiene un carácter más urgente. El derecho humanitario no permite dejar en la indiferencia a los países poderosos para intervenir cuando las minorías son maltratadas. La idea es: Qué inmoral sería permitir que los derechos humanos de las minorías reposaran sólo en el derecho nacional interno o las reglas de Derecho Internacional de la ONU, por ejemplo. Los derechos humanos son de un orden que exige una garantía que es tanto moral como racionalmente más importante que la ONU, la soberanía estatal y el derecho internacional juntos y que se traduce políticamente en la obligación de intervenir por la fuerza. Antes del Derecho, los derechos humanos. Ontológicamente antes lo que -como vemos- implica un dominio sobre la violencia y la legitima. Se trata de una deliciosa pieza filosófica, que atiende al problema de los límites de la ontología (la hermenéutica, la interpretación) dentro del mundo político. Permitir o no permitir. Qué permitir, por qué permitir. Y quién da permiso. Todo esto es filosofía política y, más aún, una ocasión para hacer hermenéutica política –al decir de Gianni Vattimo- desde “la actualidad”, esto es, interpretando las condiciones fácticas del ejercicio de la racionalidad en el horizonte posmoderno.





La invasión humanitaria para auxiliar a la Osetia georgiana es particularmente fascinante porque involucra una modificación (una Verwindung, diría Vattimo) del horizonte hermenéutico del lenguaje político liberal. No sólo se muestra la lógica perversa de los “derechos humanos”, que es lo de menos. Acontece que el lenguaje liberal de justificación de la violencia por “derechos humanos” ha travestido su significado. Esto es un factum hermenéutico, algo que parecía no poder ser, pero ha acaecido que es, y es verdadero ahora. El evento Osetia lleva consigo un cambio en los límites de un lenguaje de legitimación de la violencia, hasta ahora reservado para la “Madre de las Democracias”, su red global de ONG y sus dependencias militares en Europa. Se ha cambiado la naturaleza de lo que “se permite” y lo que “no se permite”. Esta situación atiende los límites históricos del mundo posmoderno tal y como éstos han devenido en la práctica de la tradición liberal, tal y como –por ejemplo- un lector acucioso debe deducir de los escritos políticos del difunto Richard Rorty. Existe el Derecho, nacional o internacional, pero está subordinado a los derechos humanos. Esto se prueba porque los derechos humanos (y no el Derecho) son el criterio en lo relativo al dominio del uso de la fuerza. Los derechos humanos son “fundamento” del Derecho –y de la fuerza-. Pero aún no hemos llegado al fondo. Los derechos humanos mismos, a su vez, están también sometidos a una instancia anterior, que pasa regularmente desapercibida, pero que tiene un carácter fundante en el lenguaje liberal: Una lógica de los sentimientos morales, en particular la compasión por el débil y el que sufre. Sufren los osetianos, los rusos ven vulnerados sus derechos humanos, y tienen compasión: Entonces usan la violencia, la “intervención humanitaria” a favor de los osetianos. La violencia hermenéutica está justificada por un sentimiento fundacional de humanidad por el que llora. El ojo llora y la violencia está justificada desde su fundamento último, el sentimiento de compasión. Todo estaría perfecto si no sucediera que son los rusos los conmovidos, pues es esto lo que modifica el límite.


Como vemos, hasta antes de los Juegos Olímpicos de Pekín, las intervenciones humanitarias eran de la jerga de una ontología fundacional de los sentimientos políticos. Iba desde la “indiferencia” a la “compasión”, ambos con fuerte carga moral, tan fuerte como para justificar la intervención armada. Se trata de un lenguaje emotivista originado en la filosofía utilitarista inglesa, promovido en la práctica ecumenal del liberalismo por las ONG y los medios de prensa “correctos”. “Nosotros somos compasivos, luego, actuamos por humanidad” –diría el liberal-, un sentimiento moral pregnante y que atiende –en su versión rousseauniana- a la condición humana universal. En la tradición de Bentham o John Stuart Mill, la humanidad extiende generosa su compasión política a los animales que sufren. Pero los Juegos Olímpicos han pasado. Con ellos, el lindero entre la indiferencia y la compasión emotivistas se ha desplazado del mundo cuya justificación filosófica son en parte Bentham y Mill al mundo no liberal, al mundo donde no caben ya los animales, Rusia, por ejemplo, al mundo donde resulta extraño, anecdótico, inaceptable que exista la compasión, que de pronto se revela como un fundamento privativo del universo liberal, como en efecto era hasta 2008. Pero he aquí el factum hermenéutico de Osetia: Un sentimiento ontológico liberal se ha pasado de frontera y, con él, la historia del mundo.



Hemos tratado de Osetia como evento, como un evento cuyo mensaje es el cambio de las fronteras geográficas del lenguaje liberal. Pero, ¿qué es un evento? Definamos “evento”, para comenzar, como una situación sociopolítica, como lo que llamaríamos un “hecho histórico”, algo que sale en los periódicos y es registrado. Es fundamental que el “evento” exceda los marcos del procedimiento institucional. Esto es, no cualquier hecho social es un evento. Sólo es evento la clase de situaciones sociopolíticas que aparecen como representaciones de cambios efectivos del orden político, o que implican pensar el orden político, como la Revolución de 1848, por ejemplo, que redefinió el pensamiento (y no sólo la práctica) de la política europea. El terrorismo, la situación de terrorismo permanente, es en este sentido el ejemplo insigne de “evento”. No el acto terrorista, sino la situación de terrorismo, que localiza y limita el acto terrorista determinado y lo hace un fenómeno del pensar, y no una mera desgracia para un ojo que llora. El Estado georgiano quiso someter militarmente a los grupos separatistas de Osetia del Sur (país: Georgia). Eso es un evento, pues se realiza una operación de fuerza precisamente cuando los mecanismos procedimentales de un régimen político son ineficaces para atender un problema de modo tal que éste pase desapercibido. Los eventos de los países soberanos, en un sentido general, son la historia de esos países. Si nos imaginamos un mundo donde todas las situaciones sociopolíticas pudieran ser procesadas dentro de los mecanismos institucionales de una cierta forma de régimen, la democracia, por ejemplo, o la monarquía, la mera sucesión temporal de acontecimientos sería irrelevante. Cuando cayó el muro de Berlín, un filósofo llamado Francis Fukuyama previó, con un sentido algo exagerado de sus cualidades proféticas, que la historia posterior a 1991 carecería de eventos, que, para decirlo en mis propios términos, sería una historia ineventual, una historia donde nada más pasaría. Estaba equivocado, sin embargo.


Fukuyama pensó que era posible pensar un tiempo humano sin eventos. De hecho, esta suposición absurda subyace como fundamento a las creencias ilustradas y liberales del rol político de la compasión como estrategia de interpretación de fenómenos como el de una intervención política, como la de Kosovo, por ejemplo. La idea es que en un mundo sin eventos no existe la posibilidad, no se permite, que las fronteras cambien. Es lo que en filosofía llamaos la “lógica de la identidad”, esto es, el mundo de sí y no, de verdadero y falso, que es el punto de partida para la apropiación del terreno de lo que “se permite”. Pero un tiempo sin eventos es inimaginablemente inhumano, en el sentido de que no es propio del sentido de lo humano llevar una vida en la que no pasa nada. En el que nunca Osetia del Sur puede querer separarse de Georgia, o que nunca EE. UU. querría apoderarse políticamente de Europa Oriental, incluso creando países ridículos como Kosovo. Pero ese mundo es lo que Richard Rorty llamó “la utopía liberal”, un mundo cuyo significado radica, precisamente, en que no sea posible el evento.



Hasta hoy ha coincidido que el ámbito del ejercicio de los derechos humanos como violencia militar es el mismo que el de la vigencia del programa normativo de la Ilustración, de sus criterios de universalidad y de su posicionamiento efectivo como dominio político. Los liberales asumieron siempre que era a priori su terreno. Inmanuel Kant lo ha explicado muy bien en sus ensayos de “filosofía de la historia” y se trata de un tópico conocido. La práctica del empleo de los sentimientos morales iba de la mano con una cierta geografía política, que los defensores de la violencia ilustrada llaman a veces “las democracias”. Aunque Jean-François Lyotard daba ya desde hace tres décadas el esfuerzo intelectual por inútil, vemos que la coincidencia entre dominio político y lenguaje de la compasión ha muerto recién hoy, con Osetia, en que ha devenido un hecho que la suposición del carácter a priori del dominio de la violencia de los compasivos era falsa. En el sentido más filosófico, el evento Osetia es un mensaje que marca, que pone la huella de sentido de la frontera del uso político de la compasión. Siendo su origen una concepción liberal de los sentimientos políticos (en Mill o en Bentham), ha extendido su frontera más allá del territorio de la Madre de las Democracias. Hay un problema en si se puede o no permitir que Rusia ejerza su derecho a la compasión, o si se debe permitir que el sufrimiento de los osetianos le sea indiferente a los rusos. Hasta hace una semana, sólo a las democracias les estaba reservado acudir a sus sentimientos morales de compasión por los que sufren. Pero lo que hay aquí detrás es la emergencia del evento del lenguaje liberal en un uso cuya frontera difiere del posicionamiento de poder de la “Madre de las Democracias”. Lo que se permite o no se permite estaba hasta el evento Osetia limitado a las fronteras liberales, lo que a su vez les confería el derecho sobre los derechos humanos y, junto con ello, el uso terminal de la compasión, la violencia “correcta”. Ahora la compasión merece compasión, pues se ha revelado su naturaleza exterior al liberalismo y, por lo mismo, la terrible irracionalidad que descansa en su nombre tan dulce.


Lo que se permite o no se permite es el límite del pensamiento. Como pensaba Heidegger, todo pensamiento genuino exige la noción de “límite”, algo que llamo “límite hermenéutico”. El límite, sin embargo, está signado por la facticidad, esto es, es siempre un límite concreto, que implica la idea de la percepción de una distancia o un territorio práctico, hasta donde se llega o no se llega, pero que –por ser fáctico- puede variar. De alguna manera este concepto está expresado en la interpretación que hace Carl Schmitt del uso arcaico de la palabra griega “nomos” como límite, valla, frontera o lindero, en su texto Nomos de la Tierra, y que Heidegger rescata de manera análoga, si mi memoria no me es infiel, en su Carta sobre el Humanismo. Los europeos, antes del desarrollo de la navegación y la aventura de 1492, tenían un límite en el Océano Atlántico. Ese límite tenía consecuencias en la definición del mundo europeo. Era un límite geográfico, pero era también un límite hermenéutico, pues era un límite para lo que se permite pensar o no se permite pensar. Más allá del Atlántico como un límite, el pensar se transformaba en sueños o mitos, como el de la Atlántida, por ejemplo. En realidad, la idea del “límite” o “nomos” es un concepto que funciona de manera trascendental, esto es, funciona como un a priori de la interpretación general del mundo humano, y más particularmente del mundo político. No indica nada sobre la dimensión de la frontera, salvo que todo lo que está fuera no se permite, en el sentido moral en que es insensato, rebasar la medida pretender ir más allá. O sea, se puede, pero está mal, pues excede la medida. Esto se aplica incluso para las esferas de poder político a pesar de las pretensiones contrarias del pensamiento de la universalidad y la totalidad, nuestro consabido pensamiento único, la ecumene de los liberales. De manera fáctica, el mundo aparecía como si el límite de la lógica de la compasión y el orden territorial de los derechos humanos hubiera sido el mismo que el del poder de Norteamérica, eso desde la caída del muro de Berlín hasta este año. Kant tuvo razón al respecto, literalmente, hasta la semana pasada.





Como es sabido, hay usos y usos de la “compasión”. Su empleo político es uno de ellos. Su función en el mundo liberal es servir de frontera ontológica entre el mundo “correcto” y el resto del mundo. Esta frontera es intrínsecamente violenta, pues es el límite del amigo y el enemigo. Que no extrañe que se emplee de manera terminal en la violencia, la violencia militar, que sólo es racionalmente admisible así desde el lado correcto. Pues bien, el uso terminal de la compasión se había reducido desde la creación de la ONU hasta ahora a la geografía del dominio y la voluntad de “las democracias”, esto es, ellas eran compasivas, la compasión era su reino. Siendo así, se hacía lo que ellos permitían y se permitían. Sólo su compasión era “correcta” y transfería su violencia en “Derecho humanitario”. Hoy, con el mismo lenguaje, reclaman derecho a la compasión otras naciones que no son liberales. Lo que se permite y no se permite, pues, ha cambiado de linderos. Pero esto significa que la idea de lo que es “correcto”, que iba acompañando la violencia, se ha desvanecido, es falsa, es mitológica, es irracional (pues no nombra un límite). ¿Quién, pues –preguntamos- tiene el dominio (terreno y poder) de la compasión ahora? ¿Las ONG de animales? Hoy sabemos que la geografía del liberalismo no está en los límites de la compasión. Hay que comenzar a pensar seriamente qué es lo que vamos a hacer con la filosofía política de los compasivos, pues éstos han perdido su límite. Ahora que el lenguaje liberal ha desplazado su geografía, sabemos que algo terrible ocurre con el dominio de lo que se permite y lo permitido con la compasión y los derechos humanos. Con toda certeza, no sabemos ya quién decide.

¿Deseas este artículo corregido en pdf?Tenemos acceso a este artículo en versión editada la Biblioteca Virtual Saavedra Fajardo de Pensamiento Político Hispánico

14 comentarios:

Christian dijo...

Sumamente interesante tu artículo. Efectivamente el lenguaje de lo permitido en materia de DD HH y Derecho Público Internacional había sido privativo, hasta ahora, de las llamadas democracias liberales. Las llamadas intervenciones humanitarias nacieron en una matriz liberal, utilitarista como bien señalas, pero ahora están empezando a ser apropiadas por regímenes no precisamente liberales. Ocurre lo contrario de lo que señalaba Carl Schmitt, en un fenómeno que en la filosofía hermenéutica debe ser de sobra conocido y debe haber sido tratado profusa y profundamente: decía el jurista y teórico político que un país está vencido, en el plano conceptual, no sólo cuando se rinde a las armas de un país enemigo sino también cuando adopta el vocabulario de éste, sus conceptos, su concepción de lo que es el Derecho. En el caso de Osetia del Sur Rusia ha adaptado esas nociones liberales para justificar su intervención, sin que ello, empero, signifique su derrota sino, más bien, la aceptación del desafío occidental (léase el de USA y el de la OTAN) y la apropiación del lenguaje del enemigo para recrearlo en la praxis y desubicarlo, así, jurídica y moralmente.

Saludos,
Christian

Jean de Sain Michel dijo...

Algunas correcciones que estimo deberías hacer. Escribes "Gori", es en realidad "Tiflis". En otra parte mencionas que la ONU avaló la independencia de Kosovo. Es falso. Rusia vetó tal apoyo.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Christian;

Lo que señalas sobre Schmitt es correcto. Una auténtica derrota involucra, desde su punto de vista, la resignación, el acatamiento, la interiorización del enemigo y la autoaniquilación. Eso lo trato en mi contribución a "El mito del Uno" con Vattimo. El tema ha sido tratado por Vattimo muchas veces, en referencia a Adorno y Arnold Gehlen. En realidad la derrota abre paso a un proceso de identificación, en el sentido psicoanalítico, en que el vencido se reconoce en la historia del vencedor. A mí mismo me resulta increíble. Rusia ha transformado el alcance del lenguaje liberal, lo ha anulado. Creo que eso sedebe a su fundamento emotivista, quees lo que trato de demostrar en la versión revisada del texto, que he reemplazado por la que tú comentaste.

Te aclaro que estos temas no son frecuentes en la hermenéutica. Mi texto sobre Gadamer y Schmitt es tratado de "reaccionario", y a eso sereduce todo lo quese comenta. No hay diálogo por falta de lectura de Schmittde partede los hermeneutas actuales.

Héctor Chocano dijo...

Si entiendo, tu post es una crítica demoledora anti-DD HH desde el ángulo del la violación del Derecho Internacional. Creo que tienes razón, ok. Vattimo mismo tiene una posición ambivalente con temas de DD HH. En Argentina el 2006 tuvo un planteo parecido al tuyo, sólo que él estaba de acuerdo con la imposición de DD HH como una excepción. Tú sabes qué piensa Vattimo mismo? Obviamente tú no eres Vattimo, y se comprende que tengas tus ideas, que al parecer son reactivas o derechistas. Igual, ya que siempre haces referencias a Vattimo, sería un aporte saber qué piensa él. Definitivamente tú esatás en contra de los DD HH. ¿No te parece que es peor dejarlos de lado?

Anónimo dijo...

¿No te parece un poco radical, pero muy, muy radical, ponerte en el plan de cuestionar los DD HH? Sería bueno que aclararas si tu mentor está de acuerdo. Las ideas tienen consecuencias, no todo son globos en el aire. Tu blog lo sigo hace unas semanas y me gusta, pero también me asusto a veces. Las imágenes van desde el radicalismo de izquierdas al clericalismo más recalcitrante, como eso de poner a un travesti, creo que es excesivo. En todo caso debes hacer tus trabajos más abiertos.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Mi bitácora se ha convertido en un espacio filosófico-personal. Sé que no es fácil de leer, y agradezco a las personas que se toman la molestia de "seguirla" (que me parece una exageración si no te interesa la filosofía política).

Sobre los derechos humanos: Un filósofo debe tener permiso de pensar como le dé la gana. Eso de los "globos de aire" lo acepto. Justamente por eso hay que pensar de manera radical.

Sobre ser "de izquierdas" o "de derechas" creo estar ante una distinción política. Pero esta bitácora no es sobre política. Es de filosofía política. Pregunta cosas sobre filosofía política y trataré de contestar.

A Héctor: Vattimo tiene mil y un artículos y entrevistas de prensa donde puede hacer de portavoz de sí mismo sobre el tema que te interesa. Yo leo sus cosas, me interesa su trabajo, pero no soy su portavoz ni él mi "mentor". Por lo demás, respecto de los derechos humanos, parecemos interpretar lo mismo.

luismi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
luismi dijo...

Parece que la crítica a los Derechos humanos (DD.HH) es en estos tiempos excesiva. Después de todo se crítica lo que nos da alguna inconformidad, la idea de los DD.HH ha caducado, en el momento en que su utilidad para hacer "justicia" pasa por el sentido racional de las emociones morales.¿Los DD.HH pretenden servir a todos?,parece que coincidimos en la respuesta. Sí, lamentablemente. Acaso esa es la cuestión que trasciende la existencia de los DD.HH.
Su artículo, sin mirar muy lejos, inquieta en mi tantas cuestiones.¿cómo castigar a quien viola los DD.HH? ¿acaso quién niega, tiene derecho de reclamar lo negado, sólo en el sentido de buscar "justicia"? ¿ los DD.HH no son acaso un fraude? Caso Fujimori, me pregunto ¿este hombre tiene los derechos que alguna vez negó? Los DD.HH lo amparan, que sentido moral hay en un cárcel de oro; caerá todo el peso de la ley y eso no será suficiente. ¿Pero acaso podemos quitarle el derecho a esos derechos?
Los DD.HH han terminado por quitarnos nuestra antigua noción de justicia, con la que habíamos aprendido a vivir. ¿Cómo viviremos en más armonía, reprimidos en los DD. HH o escondidos en las dictaduras? En conclusión ¿LOS DD.HH NO SON UN ARMA DE DOBLE FILO?

Anónimo dijo...

Los únicos derechos a los que al final tenemos derecho son los que establece el Estado de Derecho, o sea, el Estado regido por normas, como opuesto al Estado caótico, al Estado tiránico. ¿Eso piensa usted también? ¿O se lanzaría contra todos los derechos en general? Que los DD HH pueden ser peligrosos, eso parece usted dejarlo claro. Pero la reflexión sería cómo sustituimos los DD HH por otra cosa que cumpla su función.

Anónimo dijo...

SUGIERO PONBER ESTE ARTICULO EN PDF, PUES ES MUY COMPLICADO Y QUIERO IMPRIMIRLO.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimados lectores:
Algunas precisiones.

1. De acuerdo con que los derechos los pone la ley. De eso se trata. Los derechos en sentido estricto deben poder reclamarse a una entidad determinada. Los "Derechos Humanos", en cambio, se pueden invocar de manera in-determinada (ver a la gente que se queja en la televisión. Literalmente cualquier queja es por "Derechos Humanos").

2. El tema de fondo no son los derehos, que doy por una instancia irracional, sino el evento de que éstos se han disociado del lindero "correcto" del "pensamiento único". Ya lo "correcto" no está determinado por el uso social de los "Derechos Humanos". En realidad fueron inventados como parte de la utilería de la violencia hermenéutica.

3. Apenas haya disponible el texto en pdf lo anunciaré así en la línea baja del texto, con el enlace correspondiente. Eso no depende de mí, pues no me publico a mí mismo sino de manera virtual y espero el público así lo comprenda.

Los villarrealinos dijo...

Estimado profesor;

Lo que está malaso es mencionar "el ojo que llora", que puede herir susceptibilidades, siempre hay gente sensible y hay que respetarla también.

Agaocip dijo...

El problema de los Derechos Humanos nace en la terrible contradicción que se da cuando se contrastan con la realidad, resultando una hipocresía de alto rango. Todo plan normativo se da buscando eficiencia, pero también para avalar el accionar, pretexto, pues el hombre siempre busca estar justificado, creerse el cuento, su cuento de que sí hay respeto, si hay igualdad, y que hay violencias justificadas, pues le da miedo mostrar sin hipocresía su naturaleza caótica, y dice tener responsable acuciosidad hacia las normas, y correspondencia con la vida practica. Creo que existe una distinción entre las intenciones y la ejecución de èstas, fase donde surge el cambio y la degeneración, la falta de equivalencia, pues dentro de lo real e histórico, nada deja de cambiar, y el animo y finalidades del proyecto original, que estaba basado en igualdad de derechos, libertad de pensamiento, de creencias y religión; ¡seguridad¡, relaciones amistosas entre sociedades, se ven trastocadas por las finalidades camufladas del particular y su respectivo caso, tras cualquier tipo de decreto, aval, y de derecho humanitario de compasión…cuando el derecho, el bienestar y la paz son tan solo producto de una maquinaria, del artífice violento, opresor, egoísta y hostil… de ánimo exaltado y llevado hasta la mas alta esfera de la pretención.

Moral.

Orlando dijo...

De acuerdo con Agaocip

 
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