Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

martes, 1 de junio de 2010

El ámbito



Encuentro con el otro
II. El ámbito


Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía


Lo seguro en general es siempre seguro en un ámbito. La seguridad es la experiencia de un estado; a éste corresponde un ámbito: el ámbito donde las cosas son seguras, donde acontece que es posible la seguridad. “Yo estoy seguro allí”. Si se está seguro en un allí, es seguro que todos deseamos estar allí: es lo más deseable, es lo universalmente deseable. La paz es allí. Un día las torres de la ciudad del comercio fueron colapsadas por unos aviones. Si alguien estuvo en el sótano, se salvó. Estaba seguro (estaba a salvo) y en algún sentido la seguridad lo poseyó, esto es, se le dio como una seguridad propia. El que se halló a salvo descubrió su seguridad. Siempre la tuvo, pero antes en el mismo sentido en que la tuvieron también sus colegas que murieron en los pisos superiores. Ahora sabe que la tiene puesto que el colapso de los aviones se lo ha indicado así. El sótano es un ejemplo de un ámbito. Podríamos imaginarnos, ya que hemos iniciado la reflexión con un ejemplo de un hecho violento, que nos aseguramos para defendernos y el ámbito es un lugar de defensa. En realidad, es la definición del lugar de la paz y lo pacífico: el ámbito es donde vivo pacíficamente. En cualquier caso, la seguridad nos refiere a la idea genérica de que hay ámbitos más seguros que otros y que, además, hay un lugar que es el más seguro, incluso si no atinamos a decidir cuál es. Tal vez un error nos lo indica, si sobrevivimos a él.

Vamos a ver ahora que hay un sentido muy elemental que define la seguridad como un ámbito, como un área. Vamos a tratar de construir la idea del ámbito sobre la base de la experiencia de esa área en general para pasar luego al ámbito en la seguridad cuando hay un encuentro violento: unos aviones se estrellan contra unas torres de la ciudad del comercio. Vamos a ver que el ámbito es un presupuesto trascendental de la experiencia de la seguridad frente a un otro. Hagamos la definición del ámbito seguro yendo esta vez no al extremo excepcional (la total inseguridad), sino a su contrario, la seguridad más completa.

El ámbito presupone la distinción entre lo de uno y lo de otro. La experiencia más ordinaria con el otro es la seguridad de lo tuyo y lo mío. Esta experiencia es la misma que la del ámbito. Pongamos un ejemplo trivial. Yo camino por la vereda y otro también lo hace. Caminamos en la misma vereda. Digamos que yo voy en un sentido de la vereda y el otro va en sentido contrario de la misma vereda. Como caminamos y nos movemos, el otro se acerca a mí conforme también yo voy acercándome hacia él, aunque cada uno va a seguir su camino, por así decirlo. Esto es trivial antes de reparar que la seguridad depende de una cierta marca territorial, una marca que se desplaza conforme caminamos y “tenemos a la vista al otro”, por así decirlo. No es difícil conceder de entrada que a cada uno le corresponde un lado de la vereda al momento de caminar en ella. Para efectos de este ejercicio, basta pensar en sólo dos personas que caminan. Es común aceptar que cada cual va por su derecha: yo voy por mi derecha, el otro por la suya. Si en alguna parte del mundo “cada uno va por su izquierda”, el resultado es el mismo: cada uno va por su sitio. El sitio se desplaza. Se desplaza recíprocamente. La experiencia más regular es que cada uno termine su tránsito por la vereda sin que el otro sea relevante, mientras cada uno haya conservado bien su sitio. Ni siquiera es preciso mirar el sitio del otro conscientemente. Es evidente, sin embargo, que el otro es relevante para definir mi camino de una manera que no es la misma que la de otros elementos del paisaje del caminante. El otro cuenta algo en mi camino; en realidad el otro de nuestro ejemplo ha definido una parte de mi camino. Hay algunas variaciones en su/mi camino que no han ocurrido porque el otro/yo estaba en la otra parte de la vereda. Un territorio ha sido, pues, demarcado, aun si no hay acuerdo ni concierto; sin planes ni reparos. Esta observación es la misma si hay más gente; incluso si hay mucha gente. Cada uno, pues, va en su lugar. Es una experiencia relativamente indiscutible que cada uno tenga, en una vereda poblada de gentes que caminan, su propio sitio. El concierto de los que caminan se expresaría en la idea de que cada uno porta su sitio: va investido de su sitio; es, pues, un sitio. El ámbito es el sitio que uno es. En el ámbito está el lugar donde se está seguro… hasta que otro lo cruza.




Veamos. El ámbito que yo porto, del que voy investido, está en realidad diseñado para soportar los otros lugares. Los “soporta”, en el sentido de que lleva consigo los lugares de los demás. En el ámbito uno puede decir que está y estuvo o estará seguro: si otro no cruza el ámbito. Nos interesa el cruce del ámbito, pues es en el cruce que se observa la pérdida de la seguridad. Si volvemos al ejemplo del hombre que va por la vereda mientras yo voy también por ella decimos que “nos cruzamos” si, por una casualidad, el otro se hace notar. Yo camino y calculo que se va a cruzar conmigo, entonces viro a la derecha, y lo hago para evitarlo. Pero imprevistamente, el otro también gira: nos hemos cruzado. Tenemos entonces el escenario de una extraña falta de seguridad: los ámbitos se hacen confusos. Es evidente que el citado no es del tipo de cruce que es un accidente, lo más parecido a un encuentro violento, pero también existen los cruces que son análogos a un accidente. Si el otro camina de manera distraída, por ejemplo, y me propina un golpe. Un golpe en la canilla. Un empellón. Incluso podría haber sido yo mismo quien hubiera andado distraído: eso no cambiaría el golpe en la canilla. Si es un accidente y hay un empellón de por medio yo podría disculparme. En todos los casos nuestro ámbito no habría soportado ya al otro. Lo que sucede luego es muy variable para que sirva para nuestro propósito, pues como se trata de un caso particular de unas gentes que caminan, mucho depende de las peculiaridades de las gentes mismas. Lo que nos importa es que los cruces de ámbito muestran que hay un límite para el ámbito. ¿Es ese límite territorial? Carl Schmitt trata del límite como un territorio en El nomos de la Tierra. Pero el ámbito es anterior al límite pues, adquiere uno cuando hay un cruce, y antes del cruce ¡no lo tiene!

El ámbito es ilimitado, pero presupone que los cruces son posibles. Un margen necesario del ámbito es que el cruce sea evitado. Estamos seguros en el ámbito, “allí estamos seguros”. Pero allí, siendo un lugar (podemos decir cosas de un lugar que se desplaza como: “el lugar por donde yo camino”) no es un sitio limitado. No limitado geográfica o territorialmente, incluso si “allí” significa realmente un sitio (el sótano de las torres). Ahora veamos brevemente qué ocurre con el ámbito en un encuentro violento con otro.

Supongamos que estaba caminando en París por la vereda de Rue de Rivoli, desde la estación del Louvre a la iglesia de Saint Germain l’Auxerrois. Atravesando la arcada de Rivoli en dirección desde Place Royale recibo el impacto de una piedra pequeña en la cabeza. El impacto de la piedra me golpea, como es obvio, y soy tumbado. Si es un accidente (la piedra es proyectada por una llanta de automóvil), simplemente me incorporo, me contengo la sangre y trato de volver a la seguridad lo más rápidamente posible. Limpio mi abrigo de la sangre. Me fijo en mi corbata y mi camisa, me veo en un espejo de la tienda de la esquina de Place Royale y me acomodo el sombrero. Sigo entonces caminando. Obsérvese que aquí el ámbito es irrelevante. El ámbito está intacto, por decirlo así. Pero luego me entero de que la piedrita me fue arrojada por alguien. De que una persona me arrojó la piedra. Es interesante esto: si tengo la seguridad de que no estoy bajo un riesgo mayor, iré tras la persona; en caso contrario, huiré. En el primero, no cesaré hasta dar justo castigo al otro, y si averiguara que hay más de uno de ellos… sabría que el sitio no es para mí, que no es mi ámbito. No importa tanto la reacción de castigar o no castigar, sino la idea de que la seguridad ha sido afectada desde un ángulo que es anterior a la violencia. Esto se prueba porque en la violencia no humana –como la de la piedra- el ámbito permanece tocado: yo sigo mi propio camino. Cuando la violencia es humana el afectado es el ámbito. Luego del golpe el ámbito debe ser pensado, debe ser elaborado. Debo precaverme de dónde camino. Si creo, por ejemplo, que tengo derecho de seguir mi camino, debo tomar medidas. Mi seguridad debe ser calculada. Lo más natural y normal, la seguridad, se convierte en un problema. “Es mi problema”.



Cerramos estos pensamientos sobre el ámbito subrayando lo siguiente: Yo soy mi ámbito, voy investido en un ámbito, dentro del cual experimento la seguridad. Ese ámbito no es un territorio y, de hecho, carece de límites. Pero presupone que hay un lugar propio, un lugar propio para mí y para el otro. Ese lugar coincide con el ámbito de la seguridad. Pero el cruce de ámbitos es posible. Nos hemos detenido en los cruces que se originan en una violencia, un empellón, una pedrada. Cuando la violencia es no humana el ámbito es no amenazado. El ámbito subsiste a la violencia, por tanto. El ámbito se hace relevante cuando es violentado por otro. Esto significa que el otro se establece de una manera completamente impensada, insurge a través de la violencia. “Se hace un lugar”, podemos decir, y nos obliga a definir nuestro ámbito. Eso ocurre si negocio, si hago un trato o bien si batallo por mi espacio. Pero, ¿qué es todo esto? Es en realidad el orden de una fundación ontológica, en el sentido de El origen de la obra de arte de Heidegger. La violencia es ontológica porque significa la instauración de un ámbito, consiste en una fijación de límites que son, acontece que son mis límites (y los del otro). Por ejemplo: bajo las condiciones tales y cuales, ya no más ir a misa en París cruzando por Place Royal, pues si eso sucede, el ámbito acontece como encuentro, como encuentro violento con otro.

PD: El video de arriba: Please, escuchen la letra :)

6 comentarios:

TRIJNTJE OOSTERHUIS dijo...

Do you know the way to san jose?
I've been away so long. I may go wrong and lose my way.
Do you know the way to san jose?
Im going back to find some peace of mind in san jose.

L.a. is a great big freeway.
Put a hundred down and buy a car.
In a week, maybe two, they'll make you a star
Weeks turn into years. how quick they pass
And all the stars that never were
Are parking cars and pumping gas

Do you know the way to san jose?
Theyve got a lot of space. therell be a place where I can stay
I was born and raised in san jose
Im going back to find some peace of mind in san jose.

Fame and fortune is a magnet.
It can pull you far away from home
With a dream in your heart youre never alone.
Dreams turn into dust and blow away
And there you are without a friend
You pack your car and ride away

Ive got lots of friends in san jose
Do you know the way to san jose?
Cant wait to get back to san jose.

Ricardo Milla dijo...

Estimado Samuel;

"El ámbito se hace relevante cuando es violentado por otro." "La violencia es ontológica porque significa la instauración de un ámbito, consiste en una fijación de límites que son, acontece que son mis límites (y los del otro)."

Entonces, la violencia es fundante. Pero... ¿es algo que nace de la voluntad?, ¿de dónde proviene el poder de la violencia: del azar, de alguien? Si la piedra vino ex nihilo, entonces es azar, pero si alguien la lanzó, es por voluntad. Sin embargo, alguien pudo haberla lanzado y caerme a mí de casualidad. ¿El origen de la violencia está en la voluntad o en la casualidad o en la mezcla de ambos o de la mala suerte?

La violencia es fundante, decimos, mas no caemos en la cuenta de saber qué se funda y qué se abre. ¿El límite? ¿Qué más? ¿El límite es mero límite, es decir, mera demarcación territorial o es limitación ontológica? ¿El límite es nuestro acceder a lo abierto? ¿El límite limita lo (nuestro) cerrado ante lo abierto (ajeno)?

A todo esto: ¿cuál es el sentido de la violencia, del encuentro y del ámbito? y ¿cuál es el sentido del ser en todo ello?

Un abrazo.

RM

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Ricardo;

Un gusto que te hayas tomado la molestia de leer este post con calma.

1. El ámbito es anterior a la violencia (de eso se trata el post). Es una idea suelta. Creo que si se me hace caso, resulta que el ámbito es una dimensión de la experiencia humana en la que tiene lugar la comprensión de la violencia: la villencia llega a ser en el ámbito y lo "ciñe".

2. Para el post interesa la violencia con el otro. Pero trato también de la violencia en general, que puede ser no humana. Un punto es decir: puede venir de los dioses. ¿Por qué? Porque requiere de un agente. Esto es así porque se experimenta como una irrupción dentro del ámbito. Y el ámbito ya es humano. Si hay alguien, lo conozco, y si no hay nadie, un agente se hace manifiesto: tengo temor de Dios; puedo decir que tengo la experiencia de lo santo. Es igual.

3. ¿Qué se funda? Respuesta: te preguntas qué es el evento. En realidad, el asunto es de qué se trata el evento, para lo cual hay que interpretar lo que ha pasado. Esa interpretación es histórica, es un mensaje que sólo nos dice narrativamente. La experiencia se hace ontología.

Interpretando a Vattimo (tal vez más a Heidegger), creo que lo que pasa son prácticas o instituciones que se acepta o hay que aceptar.
Un abrazo.

VSR

Ricardo Milla dijo...

Hola VSR;

O sea que: en el ámbito experimentamos la violencia. Interesante.

Gracias por tu respuesta. Me ha gustado el post. He intentado ir al corazón del asunto. No sé si he tenido éxito... Sólo pregunto...

Pero: ¿El límite? Etc. ¿Cual es el sentido del ser en todo esto?

No me siento muy satisfecho con tus respuestas. Creo que respondes de manera muy genérica, quizá "filosófica" para tu excusa. Sí, creo que es filosófica, pero no muy precisa. ¿Podrías precisar un poco más, por favor?

La música es espléndida.

¿Instituciones? ¿Hay que aceptar? ¿Cuáles instituciones? ¿Quién las coloca "ahí"? ¿No es algo medio facho esa idea? (¿Hay problema que sea así? Quelle horreur !)

Tampoco me dices cuál es el sentido del límite, la violencia, etc. Y si lo has hecho -me diculparás-, no lo veo.

Un abrazo,
Ricardo.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Ricardo;

1. Gracias por tus atenciones, sinceramente.

2. "El límite" es después del ámbito. El ámbito es limitado (pues no es infinito), pero no tiene un límite. Supongo que eso lo veré en otro post.

3. Dices: "Más precisa". "Creo que respondes de manera muy genérica, quizá "filosófica" para tu excusa". No me parece pertinente la pregunta. Si quieres algo más preciso el que debe ser preciso eres tú, con tu pregunta. La verdad es que tanto el post como las respuestas son extremadamente sencillos, definen cosas con la mayor sencillez posible (o sea: no se requiere ser experto en Heidegger, ni Vattimo, ni Gadamer, etc. para entender)-.

4. "Instituciones". En el sentido de Heidegger, que es el común: instituciones.

5. No es pertinente decir "facho". O sea: "instituciones" son también las de la democracia liberal, las de la monarquía tradicional, la democracia comunista, etc.

En filosofía es muy importante no "pensar" con clichés. Hay que dejar los clichés para otros géneros de discurso. Y "facho", aparte de ser un cliché, es una palabra agraviante y necia (por supuesto, tú no lo eres).

Un abrazo.

VSR

Ricardo Milla dijo...
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