Víctor Samuel Rivera

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El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

jueves, 29 de mayo de 2008

En torno a "El mito del Uno"


Unas palabras sobre El mito del Uno

Víctor Samuel Rivera

Escribí el texto que abajo acompaña por sugerencia amable de mi colega Antonio Hermosa, de la Facultad de Filosofía y Estética de la Universidad de Sevilla, una verdadera casualidad, pues era él jurado para una publicación sobre pensamiento reaccionario en el Perú que, después de mucho trajinar (pues la han leído Mauricio Novoa, Luis García-Corrochano, Eduardo Hernando Nieto, Cristóbal Aljovín, José Carlos Ballón, María Luisa Rivara, Carmen MacEvoy, Agustín de la Puente Brunke, para hablar sólo de los peruanos) finalmente se imprimirá, casi ya como todo lo que escribo, en la vieja Europa. En fin. Hermosa, como un acto de extraordinaria generosidad, me abrió, junto con la publicación de mi paseado texto (que apenas esté impreso publicitaré desde esta esquina de la posmodernidad), las puertas de una publicación virtual de pensamiento político hispánico de su universidad. Publico este texto que redacté especialmente para Sevilla, aunque con algunas modificaciones. El original se halla en la Biblioteca Virtual Saavedra Fajardo de Pensamiento Político Hispánico, en su sección "Tribuna", a la que sin más invito. Mis alumnos de la Universidad Nacional Federico Villarreal han sacado una copia también en su blog (en realidad, confieso que su copia me animó a colgar el texto también a mí).



Voici le texte:
Escribo estas líneas en torno de un libro editado por Gianni Vattimo y Teresa Oñate, en el que tengo la honra de haber sido invitado como colaborador. Lo acaba de imprimir la editorial Dickynson, en Madrid. Su título completo es El mito del Uno. Horizontes de Latinidad, y se lo ha planeado como una colección que se llamaría “Hermenéutica de Civilizaciones”. El volumen aún no llega a Lima, donde vivo y escribo. Me gusta el libro de Vattimo porque no es sólo un trabajo académico. El libro mismo es en realidad un acto político, que se enmarca dentro de la postura, cada vez más radicalmente antiliberal, del pensamiento del filósofo de Turín. Deseo aquí dar a conocer el sentido epocal de este libro, su significado como evento, lo que ces una manera de decir: su significado histórico en la historia que reconocemos ser la nuestra. Creo que me ha impulsado bastante para esta composición el conocer ayer la sugerencia de alguno de los planes de la futura administración americana del Partido Republicano de los Estados Unidos. Que el asesor del candidato republicano ha tenido la extraordinariamente oportuna idea de crear un bloque militar intervencionista, que el asesor en cuestión llamaría “bloque de las democracias”. La idea consiste en integrar una política global de intervención militar, en Alianza de Democracias, para expandir y promover la Ilustración. Para decirlo en un lenguaje más periodístico y más emotivo: Para promover la democracia y los derechos humanos. Si leemos el libro de Vattimo y Oñate bajo esta clave, tenemos el evento de e-mergencia del Uno, del Uno que es mito y al que, con la fuerza propia del lenguaje de la filosofía, es imperativo destruir (“destruir” en el sentido de Heidegger, que ahora mal llamamos “des-construir”). He aquí pues lo que creo El mito del Uno significa. Hay que destruir en el pensamiento lo que es del pensamiento de los eficaces del Bloque de las Democracias.

Giannteresio Vattimo publicó en La Habana en 2006 un libro llamado Ecce Comu, “He aquí el comunista”. En realidad una recopilación de artículos de prensa y tesis políticas a raíz de su raudo paso como diputado por el Congreso de Europa. Es interesante porque muestra la transformación de un creyente en los ideales entusiastas del mundo de la aldea global y el pensamiento único de las “Democracias” a su actual credo antisistema. Es la historia de un convencido en la democracia de alta intensidad estilo Umberto Mangabeira que descubre que ésta no es posible en el régimen norteamericano y que comprende (¡finalmente!) la realidad social de la americanización de Europa, esto es, de su re-velación como territorio del pensar político norteamericano. En Ecce Comu Vattimo se proclama “comunista”, significando con ello una postura contrailustrada, políticamente (y no estéticamente) contrailustrada. En mi opinión, se trata en lo fundamental de un efecto retórico para un auditorio sensible a la palabra “comunista”. El “comunismo” parece ser allí un espacio conceptual vacío, pues lo propiamente “comunista” es la interpretación de la acción política en función de una sociología economicista (la teoría de las clases sociales) y una metafísica progresiva de la historia. Estos dos tópicos conceptuales y filosóficos, sin embargo, pasan hoy como vejeces intraficables de la época del cientificismo positivista y que todos comprendemos, no como interesantes claves para la interpretación de la realidad, sino como la traducción secularizada de ideas cristianas desfondadas de su contenido religioso. Lo que en la religión se realiza aún en el ultramundo no ni remotamente puede ser tomado en serio como nociones de interés conceptual. Puede argumentarse que estas ideas estén incorporadas socialmente, y que en los actores sociales aún es frecuente asociar motivaciones respecto de la identidad humana a la condición económica pero, por la misma razón, carecen de eficacia filosófica. Son más bien tópicos emotivos para la gente que se considera izquierdista cultural, esa gente rica que complace su conciencia combatiendo su régimen de vida sólo en el pensamiento, tópicos propios pues para el lenguaje de los periódicos italianos y españoles donde Vattimo colabora. Por esa razón no expresan pensamiento, sino “bulla”, cuyo significado habrán de buscar el analista político y el filósofo rebasando la frontera de los usos sociales, que liquidan y trivializan el vocabulario extremista, que es así un simulacro de la pasividad y la resignación a la que se han entregado (que es, por supuesto, lo que Vattimo no desea). Pero “comunista”, ya que no refiere positivamente, debe tomarse como esfera de crítica del orden político significado por la Ilustración, como lo que yo llamo “pensar el margen” de la Ilustración, esto es, más allá de donde las ideas ilustradas son eficaces. En mi opinión, no interesa tanto la ineficacia conceptual del comunismo, sino la del liberalismo político. El liberalismo político, luego de algunos años de éxito en que su agenda parecía ser el pensar efectivo de la humanidad, ha terminado por lograr su hegemonía en una actitud incrédula que, creo, es la única manera seria de sobrevivir a su imperio. Hay que interpretar el “comunismo”, pues, más bien de manera negativa, como “crítica” del mundo burgués reeditada desde un ángulo retóricamente marginal, el ángulo de un Vattimo que se estrella con su lenguaje como la famosa mosca en la botella de Wittgenstein, buscando la salida en el margen.

En tiempo anterior, en la Europa restauracionista, una retórica como la de Vattimo habría tenido un significado reaccionario, de involución hacia el Régimen de la civilización europea destruido por la Revolución Francesa, pero más por su secuela largamente poderosa en América (me refiero, claro, a la América Española). El pensar de la contrailustración aún no había conocido en su auxilio la crítica sistemática de la filosofía de la historia, que propiamente habría de hacer Kart Popper en el siglo XX (para combatir al marxismo), ni tampoco contaría en su haber con el severo cuestionamiento de la racionalidad tecnológica que harían después los filósofos y los epistemólogos de la revolución conservadora europea, como Martin Heidegger. No se vería beneficiado por la consecuencia conceptual de ambos fenómenos en la historia de la filosofía europea, que es la afirmación de la posmodernidad y la destrucción del mundo moderno en término de los conceptos.



En el siglo XIX una postura como la de Vattimo habría estado ligada directamente con los creadores de la teología política, Vizconde Luis de Bonald, Conde de Maistre y –algo tardíamente- la posición del Marqués de Valdegamas, cuyo horizonte es la perplejidad frente al sinsentido de la revolución universal (del Occidente). En Vattimo tenemos el marco fáctico del liderazgo político en la América Latina que ejerce el actual régimen de Venezuela, pero cuyo membrete ideológico impone el largamente venerable Fidel Castro, el más resistente y –a pesar de su lamentable testarudez- también el más heroico de los enemigos posmodernos de la dominación efectiva norteamericana. Castro aporta el membrete y la imagen de heroísmo. La eficacia histórica, en cambio, va con el Presidente de Venezuela, como cabeza de la actual ecumene antiliberal de esta América. En su tiempo, el terreno Hispanoamericano fue el más revolucionario de los continentes, esto es, el territorio donde mayor influjo y poder social fáctico tuvo la revolución europea. América fue el territorio metafísico de la centralidad de la revolución; es por ello que la reacción antiliberal sólo alcanzó seriamente a Europa, que resultaba ser así su periferia. En América no tenía lugar la Santa Alianza, sino la Doctrina Monroe, que era ya –como hace largo tiempo observó Carl Schmitt- la doctrina política mundial de los Estados Unidos. Somos ahora testigos de la inversión como evento, del evento invertido del territorio político de la modernidad ilustrada. Vattimo busca un Ecce Comu terreno nuevo para el pensar de la Ilustración, pero no un territorio moderno, sino sólo uno distinto. Si lo hace en América es porque se ha dado ya en términos fácticos el extremo irreversible (destinal) de la norteamericanización de Europa, esto es, del sello del sentido norteamericano, ilustrado, de la antigua Europa; esto, a la vez que la realidad de los hechos sociales, ha exigido la insurgencia de una nueva frontera para el mundo del margen que, por tener su eje en la historia política del Occidente, se ha apropiado del horizonte de su crítica. América Latina, de haber sido el centro del pensar de la revolución, es ahora el inverso del dominio norteamericano, justamente en la medida en que quedó al margen de la norteamericanización de Europa.

Es cosa propia de la precariedad de nuestro instalarse en el ser que haya resultado América el margen, allí donde antes había sido el centro, pues estar en el centro o al margen en parte es cosa acontecida, no resuelta. Pero para la mirada del filósofo esto tiene un gran significado, pues pone de manifiesto la orientación –y por ende el destino- de su trabajo. Admitamos que se puede ser el pensador de la centralidad. De hecho esa es la situación del común de los filósofos, que fuerzan los acontecimientois para acomodarlos al requerir de las democracias. Podemos suponer que es racional afrontar la tarea del pensamiento de esa manera, pero quienes afrontan el peso normativo de la centralidad (esa gente que cree en la doctrina política que es el dogma del Bloque de las Democracias) deben también dar la cara a la norteamericanización, esto es, al comportamiento político que ha dado lugar al desencantamiento del mudo liberal de la revolución que Vattimo ha tenido de la democracia y la universalidad presunta de la política policiaca de los Estados Unidos. El “bloque de las Democracias” estaría ya preparando un aparato para viabilizar y apurar, con la perentoriedad moral de la Ilustración, el comportamiento internacional en búsqueda de una aldea global y un pensamiento único, justamente ahora que el pensar del margen de ese pensamiento es más poderoso que nunca, esto es, ahora que el pensamiento político debe encarar que existe el territorio latinoamericano, que éste es grande, que éste existe, incluso si tan sólo fuera un escollo en la norteamericanización del Occidente.

En el siglo XIX el pensar de la reacción, en personajes como De Bonald o Valdegamas, no era sólo la puesta en movimiento de una serie de procesos sociales, consecuencia de la revolución europea, sino también un duelo conceptual acerca del sentido definitivo de la civilización tecnológica, que estaba aún invicto tras los sucesos aterradores que hicieron posible la realidad social del mundo revolucionario. Un cierto éxito destinal, fruto fundamentalmente de las guerras europeas, impulsó este pensamiento a expandirse bajo el presupuesto de que las objeciones más elementales para la concepción y la puesta en práctica de la forma liberal del mundo eran irrelevantes ante la facticidad manifiesta del poder victorioso de Estados Unidos. Un buen día, dejó de ser interesante que ese mundo estuviera fundado en acciones terribles, y estas acciones adquirieron un vocabulario que es el mismo del pensamiento del Bloque actual de las Democracias. Como ha notado Lyotard, el viejo Lyotard de la década de 1970, ése que Vattimo reivindica ahora, hay algo en esos sucesos aterradores que ha devenido por acumulación una experiencia espantosa y que empaña (y distorsiona, en todos los sentidos posibles) la apoteosis del mundo ilustrado que el dominio ecumenal de Estados Unidos representa en la imagen norteamericana del mundo. Hoy, cualquier pensar de la contestación política lleva de su parte el saldo de las razones que hacen posible el pensamiento posmoderno, y estos argumentos se sueldan con ideas irresueltas del siglo XIX, y esto porque han logrado un territorio. No sólo el de Vattimo mismo, sino el pensar que resulta acontecido luego y en el horizonte de crítica del mundo tecnológico, del desvanecerse desfondado de los mitos ilustrados que fueron extraídos sin permiso de la religión cristiana (como el progreso y los derechos del hombre), tienen un territorio. Este pensamiento, además, no es realidad sino después del evento de que hay un mundo vigente, un mundo anticipado y no pensado por la universalidad, que lo exige, que lo reclama. Hoy, cuando es manifiesto, dentro del Occidente, que la norteamericanización del mundo es intolerable, incluso si, como pretenden sus secuaces, es la “verdadera” forma del Occidente.

De un lado, un asesor del hoy aún futuro presidente republicano de Estados Unidos, propone un Bloque de las Democracias, una institución policiaca para intervenir militarmente en los Estados Canallas, como Birmania o Sudán, donde hay ahora gobiernos que no son del agrado de Estados Unidos, y en la circunstancia de que Estados Unidos tiene bajo su invasión al Irak, al Reino de Afganistán y, de una manera en que demuestra tácticamente su dominio, también Serbia y su antiguo territorio, un manojo de países ridículos dispuestos a firmar cualquier documento que permita aplastar en lo sucesivo Estados Canallas. Estados Unidos no puede ayudar solo a todas las naciones a ser democráticas y a tener derechos humanos liberales. Requiere que haya más y más naciones dispuestas a sacrificarse para que la aldea global esté calmada, para que el pensamiento único sea único realmente. Y en el ínterin desde la caída de la URSS, resulta que el Occidente tiene un nuevo borde invertido, allí donde casi no había nada, y se hace posible pensar en un territorio que debía, tenía que ser impensable. Otros, como China o Rusia, no pueden sin duda contarse en el nuevo Bloque de las Democracias. Entre otras razones, porque la experiencia hermenéutica del mundo sugiere un evento donde, como antes de la revolución, hay nuevas y distintas formas de ser, el mundo se hace complejo, se hace bello, deja de ser el mundo de los Estados Unidos. El Uno se muestra como un mito y los filósofos –algunos, los pocos- lo observan.

6 comentarios:

Jean de Sain Michel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernando Rivera Calero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ernesto dijo...

Como esta profesor Rivera, lamentablemente no pude asistir a su conferencia sobre la HISTORIA DE LOS CONCEPTOS POLÍTICOS EN EL PERÚ, mi nombre es Ernesto Llanos Argumanis soy amigo de Rubén Quiroz y con el hemos visto algunos proyectos y a partir de esa investigación estoy haciendo mi tesis, cuyo proyecto es ganador del Concurso de Financiamiento de Tesis de Pregrado 2008 y se titula: " Análisis y Relación de los conceptos: democracia, república, progreso y providencia en la filosofía desarrollada en la Facultad de Letras de UNMSM a fines del siglo XIX (1869-1909)".

Le escribo porque se que en sus artículos y ponencias se especializa en temas políticos y me gustaría saber si me podría enviar el texto de la ponencia sobre la historia de los conceptos políticos en el Perú, información y bibliografía, sean escritos suyos o de otras personas y que pudiera servirme para la elaboración de mi tesis.


Le agradezco de antemano su colaboración.

atte.

Ernesto Llanos Argumanis.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Ernesto;

El tema de la historia de los conceptos es fascinante. Yo llevo metido en el tema varios años y estoy comprometido en un proyecto internacional para América Española. Tus trabajos me parecen muy interesantes. Este año voy a ocuparme del CONCEPTO DE SOBERANIA en la república incipiente. Tal vez convenga que sepas que me van a imprimir estos meses un texto sobre Bartolomé Herrera.

No tengo el texto de la ponencia para entregar, pero puedes ver aquí un borrador de un artículo que va a aparecer en unos pocos meses en "Analítica" sobre el liberalismo. Tengo otros materiales análogos. Por ejemplo, uno sobre el concepto de "Historia" en el mismo período, que se halla en internet y puedes encontrar en el buscador.

Un abrazo

Víctor Samuel Rivera dijo...

Olvidaba esto:

De hoy en adelante borraré comentarioos fuera de lugar o qu puedan ser ofensivos, especialmente si no son mis propios comentarios.

VSR

Miguel :) dijo...

He leído tu texto sobre "El mito del uno". Me parece muy elogiable tu esfuerzo por ubicar el reencontrado comunismo de Vattimo en unos términos más presentables que aquellos en que él los deja; incluso en unos términos medianamente presentables... pero en cualquier lector que ojee u hojee algún texto reciente suyo, y se encuentre con los vivas a Al Qaeda que en él pululan, me temo que durará poco la convicción que tan heroicamente tratas de transmitirle.

Permíteme también que te corrija un par de erratas de tu texto, que aunque te parezcan enojosas al menos te darán cuenta de la atención detenida con que lo he leído: el nombre completo de Vattimo no es "Giovanni Teresio", sino "Gianteresio" (en italiano generalmente se juntan los dos nombres cuando forman uno compuesto, abreviando el primero: así, se dice "Gianpiero", y no "Giovanni Piero"... o, por referirme a un caso más cercano, "Michelangelo", y no "Michele Angelo"). Y otra cosa: "Hispanoamericano" no precisa mayúscula, no la llevan en castellano los gentilicios, como sabes, sino que esa es una costumbre importada... de tu querido mundo anglosajón.

 
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