Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

jueves, 22 de enero de 2009

Wittgenstein y la racionalidad práctica



Wittgenstein y la racionalidad práctica
Posmodernidad y nihilismo


Usted puede encontrar versión electrónica en pdf de este artículo haciendo "click" aquí

Advertencia: Texto no apto para científicos sociales e ideólogos “de izquierda” que creen en los derechos humanos pero son adeptos del infanticidio y el genocidio en Palestina.

Víctor Samuel Rivera


Escribo este post como parte de un saldo del seminario-taller sobre filosofía política que he dictado esta semana en el IFEA y al que han asistido gentes tan diversas, cuyas preguntas y colaboración agradezco.


Ludwig Wittgenstein es un nombre de la historia de la filosofía que muy difícilmente suele asociarse con la filosofía política. Wittgenstein, austro-húngaro de origen judío pero católico de religión, fue creador del cálculo de proposiciones y es famoso por el segundo periodo de su obra, que remata en el fenómeno que la historia de la filosofía registra como “giro lingüístico”. El filósofo del lenguaje más importante en siglos nunca se interesó él mismo por la política; es más, se hubiera sorprendido bastante de que su filosofía tuviera uso político algún día, en parte, porque vivió de espaldas a la vida pública, una precariedad característica de los filósofos analíticos. Estuvo, sin embargo, muy interesado en la ética, pero sin que acertara gran cosa en realidad. Como todo occidental de la primera mitad del siglo XX, debía haber creído que la política era un escenario de luchas ciegas guiadas por la voluntad de poder, que la ciencia decía la última palabra para el ordenamiento racional de las sociedades y que la ética era más bien una vivencia de lo maravilloso de la vida antes que un reto de la praxis. La acción ética y, por ende, la idea de la práctica política, le fueron unos extraños conceptuales. Hace quince años leí a Hanna F. Pitkin, en un texto clásico orientado a una perspectiva social basada en el Segundo Wittgentesin, pero que al final no tuvo la resonancia que merecía. Hace una década compré en Londres el libro de Robin Holt Wittgenstein, Politics and Human Rights, un intento por redescribir el liberalismo político en clave pragmatista. El problema del fracaso académico de intentos como éstos es plegar las herramientas wittgensteinianas a la ideología liberal, que es una ideología moderna. El giro lingüístico implica la inviabilidad racional del paradigma moderno de racionalidad y, por tanto, es poco lo que puede hacerse para hacerlos compatibles.


Wittgenstein debe ser juzgado en la filosofía política antes que por sus poco afortunadas visiones estéticas sobre la ética y lo valioso, por los efectos de sus teorías sobre el lenguaje. Mientras las primeras apenas alcanzan hoy el rol de anécdotas en la historia del siglo XX, las segundas son la epistemología subyacente de la posmodernidad y, más todavía, de la posmodernidad política. Hoy las ideas de Wittgenstein parecen vincularse al programa del “liberalismo de izquierda” norteamericano, una herencia particular de Richard Rorty y Hilary Putnam, los cultores políticos de la posmodernidad que ha tenido la desgracia de tener los Estados Unidos, pues ha involucrado con su peculiar agenda nihilista y sus ideales burgueses una filosofía que es largamente más importante para la destruktion hermenéutica de sus propias sociedades que para su continuidad. Vamos a ayudar con una operación de higiene conceptual para que quede claro el carácter meramente accidental de esa sociedad entre pragmatismo y nihilismo liberal, pero también para que quede más claro el significado de Wittgentein en la posmodernidad política.




Para comenzar, si hay algo que no se desprende de las ideas de Wittgenstein es una concepción moderna de las instituciones sociales. Entendemos por “moderna” la idea de “perfecta certitudo” cartesiana; una concepción de la racionalidad basada en algún tipo de certidumbre sobresaliente que tienen en principio los científicos, pero también los filósofos que pretenden ser “científicos” de alguna manera. No hay nada “científico” en el pensamiento del segundo Wittgenstein, como sí lo hay en Hobbes, Kant, el primer Rawls o James Buchanan, para escribir al azar sobre liberales, que son legión. Se desprende de Wittgenstein, sí, una concepción pragmatista de la verdad. Pero el pragmatismo, visto de manera genérica, no es una posición peculiar de William James o Rorty sobre la relatividad del conocimiento y la comodidad del nihilismo para el hombre (¡!), sino una reivindicación de modelos dialécticos y contingentistas de racionalidad práctica. Sin mucho esfuerzo, el filósofo puede reconocer estos alcances en autores que para nada podrían ser nihilistas, hasta llegar a la ética aristotélica de las virtudes o la concepción de la verdad en el diálogo platónico, esto es, en una frontera que excede largamente los compromisos ideológicos de algunos pragmatistas actuales “de izquierda”. Como hemos visto, además, el pragmatismo se ha articulado históricamente como la alternativa al pensamiento político de la revolución y el liberalismo, en particular en el Conde Joseph de Maistre, pero también en otros autores antiilustrados posteriores, como Martin Heidegger, Alasdair MacIntyre, Hans Georg Gadamer, Gianni Vattimo o nuestro (peruano) Marqués de Montealegre de Aulestia. En todos encontramos un presupuesto relativo a la naturaleza de la verdad: La verdad no es tan importante para la política en su sentido metafísico, sino en su sentido histórico. En su sentido histórico la verdad es un encuentro con algo que al final es íntimamente también nosotros mismos. Wittgenstein ha hecho posible buena parte del aparato conceptual para la extensión social de estas ideas filosóficas y es por eso que lo atendemos aquí.

Es notorio que para los liberales la cuestión metafísica de la verdad es muy importante, incluso cuando es para negarla. Los liberales son a veces metafísicos, y a veces pragmatistas, lo que reviste a su filosofía de la cubierta benevolente de la apariencia. Pero cuando son esto último es para negar la naturaleza amenazante del acontecer de lo verdadero en sentido pragmatista, justamente, es para negar la historia o para cancelar su pregnancia en la reflexión humana. Es para contener la patencia del orden de lo cambiante, que cuestiona el asunto de fondo, a saber, el contenido normativo que ellos adjudican a la civilización tecnológica, al mercado y a sus instituciones.



Si hay una relación fáctica entre el pragmatismo y el liberalismo, es por accidente. Sólo una extraordinaria ceguera histórica puede identificar la amable epistemología relativista con la patología de omnipotencia que hay tras la (s) metafísica (s) del liberalismo. Richard Rorty ha sido uno de los grandes mediadores de las ideas wittgensteinianas en la interpretación de la racionalidad práctica, y es en realidad a partir de sus artículos de filosofía práctica de las décadas de 1980 y 1990 que tratan el tema que Wittgenstein adquirió forma en mi propia biografía conceptual. Es un dato importante que Rorty siempre fue un furibundo antimetafísico, lo que aquí no quiere decir que fuera partidario de la secularización y el nihilismo (como interpretan los “neoliberales de izquierda” en otros blogs), sino que estaba en contra de la interpretación violentista del mundo liberal, la misma que faculta a Estados Unidos a invadir Irak, a masacrar religiosos en Guantánamo o hace de muchos liberales de izquierda de hoy sionistas galopantes integristas que deliran dando apoyo público a prácticas de genocidio en Palestina. Rorty era -antes de su destino definitivo en la muerte eterna- un pragmatista liberal. Pero antes de eso aún era un filósofo heredero del giro lingüístico que, además, estaba interesado en llevar la filosofía a la vida común, a la práctica política, algo que no era para nada el caso en los Estados Unidos de la posguerra, que fue la época en que se educó. Fue un pionero en descubrir que la filosofía de Wittgenstein implica una epistemología y una concepción de la verdad que implicaba también un cambio de paradigmas conceptuales en la política.

El segundo Wittgenstein es conocido como tal por sus Investigaciones Filosóficas (1951), un conjunto de aforismos que sintetizan dos décadas de reflexión sobre los presupuestos epistemológicos y las consecuencias de su propia teoría de la lógica y el cálculo proposicional. Tratándose de una obra vasta y compleja, y siendo como es que no tenemos aquí mayor espacio, nos centraremos sólo en lo relativo a la concepción de la verdad que se difunde en el giro lingüístico a partir de su obra. En su primera etapa, en el Tractatus Logico-Philosophicus (1919), Wittgenstein suscribió una concepción de la verdad relativa a la idea más central del cálculo de proposiciones. La verdad era concebida como un valor proposicional. En esto no difería gran cosa del concepto tradicional de la verdad en la lógica que procede de Aristóteles, con la diferencia de que Wittgenstein había reducido el ámbito de la racionalidad al conjunto de proposiciones y el cálculo entre ellas. Wittgenstein se percató con el paso del tiempo de que la concepción de la verdad al uso del Tractatus no hacía justicia con la naturaleza altamente compleja del lenguaje humano y que descartaba como sin sentido varios aspectos fundamentales del lenguaje en relación al sentido de la existencia humana. Nos obligaba a suponer que rezar, contar chistes o gemir de dolor eran saldos irracionales respecto del lenguaje en su uso proposicional. Wittgenstein comprendió que la racionalidad de los lenguajes no radicaba en su verdad lógica y, más bien, observó que la verdad lógica es secundaria respecto del lenguaje tomado como una multiplicidad de eventos, entre los cuales sólo de algunos tenía sentido decir que se caracterizaban como “verdaderos” o “falsos”. Esto lo hizo postular que el significado de una proposición, lo que la hacía verdadera, era en último término el uso de los hablantes.

Uno puede preguntarse cuál es la relevancia de la concepción que el segundo Wittgenstein tenía del significado y la verdad para el pensamiento y la filosofía política. La respuesta no es muy compleja. Antes de Wittgenstein, una larga tradición de pensamiento que hoy llamamos “modernidad” había supuesto que el lenguaje era irrelevante para elaborar las cuestiones relativas a la racionalidad y que ésta, como en el cálculo de proposiciones, sólo era relevante cuando tenía una función descriptiva del mundo, esto es, cuando estaba sometida a criterios propios del saber científico-técnico. La modernidad además, en función de lo anterior, había divorciado los criterios de racionalidad de las prácticas humanas, para poner su modelo en la ciencia (como en Kant), o había incorporado la racionalidad práctica a criterios de cálculo de interés (como en Bentham o Mill) y en todas sus versiones que terminaron siendo relevantes en la historia de los efectos (o sea, en lo que realmente sucedió y su significación), desde Spinoza hasta el primer Rawls, consideraron como no relevantes las esferas de las prácticas humanas relativas a cosas como la elaboración del dolor de un niño palestino al que una bomba israelí le ha arrebatado una pierna o a la de los asistentes a un culto religioso en Palestina, que van a rogar al Altísimo que los libre de ser ellos las víctimas de una bomba análoga. La modernidad había proscrito actividades como rezar o gemir, contar chistes o cantar como eventos externos a la racionalidad práctica. El lector se puede imaginar qué clase de mundo es el que ofrecía la modernidad, y ofrece aún, en el nihilismo cumplido: Libertad, igualdad y fraternidad. Cuando uno entiende las teorías desde el tramonto de los tiempos entiende mejor lo que las grandes palabras significan, supuesto que el hombre no ha sido bendecido con la inteligencia de comprender las consecuencias de las ideas y su perversidad cuando fueron inventadas. Mao Tse Tung afirmaba que él no podía opinar sobre la Revolución Francesa “porque no había pasado tiempo suficiente”. Yo creo que ya ha pasado demasiado tiempo.

Para el segundo Wittgenstein la verdad, que para la modernidad era el patrimonio del lenguaje de la ciencia y lo científico, del cálculo y el dinero, se convirtió en una realidad social, lógica y epistemológicamente contingente, una de las consecuencias de lo cual es el fin desde la filosofía de toda pretensión de legitimidad de una racionalidad de tipo científico aplicada a la existencia humana. Era el fin de la modernidad. Ahora volvamos a Rorty. Rorty llegó a su pragmatismo en un proceso de incorporación de la filosofía de Wittgenstein hacia los lenguajes políticos, un fenómeno que tomó un cuarto de siglo, desde 1951. En la década de 1980, el lector de Wittgenstein comprendió que la vigencia de las ideas de Wittgenstein acerca del significado y la verdad forzaba a una revisión muy severa del fundamento racional de las sociedades modernas, y más aún, de las sociedades liberales que él mismo apreciaba. En este sentido, Rorty fue además interlocutor y receptor de la hermenéutica filosófica europea y la posmodernidad en los Estados Unidos, que son movimientos análogos al giro lingüístico por sus consecuencias respecto de la verdad, que son tan parecidas a las de de Maistre, Heidegger o Montealegre. Con esta apertura, guiada por Wittgenstein, Rorty rompía una tradición de aislamiento de la filosofía analítica, que vivía de espaldas a lo que entonces era la “filosofía continental”, pero también de espaldas a los efectos sociales de la filosofía. Nuestro Rorty comprendió muy rápidamente que la hermenéutica y la posmodernidad implicaban concepciones de lo político que eran mucho más cercanas a la tradición de la filosofía práctica norteamericana anterior a la Segunda Guerra, en particular la del pragmatismo de William James, como era en efecto el caso. Pero el aspecto más interesante es que esta afinidad era compatible y aun interpretable en términos de la filosofía del lenguaje de Wittgenstein.


Si hay algún aporte de Rorty a la historia social del pensamiento político de fines del siglo XX, es haber transferido en un lenguaje orientado a la comprensión de las prácticas sociales las teorías del significado matrices que hasta entonces habían sido un feudo inútil para la filosofía analítica anglosajona que, como sabemos, tiene por característica su indiferencia ante toda función humana de la filosofía. La historia social que rodea estas posturas de Rorty se entroncó de manera paulatina con polémicas internas al pensamiento político, que en el país del olvido era fundamentalmente una práctica para los abogados, donde la mente de Rawls puede resultar más brillante de lo que lo es para un filósofo profesional (nosotros sólo nos podemos engañar con alguien como Habermas, que diga más o menos lo mismo que Rawls pero nos haga leer miles de páginas en alemán citando a todos los autores de moda, lo que lo hace más “filosófica” cualquier cosa, al menos desde la tradición alemana). Una vez ingresado en la polémica del pensamiento político, la interpretación de las ideas políticas de Rorty se convirtió en asunto de los forenses, y perdió (por desgracia para la humanidad) de la bella profundidad que hay tras las ideas de Wittgenstein, muy pronto disueltas en lo que terminó siendo el Rorty de los últimos años, una suerte de periodismo nihilista cuyos conceptos habían quedado en la agenda, otra vez, de la filosofía analítica. Pero no nos dejemos apabullar por la historia efectual, que no lo es todo. Aun y a pesar de autores como Rorty, Wittgenstein debe y tiene que ser recordado, junto a Heidegger y Gadamer, como una de las fuentes vitales para el pensamiento político de los años que vienen, hoy que el liberalismo y el pensamiento único muestran su ocaso, hoy que el evento, cada vez más, nos interpela desde el mundo del nihilismo cumplido.

15 comentarios:

INTERCAMBIO FILOSÓFICO dijo...

PRONUNCIAMIENTO

No podemos quedarnos callados frente a los acontecimientos recientes a nivel mundial. Queremos explicitar nuestra indignación, en especial, por los diversos atentados que las clases dominantes realizan contra los pueblos del mundo, mediados como están por el deseo de defender sus intereses y privilegios ilegítimos. Lo que está ocurriendo en Gaza (con los más de mil palestinos asesinados por las fuerzas militares del Estado israelí) es sólo la punta del iceberg de lo que ocurre a nivel global.

La sociedad capitalista ha entrado en una nueva y profunda crisis económica, reflejada por desempleos masivos y una recesión generalizada. En la práctica, las grandes burguesías del mundo han destruído toda forma concreta de libertad, igualdad y fraternidad, principios éticos con los cuales, en su etapa revolucionaria, persuadieron al proletariado para que las apoyen en su lucha contra el Ancien Régime. Prometieron llevar a los pueblos a un estado más elevado de existencia. El capitalismo real, sin embargo, no ha traído más que destrucción para todos, poniendo en peligro la civilización en su conjunto.

El tánatos inmanente a este sistema, por ello, debe ser detenido y superado a como dé lugar. No valen, para ello, las soluciones utópicas surgidas en las primeras décadas del siglo XIX, tan manoseadas ahora por algunos gobernantes europeos, que convocan a "moralizar el capitalismo", como si el capitalismo en sí no fuera la causa del problema. Consignas como aquella no hacen sino impedir la profundización en el estudio e interpretación de los problemas del mundo de hoy. Intentan bloquear, por tanto, la posibilidad de darles solución práctica.

Es necesario pues, en este contexto, entender que los objetivos reales de los masacres que actualmente cometen los Estados capitalistas contra el proletariado no son la defensa de "pueblos elegidos", o la "lucha contra las dictaduras" o el "combate al narcotráfico y las drogas". Menos aún la "guerra contra el terrorismo mundial". En realidad, la motivación de estos asesinatos (sea en Palestina, Guantánamo, Bolivia o el Perú) es la defensa "preventiva" del capital y la propiedad privada sobre los medios de producción. Por lo tanto, el origen de estos asesinatos es en última instancia una motivación económica.

Obviamente, al señalar esto no pretendemos alzarnos como inventores de la pólvora. Con este pronunciamiento, sencillamente, nos aunamos a quienes tienen aun la sensibilidad humana para salir a las calles (como los compañeros que han realizado protestas contra la matanza en Gaza), prestos a no quedarse indiferentes ante la violencia generada por el neofascismo, tolerada o ignorada por todos sus defensores y cómplices, conscientes o inconscientes.

Deslindamos, a su vez, con el oportunismo de quienes, en medio de esta crisis, quieren insertar doctrinas premodernas (monarquistas, escépticas, o falsamente postmodernas) en la cabeza de los jóvenes intelectuales. Nos plegamos y hacemos frente, más bien, con todos los que desean superar el capitalismo y toda organización reaccionaria (presente o pasada) basada en el genocidio de la clase trabajadora. El frente único que pedía Mariátegui en los albores del siglo XX es también hoy una necesidad. Un frente que luche por la construcción de una auténtica civilización, basada en el trabajo y el esfuerzo colectivo. Felicitamos pues, a todo aquel involucrado en la inmensa tarea de imaginar y concretar un nuevo mundo posible.

¡VIVAN LAS LUCHAS DE LOS PUEBLOS!
¡ABAJO EL CAPITALISMO!
¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimados colegas;

Reciban mi más hondo respaldo en esta posición firme contra el genocidio. A veces las palabras y las formas dicen menos que las actitudes. El espectáculo de Gaza es una aberración repugnante que merece especial atención, pues muestra de manera explícita la faz siniestra de la ideología dominante. Es posible que no estemos de acuerdo en todos y cada uno de los puntos, pero la historia muestra (el evento muestra) la verdad mejor que mil teorías.

Hay que ver sino qué clase de teorías sobre la sociedad y el hombre tienen los "progresistas" para quienes unos cuantos miles de inocentes son sólo "costos de guerra". En la gueera civil universal es muy importante ver (ver con la inteligencia) quién es el amigo y quién no lo es, pues los bandos tienen una desproporción gigantesca y el margen de error es imperdonable.

¡Juicio para Bush! ¡Juicio para el Primer Ministro de Israel! ¡Al menos el juicio moral de los más débiles! (ya sabemos, Estados Unidos determina los juicios internacionales en la realidad, pero ¡Estados Unidos no gobierna nuestra alma!)

Un abrazo.

Anónimo dijo...

¿Qué es un "neoliberal"? ¿Qué diferencia hay entre un "neoliberal izquierdista" y otro derechista"?

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado amigo anónimo;

No puedo ser insincero con mis lectores. "Neoliberal" es un neologismo algo gaseoso que se comenzó a utilizar en los 90 para designar la literal resurrección de posiciones económicas de "libre mercado" luego de años de prestigio académico de sus rivales en el mundo de la economía. Era la época de la Tatcher y de Fujimori. Desde el punto de vista político "neo" no agrega nada, al menos nada profundo, relativo a la concepción metafísica del liberalismo, se refiere a la idea de tener menos controles económicos y reducir la previsión social.

Como es sabido, en los 90 se cayó el muro y los liberales económicos pensaron tontamente que los modelos controlistas o desarrollistas habían caducado. Como fenómeno histórico, las diversas variantes del pensamiento moderno confluyeron en una especie de koiné liberal, que asume tanto las ideas democráticas y las liberales como una herencia conceptual y normativa común para las instituciones (económicas y políticas) de la civilización tecnológica.

Luego de este acto de pureza intelectual, lo que cuenta aquí es el cuestionamiento de los principios metafísicos del liberalismo tal y como lo entendemos en la tradición posterior a 1990, que ha fusionado como antes comenté diversas tradiciones en una sola, a lo que en esa década se llamaba "pensamiento único" y que es, hasta donde sabemos, el pensamiento dominante del mundo tecnológico en el Occidente.

Cuando digo "neoliberal de izquierda" hago un sarcasmo. Me burlo de mis colegas que creen que con decir que son "de izquierda" pueden separar sus ideas morales de las consecuencias ontológicas de la koiné liberal, que ya preveía la posmodernidad desde la década de 1980: la violencia metafísica (mira ahora Palestina, Irak, el Reino de Afganistán), el colapso ecológico y la ruina financiera mundial pues -bueno es hacérselo recordar a todos- todo esto viene junto, es evento junto con el "pensamiento único", la legitimación racional de esta mierda en la que nos estamos pudriendo.

Servido.

Leer: Gray, John; El liberalismo. Madrid: Alianza, varias ediciones.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Quizá debo agregar algo;

1. No hay mucha diferencia entre la violencia metafísica de los Estados Unidos y la de Stalin. Hay que andar con cuidado con la violencia, sobre todo porque pierde de vista el rasero moral que luego desea encajar en los demás. No se puede pedir paz si uno hace la guerra, ni reclamar al capital cuando uno es materialista y en el fondo desea tener el capital de los demás en su sala.

En términos metafísicos, el capitalismo y el comunismo son dos versiones de la vida humana como sometida a la lógica de la economía, esto es, la vida humana dislocada de sí misma.

2. El mero activismo político que no es producto de la inteligencia es también parte de la pérdida del sentido de la humanidad y un joven que se entrega al mero activismo no es nunca un filósofo. Hay una cierta altura en el pensamiento, una cierta altura moral que el mero activismo no tiene, pues requiere, de los activistas, que no piensen.

3. Pero no somos activistas aquí. Somos filósofos. Aquí nadie quiere "engañar" a nadie (no todos somos del mismo negocio). Aquí hacemos filosofía académica y nos regimos con la lectura, la razón y la cultura razonada. El fanatismo, sea de izquierda o de derecha no es filosofía, ni cuando lo practica una monja secular vestida de fiesta, ni cuando lo practica un ignorante ambicioso vestido de obrero.


Dicho esto, creo que vivimos cada uno en lo suyo. Yo hago filosofía, y otros cocinan, lavan o planchan.

Un abrazo.

VSR

Anónimo dijo...

¿Que quiere decir con la vida dislocada de si misma?...¿o en todo caso cual es la vida en si misma?

Nureddín dijo...

Bismillahi Rahmani Rahim

Hola Víctor Samuel

1. Como musulmán al igual que los palestinos, ciertamente me es poco muy difícil tratar temas de tu post si antes hacer alusión a las protestas por los crímenes del estado de Israel ocurridos en Palestina que preceden este comentario. Permíteme al respecto solo algunas líneas, antes de proceder a otros asuntos, con la paciencia del caso.

A ver si aún es posible en nuestra malhadada época entender con pausa y con el corazón amplio en el pecho esto: Palestina no necesita la lucha del proletariado socialista internacional, ni de Human Rights Watch, ni siquiera de las NNUU, ni un padrinazgo imposible de un US bajo Obama.

Así como Joseph de Maistre fue capaz, en su condición de pensador orientado a la política y el diagnóstico de su tiempo, de intuir en la tragedia de su época, la Revolución Francesa, varios niveles de significado y por ende se abrió a los sentidos coexistentes en el evento ubicados en estratos distintos jerárquicamente ordenados (lo que a primera vista sorprende al lector y a algunos incautos facilistas les lleva a hablar de contradicciones), y del mismo modo que en cuanto a la acción de solución, nadie como él la llamaba y a su vez nadie como él fue capaz de apreciar el horizonte que posibilitaba la acción de solución misma, a fortiori, es decir, con mayor razón (y vaya cuánta mayor, por razones de simple principio), desde la percepción suprafilosófica, sapiencialista teo-sófica ('gnóstica' en sentido etimológico, Conocedora) desde dentro del mundo musulmán, no puedo más que oir la voz del intérprete contemporáneo de la Tradición e intérprete del evento que ante todo se dirige a los propios musulmanes en llamamientos varios a entender los signos.

Guste o no al eventual lector, sospecho que a la gran mayoría decididamente no, si algunos de ellos pueden expresarse tan libremente, yo también lo haré, remitiendo -a la manera tradicional- a aquello que oigo y recibo:

http://www.islamperu.org/sohbets/MSN/Islam_crisis_Palestina.html

Para la mayor inteligibilidad de este texto (y quizá recordando la 'verdad como encuentro' a que haces referencia, y bajo ello el texto como portador vivo y abierto de sentido de linea wittgeinsteniana), además de lo señalado al recordar a de Maistre, baste con señalar que las palabras allí reunidas no son ni mucho menos un 'discurso', o una 'tesis académica' o un texto cerrado y sistémico; todo lo contrario, se ubican bajo el contexto de un acto de habla entre conocidos, espontáneo, familiar.

[Lamentablemente, como decía alguien, si uno está en un lugar y me escucha, comprende algo, si solo escucha un audio, entiende algo distinto, y si solo lee una transcripción, entenderá algo todavía muy distinto. Las palabras que se recogen en el texto ademàs de surgir en situaciones presenciales, pierden en el texto la sublime fuerza de sentido de lo que se ha a veces en llamar el 'lenguaje del cuerpo' y que se hace realmente trascendente bajo una comprensión semiótica de la inteligibilidad de actos del habla, particularmente en casos de los grandes pro-hombres, cuyo 'lenguaje corporal' es a veces mucho fuertemente comunicativo y ricamente polisémico -en sentido estrictamente comunicativo, no ya en un mero sentido adhesivo emotivo- que el texto hablado mismo].

Esos textos son bajo dicho contexto, y ésta es otra clave de comprensión de los mismos, presencias de relámpagos furtivos que capturan una exposición rostro-a-rostro de aperturas que de lo Alto siguen descendiendo a quienes quieren mirar por encima del mundo destruido.

A título de ejemplo: cuando el intérprete de la Tradición se refiere allí a "...alrededor de todo este mundo ... debajo de la tierra y debajo de los velos ..." hay allí más que una simple metáfora.

Es un hecho sapiencial conocido entre los grandes maestros del sufismo (véase sino la extraordinaria descripción que se halla -modernistas abstenerse- en:

http://www.bogvaerker.dk/ibriz.html
).

2. En cuanto a asuntos tratados en tu post, hay uno sobre el que quisiera hacer algunas preguntas:

- "el significado de una proposición, lo que la hacía verdadera, era en último término el uso de los hablantes".

Toda vez que hay usos correctos e incorrectos en los actos de habla, hay aún espacio para un marco normativo (semiótico, lingüístico) que sirve como sustrato referencial y validador del acto de exponer un enunciado cualquiera con sentido en el habla. No me refiero aquí al 'buen hablar' que se conforma con el estándar culto. Me refiero a la gramática y sintaxis del habla (y a lo que serían los equivalentes semióticos de los actos comunicativos que no son habla).

¿No hay acaso aquí la semilla de retorno a un trascendentalismo y formalismo analíticos de los actos de comunicación (que ahora se reconocen simplemente como de varias especies, y no de una sola especie propia a las proposiciones lógico-científicas)? ¿No son por tanto la teoría de la acción comunicativa habermasiana, o los intentos de K Apel, por citar dos ejemplos, intentos filosóficos de aprehender, en esa línea, los 'universales' de la acción comunicativa? Pero pertenecen a una tradición que no se suele considerar como pragmatista sino todo lo contrario (nótese además que estamos en un plano en que nos ubicamos 'antes' de las consecuencias filosóficas en la ética o la teoría política que de ese estrato analítico ellos derivan).

- Efectivamente la filosofía analítica poco se ha interesado en las consecuencias políticas que de ella deriven. Sin embargo, que de ella se puedan derivar consecuencias éticas o políticas es en sí mismo algo que debería ser fundamentado.

Si la filosofía analítica estudia la problemática epistemológica y/o la racionalidad en los hechos del lenguaje (lo que la diferencia de la semiótica y la lingüística), pretende después de todo tener un resultado 'falsable' (o al menos así quizá vanamente lo espera) de conocimientos.

Ahora bien, que de los hechos cualesquiera que se establezcan se puedan derivar consecuencias éticas, normas éticas, es algo que ha sido muy contestado por algunos en la filosofía de la ética y presenta en sí un problema filosófico que demanda una toma de postura ante el mismo.

Por tanto, si de las investigaciones de la filosofía analítica se va efectivamente a derivar una tesis ética o política (lo que pareces considerar como plausible), sería sólo merced a una toma de postura (extra-analítica) ubicada en el campo de la filosofía ética (en relación a temas como al carácter imperativista, voluntarista, naturalista, etc., de la moral).

Bajo esta línea de pensamiento, Wittgenstein no tendría impacto per se en la ética. ¿Qué opinas al respecto?

- Por último, ¿conoces de alguien que ya haya intentado una derivación ética y política del giro lingüístico?

Saludos,


Nureddín

War Craft dijo...

Me parece ser muy parcial, cuando se critica a Israel de las matanzas. Por que en si misma la guerra es negativa. Pero porque tambien no criticar al gobierno Palestino?, si sus huestes, esconden sus armas, bombas y misiles, debaje de las escuelas donde estudian sus niños?, esos actos si son deleznables, mas aun, con el pretexto de la guerra santa, privan a su propia poblacion de los alimentos. Aquí no hay un solo responsable, son ambos.

Intercambio Filosofico, ya viene con un discurso gastado, y caduco, propio de los Senderistas de los 80. A mi parecer aun se ha quedado en el siglo XIX, no le vendria mal leer a los marxistas contemporaneos, que reformulan muchos comceptos de Marx. A lo menos que no quieran aceptar y seguir manteniendo su postura cerrada y dogmatica.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Anónimo;

Me formulas una de las preguntas más interesantes para el efecto de mi crítica contra el mundo moderno. Dices: “¿Que quiere decir con la vida dislocada de si misma?... ¿o en todo caso cual es la vida en si misma?"

Te contesto. A mis demás interlocutores les reservo crítica aparte.

La frase que anotas puede dar la impresión de que me he vuelto esencialista o realista. No soy ninguna de ambas cosas, pero sí estoy de acuerdo con que no podemos hacer de cuenta de que, como la modernidad nos ha hecho creer (mejor diría “soñar”), que nos definimos por nuestra libertad, y menos aún por la libertad negativa que presuponen los liberales en su antropología política.

Hay un cierto sentido en que me parece altamente plausible reconocer que tenemos rasgos “naturales” en el mismo sentido en que los animales tienen tambíén rasgos que no pueden eludir sin hacerse daño a sí mismos (característicamente, los animales no proceden de esa manera). Una de las principales locuras modernas es prescindir de esos rasgos al definir al hombre o considerarlos como accidentalidades no significativas para la constitución del sentido de nuestras vidas. Los antiguos hablaban del “derecho común con los animales”, esto es, de las consideraciones relativas al sentido de la acción humana bajo el peso de nuestra animalidad, ante el factum de que envejecemos, morimos, somos hombre y mujer, que somos una raza de animales que necesita amigos y que tiene su vida completa en interacción con otros humanos, la divinidad o en un cierto medioambiente.

La modernidad nos hizo creer que podemos diseñar nuestra vida como un diseñador de autos diseña modelos. Peor aún: como un literato construye espacios imaginarios. El resultado de esa aventura lo he tratado ya varias veces en este blog. Insisto: No soy esencialista, no creo que haya una naturaleza humana, pero pienso también que no podemos poner entre paréntesis nuestras limitaciones y necesidades humanas, como la amistad, la familia, etc. Y creo además que no es casual que la modernidad, la era en que el hombre hizo un dios de sí mismo, sea la época en que el hombre ha desaparecido del pensamiento.

Un abrazo,
VSR

Víctor Samuel Rivera dijo...

Queridos Nureddín;


Para Nureddín:

1. El tema de Gaza y los palestinos voy a recogerlo en un post donde voy a desarrollar una aproximación bíblica a la inocencia. Para mí ha sido una experiencia dolorosa constatar en blogs de otras personas cómo los liberales, los mismos liberales que se precian de su amor por la dignidad humana y los derechos del hombre, proceden con rasero diverso dependiendo de quiénes sean los muertos. La crueldad, la perversidad intrínseca de sus doctrinas se ha hecho más patente que nunca en su defensa cerrada del genocidio y el infanticidio.

Ya voy a escribir sobre eso calmadamente. Aún estoy bastante perturbado emocionalmente por la hipocresía, la falsedad y, debo decirlo, el carácter demoníaco que puede revestir la doctrina de los derechos humanos.

2. Totalmente de acuerdo con lo que dices de De Maistre. Estoy recogiendo contactos académicos en Italia y Argentina para buscar bibliografía fresca. El Conde está de moda en Europa y -para gusto tuyo- en París es más fácil conseguir un estudio sobre De Maistre que uno sobre Vattimo.

3. Sobre si la teoría del significado como uso es semilla del trascendentalismo, lo dudo; puede serlo del pragmatismo, con el que sí se ha hermanado.

4. Dices que "si de las investigaciones de la filosofía analítica se va efectivamente a derivar una tesis ética o política (lo que pareces considerar como plausible), sería sólo merced a una toma de postura (extra-analítica) ubicada en el campo de la filosofía ética (en relación a temas como al carácter imperativista, voluntarista, naturalista, etc., de la moral)".

Te doy toda la razón.

4. Aparte de los libros de Holt y Pitkin que he citado, hay trabajos de ciencias sociales, pero mi memoria anda mala y ahora no me acuerdo. Pero te sugiero explorar en internet. Holt tiene varios libros que no conozco. En Canadá, el Reino de Inglaterra y Estados Unidos hay bibliografía, tanto de artículos como de libros.


Un abrazo.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Para Warcraft;

La discusión sobre Palestina me ha afectado hondamente, pero tal vez hablemos de ello luego.

Respecto del "pronunciamiento" de Intercambio Filosófico, no me aúno a su lenguaje violentista, que corresponde con una visión nihilista propia de los años 50 y que, además, está muy lejana al discurso comunista de la actualidad en Europa o China, que ha hecho ya alianza cob la religión y que, como no puede ser de otra manera, hace leña los mitos del progreso indefinido y el materialismo a secas en materia social, dos perspectivas que la historia y los conceptos del siglo XXI hace rato han descalificado.

Una cosa es tener solidaridad con los niños de Palestina y otra es recuperar un discurso conceptual que ha costado a la humanidad muchos más muertes que ninguna otra desgracia en el mundo (y que es una forma de liberalismo además).

Un abrazo,

Héctor Chocano dijo...

El profesor Gamio dice sin mencionarlo en su blog que usted no ofrece argumentos para dar a conocer la incoherencia de la teoría (la doctrina??) de los DDHH que tienes los liberalistas, o sea que el post que estamos esperando debe venir pronto, ahora que las papas queman.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Querido Héctor;

Entiendo, pues ya me lo han referido varias personas, que he recibido un trato agraviante por el susodicho señor en su blog. A decir verdad, a veces tengo la impresión de que me odia, por lo que casi nunca participo de los comentarios; es una cosa demencial cómo contesta de manera tan desagradable. Cuando intervengo allí lo hago por el bien del público y sin ningún otro ánimo. Él lee el Informe de la CVR como yo leo la Biblia. Es muy difícil serenarse en ese contexto, por eso no voy a leer lo que el señor en mención haya escrito y mi salud me lo agradecerá.

¿No podría ese señor tener algo de altura moral y procedere de otra manera? Desde aquí le mando mi mayor deseo de que se calme, pues estoy llano a un trato más cordial cuando la situación sea recíproca. Yo critico las ideas, no las personas. Ojalá y los liberales de izquierda usaran también de su razón, en lugar de hacerlo con sus pasiones.

Y te ruego, Héctor, que esperes al siguiente post para ver el asunto de Palestina. Soy un hombre ocupado, debo leer, escribir, coordinar y, junto con eso, sobrevivir.

Piero V. dijo...

Gentile professor Rivera,

Abbandono lo spagnolo per essere più disinvolto nel congratularmi con Lei per il dotto articolo che è appena uscito nella "Tribuna Res Publica". Anche se, con rammarico, devo confessare di non avere confidenza coi filosofi del Novecento, mi sembra di aver capito buona parte del Suo discorso, grazie alla chiarezza delle argomentazioni contenute nel testo.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Piero;

Gracias por leer mi texto. En realidad es una exposición histórica de la recepción de Wittgenstein en la filosofía política a través de Rorty. Confieso que tenía otra intención cuando me senté a escribirlo. En la versión pdf significa que de Wittgentein no salen necesariamente (ni mucho menos) las ideas de Rorty.

Perdóname si no te contesto en italiano, pero no escribo en esa lengua hace años y -bueno es saberlo- apenas si veo ya las teclas, me estoy quedando ciego y veo muy mal; mal haría pues, en escribior en tu lengua. Cada quince días hay un post nuevo, la mayor parte de los cuales van con copia a la Biblioteca Virtual de la Universidad de Murcia, que es donde hay que sacar los textos finalmente, como supongo tú has hecho.

Un abrazo

VSR

 
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