Víctor Samuel Rivera

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Este blog, Anámnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política desde el ángulo de la hermenéutica filosófica.
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sábado, 11 de junio de 2011

Todo tiene su final (Carlos Meléndez, con comentarios)

Todo tiene su final
Carlos Meléndez
Tomado de su blog El Jorobado de Notredame, accesible en el archivo de Correo.


Por primera vez tendremos un gobierno de izquierdistas elegido democráticamente (aunque ellos mismos se empeñaron en hablar de fraude los días previos) y es, valgan verdades, hasta cierto punto merecido para quienes insistieron por diversas vías (desde el proyecto revolucionario, la organización partidaria, pasando por el frente electoral y ahora a través del atajo de un outsider militar) llegar al poder. Felicidades muchachones del ayer. No creía que la harían. Precisamente mi escepticismo sesgó parte de mi análisis durante la campaña: al igual que muchos otros no pensé que Humala podría triunfar; al igual que pocos sí veía las posibilidades del fujimorismo debido a su soporte social. Gajes del oficio de analista político.

Con esta columna termina mi colaboración con el diario Correo. Agradezco a su director por permitirme tener un espacio semanal desde el cual coincidimos y discrepamos, pero sobre todo desde donde pretendí (usted lector juzgará si con éxito o no) promover una voz discordante en medio de un unísono políticamente correcto que ha pecado de acrítico y que hasta ahora estigmatiza los argumentos que no suenan a aplausos. Precisamente por eso, Correo me pareció la palestra ideal para azuzar los prejuicios con los que se lee la prensa nacional.

Al nuevo gobierno le deseo lo mejor, ya que el panorama que se le viene no es sencillo. Ha levantado las expectativas de los sectores movilizados y tiene que demostrar que tiene operadores políticos para contener la violencia. Me gustaría ver a Javier Diez Canseco volviendo a Puno a desbloquear carreteras. Ha prometido un cambio en la administración de políticas sociales, pero no distingo una tecnocracia social capaz de trascender los papelógrafos y los plumones de las ONG. Como quisiera que Mocha dé el salto a una Dilma. El Ministerio de la Mujer debe dejar de ser lo más mediocre de la burocracia estatal. Si de verdad creen que su triunfo electoral ha sido la victoria de la memoria (sic), me gustaría verlos capaces de plantear políticas de reconciliación y de promoción de los derechos humanos que calen en las mayorías (¡ahora no tienen excusa!). Si de verdad están convencidos que ésta es la oportunidad del progresismo para gobernar y hacerlo bien, me gustaría ver a los palomillas de Twitter dejar las redes virtuales y volverse activistas de redes sociales reales. Si de verdad creen que Lima no es el Perú, agarren sus chivas y múdense a Ilave a construir democracia. Y a los que votaron por Humala, dejen el rollo ridículo de "vigilantes" (eso en todo caso sería para la oposición), y tengan un rol activo. No caigan en la ilusión de la democracia participativa, porque no podemos darnos el lujo de un posible fracaso de Humala. Ahí sí podríamos tocar fondo.



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Unos pocos comentarios insubstanciales a las partes subrayadas del artículo de Carlos en negrita.

1. Keiko debió ganar. Representa el 75% de los votos del exterior. El 60% de los votos de Lima (esto es, de las clases educadas), el 80% del voto céntrico (esto es, de las clases propietarias, San Isidro, Miraflores, Surco, etc.). Era el voto católico (Rey, la jerarquía eclesiástica) y el protestante (Humberto Lay). Era además un voto esencialmente popular urbano (Keiko triunfó sobre Ollanta hasta en Villa el Salvador). Pero, pese a todo, perdió. Eso implica que un segmento de las gentes educadas, los religiosos, los propietarios y el pueblo llano resolvió no votar por Keiko. Eso fue resultado de la campaña de Ollanta, llena de calumnias y falsedades a las que uno puede sobreponerse solo lentamente. La guerra sucia contra Keiko duró una semana. En tres semanas el resultado se hubiera repuesto y Keiko hubiera triunfado.

Si algo demuestra el actual triunfo de la extrema izquierda en el Perú es que una buena campaña (inclusive una muy sucia) es un elemento que no debe desestimarse en un proceso electoral. Keiko hizo una pésima campaña. Su oponente es a todas luces un personaje más que cuestionable. Keiko se limitó a criticarle generalidades. Su campaña, a diferencia de la de Ollanta, manifiesta una increíble incapacidad para entender la metafísica de la política. Estos últimos comicios constituyeron una analogía de guerra civil y era muy importante marcar posición y adoptar el tono emocional de una guerra civil. Keiko no lo hizo, y perdió.

2. Victoria de la memoria: De la memoria de la izquierda caviar y de la extrema izquierda. La "memoria" sólo afectó al voto urbano popular de Lima. Y es una memoria de la que no nos acordamos otras personas. Creo que el 25% de peruanos que votaron como "fujimoristas duros" poseen una memoria social de mejor calidad. Keiko no hizo nada por esa memoria. Había que recordar lo que la izquierda había hecho del Perú entre 1969 y 1992. Pero de eso no se hizo campaña. Es una lástima.

Ahora veremos con calma qué ocurre en el Perú.

sábado, 14 de mayo de 2011

¿Y si es tu culpa caviar? Carlos Meléndez



Saturday, May 14, 2011
¿Y si es tu culpa, caviar?

Carlos Meléndez

Medio Lima ya se ha rasgado las vestiduras por el desenlace de segunda vuelta. Ya nos hemos sentido un poquito mejor echándole la culpa a Alan, al modelo neoliberal, a la falta de redistribución, a la historia de exclusión y desigualdad, a Francisco Pizarro, a Sarita Colonia. Yo también lo he hecho. Confesión de parte. Ojo: no es fácil echarle la culpa a la derecha, a los empresarios, a Toledo o a PPK que no están a la altura del momento histórico para declinar faltando horas a ser candidato presidencial. Se requiere de mucha valentía para enfrentarse al establishment económico y decirles (aunque no te lean o te escuchen) que tienen la responsabilidad de que Huancavelica vote por Humala y Perú (Nebraska) por Gastón.

Pero pensando con frialdad el asunto, en realidad los caviares acaban teniendo su cuota significativa de responsabilidad con el escenario entre "el cáncer y el sida" (Premio Nobel dixit) que afrontamos. En primer lugar, la exclusión política al fujimorismo durante la transición (fuera del Acuerdo Nacional, desaforo de sus congresistas, etc.) permitió que los seguidores del ex presidente convirtieran la marginación en su capital político para construir la mística del perseguido; e interpretar la justicia (merecida condena contra AF) como una revancha de sus enemigos políticos.

Pero sobre todo condujeron la agenda de la construcción de instituciones democráticas y de la defensa de los derechos humanos a un nivel elitista. Durante casi veinte años, con recursos procedentes de fuentes internacionales, la necesaria agenda por la democracia en manos caviares no caló en el público objetivo que anunciaban retóricamente en sus proyectos. Sino ¿por qué entonces gran parte del elector peruano no le hace ascos a votar por el fujimorismo si éste representa un retroceso en términos de justicia y democratización? Si hubieran dirigido y diseñado intervenciones inteligentes y populares, la causa democrática (si es que existe) no estaría encerrada entre las butifarras de su café favorito.



Los candidatos de menos credenciales democráticas pasaron a la segunda vuelta porque la democracia, los derechos humanos, la justicia lastimosamente no importan. Y no se me indigne más estimado caviar, porque fueron ustedes los que han llevado esta agenda en sus manos (y recursos no les ha faltado). Y ahora se ponen del lado de un candidato, en vez de cuestionar por igual la tentación autoritaria de los dos. Al hacerse los giles con respecto a Humala (y hasta endosarlo), sabotean sus propias convicciones democráticas. No sólo hacen de la defensa de los derechos humanos una causa elitista, sino convenida, interesada; y así inútil. Por tanto buscar su memoria con vista al mar, terminan dando la espalda al país.

Publicado en Correo, 14 de Mayo del 2011.

Tomado de El Jorobado de Notre Dame

Subrayados en negrita: Son míos.

No podría estar más de acuerdo con Carlos. La civiconería o caviarada ha demostrado su más absoluta imbecilidad para entender y diagnosticas los problemas y las necesidades nacionales. Por ello sus pronósticos son también nulos. Mucha "indignación", mucho apego por "la verdad", pero mucho amor también al oportunismo, el dinero y la buena vida. En particular, una obsesión satánica por "la verdad" incapacita a las clases pensantes burguesas para comprender a los actores sociales, sus necesidades y a sus intereses, incluidos los suyos propios. En buena hora. El vicio tiene su fin en sí mismo.

Es evidente que nos referimos a los "cívicos" o caviares como una corporación social, y no como un conjunto numérico de personas. Muchos caviares efectivos son mis amigos. El reproche de Carlos al que me uno tiene que ver con el uso social de la inteligencia, al que el fanatismo, el egoísmo y la hipocresía ha hecho nula en relación con la realidad. Pero me alegro, pues gane quien gane, voy a tener muchas razones para sonreirme los próximos cinco años. Y conmigo el pueblo y sus instituciones más representativas y esenciales.

Ah. Y si "medio Lima" (esto es, la gentita aristocrática, esa minoría insignificante cuyos intereses hoy están en juego) apoya a Ollanta, son seguras dos cosas: que Ollanta va a perder, y que Ollanta está mal.
 
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