Víctor Samuel Rivera

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El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Este blog, Anámnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política desde el ángulo de la hermenéutica filosófica.

lunes, 2 de marzo de 2026

La hermenéutica en el Perú




            El uso filosófico de “hermenéutica” en el Perú tiene un inicio; un inicio no muy lejano, ciertamente. Este puede rastrearse hacia fines de la década de 1980. Lo encontramos en un artículo publicado en Areté, seria e inobjetable revista del Departamento de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Era el primer número de la flamante revista, que recogía entonces las audaces iniciativas de trabajo de sus jóvenes profesores. Era también, aunque pasara desapercibido esto para todos, la primera obra académica que se hacía en el Perú sobre Hans-Georg Gadamer (1900-2002); este filósofo alemán era el fundador reconocido de la hermenéutica filosófica y, para fines de la década de 1980, un autor en plena fama y productividad, que atravesaba en Alemania su momento de mayor actividad polémica e intelectual. El artículo de Areté se ocupaba del tema del carácter lingüístico de la comprensión en la obra principal de este ilustre profesor jubilado, Verdad y Método. Se trata de un texto más bien elemental y pedagógico, sin mayor valor académico, pero testimonio y huella del ingreso apagado de un cierto tipo de discurso en filosofía. En cierto sentido, para el Perú de 1989 el artículo publicado, con todo y su carácter más bien introductorio, aparecía como un aporte curioso sobre un filósofo dicho en ascenso, dicho productivo y polémico, incluso incomprendido más entonces que ahora, considerada su opus maius la incierta novedad de un desconocido perfecto.
“Hermenéutica” es una palabra cuyo uso social es muy reciente. Como todo lo reciente, parece obvio, pero más aún: tiene la apariencia de ser y haber sido siempre un tema permanente e intemporal. Esta es una de esas palabras que, habiendo sido creada por la filosofía profesional, ha terminado siendo legada, sin duda involuntariamente, a los más remotos consumidores del lenguaje insipiente de las academias, a tiros entre los ecos gritones de corrillos y tabernas. Una expresión que, por sus funciones en el conocimiento, y que fue elaborada para definir, precisar y hacer fluidos y comprensibles unos argumentos, ha terminado secuestrada del que podemos llamar su cerco de sentido. Y aunque este secuestro aparece como lenguaje corriente en el mundo universitario, no es mayor a una reciente circulación traviesa y malsana, joven como suelen ser los errores inmaduros. Se requiere aquí de una historia. Una historia que, aunque no pueda revertir el dispendio de seguridad del que el cerco de sentido otorga la ilusión, pueda al menos recordar a los usuarios originales, la comunidad filosófica, por qué, para qué, con qué objeto apareció y se usa entre los filósofos del Perú la voz “hermenéutica”. También, naturalmente, de cómo la uso yo.


            Es fácil sospechar que los dedos de una sola mano constituyen un dato especulativo muy grande para estimar cuántos lectores podía haber tenido Verdad y Método en el Perú de 1989, tan poco interesado en el lenguaje y tan afectado en cambio por la violencia. El terrorismo y la sangre humana aquí y allá tenían muy ocupados a los filósofos como para dedicarse mucho a pensar el diálogo, aunque no tanto como para no regalarle un inicio en el umbral del terror en que se vivía entonces.

            En 1989 Gadamer había pasado en el ambiente de habla española, de un modesto anonimato, a haberse convertido en una genuina voz de la filosofía continental. Tenía ya varios lustros en polémica con el filósofo continental de ese momento, Jürgen Habermas. Habermas había dedicado no poco trabajo en refutar o descatalogar su obra, acusada de ser relativista y conservadora a la misma vez. La polémica con Habermas sería publicada y revisada o interpretada de diversas maneras, tanto por los mismos interlocutores como por sus comentaristas posteriores. Gadamer publicaría después un conjunto de conferencias y otros textos menores en el volumen que hoy se conoce como Verdad y Método II, impreso por primera vez en alemán en 1986; buena parte del texto es un diálogo con Habermas y el punto de vista por él representado. Este diálogo dio lugar a que Paul Ricoeur y otros acuñaran la expresión “hermenéutica crítica”, algo así como un encuentro violento entre lenguajes incompatibles, aunque con un final feliz. La hermenéutica habría dejado de ser una preocupación para la socialdemocracia. De hecho, pasaría a ser desde entonces “crítica”, es decir, un discurso al servicio de la agenda del globalismo globalismo woke “de izquierdas”, tan notorio hoy con los escándalos de sobornos y corrupción del pornógrafo judío democrático Jeffrey Epstein. No es fácil olvidar a las izquierdas moralistas, sancionadoras, impecablemente blancas, gordas y bobaliconas, mantenidas hasta hace tan poco por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, la USAID y las corporaciones millonarias de Silicon Valley.
            El texto de Areté de 1989, sin que esto pareciera captarlo nadie, era una tímida actualización del Perú en un debate entonces contemporáneo. 1989 sería también un momento decisivo para el mundo occidental, si no ya para la humanidad entera: Fue el año señalado para el final de la Guerra Fría entre el capitalismo nihilista y el comunismo nihilista. El Muro de Berlín caería ese año, a ojos del que esto redacta un efecto predecible de la supresión del patrón oro en 1973. La URSS no pudo competir con Estados Unidos en la producción industrial de dólares sin respaldo y, como es comprensible, luego de una agonía más bien breve históricamente, la URSS quebró, cayéndose como un castillo de naipes como nunca el Imperio Romano. Las polémicas en torno del ganador aparente de la Guerra Fría y los soportes conceptuales que la filosofía le dada o lo quitaba serían durante tres décadas el nudo de toda discusión actual de la filosofía de las universidades y los cafetines de los cultos, que se pondrían pronto a reemplazar la lucha de los pobres y los desposeídos por la lucha de los promiscuos y los pedófilos a ser reconocidos en sus derechos universales e inalienables. En este contexto Gadamer, quien proponía centrarse en una gestión pública y global marcada por la idea de “diálogo” se iría haciendo simpático y aun deseable al nuevo orden mundial anglosajón.
            Cabe recordar que existe el registro de la polémica entre Gadamer y Jürgen Habermas que había tenido lugar como consecuencia de la publicación de Verdad y Método. Habermas era un crítico de la sociedad tradicional, una suerte de ilustrado que veía con cierto horror una versión de la verdad sin método, que era el trasfondo del libro de Gadamer. Tenemos acceso a la discusión con un libr en forma de dossier, que sería impreso en alemán en 1971. Es bien sabido que el debate entre uno y otro concluyó en la asimilación, exitosa o no tanto, de la hermenéutica de Gadamer en la filosofía socialdemócrata de Habermas, ese fantasma del siglo XX.
            La hermenéutica se planteaba como el discurso medio de la filosofía continental, incluso como la retórica de la burocracia academia global. Recogiendo esto, Gianni Vattimo se haría célebre al aseverar una década después, quizá con algún exceso de entusiasmo, que la hermenéutica habría devenido en la “nueva koiné” del tiempo contemporáneo al suyo, que en cierto sentido es aún lo contemporáneo nuestro. Pero volvamos a 1989 y al introductorio artículo de Areté. Revista de filosofía. El tema es que, en 1989, la hermenéutica de Gadamer estaba ya bajo la bendición demócrata de Habermas. La hermenéutica filosófica, como un discurso, pasaba al pico de su popularidad en el mundo, incluso con una cierta aura progresista y luego hasta democrática y liberal, como se puede notar de los textos de Paul Ricoeur o Adela Cortina; ambos presuponen la importancia de la hermenéutica filosófica y, por decirlo de alguna manera, su utilidad social en un mundo que iba dejando en la quiebra a la autoritaria URSS y su medio planeta de satélites.
            Desde el sencillo artículo de Areté de 1989 es grande el camino que ha seguido la clase de lenguaje filosófico estimulada por la obra de Gadamer en el Perú. Algunos autores que son considerados de manera ordinaria como “hermeneutas” se han transformado en lecturas obligadas en filosofía política y ciencias sociales. Éste es el caso, por ejemplo, del canadiense Charles Taylor, así como del ya citado Paul Ricoeur, aunque quizás con menor difusión. Si se hiciera un estudio estadístico del uso de “hermenéutica” en filosofía, pero también en otras ciencias humanas o sociales, encontraríamos una intensidad desacostumbrada del empleo tanto de esta voz, así como de sus derivados “hermenéutico”, etc. Aunque la hermenéutica filosófica sea poco menos que desconocida, al menos su nombre circula de muchas maneras, pocas veces teniendo referencia a Gadamer o algo que pueda ser asociado al artículo de 1989.
            En filosofía ha sido grande la acogida para la obra de Martin Heidegger, el maestro y la fuente de las tesis más aceptadas de Verdad y Método. La acogida de Heidegger no puede ser considerada en el Perú como muy minuciosa sino más bien todo lo contrario, por lo que no ha aportado gran cosa a comprender mejor a Gadamer entre quienes le dan su trabajo a leer tanto Verdad y Método como las incontables obras menores que van en calidad más bien de escolios del libro de 1960. Como sea, el conocimiento de Heidegger en el Perú, o bien es incipiente, o bien se limita a lo que era para la cultura de Mayo del 68’, es decir, apenas algo existencialista, un poco de Ser y Tiempo y las conferencias de Sendas perdidas. Sea como fuere, la suerte de la filosofía de Gadamer en el Perú no iba a ser tan feliz. Lo que se verá sobre el autor alemán se puede aplicar también a los maestros que lo son más afines o que son de alguna manera el desarrollo, la continuación (o la distorsión) del planteamiento inicial.
            El siglo XX tardío no difundiría mucho la idea de la hermenéutica más allá de la frontera de los estudiosos germano-parlantes en el ambiente académico del Perú. Y ni siquiera eso. Aún a inicios de este siglo XXI Gadamer seguía siendo una rareza bibliográfica. Si examinamos los repositorios electrónicos de las instituciones académicas que hacen filosofía, vamos a tener una sorpresa bastante desalentadora. En los últimos 20 años la Pontificia Universidad Católica del Perú presenta sólo tres trabajos de tesis relacionados con el asunto del presente libro, sea relativamente al pensamiento de Gadamer mismo o sea de la hermenéutica como una forma de discurso; la Universidad Antonio Ruiz de Montoya presenta registrada en su repositorio virtual apenas una tesis sobre Gadamer: sólo dos tesis aplican con la palabra clave “hermenéutica”. La Universidad Nacional Mayor de San Marcos presenta muy recientemente indicios de interés por el discurso de la hermenéutica filosófica. Se ha podido reconocer una tesis notable sobre Charles Taylor de 2019, así como otra sobre Gianni Vattimo del año siguiente. No hemos podido encontrar ninguna tesis sobre Gadamer, el referente fundamental de la hermenéutica. No hemos hallado ninguna monografía sobre la hermenéutica filosófica como tal. No puedo procesar cómo se puede vivir en la Luna.
            No está demás acotar que al presente no existen hay trabajos académicos, monografías, artículos o tesis sobre la hermenéutica en el Perú ni sobre el influjo de ninguno de los autores vinculados con esa tradición de pensamiento en el contexto peruano.

            2002 es el año del fallecimiento de Hans-Georg Gadamer. Al morir había cumplido los 102 años. Mientras se hacía en todo el orbe ceremonias y homenajes en honor del autor y su obra, en Lima no sucedía casi nada. Ese año, como una nota más bien marginal, se publicó una nota de simpatía. No en alguna Facultad de Letras o Humanidades, sino en una de Ciencias Sociales, donde es esperable hubieran llegado antes los efectos de la hermenéutica que sus más bien sutiles argumentos y fuentes. Aquí presentamos unas frases de una severa y algo triste nota en la conocida revista de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Marcos. Escribe su autor, Manuel Castillo:
            La palabra “hermenéutica”, sin embargo, parece menos esotérica ahora que hace veinte años. No creemos posible que se pueda volver a escribir sobre Gadamer lo que escribió Manuel Castillo en 2002. Ya desde el siglo pasado era posible llevar en la universidad peruana algún curso referente a Gadamer, sobre su libro Verdad y Método o bien algún curso sobre la hermenéutica en general. No se engañe el lector: se trataba de una excepción antes que de una norma. Los largos periodos y los más bien retorcidos desembalses de erudición sobre la cultura alemana media no ayudaban gran cosa para ganarse empatía entre los académicos peruanos; tanto alumnos como profesores de filosofía encontraban mayor interés en Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche, o Carlos Marx, los maestros de la sospecha de la década de 1960. Carl Jung, la sociología francesa de la década rodeada de Mayo del 68’, el Martin Heidegger de Sendas perdidas, Jacques Lacan o Michel Foucault hacían al estudiante medio un cómodo crítico engagé de la civilización burguesa mientras, al mismo tiempo, las décadas de 1970, 1980 y 1990 aparecían como escenarios apagados e inesenciales ante los temas de 1960, que parecían, en cambio, eternos.
             Es difícil no asociar esto con el catolicismo vaticano, tan poderoso en los países latinos, y su obsesión con los cambios sociales que, al parecer, nunca envejecen después de los Beatles. Los lectores de Heidegger, alimentados por la cultura francesa, seguían una hermenéutica que apenas sabía pronunciar “Dasein” y parecía obra heroica de Jean Paul Sartre. En general, la Undécima tesis de Feuerbach era el último grito de la moda, eso desde la capilla del colegio hasta los estudios de doctorado. La hermenéutica, que en términos generales era más bien una forma germana de conservadurismo, terminaba sus insoportables vórtices eruditos en tesis inaceptables para su tiempo: algo sobre el “diálogo” y la lingüisticidad, tan diferente de las explosiones del terrorismo. La hermenéutica parecía derrotada por la Guerra Mundial, en su pobreza, sin la ventaja de haberse jamás legitimado con el rifle que hizo mártires a los curas engagés de los años 60’. Pero los curas se hacen viejos. Aunque parezca mentira, los curas y las canciones de Marisol siempre se marchitan.
            En 2002 Gadamer, aquí aún un desconocido, había muerto. Ya desde 1990 había ingresado discretamente a la academia peruana en cambio por extraños caminos. La hermenéutica enseña que no hay tal cosa como un saber desinteresado, un saber neutral, un saber sin compromisos. Seguiremos en lo que sigue esta sugerencia como un dogma y dejaremos esa clase de saber a los asesores del Pentágono. Es sobre lo que esta sugerencia indica que tendremos aquí en el resto un libro de hermenéutica. Su eje temático no será su recepción en el Perú, que puede ser descrita como el calco y la copia del secentismo. Su interés será, más bien, estimular la filosofía que no se deja poner límites por las orgullosas disciplinas particulares ni por los inmortales aparentes frenos que las historias humanas parecen ponerle a su agenda. Como hemos adelantado en el prólogo, en gran medida, en este trabajo habrá de tenerse en manos una hermenéutica religiosa, ligada a la vida social, pero desde fuera de las mallas cientificistas y liberales sesentistas en las cuales tuvo la hermenéutica filosófica su ingreso en los debates peruanos cuando en 1989 un trabajo pedagógico dio nacimiento a la palabra “Gadamer”, quizá sin la esperanza de que diese membrete a ninguna manera de hacer filosofía.
            No mucho después de la muerte de Gadamer la religión recomendó a los católicos el conocimiento y, más aún, el empleo de la hermenéutica filosófica. En efecto, el Papa Benedicto XVI lo dejó así sugerido por emplear este término él mismo. Hasta el momento de la intervención del Papa con la palabra “hermenéutica” el mero nombre de tal cosa era signo de algo incompatible con la fe de los apóstoles, que los más exquisitos de los teólogos creían debía haber esperado a Santo Tomás de Aquino para existir. Hablar antes de hermenéutica, sobre todo en el Perú, era como hacer un guiño a los demonios. Es manifiesto el deseo de normalizar el uso de la voz “hermenéutica” en el vocabulario de la filosofía cristiana. Esto ocurrió en el discurso para la Curia romana en ocasión de Navidad el 22 de diciembre de 2005 a la Curia Romana.
            En el contexto de 2005, tres años después de la muerte de Gadamer, se trataba de la normalización del legado de este mismo que había sido combatido por Habermas (como también Heidegger); la hermenéutica aparecía ahora como un discurso donde la fe era capaz de conciliarse y educar con la razón, una razón que ya no era más la de la Ciencia, ni la de la socialdemocracia habermasiana, ni la del kantismo racionalista ni la supuesta razón de los maestros de la sospecha, que sospechaban tan escasamente de sí mismos. El discurso de las élites del Vaticano, sea para mal como es ahora, o para bien algunas veces, es decisivo para las clases medias católicas, las grandes impulsoras anónimas de la hermenéutica en los países católicos.
            La bibliografía tanto teológica como filosófica desarrollada en torno del pensamiento de Benedicto XVI ha intentado esbozar el trasfondo de su discurso como una actividad hermenéutica, como una actividad en que la filosofía hermenéutica había jugado un rol de trasfondo productor de sentido. Espero que la lectura de este libro, algo disperso de estilo, pueda explicar este punto más adelante. Una década de pontificado en nada hermenéutico fue la respuesta de los poderes económicos globales al esfuerzo del papa Benedicto por acercar a la Iglesia a formas más eficientes de diálogo con el mundo contemporáneo. La cuestión de la verdad y la práctica de la religión en la hermenéutica filosófica es un rememorar, un comprender y un aplicar; durante la década posterior el proceder político de la Iglesia se desarrolló en cambio como un mandar, un cambiar, un destruir y un adaptar el cristianismo a los poderes económicos y militares de este mundo, un giro despótico que suelen apreciar tantos curas de élite de la época presente. La mera aquiescencia de los católicos ante el autoritarismo de los últimos años muestra el intenso compromiso del cristianismo contemporáneo con el racionalismo moderno y sus más siniestras contrapartidas de dominación ciega y violencia metafísica contra el cristianismo mismo.
            Vattimo, filósofo italiano, se había hecho célebre en la década de 1980 por haber popularizado la idea de un “pensamiento débil”. Ése era su diagnóstico de su tiempo; el Ser se habría debilitado, dando lugar a una cultura ajena a la violencia, incluso ajena a la política, una sociedad estética y estática. Vattimo tuvo la habilidad de redactar una suerte de manifiesto posmoderno; la obra colectiva Il pensiero debole que editara con Aldo Rovatti en 1988. La idea de un debilitamiento progresivo del saber debe integrarse con el movimiento cultural e intelectual posmoderno, que sería muy influyente en las décadas de 1980 y 1990 y en cuyo contexto se entiende la posición de la Iglesia, en ese entonces defensora de los modelos permanentes de conservación social. A lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX es obvio que este pensamiento débil de Vattimo era aliado del proceso de deterioro de las sociedades occidentales. Vattimo llamó “nihilismo” a ese movimiento y lo trató como si fuera un camino inexorable, un destino inevitable llevado por el Ser antes que por el hombre. Vattimo subrayaba en ellas su carácter infundado como “debilitamiento del Ser”.
            A fines del siglo XX el giro político fue en gran medida determinado por el ingreso de Vattimo en la política. Quien hasta fines del siglo XX estaba conforme (y era aun abanderado) con las ideales medios de las sociedades capitalistas, se lanzó a una guerra contra las instituciones sociales básicas, incluida allí la religión, pero también la democracia occidental y la ética basada en el concepto de “derechos”. Este Vattimo político influenciaría mucho el lenguaje general de la filosofía, generando diversas reacciones, desde la más cauta reserva a la oposición marcada y militante contra la sociedad occidental moderna. En realidad, las primeras dos décadas del siglo XX conocieron un gran auge de la hermenéutica como propuesta cultural. Tras los estudios en este rubro se reprodujo de alguna manera un entorno político de conformidad, oposición o bien rechazo del “Ser”, entendido más bien como el espíritu de la época. Para usar una famosa expresión del Papa Benedicto XVI, se trataba del dilema entre una hermenéutica de la continuidad y una hermenéutica de la reforma. En medio de ese dilema, un adversario común, el pensamiento conservador de la socialdemocracia europea, enemigo tanto de la capilla como del disenso.

            Hecho este recuento de factores es razonable preguntarse qué ocurrió en el Perú. Cómo fue la recepción del derrotero de la hermenéutica filosófica en las primeras dos décadas del siglo XX. Ya hacia fines del XX la hermenéutica había tenido un desarrollo socialmente apreciado en las obras de Charles Taylor y Paul Ricoeur. Ambos autores usaron la hermenéutica de Gadamer o, al menos, algo muy semejante a ella, para dar salidas de legitimidad a las sociedades occidentales. Estas posiciones enfrentaron los retos y la crisis de las democracias sugiriendo posturas conciliadoras de diverso tipo, que contribuyeron no poco a la consolidación de los lenguajes políticos y los desarrollos de las ciencias sociales actuales; eran pues, versiones conservadoras de la hermenéutica, que hicieron suyas las agendas en que fue evolucionando la civilización occidental. En la vida cultural del Perú esta clase de hermenéutica tuvo una recepción innegable. Más adelante, al tratar de manera desagregada a Taylor y Ricoeur haremos una evaluación de su influencia con recurso a fuentes digitales sobre tesis, cursos o artículos compuestos sobre ambos que, no siendo los únicos, son los más representativos.
            Volvamos ahora al texto conmemorativo de la revista Investigaciones Sociales, publicado en homenaje al fallecimiento de Gadamer. Ga
damer falleció en marzo de 2002. Hasta ese instante apenas puede registrarse unos pocos textos impresos sobre Gadamer o su obra en el arco de 1989 y esa fecha. Prácticamente no hay nada que valga la pena mencionar. Ya no digamos en Areté sino, virtualmente, en ninguna fuente académica peruana. Entretanto, Gadamer y la hermenéutica se habían convertido en interlocutores necesarios para la estética, la ética, filosofía política y las ciencias sociales donde, a no dudarlo, habría ingresado en la academia peruana de manera intrusiva y anónima. El autor de la nota de 2002 en San Marcos no niega la perplejidad de conmemorar en el Perú a un desconocido.      

               Un par de años después de los comentarios en Investigaciones Sociales, la academia de Lima recibiría a Gianni Vattimo, el relativista, el creador de la idea de la debilidad de la razón, como un héroe del pensamiento. Esto se infiere bastante bien del artículo (entonces el único artículo) dedicado a dar a conocer este autor por una revista de San Marcos. En San Marcos se escribiría la primera nota académica seria sobre la obra del turinés y, en poco más de una década, Gadamer y la hermenéutica se convertirían en moneda más o menos fiable en el mercado de las tesis y las investigaciones hasta poco antes imposibles. La prueba de que éstas eran imposibles antes de 2001 es ésta: no había antes nada; nadie habla de lo que no existe. Ya desde antes del siglo presente, en mi condición modesta de profesor que debía correr por los umbrales de tres o cuatro empleos, me interesé en las obras antimodernas y tardoliberales de Vattimo, frente a las cuales he diseñado la hermenéutica del misterio. Su lectura me llevó a una interpretación política de Gadamer y Heidegger y, a partir de ellos, a una cierta teología política y social que hoy dirijo en el camino de los predecesores antes aludidos.Gadamer falleció en marzo de 2002. Hasta ese instante apenas puede registrarse unos pocos textos impresos sobre Gadamer o su obra en el arco de 1989 y esa fecha. Prácticamente no hay nada que valga la pena mencionar. Ya no digamos en Areté sino, virtualmente, en ninguna fuente académica peruana. Entretanto, Gadamer y la hermenéutica se habían convertido en interlocutores necesarios para la estética, la ética, filosofía política y las ciencias sociales donde, a no dudarlo, habría ingresado en la academia peruana de manera intrusiva y anónima. 
            Pocas veces unas tan pocas palabras revelan con tanto énfasis el estado de la filosofía en el Perú, en mucho tan imitativa, defectiva, pero en lo menos filosófico antes que en lo más. No sólo la mayoría de peruanos, sino reconocidamente las élites de científicos sociales y filósofos políticos estaban de espaldas a uno de los discursos de filosofía más notorios de su tiempo, que no era tanto su tiempo como el tiempo del existencialismo y el cientificismo de la década de 1940. Debe ser indicado que Gadamer, tres lustros después del artículo de Areté de 1989, el mismo Gadamer, de quien Habermas sostuvo con cruel ironía que había “urbanizado” “la provincia heideggeriana”, seguía siendo lo que todavía parece ser ahora, un desconocido. Un ilustre desconocido. Es evidente sin embargo que algo ha sucedido entre 2002 y el presente, al menos algo lo suficientemente relevante como para dar lugar a esta historia.
            

miércoles, 18 de febrero de 2026

De puero Iesu in templo


Hermenéutica de la actualidad y misterio intempestivo 

El misterio tras el camino sinodal

Había sido la fiesta de la Pascua en Jerusalem. Peregrinos de diversos lugares habían acudido a la solemnidad, sinónimo de la salvación. Estaba presente también allí Jesús. Tenía apenas 12 años aunque, según dicen las Sagradas Escrituras, Τὸ δὲ παιδίον ηὔξανεν καὶ ἐκραταιοῦτο, πληρούμενον σοφίᾳ, καὶ χάρις Θεοῦ ἦν ἐπ’ αὐτό (Luc 2:40). Dice San Lucas que el niño estaba plerómenon sophía, πληρούμενον σοφίᾳ, lleno de sabiduría, algo que San Jerónimo tradujo, para claridad del lector, como plenus sapientia. Agrega San Lucas, καὶ χάρις Θεοῦ ἦν ἐπ’ αὐτό, esto es, “[en este sentido] el favor de Dios estaba con él”; lleno de una sabiduría cuyo movimiento manifestaría luego. Jesús permaneció, traduce San Jerónimo, remansit, es decir, se quedó allí. Estando plenus sapientia, Jesús permaneció donde había deseado estar. Sea enfatizado aquello de χάρις Θεοῦ ἦν ἐπ’ αὐτό. Lo escribió San Lucas, "la gracia de Dios estaba en él", es decir, a través e indistinguible de la sabiduría que lo había envuelto.
        El lector no distraído recordará aquello de María, gratia plena, Dominus tecum, etc. “llena eres de gracia, el Señor es contigo y bendita tú entre las mujeres pues en adelante todos hasta el fin del mundo te llamarán santa”, anuncio de la maternidad de María según San Lucas, que es el único escritor sagrado que atribuye esas palabras a un arcángel de Dios. San Lucas, que sin duda sabía de lo que escribía, no ignoraba haber escrito sobre la Virgen lo que más adelante iba a decir de Jesús. La exégesis bíblica común en la tradición apostólica toma a María como tipo, es decir, como modelo de interpretación, de la identidad de la Iglesia. Quien aloja a Jesús en su cuerpo aloja también la sabiduría divina, por la cual debe decirse que María madre es santa y que la Iglesia es también madre y santa. Sea esto dicho para los lectores católicos a quienes esta nota ha sido dedicada. Volvamos ahora al relato.
Una vez terminada la fiesta de la Pascua, los peregrinos debían retirarse en grupos complejos a su lugar de procedencia. Esto nos lleva a María. María, madre de Jesús y José, el esposo de María, tomaron el camino común con los demás. No calibraron con quién irían a viajar, pues la caravana no hace distinciones y da lugar a que todos la sigan, incluso a los extraños o los que, queriendo ir seguros por ahí, se unen a la caravana sin haber ellos mismos asistido a la fiesta de la Pascua. María y José se pusieron en marcha con mucha gente, con mucha gente desconocida para regresar a su casa sintiéndose seguros con la compañía de los otros, incluso con los no conocidos, que en contexto diverso les hubieran generado temor y desconfianza. Como sea, ambos creían firmemente que Jesús había tomado el mismo camino que ellos y asumieron que estaría en alguna parte junto con el tumulto de viajeros.
Los peregrinos salían en desorden de Jerusalem. Se alejaban de la Pascua y del templo santo. No lo hacía caóticamente, sin embargo, tampoco en un orden planeado y con sentido, lo hacían en cambio en un orden confuso, por agregación. la Escritura Santa dice, adaptando el texto un poco, “hacían el camino juntos”, es decir, de modo que en griego se llama “en un” sínodo, σύνoδος. Dice la escritura santa literalmente que los padres de Jesús, con la idea de que Jesús estaba allí, se unieron al camino sinodal ἐν τῇ συνοδίᾳ (Luc 2:44). Todos allí iban juntos, pero no iban en disciplina establecida sino al modo de una multitud que hace un viaje por el mismo camino. María y José tomaron así para su regreso un camino donde se mezclaba sin orden toda clase de gente que salía de Jerusalem. Sin duda iban allí muchos piadosos peregrinos, que habían pasado la Pascua. Irían también, asunto que no es difícil imaginar, también mezquinos mercachifles, unos vividores de la Pascua: comerciantes ricos, que venían de comprar y vender, ladrones que regresaban de robar, amigos del poder, que venían de adular con sobornos a los legados de quienes San Pablo llama el “dios de este mundo”. Todo lo singular y raro exhibe un propósito para quien lo nota, aparece como singular y raro y, por lo mismo, significativo y acontecimiento.

[Es razonable anotar esta idea. Una palabra que aparece subordinada en una frase una única vez en todos los libros de la Nueva Alianza, ¿por qué habría de ser interesante hoy? ¿Por qué un filósofo filosofa sobre una palabra, por qué la conecta con la actualidad y la considera evento y mensaje?
 Desde 2015, las altas esferas del poder de la Iglesia emplean sínodo, sinodal, sinodalidad, etc. con una frecuencia excesiva para referirse a un proceso que, ciertamente, debe resultar muy relevante para ser nombrado tanto. Escuchar de manera insistente un término que define una opción política de la Iglesia resulta al creyente, cual es el caso del que escribe, un indicio de que hay algo que acontece, un mensaje constitutivo del sentido Hacer ese acontecer no obediencia, sino acontecimiento, implica para el hermeneuta una hermenéutica donde lo religioso, es decir, aquello que no procede del hombre, es signo, mensaje y desafío para el mundo de los hombres. No es algo más que los hombres hagan, sino algo semejante al mensaje de un rayo que ilumina a la vez que sacude y consterna. ¿Por qué sínodo, sinodal, "sinodalidad", en la práctica, son emitidos desde los poderes de la Iglesia de Roma al mundo público con una persistencia inmensamente mayor que, por ejemplo, las voces "sacramento", "salvación" o "santo", voces del lenguaje religioso que parecen ajustarse más, no al sentido de lo que hace de la religión ser lo que es, sino también a la historia entera del cristianismo? 
Hay algo divino, aunque quizá no por ello bueno, en que un lenguaje surja de la nada. Que lo que en la Escritura figura en un contexto de ausencia de Cristo acontezca ahora, qué duda cabe, como si fuera el mensaje mismo. Quizá sea el mensaje de la Iglesia católica. En la singularidad, en la irrupción de algo a la vez novedoso, acontece algo en términos de signum temporis, es decir, de la revelación de un mensaje religioso. No de un mensaje religioso que elaboran los intelectuales posmodernos o los poderes globales, políticos y económicos que gobiernan la Iglesia de Roma, sino un signo que se instala en el mundo de los hombres desde una dimensión a la que ellos, los presuntos autores posmodernos y sociólogos, psiquiatras de la religión, debía parecerles otra pero en cambio les parece suya, su obra. Lo que sucede a la sociedad religiosa, si hay en esta aún algún atisbo de los dioses, debe comprenderse como algo religioso, es decir, divino, comprometido con la idea de salvación, sin la cual la religión es, como para muchos teólogos de hoy que creen ser católicos, un departamento infundado y problemático de las Ciencias Sociales.
Se invita cortésmente al lector que busque para su curiosidad asuntos políticos y sociales sola y exclusivamente humanos y nunca divinos ni religiosos que suspenda aquí la lectura de este texto. Que huya urgentemente].

Es interesante que la palabra griega “sínodo”, que se traduce normalmente como “caravana”, sólo aparezca una única vez en el Nuevo Testamento. Se halla en el Evangelio de San Lucas, capítulo 2, versículo 44, cuya versión en griego koiné es la fuente de esta reflexión. María y José estaban pues, en camino con la caravana, recorrían un camino de sínodo junto con todos, todos, incluso con quienes ni siquiera habían estado en la Pascua, pero se habían integrado al camino común, por comodidad, siendo meros turistas. El hijo de María, en cambio, no estaba allí. Esta expresión griega σύνoδος ha sido usada muy ocasionalmente en la Biblia Septuaginta que, como se sabe, es la que contiene los libros veterotestamentarios que la Iglesia romana considera revelados. La caravana es un buen camino que es razonable hacer, incluso con quien sea que se junte a razón de una fuerza que mantiene seguros a quienes viajan juntos. La razón misma de que tenga sentido viajar en caravana es gozar de la seguridad del grupoSe deja como una sugerencia incompleta que se relaciona en estos casos como un acompañamiento grupal más bien con un sentido militar o militante.


        Sea permitido regresar al camino sinodal, especialmente a los comerciantes, los ladrones y los aduladores del poder o la fama. Los malvados, que imaginaremos fueron en número muy pocos, iban allí confundidos y peregrinos como gente valiosa y moral, digna y noble según los criterios de las instituciones y valores hegemónicos según el espíritu de la época romana. Todo poder tiene una fuente divina, pero es también cierto que los poderes políticos, que trazan muchas veces el camino, son potestad del enemigo de Dios. No en vano se había dicho a Satanás, por otro nombre el Diablo, lo siguiente: Et ait illi diabolus: Tibi dabo potestatem hanc universam et gloriam illorum, quia mihi tradita sunt, et cui volo do illa (Luc 4:6). El poder político, sociológico, económico o de psicología de masas, en la religión cristiana, es parte de la economía de este mundo, de "el dios de este mundo" y no de la economía divina de la salvación. Allí donde hay seguridad, donde hay aprobación generalizada, donde la sombra de "todos, todos" cobija y asegura en un orden político antes que religioso hay que sospechar si la dimensión de sentido del acontecimiento para quienes se hallan así seguros sea también una dimensión religiosa, donde una divinidad sea capaz de inquietar a quien va por ese camino y mandarle mensajes. O bien si el jefe de la caravana es quien imparte mensajes.
        No puede negarse que los malvados iban por peregrinos en el camino del sínodo, algunos quizá robando o vendiendo, otros blasfemando contra Dios, poniéndole incienso a los ídolos, prevaricando, mintiendo. El espíritu de todos es sin duda, el mismo: gozar de la seguridad que la caravana da a todos para que cada uno siga en su vida haciendo lo que más le plugiese. Es en el mismo espíritu del camino que los demás seguían sin pensar mucho en ello, pues lo normal de ir en una caravana es hacer paréntesis del mal de los demás en función de ir seguros con su aprobación.
        La seguridad socialmente pensada es siempre marca y carácter de un poder que es singularmente de este mismo mundo. Nada en la seguridad es, pues, divino,, y en cambio todo en la seguridad es siempre completamente humano.

[Recuerde el lector lo que eran hasta hace 12 meses los promotores del cambio de sexo infantil o la educación transexual en los niños pequeños europeos o canadienses. Hoy son perseguidos, pero hace un año eran héroes culturales del pensamiento supuestamente crítico, los adalides de la democracia inclusiva y eco-resiliente. Es interesante que estas ideas se impusieran hasta ante tan poco, hasta que el USAID fuese cerrado en enero de 2025, independientemente de lo que los padres de los niños pensaran al respecto. Una figura inversa justamente del relato que estamos haciendo sobre el niño y sus padres. Un día Pepsi les quitó a los promotores los fondos y hoy los investigan gracias a la detallada información que se hace de ellos o sus jefes en los archivos del pornógrafo político Jeffrey Epstein. En todo caso, los aludidos “hacían el camino juntos” con mucha gente buena, alguna de la cual ni se da cuenta siquiera hasta hoy que ese camino de Epstein y la orla de putrefacción que lo acompañaba ya ha sido cerrado, y de hecho recorre junta, hasta con las mismas personas, el camino donde sea que éste se halla desviado ahora con su gente, dando por considerar camino, ὁδός, a el espíritu de otra alguna otra cosa idéntica y a la vez diversa de ellos mismos, la cosa resilente].





Jesús, no tomó el camino. La Pascua continuó para él en una permanencia activa, que se hacía plena en él, haciéndose él mismo en cada momento plenus sapientia. En cierto modo, emprendió el camino de la sabiduría, que es también el nombre de Cristo y, así, la sabiduría en camino de sí mismo, a diferencia del resto, que iba cada uno camino, aunque ni siquiera iban al mismo sitio. No había “una casa común” donde ir juntos, sino que cada uno estaba en camino de su propia casa, aunque los demás fueran junto con él en una ruta a todas luces compartida. El lector de la escritura sagrada recordará la casa común que construían juntos los operarios en el relato de la torre de Babel. El piadoso iría, pues, camino de la piedad, el campesino de regreso a su siembra y el ladrón, de vuelta a robar a su zona habitual. El turista regresaba seguro con los demás tras el consumo del dinero destinado a sus merecidas vacaciones.  
        Jesús se quedó en el templo después de Pascua como después del Santo Sacrificio de la Misa la reserva se queda en el sagrario. Su madre, la más privilegiada de todos los santos, reservada desde la creación para consumar con su voluntad la salvación del Hombre, pensaba que Jesús, puesto que había ido con ella a celebrar el santo rito de la Pascua, se hallaba en la caravana sinodal que hacía camino de fuera de la Ciudad Santa. María, pues, fue ella también de camino con el sínodo, hacia afuera, cada vez más lejos, a su lugar propio. Iba con ella San José. En las últimas décadas, por influencia de ciertas notas pastorales de León XIII, se ha hecho muy frecuente colocar en los flancos de los retablos del altar a María y José, o colocarlos a ambos con su hijo en el mismo retablo. Las últimas centurias han acentuado en la Iglesia romana su rol de acompañantes laterales de su hijo. Sea como fuere, Jesús remansit, es decir, “permaneció atrás”, “se quedó”, “no siguió con los demás”. Jesús no quiso tomar ese camino. Con la sugerencia de que la caravana conlleva un elemento militar, es decir, autoritario y bélico, remansit no sugiere resistencia violenta o por la fuerza, como la de los Macabeos (en cuyas historias, ciertamente, aparece la voz σύνοδος), sino un apartarse tranquilo y sin conflictos, al lugar que le pertenece.

[Como filósofo hermeneuta, como hermeneuta de la actualidad, que es a lo que este texto se refiere, se recomienda echar una mirada a la homilía de Orígenes de Alejandría, Homilía XIX sobre el Evangelio de San Lucas, San Agustín, Sermo 51, De puero Iesu in templo. El primer texto lo recogí de la edición correspondiente de la editorial Ciudad Nueva; el segundo, de la reimpresión de la edición mauriana de 1727 que tengo en la casa. Confieso que esta reflexión la he hecho yo mismo para que lo de malo que haya en ella no se atribuya a los maestros de la religión].


Volvamos ahora a la traducción de San Jerónimo de la palabra para significar que Jesús no quiso ir al camino del sínodo. Remansit significa ‘permanecer deliberadamente atrás respecto de un movimiento colectivo’, indicando una ruptura consciente con el curso normal de la acción. Y allí donde se quedó en lugar de irse, estaban también los sabios, escuchándolo llenos de sensación de maravilla. La Escritura es enfática que Jesús no se quedó porque se extravió, ni se confundió, o porque, sencillamente, quiso hacer lo que le daba la gana al margen de sus padres ni se resistió particularmente al sínodo. Su camino no parecía ser el camino del sínodo, sino el de la sabiduría del templo. Ciertamente, para los cristianos el templo es figura del cuerpo de Cristo, es decir, la Iglesia. Si se quedó Jesús es que no quiso ir al camino con el resto, sino que resolvió permanecer con aquello de lo que estaba pleno, la sabiduría. Sus padres confiaron en la seguridad de la caravana; parte de esa confianza residía en suponer que iba allí también Jesús, aunque no lo pudieran ver ni podían escuchar su voz.
        El relato de la Escritura dice que su Madre comenzó a notar que su hijo no estaba en el sínodo, que había muchos en él, pero nadie lo había visto. Nομίσαντες δὲ αὐτὸν εἶναι ἐν τῇ συνοδίᾳ, ἦλθον ἡμέρας ὁδόν, καὶ ἀνεζήτουν αὐτὸν ἐν τοῖς συγγενεῦσιν καὶ τοῖς γνωστοῖς. La Madre y José anduvieron “en el camino” (ὁδός,), palabra que significa en griego no sólo el camino que se hace junto-con, es decir, ἐν τῇ συνοδίᾳ, sino también “doctrina”, la creencia que hace el camino compartido y el mismo para todos los allí diversos. En esa doctrina o camino común María buscaba a Jesús entre los parientes y los conocidos, mezclados como estaban con los desconocidos, es decir, los otros viajeros de doctrina, pero que ni eran sus parientes ni iban al mismo sitio y, muy posiblemente, ni siquiera salían de la misma parte, del gran rito de la Pascua. Se permita repetir que María y José confiaban en el camino que sus parientes habían tomado con los demás, pues creían que estaba allí Jesús. Comprendieron sin embargo que no estaba en esa doctrina, tan común a todo el que quisiera tomarla y disponible. Regresaron, pues, a Jerusalem. 
       Los santos tomaron el camino inverso de la caravana. Se arriesgaban así a salir de la seguridad que la caravana les garantizaba (pues esa es la razón de viajar en una caravana: la seguridad, una seguridad impuesta por la fuerza). Cambiaron esa seguridad, tan cómoda ciertamente, para todos, para reemplazarla por la incertidumbre, la ansiedad desesperada de encontrar a Jesús, verlo y escucharlo. Es interesante que viajar en el sínodo sin reconocer que su hijo no estaba presente les tomó un día, pero regresar al templo, en cambio, les tomó tres días (Luc. 2:47). El acompañamiento del camino emprendido les había salido muy caro, por así decirlo, pues el esfuerzo de de descansar e ir camino de Jesús fue mayor que viajar en el sínodo. Es común creer que Jesús se había extraviado de sus padres en el templo. En realidad es correcto entender que eran sus padres los extraviados.


María se dio cuenta de que su hijo no estaba en el lugar del gentío. Regresó a Jerusalem, regresó pues al templo para encontrar allí, plenus sapientia, a Jesús. Hay aquí una doble consideración: luego de la Pascua, es decir, fuera de la actividad sagrada, los santos pueden unirse a los demás, con los comerciantes, por ejemplo, o los aduladores del poder, pero no lo hacen porque vayan por el camino de los demás, sino con la certeza, con la idea fundada y sensata de que Jesús está allí, en el camino sinodal, pues estaba allí también su Madre, que los cristianos sabemos es el tipo de la Iglesia. Pero ella, gratia plena, la que supo reconocer a Dios, vio también su ausencia. María no se gozó abandonando a su hijo, cosa que hubiera podido hacer cuando se lo anunció el ángel, sino que dejó el camino sinodal para volver obediente al templo, allí donde estaba Jesús. Uno y otro viajero de la caravana le diría “no, no lo vemos”, “nunca lo hemos visto”. Ella pues, estaba allí con el espíritu que guiaba a los demás, hasta que se dio cuenta de que sin Jesús ella no podía continuar más ese viaje. 
        Cuando María buscaba a su hijo en el sínodo Jesús tenía 12 años. En la numerología bíblica, la edad que significa un pueblo, en este caso marca de la Iglesia de Cristo. Como dice muy verdaderamente el documento Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, esa Iglesia, a la que fue dada el espíritu de verdad, a pesar de cualquier cosa, “subsiste”, es decir, hay algo que queda todavía, en la Iglesia peregrina que conocemos, en cuyo triste camino hacia el presente del mundo habría que intentar buscar a Jesús en un camino que quizá sea más difícil y más largo, sin la seguridad que da la caravana a los múltiples viajeros que se acoplan con su espíritu. Dice bien la Iglesia actual tal y como la conocemos los presentes de sí misma esta grande verdad: “Haec Ecclesia, in hoc mundo ut societas constituta et ordinata, subsistit in Ecclesia catholica, a Successore Petri et Episcopis in eius communione gubernata” (Lumen Gentium, 8).
        En la confianza de la Virgen cuando estaba ella misma dentro de la caravana estaba Jesús presente, aunque no en el camino donde la Virgen se había perdido. Su hijo la esperaba con el número de los elegidos, his qui credunt in nomine Eius, neque ex voluntate carnis, neque voluntate viri, sed ex Deo nati sunt.

viernes, 31 de diciembre de 2021

La visión del Perú

 


Víctor Samuel Rivera

Los políticos prometen obras. Garantizan derechos. Todos pretenden ser innovadores y acoplados con el pueblo, del cual cultivan la ilusión de ser sus voceros. Los más exitosos mienten siempre sistemáticamente. Quizá mienten porque se equivocan. Mienten posiblemente desde una gran carencia que ellos ignoran: no se puede gobernar lo que no se conoce. Gobernar es administrar un país, que es como una casa, pero más grande y compleja; nadie gesta su casa sin saber dónde queda la cocina, salvo en Iberoamérica. La filosofía política moderna nos hace pensar que las últimas teorías políticas inventadas en Estados Unidos, no digamos nada de sus eslóganes, siempre son intrínsecamente eficaces, ya que ni son nuestras teorías ni son nuestros eslóganes. Si hay un nuevo derecho, lo necesitamos, es lo último, no podría, pues, ser jamás falso; si en Australia una especie animal recibe ciudadanía, se infiere que nuestros animales la esperan desde antes del Diluvio; mientras tanto, la cocina se nos incendia. Todo esto no sería interesante, sino un capítulo aparte de la historia de la demencia, si no fuera porque aquí se halla la médula del fracaso político de la Iberosfera.

Hay un aspecto que caracteriza las diversas agendas de la política peruana: es su incapacidad de ver por dónde pasa, saltando así de no hacer nada, a hacer algo aún peor. Quien no sabe por dónde va tampoco sabe propiamente qué hacer y va dando tumbos ciegos en una gran botella vacía, siendo todo su esfuerzo un triste fracaso. Todas las comedias se basan en una historia de caminos perdidos y confusiones, y también no pocas tragedias. En esto la política del Perú actual no se diferencia mucho del resto de los países dominantes del Occidente sino que, en cambio, es como su réplica, la réplica de las obras de teatro que hunden en una triste risa el escenario del globo occidental. Y si hay algo de común en todos los paseos de ciegos es esto: dan por sentado que ver el camino no es muy importante para llegar al destino final. Para no hablar del presente, que es tan agitado, vayamos al pasado, de una agitación aún mayor.

            1746. Lima no tenía mucho de haber inaugurado la estatua del Rey don Felipe, celebrada en júbilo con corridas de toros y procesiones de los estamentos civiles y religiosos del pueblo leal.

Un buen día, la espléndida estatua ecuestre del rey Felipe V se desplomó sobre el arco del triunfo al ingreso del puente del Duque de la Palata. Entre los escombros de la capital del reino se hallaban las torres de la catedral metropolitana, así como las de las iglesias de Santo Domingo y la de San Agustín. Entre la ruma de cadáveres los niños aplastados por los altos venidos al piso se vieron reunidos en la escenografía con asnos y caballos muertos. Los ayes de las monjas fueron casi las últimas plegarias de los demolidos desiertos conventos. El palacio real era inhabitable. El puerto del Callao había sido arrasado por el mar y estaba ahora poblado solo por aquejados tristes fantasmas. El señor de los Milagros recorría Lima, rodeando de santo incienso las innumerables y variables caras, entre misereres, mientras que ante cada grito de socorro bajo las ruinas, implorando lo alto, parecía Santa Rosa de Lima ratificar la imposible esperanza. Un año después, el sabio José Eusebio del Llano Zapata dio el registro de 568 réplicas de este desastre del 28 de octubre de 1746, parte de una serie de impactantes terremotos en un arco de un siglo que dificultaban, ya no digamos la reconstrucción de los Andes, sino su administración política y que, tarde o temprano, obligarían al Rey a reorganizar el Perú, crear otros virreinatos y transformas las rutas de comercio, alterar la forma de gobierno y otras modificaciones no siempre muy inteligentes.

            El terremoto de 1746 fue un llamado de la naturaleza: administrar el Perú implicaba conocerlo, conocer que era un país altamente telúrico; toda la organización española del Reino no se había percatado bien hasta entonces de sus tsunamis periódicos y sus ancestrales y brutales cambios de clima, que habían devastado varios imperios en los dos milenios precedentes antes de la fundación española. Así, conocer dónde se está es también saber cómo se ha de administrar; un buen gobierno se urge del impulso de la realidad. El último tercio del siglo XVIII consagraría la agenda del Estado y de sus sabios y asesores políticos a conocer mejor el Perú, tener conciencia de su país. Esto se recuerda bien en diversas obras del Cosmógrafo Mayor del Reino, Hipólito Unanue, una de las más célebres la Idea general del Perú, redactada bajo el virrey fraile Gil de Taboada y que inaugura la mayor obra de estudio cooperativo del Perú bajo los Borbones, el Mercurio Peruano (1790-1795). Atormentado por el recuerdo del terremoto de 1746, Unanue imprimió en 1806 El clima de Lima, su obra mejor recordada. Gobernar implica conocer; ignorar implica imposibilidad de cualquier gobierno posible.

            El mayor mal que el mundo moderno puede, entre sus tristes y universales imaginaciones, haber inventado, es la creencia de que uno puede saber de política sin tomar mayormente en cuenta la naturaleza de un país. Que uno puede conocer derechos, agendas, regímenes de gobierno e intereses sociales sin el esfuerzo de saber dónde uno vive, sus costumbres, creencias, expectativas, y también clima y territorio, fauna y temperamento, ocupaciones y roles, es ciertamente la razón decisiva para que el gobierno del Perú actual se halle condenado a la inoperancia y el fracaso. Es como caminar sin ver, es como querer llegar, ya no digo, estar, sin tener otra idea del entorno que los puros fantasmales ayes de la mente ciega. Los países iberoamericanos, sumidos en un pensamiento que es una ausencia, requieren de abrir los ojos y ver. Tener la visión de qué es lo que hacen y con quién y bajo qué medios y circunstancias para saber bajo esa óptica qué se debe hacer para gobernar. La política sin realidad es como la gestión de un territorio telúrico del cual se desconoce hasta el más pequeño de sus agitados guiños, algo que no ocurría en el Perú de José Eusebio del Llano Zapata, pero ocurre en la Iberosfera bajo cuyos escombros firmo esta reflexión, con el amparo de Santa Rosa, patrona de estas tierras.

 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Autobiografía/ Naturaleza de la hermenéutica/ Sobre "Pensar desde el mal"

Les presento una entrevista que m,e hizo Mauricio Ágreda en ocasión del Conafil - 2021 (Congreso Nacional de Filosofía), este año correspondiente alBicentenario de la Independencia del Perú. La entrevista fue presentada en el Canal TV UNSA, programa Estación Alterna, 30 de octubre de 2021

sábado, 23 de octubre de 2021

Presentación en la Sociedad Peruana de Filosofía de "Pensar desde el mal. Hermenéutica en tiempos de Apocalipsis".

Presentarán mi libro Héctor Chocano y el padre Enrique Carrión. Moderará Carlos Reyes. 👉La Sociedad Peruana de Filosofía los invita a participar de la presentación del libro: Pensar desde el mal. Hermenéutica en tiempos de Apocalipsis, de Víctor Samuel Rivera. 📋Día: Viernes 29 de octubre ⏳Hora: 07.00 pm 🙍‍♂️Presentan: Héctor Chocano y Enrique Carrión 🙍‍♂️Modera: Carlos Reyes (SPF) ✔Transmisión en vivo vía facebook live

martes, 19 de octubre de 2021

Pensar desde el mal. Hermenéutica en tiempos de Apocalipsis.

Pensar desde el mal. Hermenéutica en tiempos de Apocalipsis Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2021, 374 pp. 

El presente libro es un conjunto de diez ensayos de hermenéutica filosófica redactados en un arco de tiempo definido, entre 2014 y 2017, aproximadamente. Corresponden con un segmento de la obra académica del autor, el único experto peruano en esta clase de discurso filosófico. Texto altamente crítico de los valores hegemónicos del mundo de consenso liberal o “pensamiento único”, constituye un desafío polémico para las creencias básicas de una sociedad basada en la producción inútil, el ensalzamiento de la banalidad y el florecimiento institucional de la corrupción. El autor escribe en diálogo osado con Gianni Vattimo, autor básico de la hermenéutica política que sostiene la irrelevancia del mal en la agenda de la filosofía, a lo que debe la obra su título. 

ISBN 978-612-4329-67-8 
Pensar desde el mal hermenéutica en tiempo de Apocalipsis 
Autor:Rivera, Víctor Samuel 
Editorial:Congreso de la República Materia:Ética (Filosofía moral) 
Público objetivo:Profesional / académico 
Publicado:2021-07-28 
Número de edición:1 
Número de páginas:374 Tamaño:15.5x23.5cm. 
Encuadernación:Tapa dura o cartoné 
Soporte:Impreso Idioma:Español

De venta hoy en las principales librerías de Lima   





sábado, 17 de julio de 2021

La mala hegemonía o el gobierno del burro


El gobierno del burro
La ausencia del pensamiento

 “Todos los animales son iguales”. Éste es el artículo que el sabio republicano, Benjamín, estableció como texto constitucional definitivo para el Estado en 1945. La sabiduría política de Benjamín desembocó en este texto tan simple y claro luego de algo que el teórico político Jon Elster hubiera llamado un proceso de gestión constitucional; un proceso bastante largo, donde se hubo ensayado diversos modelos de régimen político que recuerdan mucho al proceso de decadencia social que describe Platón en La República al clasificar las formas de régimen político. Hay que reconocer que en la granja predominó a lo largo del tiempo un conflictivo modelo democrático, impulsado por los cerdos, y que finalmente había resuelto en versión definitiva y para el bien de todos Benjamín, el burro del Estado. El texto completo de la Constitución burraca de 1945, resultado del incesante fracaso del proceso constitucional, se completaba con el siguiente inciso aclarativo: “algunos animales son más iguales que otros”. El burro había impuesto a los cerdos y a otros animales de menor jerarquía un orden jurídico constitucional donde todo el mundo estaba de acuerdo con que todo siempre debía ir muy mal, que este mal estaba en realidad muy bien y que, ciertamente, había que ser muy burro para oponerse a algo tan deseable.

            George Orwell inició la redacción de su Rebelión en la granja en 1943, novela política que logró imprimir en 1945. Para 1943 era previsible que Alemania y sus aliados perderían la Segunda Gran Guerra y que se requería las bases para algo así como un nuevo orden político en el mundo en el que todos los hombres pudieran estar de acuerdo, posiblemente para que no hubiera más conflictos internacionales, una de cuyas consecuencias remotas sería establecer una suerte de gobierno mundial regido con derechos iguales para todos, que es el mundo donde estamos instalados. Orwell, que no era muy confiado con la humanidad, quiso muy posiblemente sugerir que nuestro futuro sería muy lógico, con un ordenamiento constitucional basado en derechos inobjetables, pero donde el proceso de gestión constitucional, tarde o temprano, para corregir los inevitables y deplorables errores del gobierno hombre, terminaría dándole el poder a los vanidosos y glotones cerdos de la granja, bajo la legislación del más pensante de sus productos, la inteligencia del burro. No recuerdo que alguien lo haya observado antes, pero Orwell hizo de la descripción del deterioro social en La República, que va desde el gobierno óptimo al pésimo, un vaticinio: que la gestión del régimen político moderno corría el riesgo permanente, quizá interno a su propia forma de ser, de darle la tarea social de pensar a los menos capaces, a los burros de la granja.

            Orwell escribió antiutopías políticas, como Rebelión en la granja y 1984. Unas advertencias severas a estar alertas sobre el camino que la civilización occidental tomó cuando resolvió centrar el pensamiento político no en lo más sublime, la aspiración más alta, en lo más bello o lo más fascinante del hombre, sino en la parte peor, en el burro y el porcino que hay en lo más profundo de todo hombre que, después de todo, es un animal. Es curioso que Orwell redactara estas obras sobre el futuro político de Europa a la misma vez que otros grandes pesimistas de la forma de régimen político que se venía gestando desde que la forma de gobierno puso en la mira al hombre. Al hombre en lugar del bien, de la felicidad, del sentido de las cosas. A la misma vez que se redactaba Rebelión en la granja Max Horkheimer y Theodor Adorno redactaban la primera versión de Dialéctica de la Ilustración, uno de los libros de crítica política que toda persona sensata debería leer, no por sus objetivos (los autores eran unos consumados colectivistas, es decir, unos gestores de granjas) sino por la advertencia que su libro contiene: las sociedades liberales que no hacen un esfuerzo por cuidar su libertad, se harán quizá ricas como la sociedad de los cerdos en la granja de Orwell pero, tarde o temprano, irremediablemente, concederán la gestión constitucional a los asnos, y serán los asnos, antes que los cerdos, quienes tendrán la función de dictaminar la forma correcta de vivir.

            1943 fue un año fundamental para el pensamiento político. Ludwig von Hayek, aparte de Karl Popper, a mi juicio el pensador liberal más lúcido del siglo XX, ofrece un argumento sociológico sobre la incapacidad de los sistemas totalitarios de generar pensamiento inteligente, es decir, de apartar a los burros del gobierno de la granja. Hayek advertía las causas de la derrota del nacional socialismo, que habría de ser alguna vez la del sistema del comunismo soviético. En 1943 Hayek hizo público el libro Camino de servidumbre, que exalta posiblemente las bondades de un régimen político de libertades. Voy a resumir la idea más básica de ese libro a mi manera, con el perdón de los expertos. Siempre que hay un pensamiento dominante, y es sobre la base de ese pensamiento que se selecciona a los funcionarios de un régimen político, el resultado será que, tarde o temprano, se va a preferir a los ciudadanos más incapaces de pensar sobre los más ingeniosos, creativos o profundos. Los de ideas más permeables y más estúpidas, siempre que califiquen como las ideas políticamente correctas, ganarán los concursos y las plazas, las elecciones del partido y los puestos clave de los ministerios. El Estado favorecerá la promoción de los intelectuales más imbéciles, que a su vez gestarán y llevarán a la realidad las ideas más idiotas, con la complacencia de los viciosos cerdos, que habrán de financiarles sus proyectos.

            En Orwell, Adorno y Hayek, este trío de políticos pesimistas de 1943, aparecen sociedades del futuro, como la nuestra, en que a los pensadores políticamente incorrectos, que son las más de las veces los mejor dotados para objetar, les va muy mal; a los burros, los buenos amigos de los puercos, que hacen como de su cerebro, en cambio, les va estupendamente, por lo que terminan como los presidentes, sino los reyes de toda la granja. Las sociedades capitalistas tardías, cumpliendo las profecías apocalípticas de Orwell y Adorno, han sacado al hombre del reino y han colocado, en su lugar, al burro. Y mientras más borrico el burro, más beneficios y premios recibe de los cerdos, con la comparsa muda de los borregos. Con Hayek hemos de advertir al hombre a quién corresponde la soberanía de la que los animales lo han desterrado.  “Todos los animales somos iguales”, repite constitucional, el burro. Algunos animales somos racionales, sin embargo.


 

sábado, 26 de junio de 2021

miércoles, 27 de enero de 2021

Bicentenario del conde Joseph de Maistre

Dictaré la conferencia Joseph de Maistre, primer hermeneuta, por vía FB en la cuenta del Círculo de Hermenéutica y Estudios sociales CIHER

CIHER - Conferencia magistral / Bicentenario de Joseph de Maistre
25 de febrero de 2021 / 19:30🇵🇪 21:30🇨🇱🇦🇷 18:30🇲🇽
Dr. Víctor Samuel Rivera / Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía
Notificación aquí: https://fb.me/e/GZmTx3B0
Dr. Victor Samuel Rivera estará en #elsentidodetodo conmemorando el bicentenario de Joseph De Maistre, primer hermeneuta.
Día: 25 de febrero (vísperas de su muerte)
Hora: 7.30 pm (Perú)
)Para poder participar, puedes acceder durante la transmisión en vivo a través de El Sentido De Todo (
https://www.facebook.com/elsentidodetodo
o bien, puedes participar, de modo activo en el zoom. Para lo cual, se necesita una invitación explícita del ponente, ingresar con el nombre propio y cámara prendida para su debida identificación, e ingresar 30 min antes de iniciado el evento (una vez iniciado la ponencia, no se permite el ingreso)
 
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