Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; he trabajado en Universidad Nacional Federico Villarreal desde 2005. He sido profesor en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima hasta 2014. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

miércoles, 18 de febrero de 2026

De puero Iesu in templo


Hermenéutica de la actualidad y misterio intempestivo 

El misterio tras el camino sinodal

Había sido la fiesta de la Pascua en Jerusalem. Peregrinos de diversos lugares habían acudido a la solemnidad, sinónimo de la salvación. Estaba presente también allí Jesús. Tenía apenas 12 años aunque, según dicen las Sagradas Escrituras, Τὸ δὲ παιδίον ηὔξανεν καὶ ἐκραταιοῦτο, πληρούμενον σοφίᾳ, καὶ χάρις Θεοῦ ἦν ἐπ’ αὐτό (Luc 2:40). Dice San Lucas que el niño estaba plerómenon sophía, πληρούμενον σοφίᾳ, lleno de sabiduría, algo que San Jerónimo tradujo, para claridad del lector, como plenus sapientia. Agrega San Lucas, καὶ χάρις Θεοῦ ἦν ἐπ’ αὐτό, esto es, “[en este sentido] el favor de Dios estaba con él”; lleno de una sabiduría cuyo movimiento manifestaría luego. Jesús permaneció, traduce San Jerónimo, remansit, es decir, se quedó allí. Estando plenus sapientia, Jesús permaneció donde había deseado estar. Sea enfatizado aquello de χάρις Θεοῦ ἦν ἐπ’ αὐτό. Lo escribió San Lucas, "la gracia de Dios estaba en él", es decir, a través e indistinguible de la sabiduría que lo había envuelto.


El lector no distraído recordará aquello de María, gratia plena, Dominus tecum, etc. “llena eres de gracia, el Señor es contigo y bendita tú entre las mujeres pues en adelante todos hasta el fin del mundo te llamarán santa”, anuncia de la maternidad de María según San Lucas, que es el único escritor sagrado que atribuye esas palabras a un arcángel de Dios. San Lucas, que sin duda sabía de lo que escribía, no ignoraba haber escrito sobre la Virgen lo que más adelante iba a decir de Jesús. La exégesis bíblica común en la tradición apostólica toma a María a la Iglesia. Quien aloja a Jesús en su cuerpo aloja también la sabiduría divina, por la cual debe decirse que María madre es santa y que la Iglesia es también madre y santa. Sea esto dicho para los lectores católicos a quienes esta nota ha sido dedicada. Volvamos ahora al relato.

Una vez terminada la fiesta de la Pascua, los peregrinos debían retirarse en grupos complejos a su lugar de procedencia. Esto nos lleva a María. María, madre de Jesús y José, el esposo de María, tomaron el camino común con los demás. No calibraron con quién irían a viajar, pues la caravana no hace distinciones y da lugar a que todos la sigan, incluso a los extraños o los que, queriendo ir seguros por ahí, se unen a la caravana sin haber ellos mismos asistido a la fiesta de la Pascua. María y José se pusieron en marcha con mucha gente, con mucha gente desconocida para regresar a su casa sintiéndose seguros con la compañía de los otros, incluso con los no conocidos, que en contexto diverso les hubieran generado temor y desconfianza. Como sea, ambos creían firmemente que Jesús había tomado el mismo camino que ellos y asumieron que estaría en alguna parte junto con el tumulto de viajeros.
Los peregrinos salían en desorden de Jerusalem. Se alejaban de la Pascua y del templo santo. No lo hacía caóticamente, sin embargo, tampoco en un orden planeado y con sentido, lo hacían en cambio en un orden confuso, por agregación. la Escritura Santa dice, adaptando el texto un poco, “hacían el camino juntos”, es decir, de modo que en griego se llama “en un” sínodo, σύνoδος. Dice la escritura santa literalmente que los padres de Jesús, con la idea de que Jesús estaba allí, se unieron al camino sinodal ἐν τῇ συνοδίᾳ (Luc 2:44). Todos allí iban juntos, pero no iban en disciplina establecida sino al modo de una multitud que hace un viaje por el mismo camino. María y José tomaron así para su regreso un camino donde se mezclaba sin orden toda clase de gente que salía de Jerusalem. Sin duda iban allí muchos piadosos peregrinos, que habían pasado la Pascua. Irían también, asunto que no es difícil imaginar, también mezquinos mercachifles, unos vividores de la Pascua: comerciantes ricos, que venían de comprar y vender, ladrones que regresaban de robar, amigos del poder, que venían de adular con sobornos a los legados de quienes San Pablo llama el “dios de este mundo”. Todo lo singular y raro exhibe un propósito para quien lo nota, aparece como singular y raro y, por lo mismo, significativo y acontecimiento.

[Es razonable anotar esta idea. Una palabra que aparece subordinada en una frase una única vez en todos los libros de la Nueva Alianza, ¿por qué habría de ser interesante hoy? ¿Por qué un filósofo filosofa sobre una palabra, por qué la conecta con la actualidad y la considera evento y mensaje?
 Desde 2015, las altas esferas del poder de la Iglesia emplean con una frecuencia excesiva para referirse a un proceso que, ciertamente, debe resultar muy relevante para ser nombrado mucho. Escuchar de manera insistente un término que define una opción política de la Iglesia resulta al creyente, cual es el caso del que escribe, un indicio de que hay algo que acontece, un mensaje constitutivo del sentido Hacer ese acontecer no obediencia, sino acontecimiento, implica para el hermeneuta una hermenéutica de eso que acontece en términos de signum temporis, es decir, de revelación de algo religioso. No algo religioso que elaboran los intelectuales posmodernos o los poderes globales, políticos y económicos que gobiernan la Iglesia de Roma, sino un signo que acude desde una dimensión otra, en la que lo que sucede a la sociedad religiosa debe comprenderse como algo religioso, es decir, divino, comprometido con la idea de salvación, sin la cual la religión es, como para muchos teólogos de hoy que creen ser católicos, un departamento infundado y problemático de las Ciencias Sociales.
Se invita cortésmente al lector que busque asuntos políticos y sociales sola y exclusivamente humanos y nunca divinos ni religiosos que suspenda aquí la lectura de este texto. Que huya urgentemente].

Es interesante que la palabra griega “sínodo”, que se traduce normalmente como “caravana”, sólo aparezca una única vez en el Nuevo Testamento. Se halla en el Evangelio de San Lucas, capítulo 2, versículo 44, cuya versión en griego koiné es la fuente de esta reflexión. María y José estaban pues, en camino con la caravana, recorrían un camino de sínodo junto con todos, todos, incluso con quienes ni siquiera habían estado en la Pascua, pero se habían integrado al camino común, por comodidad, siendo meros turistas. El hijo de María, en cambio, no estaba allí. Esta expresión griega σύνoδος ha sido usada muy ocasionalmente en la Biblia Septuaginta que, como se sabe, es la que contiene los libros veterotestamentarios que la Iglesia romana considera revelados. Se deja como una sugerencia incompleta que se relaciona en estos casos como un acompañamiento grupal más bien con un sentido militar o militante.



Sea permitido regresar al camino sinodal, especialmente a los comerciantes, los ladrones y los aduladores del poder o la fama. Los malvados, que imaginaremos fueron en número muy pocos, iban allí confundidos y peregrinos como gente valiosa y moral, digna y noble según los criterios de las instituciones y valores hegemónicos según el espíritu de la época romana. Todo poder tiene una fuente divina, pero es también cierto que los poderes políticos, que trazan muchas veces el camino, son potestad del enemigo de Dios. No en vano se había dicho a Satanás, por otro nombre el Diablo, lo siguiente: Et ait illi diabolus: Tibi dabo potestatem hanc universam et gloriam illorum, quia mihi tradita sunt, et cui volo do illa (Luc 4:6). No puede negarse que los malvados iban por peregrinos en el camino del sínodo, algunos quizá robando o vendiendo, otros blasfemando contra Dios, venerando ídolos de sus dominadores, prevaricando, mintiendo; en el mismo espíritu del camino que los demás seguían sin pensar mucho en ello, pues lo normal de ir en una caravana es hacer paréntesis del mal de los demás en función de ir seguros con su aprobación.

[Recuerde el lector lo que eran hasta hace 12 meses los promotores del cambio de sexo infantil o la educación transexual en los niños pequeños europeos o canadienses. Hoy son perseguidos, pero hace un año eran héroes culturales del pensamiento supuestamente crítico, los adalides de la democracia inclusiva y eco-resiliente. Es interesante que estas ideas se impusieran hasta ante tan poco, hasta que el USAID fuese cerrado en enero de 2025, independientemente de lo que los padres de los niños pensaran al respecto. Una figura inversa justamente del relato que estamos haciendo sobre el niño y sus padres. Un día Pepsi les quitó a los promotores los fondos y hoy los investigan gracias a la detallada información q ue se hace de ellos o sus jefes en los archivos del pornógrafo político Jeffrey Epstein. En todo caso, los aludidos “hacían el camino juntos” con mucha gente buena, alguna de la cual ni se da cuenta siquiera hasta hoy que ese camino de Epstein y la orla de putrefacción que lo acompañaba ya ha sido cerrado, y de hecho recorre junta, hasta con las mismas personas, el camino donde sea que éste se halla desviado ahora con su gente, dando por considerar camino, ὁδός, a el espíritu de otra alguna otra cosa idéntica y a la vez diversa de ellos mismos, la cosa resilente].





Jesús, no tomó el camino. La Pascua continuó para él en una permanencia activa, que se hacía plena en él, haciéndose él mismo en cada momento plenus sapientiae. En cierto modo, emprendió el camino de la sabiduría, que es también el nombre de Cristo y, así, la sabiduría en camino de sí mismo, a diferencia del resto, que iba cada uno camino, aunque ni siquiera iban al mismo sitio. No había “una casa común” donde ir juntos, sino que cada uno estaba en camino de su propia casa, aunque los demás fueran junto con él en una ruta a todas luces compartida. El lector de la escritura sagrada recordará la casa común que construían juntos los operarios en el relato de la torre de Babel. El piadoso iría, pues, camino de la piedad, el campesino de regreso a su siembra y el ladrón, de vuelta a robar a su zona habitual. El turista regresaba seguro con los demás tras el consumo del dinero destinado a sus merecidas vacaciones.  
        Jesús se quedó en el templo después de Pascua como después del Santo Sacrificio de la Misa la reserva se queda en el sagrario. Su madre, la más privilegiada de todos los santos, reservada desde la creación para consumar con su voluntad la salvación del Hombre, pensaba que Jesús, puesto que había ido con ella a celebrar el santo rito de la Pascua, se hallaba en la caravana sinodal que hacía camino de fuera de la Ciudad Santa. María, pues, fue ella también de camino con el sínodo, hacia afuera, cada vez más lejos, a su lugar propio. Iba con ella San José. En las últimas décadas, por influencia de ciertas notas pastorales de Juan XIII, se ha hecho muy frecuente colocar en los flancos de los retablos del altar a María y José, o colocarlos a ambos con su hijo en el mismo retablo. Las últimas centurias han acentuado en la Iglesia romana su rol de acompañantes laterales de su hijo. Sea como fuere, Jesús remansit, es decir, “permaneció atrás”, “se quedó”, “no siguió con los demás”. Jesús no quiso tomar ese camino. Con la sugerencia de que la caravana conlleva un elemento militar, es decir, autoritario y bélico, remansit no sugiere resistencia violenta o por la fuerza, como la de los Macabeos (en cuyas historias, ciertamente, aparece la voz σύνοδος), sino un apartarse tranquilo y sin conflictos, al lugar que le pertenece.

[Como filósofo hermeneuta, como hermeneuta de la actualidad, que es a lo que este texto se refiere, se recomienda echar una mirada a la homilía de Orígenes de Alejandría, Homilía XIX sobre el Evangelio de San Lucas, San Agustín, Sermo 51, De puero Iesu in templo. El primer texto lo recogí de la edición correspondiente de la editorial Ciudad Nueva; el segundo, de la reimpresión de la edición mauriana de 1727 que tengo en la casa. Confieso que esta reflexión la he hecho yo mismo para que lo de malo que haya en ella no se atribuya a los maestros de la religión].


Volvamos ahora a la traducción de San Jerónimo de la palabra para significar que Jesús no quiso ir al camino del sínodo. Remansit significa ‘permanecer deliberadamente atrás respecto de un movimiento colectivo’, indicando una ruptura consciente con el curso normal de la acción. Y allí donde se quedó en lugar de irse, estaban también los sabios, escuchándolo llenos de sensación de maravilla. La Escritura es enfática que Jesús no se quedó porque se extravió, ni se confundió, o porque, sencillamente, quiso hacer lo que le daba la gana al margen de sus padres ni se resistió particularmente al sínodo. Su camino no parecía ser el camino del sínodo, sino el de la sabiduría del templo. Ciertamente, para los cristianos el templo es figura del cuerpo de Cristo, es decir, la Iglesia. Si se quedó Jesús es que no quiso ir al camino con el resto, sino que resolvió permanecer con aquello de lo que estaba pleno, la sabiduría. Sus padres confiaron en la seguridad de la caravana; parte de esa confianza residía en suponer que iba allí también Jesús, aunque no lo pudieran ver ni podían escuchar su voz.
        El relato de la Escritura dice que su Madre comenzó a notar que su hijo no estaba en el sínodo, que había muchos en él, pero nadie lo había visto. Nομίσαντες δὲ αὐτὸν εἶναι ἐν τῇ συνοδίᾳ, ἦλθον ἡμέρας ὁδόν, καὶ ἀνεζήτουν αὐτὸν ἐν τοῖς συγγενεῦσιν καὶ τοῖς γνωστοῖς. La Madre y José anduvieron “en el camino” (ὁδός,), palabra que significa en griego no sólo el camino que se hace junto-con, es decir, ἐν τῇ συνοδίᾳ, sino también “doctrina”, la creencia que hace el camino compartido y el mismo para todos los allí diversos. En esa doctrina o camino común María buscaba a Jesús entre los parientes y los conocidos, mezclados como estaban con los desconocidos, es decir, los otros viajeros de doctrina, pero que ni eran sus parientes ni iban al mismo sitio y, muy posiblemente, ni siquiera salían de la misma parte, del gran rito de la Pascua. Se permita repetir que María y José confiaban en el camino que sus parientes habían tomado con los demás, pues creían que estaba allí Jesús. Comprendieron sin embargo que no estaba en esa doctrina, tan común a todo el que quisiera tomarla y disponible. Regresaron, pues, a Jerusalem. 
       Los santos tomaron el camino inverso de la caravana. Se arriesgaban así a salir de la seguridad que la caravana les garantizaba (pues esa es la razón de viajar en una caravana: la seguridad, una seguridad impuesta por la fuerza). Cambiaron esa seguridad, tan cómoda ciertamente, para todos, para reemplazarla por la incertidumbre, la ansiedad desesperada de encontrar a Jesús, verlo y escucharlo. Es interesante que viajar en el sínodo sin reconocer que su hijo no estaba presente les tomó un día, pero regresar al templo, en cambio, les tomó tres días (Luc. 2:47). El acompañamiento del camino emprendido les había salido muy caro, por así decirlo, pues el esfuerzo de de descansar e ir camino de Jesús fue mayor que viajar en el sínodo. Es común creer que Jesús se había extraviado de sus padres en el templo. En realidad es correcto entender que eran sus padres los extraviados.


María se dio cuenta de que su hijo no estaba en el lugar del gentío. Regresó a Jerusalem, regresó pues al templo para encontrar allí, plenus sapientiae, a Jesús. Hay aquí una doble consideración: luego de la Pascua, es decir, fuera de la actividad sagrada, los santos pueden unirse a los demás, con los comerciantes, por ejemplo, o los aduladores del poder, pero no lo hacen porque vayan por el camino de los demás, sino con la certeza, con la idea fundada y sensata de que Jesús está allí, en el camino sinodal, pues estaba allí también su Madre, que los cristianos sabemos es el tipo de la Iglesia. Pero ella, gratia plena, la que supo reconocer a Dios, vio también su ausencia. María no se gozó abandonando a su hijo, cosa que hubiera podido hacer cuando se lo anunció el ángel, sino que dejó el camino sinodal para volver obediente al templo, allí donde estaba Jesús. Uno y otro viajero de la caravana le diría “no, no lo vemos”, “nunca lo hemos visto”. Ella pues, estaba allí con el espíritu que guiaba a los demás, hasta que se dio cuenta de que sin Jesús ella no podía continuar más ese viaje. 

Cuando María buscaba a su hijo en el sínodo Jesús tenía 12 años. En la numerología bíblica, la edad que significa un pueblo, en este caso marca de la Iglesia de Cristo. Como dice muy verdaderamente el documento Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, esa Iglesia, a la que fue dada el espíritu de verdad, a pesar de cualquier cosa, “subsiste”, es decir, hay algo que queda todavía, en la Iglesia peregrina que conocemos, en cuyo triste camino hacia el presente del mundo habría que intentar buscar a Jesús en un camino que quizá sea más difícil y más largo, sin la seguridad que da la caravana a los múltiples viajeros que se acoplan con su espíritu. Dice bien la Iglesia actual tal y como la conocemos los presentes de sí misma esta grande verdad: “Haec Ecclesia, in hoc mundo ut societas constituta et ordinata, subsistit in Ecclesia catholica, a Successore Petri et Episcopis in eius communione gubernata” (Lumen Gentium, 8).

En la confianza de la Virgen cuando estaba ella misma dentro de la caravana estaba Jesús presente, aunque no en el camino donde la Virgen se había perdido. Su hijo la esperaba con el número de los elegidos his qui credunt in nomine Eius, not in voluntate carnis, not in voluntate viri, sed ex Deo nati sunt.

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