Hermenéutica de la actualidad y misterio intempestivo
El misterio tras el camino sinodal
Había sido la fiesta de la Pascua en Jerusalem. Peregrinos de diversos lugares habían acudido a la solemnidad, sinónimo de la salvación. Estaba presente también allí Jesús. Tenía apenas 12 años aunque, según dicen las Sagradas Escrituras, Τὸ δὲ παιδίον ηὔξανεν καὶ ἐκραταιοῦτο, πληρούμενον σοφίᾳ, καὶ χάρις Θεοῦ ἦν ἐπ’ αὐτό (Luc 2:40). Dice San Lucas que el niño estaba plerómenon sophía, πληρούμενον σοφίᾳ, lleno de sabiduría, algo que San Jerónimo tradujo, para claridad del lector, como plenus sapientia. Agrega San Lucas, καὶ χάρις Θεοῦ ἦν ἐπ’ αὐτό, esto es, “[en este sentido] el favor de Dios estaba con él”; lleno de una sabiduría cuyo movimiento manifestaría luego. Jesús permaneció, traduce San Jerónimo, remansit, es decir, se quedó allí. Estando plenus sapientia, Jesús permaneció donde había deseado estar. Sea enfatizado aquello de χάρις Θεοῦ ἦν ἐπ’ αὐτό. Lo escribió San Lucas, "la gracia de Dios estaba en él", es decir, a través e indistinguible de la sabiduría que lo había envuelto.
El lector no distraído recordará aquello de María, gratia plena, Dominus tecum, etc. “llena eres de gracia, el Señor es contigo y bendita tú entre las mujeres pues en adelante todos hasta el fin del mundo te llamarán santa”, anuncia de la maternidad de María según San Lucas, que es el único escritor sagrado que atribuye esas palabras a un arcángel de Dios. San Lucas, que sin duda sabía de lo que escribía, no ignoraba haber escrito sobre la Virgen lo que más adelante iba a decir de Jesús. La exégesis bíblica común en la tradición apostólica toma a María a la Iglesia. Quien aloja a Jesús en su cuerpo aloja también la sabiduría divina, por la cual debe decirse que María madre es santa y que la Iglesia es también madre y santa. Sea esto dicho para los lectores católicos a quienes esta nota ha sido dedicada. Volvamos ahora al relato.
Sea permitido
regresar al camino sinodal, especialmente a los comerciantes, los ladrones y
los aduladores del poder o la fama. Los malvados, que imaginaremos fueron en
número muy pocos, iban allí confundidos y peregrinos como gente valiosa y
moral, digna y noble según los criterios de las instituciones y valores
hegemónicos según el espíritu de la época romana. Todo poder tiene una fuente
divina, pero es también cierto que los poderes políticos, que trazan muchas
veces el camino, son potestad del enemigo de Dios. No en vano se había dicho a
Satanás, por otro nombre el Diablo, lo siguiente: Et ait illi diabolus: Tibi
dabo potestatem hanc universam et gloriam illorum, quia mihi tradita sunt, et
cui volo do illa (Luc 4:6). No puede negarse que los malvados iban por peregrinos
en el camino del sínodo, algunos quizá robando o vendiendo, otros blasfemando
contra Dios, venerando ídolos de sus dominadores, prevaricando, mintiendo; en
el mismo espíritu del camino que los demás seguían sin pensar mucho en ello,
pues lo normal de ir en una caravana es hacer paréntesis del mal de los demás
en función de ir seguros con su aprobación.
[Recuerde el lector
lo que eran hasta hace 12 meses los promotores del cambio de sexo infantil o la
educación transexual en los niños pequeños europeos o canadienses. Hoy son
perseguidos, pero hace un año eran héroes culturales del pensamiento
supuestamente crítico, los adalides de la democracia inclusiva y eco-resiliente.
Es interesante que estas ideas se impusieran hasta ante tan poco, hasta que el
USAID fuese cerrado en enero de 2025, independientemente de lo que los padres de
los niños pensaran al respecto. Una figura inversa justamente del relato que
estamos haciendo sobre el niño y sus padres. Un día Pepsi les quitó a los
promotores los fondos y hoy los investigan gracias a la detallada información q
ue se hace de ellos o sus jefes en los archivos del pornógrafo político Jeffrey Epstein. En todo caso, los
aludidos “hacían el camino juntos” con mucha gente buena, alguna de la cual ni
se da cuenta siquiera hasta hoy que ese camino de Epstein y la orla de
putrefacción que lo acompañaba ya ha sido cerrado, y de hecho recorre junta,
hasta con las mismas personas, el camino donde sea que éste se halla desviado
ahora con su gente, dando por considerar camino, ὁδός, a el espíritu de
otra alguna otra cosa idéntica y a la vez diversa de ellos mismos, la cosa resilente].
Jesús se quedó en el templo después de Pascua como después del Santo Sacrificio de la Misa la reserva se queda en el sagrario. Su madre, la más privilegiada de todos los santos, reservada desde la creación para consumar con su voluntad la salvación del Hombre, pensaba que Jesús, puesto que había ido con ella a celebrar el santo rito de la Pascua, se hallaba en la caravana sinodal que hacía camino de fuera de la Ciudad Santa. María, pues, fue ella también de camino con el sínodo, hacia afuera, cada vez más lejos, a su lugar propio. Iba con ella San José. En las últimas décadas, por influencia de ciertas notas pastorales de Juan XIII, se ha hecho muy frecuente colocar en los flancos de los retablos del altar a María y José, o colocarlos a ambos con su hijo en el mismo retablo. Las últimas centurias han acentuado en la Iglesia romana su rol de acompañantes laterales de su hijo. Sea como fuere, Jesús remansit, es decir, “permaneció atrás”, “se quedó”, “no siguió con los demás”. Jesús no quiso tomar ese camino. Con la sugerencia de que la caravana conlleva un elemento militar, es decir, autoritario y bélico, remansit no sugiere resistencia violenta o por la fuerza, como la de los Macabeos (en cuyas historias, ciertamente, aparece la voz σύνοδος), sino un apartarse tranquilo y sin conflictos, al lugar que le pertenece.
[Como filósofo
hermeneuta, como hermeneuta de la actualidad, que es a lo que este texto se
refiere, se recomienda echar una mirada a la homilía de Orígenes de Alejandría,
Homilía XIX sobre el Evangelio de San Lucas, San Agustín, Sermo 51, De puero
Iesu in templo. El primer texto lo recogí de la edición correspondiente de
la editorial Ciudad Nueva; el segundo, de la reimpresión de la edición mauriana
de 1727 que tengo en la casa. Confieso que esta reflexión la he hecho yo mismo
para que lo de malo que haya en ella no se atribuya a los maestros de la
religión].
El relato de la Escritura dice que su Madre comenzó a notar que su hijo no estaba en el sínodo, que había muchos en él, pero nadie lo había visto. Nομίσαντες δὲ αὐτὸν εἶναι ἐν τῇ συνοδίᾳ, ἦλθον ἡμέρας ὁδόν, καὶ ἀνεζήτουν αὐτὸν ἐν τοῖς συγγενεῦσιν καὶ τοῖς γνωστοῖς. La Madre y José anduvieron “en el camino” (ὁδός,), palabra que significa en griego no sólo el camino que se hace junto-con, es decir, ἐν τῇ συνοδίᾳ, sino también “doctrina”, la creencia que hace el camino compartido y el mismo para todos los allí diversos. En esa doctrina o camino común María buscaba a Jesús entre los parientes y los conocidos, mezclados como estaban con los desconocidos, es decir, los otros viajeros de doctrina, pero que ni eran sus parientes ni iban al mismo sitio y, muy posiblemente, ni siquiera salían de la misma parte, del gran rito de la Pascua. Se permita repetir que María y José confiaban en el camino que sus parientes habían tomado con los demás, pues creían que estaba allí Jesús. Comprendieron sin embargo que no estaba en esa doctrina, tan común a todo el que quisiera tomarla y disponible. Regresaron, pues, a Jerusalem.
Los santos tomaron el camino inverso de la caravana. Se arriesgaban así a salir de la seguridad que la caravana les garantizaba (pues esa es la razón de viajar en una caravana: la seguridad, una seguridad impuesta por la fuerza). Cambiaron esa seguridad, tan cómoda ciertamente, para todos, para reemplazarla por la incertidumbre, la ansiedad desesperada de encontrar a Jesús, verlo y escucharlo. Es interesante que viajar en el sínodo sin reconocer que su hijo no estaba presente les tomó un día, pero regresar al templo, en cambio, les tomó tres días (Luc. 2:47). El acompañamiento del camino emprendido les había salido muy caro, por así decirlo, pues el esfuerzo de de descansar e ir camino de Jesús fue mayor que viajar en el sínodo. Es común creer que Jesús se había extraviado de sus padres en el templo. En realidad es correcto entender que eran sus padres los extraviados.
María se dio cuenta de que su hijo no estaba en el lugar del gentío. Regresó a Jerusalem, regresó pues al templo para encontrar allí, plenus sapientiae, a Jesús. Hay aquí una doble consideración: luego de la Pascua, es decir, fuera de la actividad sagrada, los santos pueden unirse a los demás, con los comerciantes, por ejemplo, o los aduladores del poder, pero no lo hacen porque vayan por el camino de los demás, sino con la certeza, con la idea fundada y sensata de que Jesús está allí, en el camino sinodal, pues estaba allí también su Madre, que los cristianos sabemos es el tipo de la Iglesia. Pero ella, gratia plena, la que supo reconocer a Dios, vio también su ausencia. María no se gozó abandonando a su hijo, cosa que hubiera podido hacer cuando se lo anunció el ángel, sino que dejó el camino sinodal para volver obediente al templo, allí donde estaba Jesús. Uno y otro viajero de la caravana le diría “no, no lo vemos”, “nunca lo hemos visto”. Ella pues, estaba allí con el espíritu que guiaba a los demás, hasta que se dio cuenta de que sin Jesús ella no podía continuar más ese viaje.
Cuando María buscaba a su hijo en el sínodo Jesús tenía 12 años. En la numerología bíblica, la edad que significa un pueblo, en este caso marca de la Iglesia de Cristo. Como dice muy verdaderamente el documento Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, esa Iglesia, a la que fue dada el espíritu de verdad, a pesar de cualquier cosa, “subsiste”, es decir, hay algo que queda todavía, en la Iglesia peregrina que conocemos, en cuyo triste camino hacia el presente del mundo habría que intentar buscar a Jesús en un camino que quizá sea más difícil y más largo, sin la seguridad que da la caravana a los múltiples viajeros que se acoplan con su espíritu. Dice bien la Iglesia actual tal y como la conocemos los presentes de sí misma esta grande verdad: “Haec Ecclesia, in hoc mundo ut societas constituta et ordinata, subsistit in Ecclesia catholica, a Successore Petri et Episcopis in eius communione gubernata” (Lumen Gentium, 8).
En la confianza de la
Virgen cuando estaba ella misma dentro de la caravana estaba Jesús presente,
aunque no en el camino donde la Virgen se había perdido. Su hijo la esperaba
con el número de los elegidos his qui credunt in nomine Eius, not in
voluntate carnis, not in voluntate viri, sed ex Deo nati sunt.

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