Datos personales
- Víctor Samuel Rivera
- Este blog, Anámnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política desde el ángulo de la hermenéutica filosófica.
viernes, 13 de julio de 2018
viernes, 22 de junio de 2018
La cosmo-visión andina, de Zenón Depaz
Les ofrezco la primera reseña sobre el notable libro de Zenón Depaz, La cosmo-visión andina en el Manuscrito de Huarochirí (2015).
Para acceder al texto en PDF, favor de buscar el ícono correspondiente en la columna de la derecha.
Etiquetas:
El manuscrito de Huarochirí,
reseñas de libros,
Zenón Depaz
martes, 19 de junio de 2018
Pestilencia y alteración/ La corrupción política como dispositivo
Este trimestre salió de la imprenta mi texto sobre corrupción política:

Pestilencia y alteración/ La corrupción política como dispositivo
Estudios Filosóficos (Valladolid), LXVII, 194 (2018), 89-119
Si hace click sobre el título de la obra tendrá acceso al texto en formato PDF.
sábado, 16 de junio de 2018
La naturaleza de las Ciencias Humanas
La
naturaleza de las Ciencias Humanas
Conferencia dictada en ocasión de la
apertura del año académico
Universidad Nacional Federico Villarreal
en mayo de 2018
(versión abreviada)
Víctor
Samuel Rivera
Hablar de naturaleza de las Ciencias Humanas es quizás algo menos
complicado de lo que la gente comúnmente cree. En una época de cientificismo
cultural, donde todo lo que debe ser considerado ciencia parece ser objeto de
consulta para un científico, la mera pretensión de una ciencia de ser “humana”
da la impresión de ser poco atenta a la naturaleza del tiempo histórico en que
vivimos, de ser una especie de reliquia anticuaria; en todo caso, obedecería a
la incapacidad de los humanistas, de los interesados en las cosas humanas, de aceptar
con resignación que hace ya tiempo la ciencia, la ciencia científica, es la
poseedora de facto del predio al que se pretende acceso. Esta situación
paradójica, que hace del humanista un asaltante confundido de una propiedad
ajena, sin embargo, responde no tanto a su testarudez o una cierta falta de
talento por admitir el rol hegemónico y, diríamos mejor, excluyente, que los
propios humanistas han asignado al cientificismo cultural; es efecto de una
causa oculta, escondida en una actitud de la cultura cientificista que, al fin
y al cabo, como su origen, no es en absoluto científica, sino la complicidad
involuntaria en los efectos nefastos en el saber de una ideología.
La ciencia científica es la reina de las ciencias. Las ciencias
naturales han exportado sus métodos a otras ambiciosas disciplinas; les imponen
cómo trabajar, qué es un objetivo, cómo se vende sus productos. Esto se debe a
que en la ideología cientificista pareciera que solo las ciencias naturales
saben cómo trabajar, etc. y que las demás ciencias serán buenas cuando aprendan
a ser naturales. Por extraño que eso parezca a primera vista, las mismas
ciencias naturales no son muy científicas que digamos, al menos no en el orden
de sus intereses. No son completamente autónomas, ni desinteresadas ni
neutrales; ellas mismas se hallan sometidas a los intereses de quienes
financian su trabajo, por lo cual, una parte indeterminada, pero no muy
estrecha del saber científico de los cientificistas, es en realidad un
departamento empresarial y obedece, por los mismos motivos, antes a la lógica
de las empresas antes que a una lógica del saber. Quizá sea más importante en
la filosofía de Judith Butler, por ejemplo, simplificar los costos de las
empresas que hacen productos textiles, para no distinguir hombre de mujer o
contribuir, al fomentar la ausencia de familias qué mantener, a crear un
volumen mayor de excedente para que los hombres gasten en perfumes, cruceros o
trajes de moda el presupuesto que en un mundo no cientificista emplearían en
educar y cuidar de la salud de los hijos que ahora no tienen.
Como una cuestión de hecho, las universidades cultivan las Ciencias Humanas;
lo demuestra así el que tengan a cargo profesores para dictan sus asignaturas
y, por increíble que parezca, también ciudadanos activos de las democracias
cientificistas modernas que desean ser sus alumnos. Esto es más sorprendente
aun si se considera que las universidades, los alumnos, etc. no pueden escapar
a la lógica que guía a los científicos, que halla su plenitud en la venta y
compra de productos, de logros que son cosas, o la posibilidad de tener más y
más cosas, así como menos y menos compromisos morales que obstaculicen el
volumen de excedente presupuestal para gastos como perfumes o cruceros, que en
un mundo no cientificista serían considerados meros lujos en una vida más
amplia de compromisos no empresariales. Los alumnos, etc. desean, pues,
integrarse a la lógica de la empresa; desean ser emprendedores de sus propias
empresas de filosofía o literatura. Pero saben sin embargo que nunca ganarán lo
que se supone sería su economía media de despilfarro para ser felices a la
manera cientificista, y esto porque a los financistas del saber difícilmente
les importa lo que es su producto propio y no estarán dispuestos a pagarles una
vida de lujos por, por ejemplo, componer artículos indexados sobre la Escuela
de Alejandría.
El tema es por qué las instituciones dedicadas a las Ciencias Humanas,
a sabiendas de que son una anomalía, una excrecencia en el mundo de las
democracias cientificistas, ellas, sus autoridades, profesores y alumnos, no
buscan crear productos con mercado y seguridad financiera en otra parte, por así decirlo.
¿Qué motiva a los científicos humanistas a someterse al dispositivo de
la ideología cientificista, esto es, empresarial, a ganar menos sin embargo que
si se dedicaran a la administración de empresas o la mercadotecnia? Esto se
relaciona con la causa oculta que ya hemos mencionado antes, un afán que se ha
mestizado en el relieve de las sociedades capitalistas modernas con la lógica
del mercado y de la empresa. Vayamos, pues, al misterio, a ese misterio que
hace que el mundo de los hombres cultive lo improductivo, lo socialmente no
deseado, de tal manera que un segmento importante de sus miembros se empeñe en
crear su propia pobreza.
Las universidades, los profesores y los maestros creen cultivar bien
las Ciencias Humanas de modos que, vistos desde lejos, producen una cierta
perplejidad: todo (o casi todo) es matemáticas; se estudia a través de
estadísticas, experimentos y teorías construidas, de curvas de cálculo numérico
evolutivo en el consumo; miden la excelencia académica de sus propios trabajos
con patrones que resultan tener admirables resultados en las empresas, los
flujos financieros o los diseños de teorías físicas o astronómicas. Hay vigente
un sistema global de organización de los documentos “científicos” de los
humanistas, pero en ese sistema global, creado en un relieve cientificista, es casi un milagro que cuadre una obra
verdaderamente humanista, de tal modo que los genuinos humanistas que se hallan
infiltrados en las instituciones cientificistas deben hacer trampa para pasar
las obras creativas e interesantes para un humanista como genuinos productos
del mercado del conocimiento cientificista. Pensemos si el De natura deorum de Cicerón, una de las obras más admirables de la
cultura romana, sería admitido por la cultura científica; la mirada del
auditorio se hace pesimista; todos sabemos que la ciencia cientificista le
pediría a Cicerón partes prefijadas para el texto, citaciones intercaladas con
fecha y formas de composición argumentativa y redacción que seguramente irían
perfectas en un texto de física cuántica o macroeconomía, pero que no es
posible que jamás cumplieran Cicerón, Montaigne, La Harpe, Heidegger, William
James, Tocqueville o Plutarco.
Ninguno de los ensayos contenidos en los Moralia de Plutarco podría jamás soñar siquiera con pasar exitoso
por las normas que los cientificistas han inventado para considerar
“conocimiento” a un escrito, aunque sea el de un sabio, y lograr así la gloria
de la indexación, es decir, el reconocimiento de que uno es también un científico,
aunque no sea Heidegger por ello, y ni siquiera a leguas comparta el
conocimiento del olvidado J-F La Harpe.
Respecto de Plutarco y sus Moralia,
la humanidad, durante dos mil años, ha sido manifiestamente de muy otro
criterio que el que la democracia cientificista contemporánea exhibe tan
orgullosa, como reina de las ciencias; paradójicamente, esto mismo es un
indicio sobre qué podría motivar a alguien a escribir como Plutarco, incluso y
a pesar de no contar con el apoyo de las indexadoras ni con el dinero que va de
la mano con ellas ni la esperanza de lograr los lujos, la fama o incluso el
efímero reconocimiento de aparecer en Scielo,
The Philosopher’s Index o Scopus, que por cierto es un privilegio
que debe advertirse goza quien esto escribe, para que no se piense que redacta
con lamento de su propia mediocridad; hasta donde el que escribe sabe, ese
privilegio no le ha servido jamás para nada productivo ni para solventar ningún
lujo. Pero, como Plutarco, quien esto escribe quizá ambiciona alcanzar eso que
hizo de Plutarco un autor que hoy él mismo desea leer, aunque no se hallen sus
obras indexadas por Scielo ni Scopus.
Hace 100 años era frecuente la reflexión seria sobre el puesto, o la
reivindicación del puesto, que las humanidades debían tener en las nuevas
sociedades democráticas y capitalistas. Fueron notables los esfuerzos entonces
de Wilhelm Dilthey, y luego de Edmund Husserl. Pero hasta estos mismos grandes
pensadores admiraban tan excesivamente a las ciencias naturales, que no fueron
capaces de explicar de manera satisfactoria la siguiente paradoja, que era ya
la misma en su tiempo: por qué si el mundo moderno ha instalado la ciencia científica
como la única ciencia, hay gente que se empeña en hacer que las humanidades
sean ciencia; por qué, por así decirlo, a pesar de que, desde que las Ciencias
Humanas viven exiliadas en un universo social cientificista y se han sometido
algunas veces con culpable falta de virilidad al recurso de las estadísticas,
las encuestas o las rigurosas pautas de las indexadoras, no parecen haber hecho
nada en favor de la ciencia que ellos realmente buscan: si se juntara una pila
de artículos indexados en los últimos 20 años, sin duda se tendría una montaña,
pero nunca una sola coma de Nietzsche en su periodo de demencia. El nulo apoyo que
los empresarios millonarios o sus empleados en las democracias hacen para el
trabajo de esta gente muestra, sea dicho con claridad, que se trata de gente
extremadamente terca; y esa terquedad no es signo de bajeza moral, sino el
indicador de que lo que distingue y califica a esas ciencias como ciencias
auténticas acerca de las cosas humanas se halla más allá de esto: la productividad
en cosas y objetos útiles, la lógica de la empresa y lo empresarial, la idea de
generar un especial bienestar material a quienes las profesan.
Se trata en todo lo citado anteriormente, como es muy sencillo notar,
de logros que acaban en algo externo al hombre, lo que Aristóteles llamaba técnica. La técnica es un tipo de
ciencia cuyo sentido se halla en productos que se hallan allí para el uso
instrumental humano, como es el caso del alto salario que los humanistas no
tienen. Algo que ha sido subrayado mucho en el siglo XX, en gran medida a
Husserl y Jürgen Habermas, es el carácter instrumental de la norma de
conocimiento que rige las ciencias naturales, que las transforma en generadoras
de herramientas, algo que a Cicerón y a Plutarco le habría parecido propio del
trabajo de sus esclavos, pero jamás de ellos mismos. Martin Heidegger hizo un
esbozo de respuesta alguna vez a esta situación, que es incluso no solo un
diagnóstico del estado del conocimiento en las sociedades democráticas
capitalistas, sino incluso de un periodo más largo, que abarca la idea misma de
la modernidad y la Ilustración como proyecto razonable de vida social, donde la
herramienta es más importante que el hombre que la usa, con el agravante de que
quien la usa no es solo el hombre a secas; sabemos que aquí la herramienta es
el eje del conocimiento de las ciencias no humanas para los usos del financista,
de quien al final los científicos cientificistas y sus acólitos, los
cientificistas que ni siquiera son científicos realmente, resultan en calidad
de sus esclavos.
Quizá sea mejor ir terminando esta reflexión con un viaje mental; un
paseo de vuelta al mundo no cientificista del que las humanidades proceden y
donde Cicerón y Plutarco tuvieron asiento. Ese es el mundo donde el estudioso
de las humanidades verdaderamente pertenece y en el que la paradoja de hundirse
en las normas de la ciencia científica tiene por objeto algo que parece
misterioso, ya que Plutarco y Cicerón lo hicieron, y casi nadie sabe hoy
quiénes son los tales Plutarco o Cicerón. No es una mala idea, a pesar de que
no es tampoco ni siquiera muy original, citar aquí a san Agustín.
Quien esto redacta leyó hace muy poco el De vera religione, un tratado juvenil de San Agustín escrito básicamente
para defender el cristianismo ortodoxo en la época teodosea, en que tenía mala
fama entre los paganos. Sin querer, san Agustín, felizmente ajeno a los
necesarios retorcimientos de la argumentación de Heidegger, por cuya dificultad
se ha aquí omitido, explicó algo allí que era básicamente lo mismo que se me ha
pedido hacer: explicar la naturaleza de las Ciencias Humanas, en qué sentido
son ciencias y por qué valdría la pena ser un poco más pobres y un poco menos
populares por dedicarse a ellas, quizá para explicar al perplejo alumno joven
qué hace aquí cuando sería más científico si dedicara su única existencia
temporal a estudiar econometría o finanzas. Bajo el supuesto de que el
conocimiento se dirige por intereses (y no solo por amor al saber ni mucho
menos), se pregunta san Agustín si es que acaso los espectáculos del Coliseo, o
la fama en el foro, o hacer el equivalente de los viajes en crucero en el Mar
Mediterráneo son razones suficientes para dedicarse a cultivar alguna idea de
“ciencia”. Recuerda de manera oblicua el santo de Hipona esta paradoja por la
cual deseamos saber, tener ciencia (gnosis)
y que, al fin y al cabo, lo que nos guía en esa dirección es un saludable amor
a nosotros mismos, que no conocemos, pero que nos orienta a querer saber lo que
no remata en una herramienta o una cuenta bancaria.
Las disciplinas que
llamamos Ciencias Humanas no son otra cosa que un retorno a nosotros mismos, un
recuerdo de nuestras limitaciones, de nuestra miseria, pero también de nuestra
gloria; el conocimiento, la gnosis del hombre es la recuperación y la vuelta al
origen de sí mismo, por lo que su logro no es ni puede ser técnica, sino
virtud, trabajo en el tesoro de nuestra propia interioridad, que es la fuente
de donde todo lo que es humano sale.
Escribe el santo: Noli foras ire,
in interiore homine habitat veritas.
martes, 26 de septiembre de 2017
Conferencia sobre Ideología de género/ El sexualismo como amenaza social
Conferencia sobre Ideología de género
El sexualismo como amenaza social
Dictada de manera privada a los líderes de las comunidades protestantes
del Cono Sur de Lima
Dictada el 03 de setiembre de 2017
Favor de iniciar el audio a partir del minuto 36 de la grabaciòn (en full HD)
Etiquetas:
ideologìa de gènero,
sexualismo
viernes, 15 de septiembre de 2017
miércoles, 9 de agosto de 2017
Tradicionistas y maurrasianos. José de la Riva-Agüero (1904-1919)
Tradicionistas y maurrasianos
José de la Riva-Agüero (1904-1919)
Fondo Editorial del Congreso del Perú
Colección Bicentenario
martes, 1 de agosto de 2017
miércoles, 26 de julio de 2017
Tradicionistas y maurrasianos. José de la Riva-Agüero (1904-1919)
Víctor Samuel Rivera
Fondo Editorial del Congreso de la República
Colección Bicentenario
Mi libro fue presentado el viernes 21 de julio de 2017
Feria Internacional del Libro (Lima)
Presentado por Cristóbal Aljovín de Losada y Marcel Velázquez
viernes, 30 de junio de 2017
El mal expansivo / Conferencia por la semana de Humanidades, UNFV
El mal expansivo
Conferencia magistral UNFV
(anticipa ciertos tópicos de mi libro inédito Pensar desde el mal, de próxima aparición)
Conferencia magistral UNFV
(anticipa ciertos tópicos de mi libro inédito Pensar desde el mal, de próxima aparición)
El problema del mal en el mundo nihilista / Conferencia magistral en Huamanga
Conferencia preparatoria para el XVI Congreso Nacional de Filosofía
Universidad San Cristóbal de Huamanga
Universidad San Cristóbal de Huamanga
jueves, 19 de enero de 2017
La Internacional blanca/ Donald Trump en la guerra civil universal
La Internacional
blanca
Donald Trump en la guerra civil universal
Dedicado
a Mauricio y Mauricio
Víctor Samuel Rivera
Sociedad Peruana de Filosofía
El 21 de enero será el inicio de la administración
Trump en los Estados Unidos. Como en la historia humana nada es coincidencia,
en Francia se va a conmemorar el sacrificio en la guillotina del Rey Luis XVI. Ambos
acontecimientos se sitúan en una estela de sentido y marcan, por su fecha
idéntica, un arco de significado; vamos a intentar comunicar al público que por
aquí pasa una hermenéutica de la actualidad: haremos un diagnóstico y una
prognosis de lo que el límite presente de ese arco significa. Todo diagnóstico
del mundo social establece algunos parámetros como signa tempora: acontecimientos que parecen realizar un sentido, del
cual (en nuestras emociones y expectativas) encontramos ser sus portadores. Todos
los diagnósticos presuponen un margen de incertidumbre que intentamos ser
también agentes, aunque sea –como es el caso- agentes del pensar. Mientras
tanto, quede sentado que este año 2017 son elecciones en Francia. Es completamente
seguro que el Frente Nacional, hoy el partido político más grande y organizado
de ese país, llegará a la segunda vuelta, disputando con el Partido Republicano
cuyo líder –por algo que el lector verá mejor después- es tipificado como un
conservador religioso. Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional, y uno de
los personajes más extraordinarios del movimiento social europeo antiliberal,
estuvo esta semana en la Torre Trump de Nueva York. Obviamente, coordinando
algo con Donald Trump. Pero dejemos los signa
tempora que hablan de Trump y Le Pen un instante y vayamos por otro frente,
el Frente internacional.
Muy pocos intelectuales -y sin duda nunca los analistas
políticamente correctos- diagnostican considerando a los agentes sociales
marginales incorrectos visibles; no lo hacen sino cuando están a la puerta de
ser electos y realizan un acto de fuerza cuyas consecuencias son inevitables.
Se trata de un error metodológico de estos señores; ellos quieren evitar
ampliar lo que llaman la “visibilidad” de lo que esos agentes representan,
quizá con la oscura intención de opacar o impedir su éxito; del mismo modo,
impulsan y exageran de manera patética lo que les conviene para conservar su
mundo, como ha sido el caso con la candidatura demócrata americana en 2016, por
la que lloran hasta hoy. Pero la realidad tiene una cierta astucia, que es
notoriamente más inteligente que los pobres analistas y expertos; mientras
éstos se ciegan a sí mismos en las falsedades y las idioteces que desean
hacerle creer a los demás, la realidad social se hace ver por sí sola: lo hace
por medios incorrectos, desde las redes sociales, los memes y el Facebook hasta
la violencia espontánea, como ocurre hoy mismo en el Perú, cuando los medios se
alían con los empresarios para ocultar (“hacer invisible”) una corrupción de la
que el hombre común no es ignorante. Como respuesta a las políticas de
promoción de la sexualidad y de encubrimiento de la corrupción (que alguien que
ha pretendido ocupar la silla más alta de mi nación se hace el loco simulando
su responsabilidad en ella), el pueblo sale a las calles o pone fuego los hitos
que los corruptos usan hasta hoy para enriquecerse con su pobreza. Los agentes
invisibilizados por la prensa y los analistas un buen día se hacen visibles
solos, sin que medie lógica alguna.
Lo políticamente correcto y lo visible constituyen un
solo ámbito; aunque ya no se usa más la expresión “pensamiento único”, está
presupuesto en la identidad entre lo visible y lo correcto que hay un precio
para hacerse visible en el mundo histórico y social: es adherirse a lo que
podríamos llamar la constitución del
mundo visible, cuya esencia es el liberalismo. Ese liberalismo es lo que ha
llegado a ser lo referido por la expresión “pensamiento único” de los últimos
años. Los agentes incorrectos juegan en este ámbito el rol de amenazas; solo
sobresalen y se diagnostica sobre ellos en calidad de amenazas. Todo lo que
sobresale y, en cambio, no es amenaza, se integra en esta constitución liberal, y rápidamente los analistas y los expertos lo
aprueban y promocionan. Por motivos que sería largo e infructuoso detallar
aquí, en el lapso de los últimos tres lustros, la liberalidad de lo así llamado
liberal se relaciona con dos
aspectos: la promoción del placer, notoriamente el sexual, y el aligeramiento
de las identidades, la banalización de los compromisos ancestrales y las
expectativas de largo plazo. Si se actúa con esfuerzo para promover una agenda
social, algo que es asombroso ver hacerse en la izquierda burguesa global, de
seguro contará con el apoyo de los medios, la complicidad de organismos no
gubernamentales y, con todos ellos, el de los grupos empresariales millonarios
que, tras la sombra, financian a esta izquierda burguesa y a los medios.
El mundo liberal, políticamente correcto, por alguna
razón que el lector deberá pensar más por su cuenta, promueve el
empobrecimiento de los factores de la acción social humana, reduciéndolos a la
promoción del placer individual. Una constitución integra ese mundo, a la misma
vez el mundo de los ricos y el mundo de los agentes de cambio social (sexual);
la izquierda, la gente “crítica” en ese mundo actúa patrocinada por varios de
los hombres más ricos de la Tierra.
Buena parte de la realidad social constituye un horizonte propio, paralelo al de lo incorrecto; a un lado y con medios propios, distintos de los que usa el mundo de lo visible y del dinero. Un meme ridiculizando a un actor de Hollywood que llora por la trágica candidata de Wall Street puede ser muy poderoso contra la actriz misma y contra la des/acontecida candidata demócrata. Otro meme destinado a poner en su lugar al activismo sexual cuyo origen tiene en gran parte la cuenta de Georges Soros puede ser más poderoso en el largo plazo que los millones de dólares invertidos por este en campañas en sentido contrario; es decir: los millones del dinero correcto, por razones que los expertos y los analistas no son capaces de comprender –y desaprueban largamente como amenazas-, son menos eficaces en la práctica que la acción espontánea de agentes que actúan gratis, desinteresadamente, de agentes que no ganan nada. Es este el caso de los agentes incorrectos visibles citados aquí, Le Pen y Trump, con la gente desempleada y margina que vota por ellos; es el caso también de los invisibles, esos que hacen memes burlándose de lo políticamente correcto, haciendo justamente lo que la CNN predica como el mal. Buena parte de la campaña liberal universal contra ellos consiste en acusarlos de ser interesados en algún sentido, de hacer los memes o competir contra Wall Street por dinero; hace sentido acusarlos de autoritarios, fascistas o insensibles (con los mejicanos ilegales o los migrantes negros del Mediterráneo), pues es notorio que se trata de agentes antiliberales; la “narrativa” de que estos agentes son interesados de modo económico, sin embargo, es posiblemente la única que no funciona. Nadie podría creérsela, y eso porque el interesado esencial es justamente el político, el empresario o el experto “políticamente correcto”: ése es el que juega su riqueza o su sueldo en el mundo y no sus enemigos que, al contrario, lo ponen en riesgo.
Pues bien. Del mismo modo que todos sabemos que Donald
Trump es un político favorable a los rusos, y que eso no es por un interés
personal, económico o dinástico, sino por otras razones, y que es favorable a
Le Pen, y que es favorable al Brexit (y, por increíble que parezca, a la
disolución o al menos a la desactivación de la OTAN y la Unión Europea),
también Trump tiene la representación de los intereses de los sectores religiosos
de las sociedades occidentales, algo que es muy significativo bajo la
constitución liberal, que es ampliamente hostil con las religiones; esto
último, la hostilidad del liberalismo contra la religión, en fenómeno reciente,
podría explicar por qué ahora y no jamás antes, ha existido integrismo
terrorista islámico a escala mundial. No puede negarse que, aparte de lo
mentado, hay una atmósfera de adhesión de los nuevos movimientos nacionalistas,
incluso de un extraño nacionalismo norteamericano, así como de pertenencia
racial blanca (pero que, por la veta nacionalista, admite adhesión de
diversidad de razas y naciones). Lo mismo cabe con la muy comentada Alt-right; la Alt-right es un movimiento neoconservador que funciona entre las
élites globales de los así llamados Millenials.
Y se debe decir: también los intereses del movimiento monárquico, que funciona
de manera integral en el conjunto del planeta, aunque de modo más enfático en
Europa.
Esto último, lo del movimiento monárquico, de tan
curioso y raro como es, merece especial atención. Antes de desarrollarlo, quede
constancia de que los mínimas organizaciones que se consideran a sí mismas
fascistas o nacional-socialistas o antisemitas y que circulan en las redes,
suelen ser muy desfavorables hacia Trump; Trump es acusado en esos medios de
sionista. Se hallan por lo mismo fuera de este diagnóstico.
Como una reflexión insertada aquí, debe subrayarse que
una de las víctimas preferidas de la invisibilidad que opera el inmenso poder
bajo cuyo auspicio trabajan mintiendo los expertos y los analistas es el
movimiento monárquico planetario, que opera desde Rusia hasta el África negra.
Quizá sería más preciso decir que el ámbito de la constitución liberal,
respecto de estos agentes sociales visibles, simula, exagera o tuerce su
visibilidad en interpretaciones simplistas e inviables de acontecimientos
auténticos, haciendo de cuenta que es lo que no es, y que lo que no es, es. La
premisa de esta conducta es que todo en el mundo del conocimiento social es
pura interpretación y nada más que interpretación, y que sus consumidores ellos
mismos identifican los cuentos de viejas como diagnósticos de expertos dada su
“corrección política”.
El Príncipe Leka II de Albania, recientemente casado y
a cuyo matrimonio asistieron varias de las casas reales importantes depuestas
en el siglo XX, ha sido invitado a la ceremonia de investidura de Trump. Trump,
quien no ha recibido felicitación de parte de ninguna de las monarquías
“correctas” de Europa, lo ha sido en cambio de las “incorrectas”, como los
príncipes electores del Santo Imperio Romano, de las casas reales de Francia, Rusia,
Mónaco y Bulgaria, entre otras que me abstengo de citar con holgura pues todo
aquí es de memoria y no quisiera consignar un dato falso para la posteridad.
Sepa el lector que el Rey de Serbia, quizá uno de los más cercanos a su
reposición en el trono en Europa, fue en persona a la Torre Trump a felicitar
al candidato triunfador de las elecciones americanas acompañado de la familia
real serbia, del mismo modo en que lo hizo Leka II en otra fecha. Luis XX de
Francia y su esposa, la reina, fueron también invitados con el pretexto de que
representan a alguna diminuta e insignificante asociación civil que opera en la
ciudad de Cincinatti, aunque todos sabemos que se trata del heredero legítimo
del trono de Francia, y que el día 21 deberá estar en las ceremonias por el
regicidio de su ancestro en París. Es notorio que, para una historia simbólica, Luis XX es invitado
en nombre de Luis XVI y lo representa. Por supuesto François Hollande, el
tirano actual de París, no ha recibido invitación que se conozca.
Los rusos, Le Pen, el Brexit, los monarcas, los
religiosos y Trump son todos parte de un solo frente; se trata del frente
incorrecto, largamente una compleja solidaridad transnacional: Es el Frente
internacional antiliberal que, en honor de los monarcas invisibles, habremos de
llamar la Internacional Blanca.
La Internacional blanca no es solo un frente político,
que como tal carece de programa, no conoce ideología y es complicado decir que
se trata de un frente de “derechas”; la derecha formal, la de los partidos de
“derechas” como el Partido Republicano de Francia, o el Partido Popular
español, es una derecha políticamente correcta; los reyes y los Papas de ese
mundo son también políticamente correctos; esto se observa porque recomiendan y
aplauden, todos, la agenda revolucionaria de la constitución liberal del mundo
visible, promoviendo, pues, el placer individual por encima de todo compromiso
moral o de pertenencia. No debe confundirse nunca esta internacional blanca con
los partidos de derecha, que son lo mismo que los de izquierda, sirven y son
mantenidos generalmente por los mismos millonarios altruistas, estilo George
Soros. Si Georges Soros no mantiene con su dinero un grupo que se reconoce a sí
mismo como “de derechas”, puede decirse con certeza que ese grupo es parte de
la Internacional blanca; el grupo mismo no tiene que saberlo, aunque intuye y
actúa como parte de una concentración mayor de la que no dispone, pero de la
que se deja disponer. Siendo un frente político, lo es también y de modo
anterior, un movimiento histórico, de fuerzas que se concentran como incorrectas
desde diversos sentidos y perfiles. ¿Qué los une? Los une una reacción general
contra las consecuencias que el liberalismo ha tenido al imponer su
constitución en el mundo, de lo políticamente correcto del “pensamiento único”.
Es la fuerza de lo políticamente correcto lo que sirve de argamasa para unir a
todos los agentes en una especie de gran guerra civil global.
Si tomamos la Internacional blanca como un frente
antiliberal, que se define cono un movimiento social e histórico contra las
consecuencias de la constitución liberal en el mundo, no es ni puede ser
pensado como “derecha”. Es notorio, y el lector interesado en los asuntos de la
historia social presente lo sabe, que existe también un antiliberalismo de
izquierda. En la práctica, hay movimientos antiliberales que se autodefinen
como izquierdistas y se los reconoce especialmente por su renuencia a las
agendas de promoción del placer individual. Es el caso de la Venezuela chavista
y Cuba, por ejemplo: son los únicos Estados del así llamado “socialismo del
siglo XXI” que no han reconocido políticas de orientación sexual en sus
gobiernos, por lo que devienen así parte de la Internacional blanca, del lado
de los grupos religiosos y –a su pesar- de la Alt-rigt misma inclusive; también
es el caso de los regímenes africanos de izquierda, que siguen la misma línea
que sus pares americanos: no solo se resisten a la promoción de la sexualidad
sino que, por ejemplo, en lugar de hostilizar a la religión, en estos últimos
años la han protegido legalmente o han abrazado una constitución religiosa. Son
“incorrectos” políticamente, y tienen sobre ellos la presión del mundo visible,
que diagnostica su desastre real o imaginario y pronostica diariamente su
desenlace final.
No debe ser sorprendente que, en la compleja
constelación de las significaciones sociales, los regímenes de izquierda
incorrecta se hallen muy prestos a tomar acuerdos con los rusos, o a
confederarse con ellos de una u otra manera; así como los rusos fomentan y
subvencionan a los nacionalismos europeos, y tienen trato amable con ellos (con
Marine Le Pen y el Frente Nacional, por ejemplo), son aliados a la misma vez de
Cuba y Venezuela en América Latina, así como de los Estados izquierdistas del
África negra.
Si se define la Internacional blanca, en tanto un
movimiento histórico y social contra las consecuencias diversas de la
constitución liberal del mundo, esta no conoce la distinción entre izquierda y
derecha, y es lo suficientemente permeable en la práctica para acciones de
extensión inesperada, que los gestores del mundo correcto solo son capaces de
negar, y no de comprender. Las alianzas o la expansión, los límites de esta
Internacional, son inciertos y abarcan, de manera que no conoce consulta ni
opinión, al conjunto de todos los actores afectados por el liberalismo, al que
cada vez con más evidencia se muestra a los hombres como un extraño contubernio
entre los multimillonarios capitalistas (las empresas brasileñas corruptas, por
ejemplo), los medios de prensa y los izquierdistas correctos. Allí donde hay
incorrección, se halla la Internacional blanca para ampararla: son su extensión
ontológica; allí donde hay en cambio corrección, incluso de manera
involuntaria, allí se aloja su enemigo: el liberalismo.
La elección de Donald Trump como Presidente de Estados
Unidos representa un fenómeno históricamente extraordinario, que debe ser
comparado en la dimensión de su significado y las expectativas que representa para
el hombre a la Caída del muro de Berlín o a la Toma de la Bastilla, y se
presenta como un límite para la comprensión humana. Marca un después en el mundo histórico. Los
Estados Unidos, hasta el 20 de este mes de enero de 2017, han sido el nicho
simbólico de un orden mundial único y opresivo, del que era imposible salir,
por la razón o la fuerza; un orden cuya esencia maligna se adivina en la
variedad y complejidad de la alianza que lo ha enfrentado y lo enfrenta. En el
mundo más visible que los expertos y analistas permiten ver, constituía el eje
central de un mundo entregado a la revolución en los modos del placer, sin
mayor horizonte de destino que una sexualidad igualitaria y sin compromisos. En
la vida real, más allá de lo que se ve de la constitución liberal del mundo, ha
significado el intervalo de un régimen de terror político de pretensiones
universales; este ha vuelto la existencia humana algo más inestable, más
incierto y más espantoso de cuanto haya conocido antes jamás el hombre, razón
por la cual ha convocado un mundo en su contra, en un reinado de apenas tres o
cuatro lustros.
Inesperadamente, el Partido Republicano de Estados
Unidos hace un extraño guiño al Rey de Francia que padeció decapitado. Invita a
su sucesor, junto con una familia real que simboliza las casas de Europa
Oriental, Oriente y Occidente, a la investidura de Trump, el Presidente de los
invisibles de la Tierra; el Presidente de los oprimidos, de los pobres, de los
desamparados. Asiste la mirada al surgimiento de un mundo nuevo que, a pesar y
en contra del orden correcto, han generado actores invisibles, algunos de ellos
humanos; ese mundo se entrega ahora hacia un sentido y un destino, a la vez
antiguo y nuevo como la flama, cuyo acaecer solo conoceremos si tenemos
paciencia y ojos para la remisión de la verdad.
jueves, 17 de noviembre de 2016
Homenaje a Gianni Vattimo/ Seminario en UNMSM
La hermenéutica comunista de Gianni Vattimo
Seminario de Homenaje por los 80 años de su nacimiento
Las sesiones son en la Facultad de Letras
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Salón 5C/ Tercer piso
jueves, 10 de noviembre de 2016
Monarquías operativas y repúblicas impotentes/ Ponencia sobre mundo andino y modernidad
Monarquías operativas y repúblicas impotentes
Ponencia en el I Congreso de Filosofía andina y colonial

Mesa: Modernidad y mundo andino
Con Jorge Secada y Soledad Escalante
Viernes 11 de noviembre/ 2016
Etiquetas:
Jorge Secada,
monarquía,
mundo andino,
republicanismo,
Simón Rodríguez,
Soledad Escalante
Suscribirse a:
Entradas (Atom)














