Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

lunes, 4 de enero de 2010

No fue nunca liberal



No fue nunca liberal
Apuntes sobre una biografía del marqués de Montealegre


(Comentario a la biografía de José de la Riva-Agüero y Osma de Alberto Varillas Montenegro, 2008)

Víctor Samuel Rivera
Universidad Nacional Federico Villarreal



Prólogo a mis lectores hermeneutas: Voy a postergar unas semanas la continuación de la serie de comentarios que he estado dedicando a la Lezione di Congedo de Vattimo. Deseo en el ínterin escribir un par de comentarios a libros recientes. Uno sobre el Marqués de Montealegre; el otro sobre un folleto grande que se ha publicado recientemente en Lima con ensayos pequeños sobre hermenéutica y política.

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Acabo de terminar hace pocos días mi ensayo “La amnistía y el gobierno. La filosofía jurídica del marqués de Montealegre”. Se trata de un trabajo relativamente extenso en el que trato de explicar la obra de filosofía política del marqués. Originalmente, mi objetivo era presentar de manera analítica sus obras de filosofía jurídica. El desarrollo de mi esfuerzo, sin embargo, me orientó a ver algo que ya sospechaba: que la fuente más relevante de esta filosofía había que buscarla en el pensamiento reaccionario español. Debo ser enfático: La filosofía política de José de la Riva-Agüero y Osma podría resumirse en la tesis central del parlamentario español del siglo XIX Juan Donoso Cortés, en su Discurso de la Dictadura (1850). Esta tesis consiste en la idea de que el horizonte de lo jurídico es más extenso que el de lo legal. Vale decir: el Derecho no es coextenso con el ordenamiento legal, sino más amplio que éste. Hay aspectos del orden que están fuera de la capacidad de previsión de la ley. Para el lector interesado en filosofía política y jurídica, hay que anotar que se trata de distinguir “legalidad y legitimidad”, y de concebir ambas como Derecho, como desarrollaría después Carl Schmitt en el ensayo de ese nombre (1932). Esta posición tenía como contraria la idea liberal según la cual el orden legal es el límite del Derecho o la reducción de lo jurídico al orden legal. En este tema, quien postula que la legitimidad excede los límites de la legalidad no es liberal. Montealegre defendió esa postura en sus textos de filosofía política y jurídica. Eso por sí mismo, claro está, no indica que haya tomado la idea de Donoso Cortés. Pero vayamos ahora al asunto que motiva esta nota. Como sea, un seguidor del Discurso de la Dictadura de Donoso no podía ser un liberal.



He mencionado una de mis últimas investigaciones sobre Montealegre porque, accidentalmente, me he topado con uno de los más interesantes aportes a la historiografía de José de la Riva-Agüero que conozco. Y resulta ser –si ignoramos mis propios trabajos, lo cual es aquí legítimo- también el más reciente aporte serio que existe a la historiografía sobre el marqués de Lártiga. Se trata del prólogo de Alberto Varillas Montenegro a la edición facsimilar del primer libro de Montealegre, Carácter de la literatura del Perú independiente, cuyo original es de 1905 y que ha sido impreso recientemente (Lima: Universidad Ricardo Palma/ IRA, 2008). El de Varillas es un notable opúsculo académico de 65 páginas. Su texto está dividido en dos partes, cada una de las cuales es bastante meritoria en su género. La segunda es una exposición del contenido, el significado histórico y la historia del libro de Riva-Agüero, así como una presentación de un par de textos complementarios facsimilares que acompañan el volumen, un artículo de Miguel de Unamuno (1905) y otro de Francisco García Calderón (1906). La primera parte es una biografía del personaje, que buena falta hacía.



Varillas comienza el trabajo biográfico con un detalle de modestia. Confiesa el autor que no tiene la pretensión de que su trabajo sea considerado como tal, sino –entendemos nosotros- una especie de reseña. Con esto parece indicar que considera el suyo un trabajo que podría completarse, en lo que no le falta algo de razón. Creemos que el material disponible sobre Montealegre es tan grande en la actualidad que se impone reconstruir su vida en función de todo el conocimiento sobre él que antes era inaccesible y que ahora no lo es más. De manera correcta, Varillas alude a sus contactos europeos, en lo que no yerra. Varillas afirma también que no había disponible aún otra biografía, lo cual es, si no falso, al menos una exageración. Para comenzar, porque existe la mía, que es accesible en formato pdf en la barra lateral de este blog. Como mi texto fue impreso el mismo año que el suyo, es comprensible que no lo haya considerado. También exagera porque existen otras biografías anteriores, no malas. Para comenzar, la conocida y seria de José Jiménez Borja, en forma de libro (1966), pero también una larga lista de semblanzas (o sea, biografías más pequeñas) de fecha diversa, entre las que llaman la atención las de Pedro Benvenuto Murrieta (1954) y las de José de la Puente y Candamo, la más reciente de hace apenas un par de años. Pero hay un mérito del texto de Varillas. La suya es casi la primera biografía que incorpora como material de información los nueve tomos de Correspondencia del marqués de Montealegre de Aulestia que han sido impresos hasta ahora por el Instituto Riva-Agüero (2007). Decimos “casi”, pues nos hemos servido también nosotros del mismo material en nuestra tesis de maestría en historia de la filosofía, así como en las dos biografías que hemos compuesto e impreso: una para Solar (2008), y otra para la revista Escritos, de Colombia (2009). Incluso con el desacuerdo de su autor

La de Varillas es una magnífica biografía peruana de Montealegre -habría que decir, de Riva-Agüero-. Ha reseñado de manera didáctica puntos soslayados en otros trabajos, incluidos los míos, entre los que destaco la salud del marqués, sus amistades juveniles, una relación amorosa de circa 1911, la relación con Luis Alberto Sánchez, así como la relación entre sus ideas y su práctica política entre 1930 y 1936, con toda certeza, esto último de extremada importancia para la historia social del siglo XX del Perú. Como en todo lo anterior se atiende fundamentalmente a hechos, hechos que pueden certificarse con el cotejo de sus las impresas de Riva-Agüero, poco es lo que podemos agregar que no sea un halago. El trabajo es exhaustivo para su extensión, cita fuentes oportunas y no hay erratas (hay algunas erratas, pero menores, que son más asunto del corrector de estilo y que debe ser una llamada de atención para éste. La más grave es citar a Francisco García Calderón con el pie de imprenta equivocado). Pero hay un núcleo básico en la reseña biográfica que es el motivo de este comentario. Varillas afirma que el marqués de Lártiga fue liberal. Lo hace en la introducción de su trabajo, lo hace a la mitad de la historia, y termina el relato enfatizando que fue liberal. Pero no, estimados lectores. No lo fue. Se trata de la reiteración de un tópico de la historiografía política del siglo XX que es necesario corregir. En esto estamos ante un error histórico, un error que desfigura la imagen de nuestro más representativo pensador reaccionario del siglo XX.

La opinión de Varillas no es solitaria ni caprichosa. Se basa en un conjunto de antecedentes muy largo y muy complejo y consideramos excusable el error. Pero no por eso incorregible.

Una manera de iniciar la refutación de lo afirmado por Varillas respecto del presunto liberalismo de Montealegre sería remitirlo a la argumentación del texto sobre la filosofía jurídica del marqués que vengo de redactar. Pero eso sería hoy de extensión inapropiada para el blog, así que me voy a ajustar a otra estrategia. Voy a explicarle al lector en qué único sentido Riva-Agüero sí fue un liberal: en el vocabulario social del siglo XX peruano, pero muy en especial antes de la Segunda Guerra Mundial, la voz “liberal” se usaba para significar: partidario de la modernidad política, republicanista y, más particularmente, persona no católica. Riva-Agüero fue liberal solamente en el último sentido, no en los dos anteriores. Como anticlerical o no católico (incluso anticatólico) lo contamos apenas alguna vez en su vida, con certeza antes de 1907, muy posiblemente entre 1902 y 1906. Pero en 1905 Montealegre (1885-1944) tenía apenas 20 años. La redacción de la tesis de 1905 se hizo mientras el joven Riva-Agüero tenía la influencia marcada del positivismo y el darwinismo social, en particular por su maestro Javier Prado, rector entonces de la Universidad de San Marcos. Pero eso fue entre 1902 y 1904. Como una cuestión de hecho, Riva-Agüero ya no era anticlerical durante la segunda mitad de la segunda década del siglo XX, lo cual se comprueba por su patrocinio y participación en actividades religiosas. Posiblemente no era entonces un devoto practicante, pero no era más el anticlerical de 1905. Quedan las otras dos entradas para “liberal”. Si vamos por sinónimo de “republicanista”, no lo era. Era monárquico, como lo indica la parte III del libro del que la biografía de Varillas hace de prólogo. Y si la letra del marqués mismo no fuera muy convincente, está también el comentario de García Calderón de 1906 que el profesor Varillas ha tenido la sensatez de acompañar como addenda, dada la rareza del documento. Y lo último que nos queda: “partidario de la modernidad política”. Las obras de 1905-1910 tratan la modernidad y la Revolución Francesa en términos de “crisis Ética” y “abismo”. Es cuestión de revisar la conclusión del libro de 1905 con cierto detalle, y difícilmente el lector podrá concluir otra cosa.

Si le ha parecido a usted lector que hemos argumentado muy rápidamente, le sugerimos que lea nuestra biografía de 2008 “El Marqués de Montealegre de Aulestia. Hermeneuta de la contrarrevolución”, a la que se tiene acceso pulsando la imagen del polígrado en el lugar indicado de la columna derecha del post. Y para ser el post de inicios de año, me parece bastante por ahora.

Y como diría el Conde Joseph de Maistre, lectura juvenil de Montealegre:

Caetera adsunt…

PD: Para los lectores poco imaginativos y con problemas de tolerancia: Les cuento que el Marqués de Montealegre de Aulestia, activo colaborador internacional en la Guerra Civil Española en favor del bando nacionalista, no asistió al desfile triunfal de Madrid. Se había disgustado con Franco sobre la situación de la monarquía, que quedaba fuera de juego.

8 comentarios:

ricardo r. dijo...

ESTIMADO SAMUEL RIVERA
EN UN POST HABLABAS SOBRE LA CORRIDA DE TOROS :
http://ricardomilla.blogspot.com/2009/11/ninguna-razon-por-encima-de-la.html

SIN EMBARGO EN DICHO POST DECIAS: -
Nadie va a las corridas a ver sufrir a nadie. El ser no es sufrir o tener placer...SINO A VIVIR UNA EXPERIENCIA ontológica de otra naturaleza, que dice algo intenso y profundo sobre nosotros mismos.

explicame con mas detalle que tiene que ver el ser con las corridas de toros? y porque es una experiencia ontologica?

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado anónimo;

1. Mi nombre es Víctor Samuel. Puedes decirme "profesor".

2. Hay toneladas de bibliografía sobre el tema que dices, que no es pertinente con este post.


VSR

Ricardo Milla dijo...

Estimado Víctor Samuel:

1. La persona que ha comentado primero parece que sólo desea perturbar y, sí, sus comentarios no vienen al caso.

2. Pareciera que para Montealegre el más importante la anarquía y la fuerza antes que la legalidad, la justicia y la verdad. ¿Eso es cierto? No quiero ser apresurado de pensamiento (aunque es mi modus operantis-putantis vitae), pero se puede colegir eso de lo que está escrito aquí.

3. La analogía con Donoso es genial. De hecho, saltó a mi mente cuando leí el artículo del Maqués que hubo publicado en El Comercio y le valió tres días en cárcel y el saludo paternal de Piérola.
Quizá, eso parece, Montealegre tenía una clásica educación "reaccionaria". Sus relaciones con la España de ese entonces, su amor a Francia y, a lo que llamas, "mundo clásico" sería la fuente de inspiración de esa filosofía (ideología, cuando se trata de política) que nos haría más cercanos a la Colonia y nos alejaría de los libertinos que generaron la república en 1821.

Saludos,
Ricardo.

Ricardo Milla dijo...

¡Ah! Y quizá algo más.

Si seguimos a Vattimo -cuasi padre de la posmodernidad filosófica-, siendo el conflicto anterior al diálogo y ontológicamente más "digno", entonces la relación con el "reaccionario" Montealegre es evidente. Incluso, ateniendonos a la bibliografía 2008 que mencionas, Montealgre sería un hermenéuta -y por qué no: un posmoderno. Vattimo se soprendió de lo primero, ¿cierto?

No es, pues, desquiciado -para el lector hábil de hermenéutica posmoderna y autores reaccionarios, como es el caso di nostro proffesore- hacer un cóctel de ambas tradiciones. Así, a diferencia del texto que estás pronto a comentar, la hermenéutica desde sus inicios está más cerca a esa España que haces alución y a la Alemania del Heidegger más hermenéutico y antimoderno que conocemos, y del cual el mismísimo proffesore dice que fue lo mejor que pudo hacer y es algo perfectamente razonable, que a la consolidación de la democracia y de los DD.HH. Más bien, presentar así a la hermenéutica, como baluarte democrático, sería una broma de la cual Heidegger estaría un poco fastidiado (y por qué no también Montealgre).

Saludos.

Ricardo Milla dijo...

Pero hay algo más. En ese libro, en su tesis -hace poco reimpresa- el marqués está contra la Iglesia Católica. ¿Cómo así no era liberal? Los liberales, de herencia revolucionaria, eran anticatólicos. Además, el marqués estaba del bando de los demócratas. Democracia liberal. ¿Cómo explicas todo eso?

Saludos.
Ricardo.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Ricardo;

Hoy mismo no puedo responderte, pues lo que planteas es interesante y complejo y me tomará una cierta meditación contestarte adecuadamente. Lo haré con calma mañana lunes que dispongo de más tiempo.

Tus comentarios son realmente muy dignos y me alegra la seriedad con que los has planteado.

VSR

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Ricardo;

1. Ante todo, gracias por el esmero y la atención con que has leído este post, así como tu seguimiento del blog en general y de otros humildes trabajos míos.

2. Sobre la "analogía entre Montealegre y Donoso". Riva-Agüero aprendía textos relevantes de memoria. Es una práctica que no valoramos hoy, pero una gran ventaja para la exégesis de los textos de Riva-Agüero. Gracias a su memoria, he comprobado varias cosas que, o eran desconocidas, o no estaban probadas: 1. que usó como manual de filosofía la Historia de Alfred Fouillée; 2. que leyó a Bartolomé Herrera, de quien tomó ideas filosóficas (con seguridad su sermón de 1846) y, lo más interesante, 3. que admiraba mucho a Donoso Cortés, de quien había leído los textos reaccionarios. En público negaba o silenciaba estas cosas.

3. Sobre si Vattimo lee o leyó "autores reaccionarios". Eso es inexacto. No los lee ni los ha leído nunca. No "nuestros" reaccionarios, esto es, los de la Escuela Teológica. Es un tema sensible, sin embargo, pues ha reconocido él mismo varias veces que algunos postulados "reaccionarios" son -como no podría ser de otra mabera- compatibles con la hermenéutica, incluso con la que él denomina "nihilista". Eso es a través de la idea del pensar como rememoración, como fiesta del pasado.

El que no comprende esto último debería leer a Vattimo de nuevo o leerlo más seriamente.

VSR

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Ricardo;

Tema aparte es la cuestión religiosa. La edición del libro que comento pone de relieve un, terrible, un profundo anticlericalismo. Pero fue cosa pasajera. Ese anticlericalismo se atemperó desde 1906, para desaparecer muy pronto por completo. Lo tomó de la lectura atenta de Javier Prado, que defendía en un libro de 1895 (o sea, reciente para la época de composición del suyo, 1904) que el catolicismo había contribuido a una degeneración de la cultura y la identidad peruanas. Esta idea cambió substancialmente hacia 1907-1908. Esto te lo digo en calidad de que llevo 7 años investigando y leyendo a Montealegre.

Riva-Agüero fue muy cuidadoso en solicitar a sus herederos que no se publicara nunca estas ideas anticlericales juveniles, que compuso a los 17 años. A esa edadél se consideraba un "radical" (o sea ¡anarquista!). A los 20 o 22 años ya no pensaba eso de sí mismo, y era un admirador del tradicionalista español Marcelino Menéndez y Pelayo. En realidad, desde este ángulo me sorprende la reimpresión facsimilar de la obra de 1905 de parte del IRA, aunque reconozco que es un aporte para los investigadores (o sea, para mí y no dudo que para alguien más también). El texto deja la extraña impresión de que Montealegre era una especie de oenegetista demócrata del siglo pasado. ¡Cuán extraviado de la realidad resulta eso!

Un abrazo.

 
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