Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

miércoles, 13 de abril de 2011

No votaré por Humala


Por qué no voto por Humala

(supongo que ésta es una primera parte de una saga más grande, no lo sé)
Víctor Samuel Rivera

He resuelto dedicar algunos posts al tema electoral. Entre otras cosas, porque al fin, después de tiempo, me parece que el panorama se pone interesante. “Interesante” en el sentido de Joseph de Maistre. Para decirlo de alguna manera: no es que algo pasa, sino que lo que pasa es algo.

Durante años he visto con simpatía el régimen de Hugo Chávez. He saludado jubiloso en su momento los cambios políticos en Bolivia y Ecuador, aun cuando no fuera sino en privado. No he tenido empacho en dar una voz de apoyo a estos regímenes, y lo he hecho inspirado en motivos filosóficos relacionados con la interpretación metafísica del mundo, que en esta ocasión no son relevantes. Pensé –y pienso- en la libertad política, pero es que ni Chávez ni sus pares dan una como gobernantes. Son pésimos, son unos incalculables idiotas.

En el año 2006 voté por Ollanta Humala contra Alan García por razones análogas. Menciono todo esto porque no creo que estas razones me comprometan a votar otra vez por el señor Ollanta. Lo que media es un hecho bastante crudo, pero inapelable: el proyecto que yo creía que Chávez significaba ha fracasado. En Venezuela hay inflación, escasez de alimento, desorden civil, angustia. Ya ha pasado mucho tiempo desde que Chávez es líder de un país que nada en petróleo. Comparo la vida en Venezuela y en las monarquías petroleras de Arabia, y no me queda dudas de que Chávez hace algo extraordinariamente mal, algo que no lo califica como gobernante. Y lo que viene con Chávez es el modelo de Chávez. Y como Chávez no sabe lo que hace, su modelo no es en absoluto modelo a seguir. Más vale traerse un Rey de Arabia, de esos que regentan con sabiduría y paz en las Costas del Golfo de Persia.

Durante años, ya camino de tres lustros, he visto con paciencia la ineptitud, la torpeza, la práctica idiotez con la que Chávez ha gobernado Venezuela. He compadecido sus fallas en la dirección económica. He justificado su incalificable gestión pública en aras de razones metafísicas. He sido empático hasta el exceso. Pero basta de metafísica. Chávez, y sus pares de Bolivia y del Ecuador, son todos unos gobernantes ineptos. Aún creo que Chávez es un gran político. Tiene de Mussolini todo, casi, menos la facultad para gobernar. Justamente a Chávez le falta lo que a cualquier gobernante de su tipo debería sobrarle, talento de gobierno. Los de tipo Chávez han generado y sostienen la autonomía de Sudamérica, pero lo que hay que pagar para esa sustancia metafísica es excesivo. Hacen gran política, pero reparten hambre; Dios los colma de petróleo, pero en sus tierras el pan es caro y la electricidad un lujo. Respecto de las pobres gentes que los eligen, no se puede decir otra cosa sino que las gobiernan bestialmente, como si a sus tiranos los hubiera poseído un demonio animal, un Demonio con derechos animales, esos derechos -debo agregar- que son casi los únicos derechos que tienen éxito en sus berreados países.

Nuestra situación del Perú actual es harto compleja, y debo abreviar éste mi lamento. Pero si algo deseo subrayar, es que Ollanta Humala es, hasta ahora, un pequeño Chávez. Un Chávez sin gobierno, un Chávez que comanda, pero no manda. Dejémoslo pequeño, como está, si es que chávez, lector mío, qué es lo que te estoy diciendo. Y si no lo chávez, entonces vota por Humala. Y chavrás.

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