Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

lunes, 23 de mayo de 2011

Unas palabras sobre el proceso electoral


El proceso electoral
Diagnóstico de mi sí a Keiko


Víctor Samuel Rivera



El Perú lleva diez años de éxito económico, pero una razón muy profunda, de esas que los analistas no pueden explicar, sugiere un cambio radical en este país. Mientras los Estados Unidos y la Unión Europea van camino del desastre, las cifras macroeconómicas del Perú son casi tan buenas como las de la China. Si le creyéramos a las fuentes de conocimiento financiero y a los periódicos, que son como sus bocinas, habría que imaginarse que hay en el Perú una bonanza que bien anhelarían los súbditos de los reinos de Marruecos o Jordania. Y como de economía sé poco, me limito a exponerte el diagnóstico social por los resultados electorales de la primera vuelta. Hubo tres camdidatura "normales" y dos "anormales". Califico de "anormales" a las que van acompañadas de algún sentimiento excepcional de incertidumbre y entusiasmo (u odio) y que implican un riesgo social. Los "normales" tienden a arriesgar cero. Desde esta terminología parakuhneana, pasaremos a distinguir entre sectores de representación "burgueses" (normales) y "populares", anormales y no burgueses. En la primera vuelta, los partidos burgueses, de derecha e izquierda, con tres candidaturas, no totalizaron juntos ni el 45 % de los votos válidos. Los partidos populares, esto es, los “incorrectos” políticamente hablando, tuvieron sumados, un triunfo manifiesto con todo el porcentaje restante.

Los partidos burgueses representaban en términos políticos el presunto boom económico del Perú. Si una cosa queda clara es que ese boom no es lo que ven los actores sociales tomados electoralmente. Las dos candidaturas populares juntas hacen 55 % frente al 45% de los burgueses. Si asumimos lo que representan en contra del mundo burgués, es evidente que se parecen mucho, tienen la misma clientela primaria y expresan, por tanto, los mismos intereses. Son los intereses rurales, pobres económicamente (eso que con tanta donosura llama la burguesía "los excluidos", mientras ellos, los privilegiados, se atragantan con champaña). Es evidente lo que el poblador medio piensa sobre el supuesto despegue económico del Perú y, de pasada, de los que los llaman "excluidos". Si pensara diferente, nunca hubiera puesto la balanza en favor de los candidatos que lo representan en la peor de sus facetas: la de su fracaso. En esta clase de materias, prefiero creerle a los votantes que a los periódicos. El voto incorrecto define la naturaleza del voto en general, es el voto predominante y es, por lo mismo, la verdad del voto.


En relación con la bonanza económica y el modelo económico. El 55% cree que el modelo económico no es bueno. Cree que el gobierno actual es necesariamente malo, pues representa el modelo que ha rechazado en las tres versiones en que se ha reproducido. Y no se trata sólo de una opción relativa a la economía. Se trata atmbién de una cuestión relativa a las ideas políticas y la concepción de los valores políticos de los que mandan. Pero los partidos burgueses son también los más explícitamente “liberales”. Representan lo más cercano a las ideas políticas del "pensamiento único". El que es casi el retrato del pensamiento único es el candidato de los liberales de izquierda o socialdemócratas, Alejandro Toledo. Un indígena cuyos funcionarios eran por regla general unos clásicos tipológicos de la raza blanca. Se decía amigo de Georges Bush y se fotografiaba a su lado hasta unos meses antes de la quiebra financiera de Estados Unidos. Mientras todo indicaba la quiebra inminente del mundo liberal, este hombre era más pro norteamericano que nunca. En pleno surgimiento de Rusia y la China como potencias mundiales, y mientras la violencia norteamericana cubría de sangre las páginas internacionales, Toledo se apegaba con ardor al modelo político y económico Bush. Este hombre, un alcohólico y toxicómano irremediable se consideraba el candidato de lo que llaman aquí –que parece sarcasmo- el “modelo”, nunca superó el 30% de las preferencias, y al final quedó en cuarto lugar, con sus peores enemigos delante de él. Apenas logró el 15% de los votos válidos, en un contexto de importante número de votos nulos o viciados. El primer diagnóstico es que el pensamiento burgués fue repudiado (una vez más) por el pueblo. Puso primero a un militar antisistema, homofóbico, con un par de intentonas de golpe de Estado (32%); luego a la hija de quien casi un 50% de la población considera un exdictador y un criminal (24%), en tercer lugar a un candidato que representaba la alianza de los sectores políticos opulentos modernos, más el voto religioso, de los católicos y los protestantes (19%). Frente al minúsculo 15% de Toledo, obviamente, lo que los votantes rechazaron no era sólo el modelo económico. También eran las ideas políticas del pensamiento único.

Los votantes pusieron en primer lugar al candidato chavista, de quien sabemos tiene las mismas pretensiones que los vecinos de Venezuela y Bolivia. Una dictadura popular perpetua con control de la prensa y reelección indefinida. En segundo lugar colocaron a la hija de Fujimori, cuyo gobierno fue uno de los aliados estratégicos de Chávez contra Estados Unidos. De ninguno de ellos puede decirse que es “demócratico” en el sentido en que lo son los seguidores desenfocados de la “tercera vía”. En realidad Humala y Fujimori son todo lo contrario. Ambos, tanto Humala como Fujimori no sólo son modelos de autoritarismo y populismo. En ambos se revela un espectro de apoyo en los sectores vinculados a la milicia. Y buscan o cuentan también con el apoyo de la Iglesia. El primero lo hizo explícitamente, con un rosario en la mano, yendo a la pila bautismal de la Catedral de Lima, donde el Arzobispo de Lima. En esa ocasión remeció a los diarios, pues, contra todo pronóstico, rechazó las agendas gay. Fue el primer candidato en atreverse a hacerlo, y luego hubieron de seguirlo los demás. El movimiento antigay en el Perú, aunque no existe, es enorme. Una encuesta un mes antes de la elección reveló que el 75% de los votantes rechaza las agendas gay y de hecho esta postura antihomosexual fue determinante es el éxito de la campaña electoral del chavista.

Fujimori está literalmente embarcada en un entorno religioso. Tiene como vicepresidente a uno de los políticos más importantes del Opus Dei en el Perú, Rafael Rey Rey. Es como si la Providencia hubiera coronado en el apellido la lealtad religiosa del personaje. De Keiko Fujimori se conoce que goza personalmente de la simpatía del clero y durante la campaña fue uno de los candidatos que más presencia hizo en espacios religiosos. Son abundantes sus fotografías rezando ante imágenes populares. Literalmente, la imagen contraria de los candidatos socialdemócratas, que enarbolaban la agenda del “Estado laico”. En mi opinión, uno de los más grandes errores de la gente correcta en estas elecciones peruanas de 2011. La parlamentaria más representativa de Fujimori, como su vicepresidente, pertenece también al Opus Dei. Por razones que Joseph de Maistre explicaría mejor que yo, esa señora se apellida Chávez, de tal manera que es una gran verdad lo que se ha dicho ya: que hay dos candidatos “chavistas”. Una gran verdad metafísica.

Aparte de las cuestiones de lo políticamente correcto, el tema más candente es la situación de la causa verdadera del presunto boom económico peruano. Los contratos con las empresas de extracción de recursos naturales, que exportan gas natural, cobre y oro, fundamentalmente a la China. Por lo general, las empresas hicieron sus contratos de extracción con el Estado durante los regímenes “correctos” y “democráticos” de Valentín Paniagua y el indígena Alejandro Toledo, con evidente perjuicio para el pueblo u los intereses del Perú. Estos contratos han permitido que los ingresos de las empresas se hayan incrementado docenas de veces desde su firma, sin que eso haya significado gran cosa para los pobladores del país, en un contexto de resistencia popular y sublevaciones, muchas de ellas con tristes desenlaces. Una impunidad insultante ha venido maquillando esa situación intolerable con una retórica de políticas de diálogo e inclusión en agendas de derechos, aunque sin modificar en nada los ingresos de las susodichas empresas. Muchos derechos e inclusión, pero de modificación de contratos, naca la pirinaca. El campo del Perú se daña ecológicamente; las tierras se hacen inútiles para el futuro mientras una minoría excluyente, cuyos labios están balbuceantes de derechos, disfrutan de la fortuna residual en los opulentos balnerarios de la costa de Lima. Los tratos son leoninos, y por mucho menos se hubieran frenado en Venezuela, Rusia o cualquier país normal. En Chile, el vecino neoliberal y conservador, el Estado administra la empresa de extracción de cobre, la causa y el soporte de la riqueza y el desarrollo de ese país. La bandera del programa de Ollanta es la renegociación con las empresas mineras. Apenas descubrirse como elegida para la segunda vuelta electoral, Keiko Fujimori mostró también su interés en el tema. Es un consenso ahora que la explotación criminal de las mineras ha llegado a su fin. No importa quién de los dos candidatos populares gane, inexorablemente se ha de renegociar los contratos mineros firmados en la época del “modelo”.


No podría votar ahora por Ollanta Humala. En primer lugar porque no hay nada en él que no sea posible también por la hija del preso. En segundo lugar, porque Humala ha hecho en la actualidad una alianza con los sectores que respaldan a Alejandro Toledo. Votar hoy por Humala es hacerlo por aquel cuya afición a la bebida debe haber influenciado en su más que desastroso gobierno anterior, que regaló el Perú a los intereses empresariales, dejando en manos de pocos lo que por derecho debe atender a los peruanos. Humala más Toledo es Toledo, la gente, las tácticas, el lenguaje que ha vendido/regalado el Perú. Humala viene además con una confusa multitud de agendas cruzadas, con un alto nivel de ideologización cuyas consecuencias en el mediano plazo son imprevisibles. Diversos “colectivos” de organismos pro-Humala han iniciado una ola de ataques violentos contra políticos y medios de prensa, que dejan una estela de pánico e incertidumbre que bien haríamos en eliminar ahora, que es más fácil. Hace unos días agredieron al futuro Presidente del Congreso y fue famosa, y lo será por siempre, la agresión incalificable de una multitud de 60 matones que, al más triste estilo fachista, golpeó a uno de los más notables periodistas del Perú, Jaime d’Althauss. Una inmensa presión social ha frenado estas agresiones, pero no se puede eliminar en cambio su significado, lo que éstas representan: la ideología del pensamiento único y el nihilismo.

Votaré por Keiko Fujimori. Voy a imaginar que no ten
go nada en favor de ella, pero los argumentos que tengo contra Humala me bastan. Votar por Humala significa poner en riesgo el régimen político. No el “modelo” político o económico, que va a ser cambiado de todas maneras, sino la continuidad del régimen electoral tal y como ahora lo conocemos, dado el ejemplo inocultable de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Se trata del fin de la democracia electoral y su reemplazo por un régimen personal de excepción indefinida. Esto último me hubiera parecido no sólo útil, sino también necesario en una alternativa frente a una candidatura burguesa. Creo que no hubiera sido sólo mi criterio, sino el del al menos el 55% de votantes que han optado en la primera vuelta por una alternativa popular. En el caso presente, sin embargo, cuando un candidato popular se enfrenta a otro que también lo es, el cálculo racional nos indica que es preferible no llevar la danza de los cambios tan lejos como ha ocurrido en esos países, cuya economía y cuyo equilibrio político los conduce, al parecer inexorablemente, a una suerte de tiranía que, por ser de izquierda, no reúne sin embargo argumentos suficientes para abismarse en su futuro. El riesgo es una experiencia inevitable en este caso. Y sin riesgo, no hay salvación. Claro, no con tanto riesgo. No con el riesgo de ver aquí las experiencias trágicas de Ecuador o Bolivia, donde la burguesía parásita es la única que nunca pierde.

A los riesgos los llammos los hermeneutas "emergencias", o "novedades" del Ser. Yo soy de los que aceptan el sí del Ser. El voto a Ollanta es un voto de temor. Del justo temor de los intelectuales "normales" que no están dispuestos a poner en riesgo su propia seguridad, que juzgo que es, además, fundamentalmente una seguridad económica. Pero aquí el Ser se expande en el pueblo, a cuya inteligencia me atengo. En todos los casos posibles.

1 comentario:

Los postliberales dijo...

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