Víctor Samuel Rivera

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El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

miércoles, 15 de junio de 2011

Ni el Cielo ni el Infierno (María Cecilia Villegas, con comentarios)

Ni el Cielo ni el Infierno

María Cecilia Villegas


Tomo este artículo de Correo, edición del 14 de junio de 2011

La campaña presidencial terminó y ahora lo responsable es analizar por qué perdió la derecha. Los últimos 21 años, el Perú fue gobernado en el marco de una economía liberal basada en el mercado y las libertades individuales, aunque en contados casos éstas hayan sido transgredidas durante los 90. Se estabilizó la economía, se derrotó al terrorismo, se dieron garantías para la inversión extranjera y, como consecuencia, el Perú creció y redujo considerablemente el índice de pobreza. Sin embargo, sin asco, volteamos el timón.

García tiene gran responsabilidad: la falta de una política social inteligente, el mal manejo de los conflictos sociales y la mala administración del gasto público. Los fujimoristas, por su lado, no respondieron ni aclararon las acusaciones. Mención especial merecen sus nefastos voceros. Empero, no son los únicos.

Desde los resultados de la primera vuelta, se formaron dos bandos: los que apoyaron al presidente electo, lo hicieron con plena convicción. El Nobel se hizo garante y aseguró que Ollanta representaba la democracia, la libertad y la lucha contra la corrupción. El hijo lo siguió. El Sano y Sagrado llegó un poco retrasado, después de su equipo técnico. Todos aseguraron que podíamos confiar en Ollanta. Podemos argumentar que el Nobel, el hijo y el Sano y Sagrado fueron impulsados por odios y enconos personales, pero su apoyo fue incondicional.

Quienes apoyaron a Keiko, lo hicieron a regañadientes, dudosos, poniendo el parche por delante: "No es la mejor opción", "No me gusta pero qué voy a hacer, es el mal menor". Ésos que creen tener una gran conciencia moral, ésos tenían que taparse la nariz para votar por el fujimorismo. Esa falta de coherencia y seguridad hizo que C, D y E dudaran. ¿Por qué apoyar a alguien que no convence a los ricos, que representa la corrupción, la dictadura?

Una derecha madura y organizada hubiese hecho suyos los logros económicos del gobierno de Fujimori. Lamentablemente, la derecha peruana es débil, pusilánime, carece de hidalguía y valor. Esa derecha debió apoyar a Keiko y defender sus ideales liberales. Tristemente, cuando PPK y Castañeda lo hicieron, fue a medias y tarde. Toda esa tibieza de aquellos que debieron comprometerse y no lo hicieron. Demasiado limpios, demasiado puros. Esos tibios que prefieren no ensuciarse ni hacerse responsables, a ellos Dante Alighieri les tiene reservado un lugar especial: ni el Cielo ni el Infierno; el Perú de Ollanta.

Escucho alzados los tambores de guerra de Gana Perú. Sería inaceptable que el expresidente Fujimori sea trasladado a una cárcel común, aunque el vengativo Nobel lo crea necesario. Espero que la clase política tenga la grandeza de salir a oponerse. Por las razones arriba expuestas, permítanme dudarlo.


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Hola. Me gusta la gente inteligente, aun cuando no comparta yo su ideología. Quise expresamente acotar este texto de María Cecilia Villegas porque pronto voy a escribir en detalle sobre el mismo tema. Se trata de por qué los agentes políticos que apoyaron siempre y desde un principio la candidatura de Keiko Fujimori no adoptaron el tono emocional adecuado, que era el correspondiente a una guerra civil. Cecilia lo ve como una falta de la derecha. Dicho así, como si fuera una cierta displicencia imbécil de parte de ciertos sectores sociales ante la gran política, es un reproche. Y sólo un reproche moral. Pero adquiere un sentido extraordinario si se comprende mejor que a las elecciones recientes, como un evento, subyacía una realidad más profunda. Dejaré el tema para después.

Que quede expuesto que, sea como fuere, lo que es moralmente correcto ahora es acatar el funcionamiento de las instituciones políticas y sus reglas.

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