Víctor Samuel Rivera

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El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Relato oficial del XV Congreso Nacional de Filosofía (Parte I)






Relato oficial
XV Congreso Nacional de Filosofía
Universidad Nacional del Altiplano (parte I)

“Conflictos culturales. Actualidad y perspectivas”

26 – 30 de octubre / 2015


Dr. Víctor Samuel Rivera
Universidad Nacional Federico Villarreal
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía


A nadie escapa que los conflictos culturales son de interés especial en la actualidad filosófica. Por diversos motivos, políticos, económicos, e incluso éticos y religiosos, los conflictos han llegado a configurar el relieve cotidiano del mundo del hombre. En cierto sentido resulta inevitable que, como parte de ese relieve, la realidad filosófica de nuestro país encuentre ella misma su horizonte de interés, allí donde las realidades conflictivas cobran mayor intensidad en la experiencia humana que otras. Es un caso atípico en la historia del mundo y de la filosofía, que ha sido tan generosa en su interés por la eternidad, la permanencia, la estabilidad política o la continuidad histórica y económica. Este relieve de conflictualidad afecta de manera especial al Perú, incorporado como está en la dinámica de encuentro virtualmente universal entre los intereses económicos y los intereses que los grupos locales, las tradiciones culturales y las diversas cosmovisiones étnicas y religiosas suelen oponerle. El carácter universal del relieve conflictivo conoce también oposiciones en el plano filosófico. La universalidad, que no sin motivo puede ser asociada a la dinámica del mercado y la economía, conoce sus filósofos. Las comunidades originarias, los pueblos ancestrales, los desamparados del “progreso”, y la “civilización”, las religiones y las culturas amenazadas por la universalidad conocen también los suyos. Todos en el relieve del mundo tienen sus filósofos. Desde el primer día del congreso Luis Enrique Alvizuri observó una peculiaridad de la representación congresal: de manera notoria, el segmento de la comunidad filosófica que se hallaba congregado en Puno podía extrañar a los representantes de la universalidad. Ellos fueron representados por su total ausencia. Esta ausencia marcó de modo esencial el desarrollo del sentido y el lenguaje del evento, cuyo acento recayó así en la identidad, la cultura y, quizá en grado aún mayor, en el tema del pensamiento andino. Esto mostró, de manera involuntaria, como suele suceder con la verdad, cuál es la experiencia peruana del conflicto y, de esa manera, también la pauta que deberá regir la reflexión filosófica futura en el Perú.

Anotado lo anterior, debe decirse que un congreso convocado para pensar filosóficamente el conflicto ha resultado ser, por la naturaleza misma de la gravedad y el interés que el tema convoca en tiempos recientes, y por la dimensión de presencia y ausencia que la realidad del evento mismo ha significado, el eje de diálogo que constituyó el XV Congreso Nacional de Filosofía. De manera particular, este relieve de ausentes y presentes correspondió a un horizonte común de interés, incluso más allá de lo que los actores mismos pudieron prever: En este caso, el diálogo sobre el conflicto convocado se ha situado claramente en el horizonte de lo andino y la necesidad de su articulación discursiva, con las discrepancias que todo diálogo genuino supone y donde unos y otros tuvieron acogida, empatía y, debe decirse, amistad.

El Congreso se abrió el lunes con la exposición magistral de Héctor Escarza, uno de los principales organizadores del evento, representando a la Universidad Nacional del Altiplano, que marcó a la vez la pauta de una comunidad filosófica convocada para pensar el conflicto. Escarza expuso la naturaleza de los conflictos culturales como problema filosófico y su plena vigencia a través de la historia reciente, así como su relevancia en el contexto local, en Puno, el mundo andino y el Perú. En este último sentido, subrayó dos tópicos que iban a atravesar el conjunto del Congreso: el problema del hombre del Ande que demanda reconocimiento desde su exclusión y silenciamiento en el mundo político y social liberal, así como la dinámica de la búsqueda de identidad y el origen de la conflictividad que afecta a los marginados del mundo universal liberal. Debe subrayarse la sugerencia de Escarza de que la problemática del conflicto, y más aún en el mundo andino, implica la reivindicación de formas de acercamiento a la realidad alternativas al racionalismo occidental, en particular el rescate del mito como fuente de horizontes de sentido. Escarza sugirió una ruta donde la racionalidad y el mito demandan reconciliación en lugar de ruptura, como ha sido la tradición predominante de la interpretación social de la filosofía, sobre todo desde el siglo XVIII y la filosofía de las luces. Es parte de lo que podemos llamar aquí una tendencia a la rehabilitación de la oscuridad y el misterio, propia de la filosofía peruana en sus diversas expresiones. Su exposición fue seguida por la conferencia de la Dra. Alisa Delgado Tornés, de la Universidad de Oriente, Cuba, una genuina apelación a la autenticidad en el mundo histórico y el ejemplo que en ello aporta la heroica historia de su patria; la Dra. Delgado extendió su postura a la exigencia de integrar en la temática de los conflictos culturales una reflexión sobre la diversidad en América Latina y su potencial en la lucha histórica de nuestros pueblos por alcanzar la libertad. Ambas conferencias magistrales dieron lugar a una extensa discusión que se prolongó mucho más allá de lo previsto, mostrando tanto la riqueza de las perspectivas como la libertad de los participantes.

Luego de las primeras sesiones plenarias del día lunes siguió una sentida ceremonia de inauguración, en la que destacaron tanto las palabras del Rector de la Universidad del Altiplano como las palabras de acogida del Magister Lucio Vizcarra. La jornada cerró con un cálido brindis, seguido de una secuencia de danzas aymaras y quechuas cuya expresividad y alegría inspiró a los asistentes a continuar, a través de la cena en común, la práctica del encuentro y el diálogo como forma de vida en la que el filósofo se reconoce.

El martes 27 de octubre se dio el inicio de las sesiones simultáneas, que fueron 11 con tres panelistas en dos turnos cada día, entre ese día martes y el jueves 29; esto supone una necesaria selección de lo más significativo allí donde sería deseable recordar a todos y cada uno de los expositores pues, en filosofía, nadie sobra ni estorba. La mañana del 27 de octubre se disputaron la popularidad dos de las once mesas de debate; la mesa de pensamiento y filosofía andina, largamente siempre muy concurrida, si  no la más concurrida del evento, compartió esta fecha el afecto del público con la dedicada a gnoseología, lógica y epistemología. Todos sabemos cuánto de antagonismo hay en esta curiosa disputa de popularidad, pues ambas mesas representan formas de presentar y significar la filosofía altamente diversas. Los responsables del éxito de la epistemología fueron primero Carlos Urrutia, de la Universidad de San Marcos, y luego Carlos Rojas Medina, de la Universidad Alas Peruanas. A las 10: 30 de la mañana el aula uno estaba tan abarrotada de público que mucha gente siguió los debates parada, en el piso o en el pasillo, hasta llegar a la zona externa al pabellón. En filosofía andina destacó la polémica suscitada por la ponencia de David Lupaca, de la Universidad Nacional del Altiplano quien, bajo la premisa de que “no hay filosofía sin metas” exigió llevar la reflexión sobre el pensamiento andino a la práctica. Participaron en el animado debate Héctor Escarza, Luis Enrique Alvizuri y Zenón Depaz, entre otros. Carlos Mora, conocido profesor de la Universidad de San Marcos hizo la propuesta esa mañana, en una de las mesas de filosofía de la cultura, de fundar un Estado plural como medio de rescatar la diversidad cultural de nuestros pueblos. Hizo uso abundante a este respecto de las reflexiones del filósofo mexicano Luis Villoro. Era el inicio de una participación intensa que habría de extenderse hasta el final del congreso y que es necesario reconocer.


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