Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Relato oficial XV Congreso Nacional de Filosofía Universidad Nacional del Altiplano (parte II)



Relato oficial
XV Congreso Nacional de Filosofía
Universidad Nacional del Altiplano (parte II)

“Conflictos culturales. Actualidad y perspectivas”

26 – 30 de octubre / 2015


Dr. Víctor Samuel Rivera
Universidad Nacional Federico Villarreal
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

La mañana de 27 de octubre fue también un momento destacado para la juventud en filosofía. De un lado está Josellyn Alata Palacios, alumna de San Marcos; debe anotarse de Alata que no sólo hizo una de las presentaciones más documentadas e interesantes en las sesiones simultáneas de filosofía de la cultura de todo el congreso, sino que fue la piedra en el zapato de varias de las demás; como el tábano de Sócrates, fue una de las más polémicas y agudas disputadoras, cuyas preguntas atormentaron a más de uno en los temas más diversos; su postura crítica frente al racionalismo filosófico y la Revolución Francesa, así como sus polémicas en defensa d la religión y el pensamiento simbólico dejaron perplejo a más de uno. De otro lado, tanto por su calidad académica como por la pertinencia de su argumentación, debe nombrarse a Gabriel Moreno, egresado de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, de Lima, quien expuso en una de las mesas de ética una estupenda ponencia sobre Ernesto Laclau, conocido teórico argentino de la izquierda radical. Estas sesiones simultáneas fueron sucedidas por dos notorias plenarias. La primera correspondió a la Dra. Soledad Escalante, Directora de la Escuela de Filosofía de la Universidad Ruiz de Montoya; con toda certeza, se trató de una de las conferencias más comentadas entre el público y una de las más documentadas y serias narraciones filosóficas del XV Congreso. A una extensa y erudita exposición de la filosofía de la decolonialidad, siguió una apuesta final por el diálogo, de un diálogo que la propia Escalante tuvo que reconocer en tensión con el conflicto. La exposición de la Dra. Escalante fue seguida por la conferencia magistral del Dr. Luis Salluca, de la Universidad Nacional de San Agustín, de Arequipa, cuyo reflexivo discurso fue seguido de un merecido homenaje y un largo aplauso.

Aunque fue una constante a lo largo del congreso entero el interés de los asistentes por la mesa de pensamiento y filosofía andina, la tarde del martes 27 fue testigo de un inusitado éxito de la pedagogía. El profesor José Miguel Gutiérrez Carpio, de la Universidad de San Agustín de Arequipa, generó un extenso debate sobre el rol normativo de la enseñanza de las humanidades, que se extendió en el tiempo tanto como el debate de una sesión plenaria, si no es que más. La mesa de Filosofía, ateísmo y religión no fue precisamente la más concurrida del XV Congreso, pero causó bastante expectativa esa misma tarde el encuentro, por lo demás digno de todo interés, de un místico y un escéptico racionalista que, al parecer, tenían mucho que decirse uno al otro. Expuso primero el Padre Hermógenes Coral, de la Universidad Privada San Pedro, en Huaraz. El Padre Hermógenes, entusiasta de la experiencia divina y las ventajas de la religión tanto para la vida social como para la integración del hombre con su entorno, se encontró con el más temido anticlerical de la comunidad filosófica peruana, Abraham Paz y Miño, quien propuso la invalidez de las pruebas de que Dios existe. Paz y Miño debió enfrentar una cierta resistencia del auditorio, en especial de un par de estudiantes de la Universidad de San Agustín, así como de la Universidad Nacional Federico Villarreal, quienes abrieron un debate que se extendería incluso hasta la calle y la noche, y el día siguiente. Discusiones teológicas que alguna vez fueron el centro de la angustia en los pétreos conventos de los Andes regaron las calles de la cosmopolita Puno de ladrillo y cemento.

En filosofía andina merece mención especial ese martes 27 la mención de Luis Enrique Albizuri, quien expuso en su peculiar manera lo que llamó su “malestar ante la mentalidad racional”. Como se sabe, Albizuri es miembro notorio de la Sociedad de Filosofía Andina (Sifandina), aunque se presentó como investigador independiente. La sesión magistral de la tarde correspondió al Dr. Alfonso Jaguande, del Instituto de Filosofía que funciona en la Universidad Ricardo Palma, de Lima y que cuenta con la presidencia nominal del Dr. Francisco Miroquesada Cantuarias, el filósofo vivo más representativo del Perú en la actualidad. Jaguande, materialista e iconoclasta. Su tono enérgico y dominante recordó a los asistentes que la verdadera filosofía no es amor a la sabiduría, sino a la verdad, que Jaguande sostuvo se expresa en las obras de Carlos Marx, Charles Darwin y el publicista anticlerical peruano del siglo XIX Manuel González Prada. “Los verdaderos filósofos no aman la sabiduría, sino la verdad y, por eso –decía Jaguande- en los inicios los filósofos no se llamaban a sí mismos como lo hacemos nosotros, sino “aletheios”, es decir, los que saben la verdad”. Su discurso, quizá algo polémico históricamente hablando, y que dejó sorprendida  buena parte de la asistencia por su audacia, sería recogido al día siguiente. Hizo explícito uso del nombre “aletheio” para referirse al filósofo  el plenarista Dr. Marcial Abanto y la misma historia sería aludida favorablemente, como un logro en la desconstrucción de la historia de la filosofía, por otros ponentes. Jaguande se despidió del XV Congreso dejando para la Biblioteca de la Universidad del Altiplano un ejemplar de El origen de las especies, de Darwin, así como otro de El Capital, de Marx, ejemplos de libros de autores aletheios. Ese martes hubo un inesperado cierre de la jornada en el auditorio que merece lugar aparte. Antes que filósofos, y porque lo somos precisamente, somos humanos. Y de humanidad se trata ahora.

Por primera vez en toda la experiencia de XV congresos de filosofía en el Perú, los organizadores propusieron, como una extensión de las actividades, un espacio para la amistad. Un buen número de asistentes hicieron un círculo de unas 50 sillas en el centro del local. Alumnos de diversas universidades, profesores pero, ante todo, los mismos plenaristas y los organizadores, hicieron un brindis, y luego un segundo, y un tercero, mientras, de manera imprevista, tras el tronar de un corcho más, surgió acalorado, el debate. Lo que por sensatez, o por timidez comprensible, permaneció en el silencio durante las plenarias, de pronto a todos quedó expuesto. La música del acordeón y la melodía andina completaron el panorama, mientras de los brindis iniciales con vino y cerveza se dio paso al pisco aligerado con agua gaseosa. El poder de la alegría sirvió esta vez a la filosofía. Y en la noche puneña, bajo esa luz mortecina de las calles estrechas y acogedoras de la ciudad de los Andes, se veía errantes después de la jornada a los grupos de filósofos prolongar la tertulia, esta vez con un tazón de sopa caliente.


El miércoles 28 la sesión matinal se vio sorprendida por un segundo lleno total en la mesa de gnoselogía, lógica y epistemología, esta vez con agolpada concurrencia de alumnos y profesores de la Universidad de San Agustín de Arequipa. Aunque Xavier León Borja de la Universidad Central del Ecuador hizo honor particular a la sesión simultánea sobre arte, debe recordarse al profesor Fidel Gutiérrez, de San Marcos, que en la simultánea dedicada a pedagogía dio una auténtica lección magistral. No debe sorprender a nadie si tuvo una larga disputa con el tábano del congreso, Josselyn Alata. Por supuesto, como era de esperarse, la mesa de filosofía andina concitó la mayor atención. Víctor Mazzi, de la Universidad de La Cantuta, hizo una extensa exposición, que dio lugar a una polémica que habría de seguirse en la sesión extraordinaria de la noche, entre la música del Ande y el pisco de la Costa: la segunda tertulia. Mazzi planteaba “buscar un esquema propio para conocernos a nosotros mismos”. Zenón Depaz, entre otros, polemizaron agudamente. Esta mañana debe destacarse la ponencia simultánea de Carmen Zavala, un trabajo de innegable calidad académica sobre El Político de Platón y que mostró el talento de una colega a quien se recuerda entrañablemente en la comunidad filosófica. Carmen Zavala, junto a José Maúrtua, serán recordados en su esfuerzo por crear espacios populares de filosofía a través de la institución Búho Rojo, de Lima. Ese esfuerzo lleva unas dos décadas y no hay estudiante o investigador serio en filosofía en el Perú que no haya visitado el Búho Rojo al menos alguna vez: El lugar donde los cafés filosofan y los filósofos son los amigos del pueblo.

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