Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

miércoles, 25 de abril de 2012

La conspiración monarquista de 1911. Parte IX. La superioridad teórica de la monarquía



La conspiración monarquista de 1911
Parte IX

La superioridad teórica de la monarquía

Víctor Samuel Rivera

Carácter de la literatura es víctima de una gran injusticia si se lo lee como un libro de literatura. Se trataba en realidad de un texto de sociología y de política. José se inspiraba en la obra de Hyppolite Taine Histoire de la littérature anglaise [1873], de análoga factura. Como antes había hecho Taine, José desarrolló una historia de la literatura con una finalidad política, que incidía en el periodo que Ventura refiere como “romanticismo”. Ventura mismo nos da testimonio de haber interpretado el libro de José de esta manera. Para 1909, José conservaba el material con el que había trabajado el lustro anterior, una buena parte los originales de las obras citadas, pero también copias manuscritas de obras que José no había podido conseguir para tener en propiedad y que debía haber trascrito él mismo, sea de la Biblioteca Nacional o sea de bibliotecas particulares, como la del filósofo Javier Prado. En su mayor parte se trataba de obras raras y muy valiosas. Ventura, en París, no tenía acceso a nada de eso, y a José, en cambio, ese material le parecía ahora marchito e inútil. Sin dilación, a la primera solicitud, José se lo mandó en “siete paquetes”. Pero Ventura, de apetito insaciable, insistía en solicitar de Riva-Agüero más y más material. Como se observa, Del romanticismo al modernismo era una suerte de reciclaje del trabajo (y de la biblioteca) del buen amigo de Lártiga. Ventura debía tentar a José para esta generosidad tan exagerada. Estaban allí Lesca y Martinenche; pero es evidente que no podían conmoverlo con la literatura. ¿En razón de qué podía José interesarse en estos contactos?






















Charles Lesca y Ernest Martinenche, los editores y contactos de Ventura, ingresan aquí en su calidad de nacionalistas royalistes. Hay sobrados estudios sobre el activismo monarquista francés del género al que estos personajes pertenecen en el periodo anterior a la Primera Guerra Mundial, cuya cronología coincide en lo más básico con estas historias franco-latinoamericanas que venimos refiriendo. El monarquismo positivista francés estaba en su pico más alto. Pues bien. El autor de la tesis de 1905 también se consideraba a sí mismo todo lo que eran los contactos de Ventura. Un “hispanista”, un nacionalista y un monarquista. La misma tesis de 1905 había sustentado, desde presupuestos positivistas, lo que llamaría años después él mismo, en la década de 1940, la “superioridad teórica de la monarquía”. El filósofo Alejandro Deustua le escribía a Riva-Agüero por esos años, en referencia a la tesis de 1905: “Yo no habría defendido nunca, como usted lo ha hecho, la forma monárquica de gobierno como conveniente para el Perú”. “Es que en usted el liberalismo es un accidente” –agrega Deustua-. En referencia a este periodo valen los elocuentes términos del escritor mejicano José Vasconcelos, amigo a quien el futuro marqués de Montealegre de Aulestia conoció en una visita de Vasconcelos al Perú en 1916. Al conocerlo, “Riva-Agüero sostenía el programa cabal de la Acción Francesa, antes de que la Acción Francesa difundiera su tesis”. Vasconcelos, en alusión a las ideas monarquistas de Riva-Agüero, que le parecen a él más bien anecdóticas, agrega con cierta ironía: “La tesis de Riva-Agüero estaba en su sangre”. José era de derecho Marqués de Montealegre. El texto que incluye estas observaciones es un ensayo pequeño, de tipo memoria y semblanza que se titula Mi amigo el Marqués.


En 1909 la monarquía había regido el Perú tres siglos; la República, en cambio, apenas 80 años. La monarquía lucía espléndida en prósperos países modernos, en particular, en los Imperios Alemán y Austro-Húngaro, ambos países jóvenes, más jóvenes que la República del Perú. En contraste, el Perú que se había originado en 1821 era un ejemplo de anarquía e incertidumbre, el exacto contrario de esos Imperios; uno era el efecto de la guerra Franco-Prusiana de 1870 y el otro el resultado legitimista y monárquico de la revolución de 1848 en Europa Central. No parecía ilógico vincular el pensamiento de la nacionalidad con la cuestión  de la naturaleza del régimen político, así como las razones de su respectivo éxito o fracaso. Las impresiones más vivas del José de esa época sobre la monarquía han desaparecido, y sólo podemos hacernos una idea bastante vaga a partir de la correspondencia, que se conserva muy escasa de antes de la década de 1920, como es el caso de la carta de Deustua de 1909 que venimos de citar. Pero podemos hacer un esfuerzo por reconstruir lo que falta.



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