Víctor Samuel Rivera

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El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

miércoles, 6 de junio de 2012


La conspiración monarquista de 1911. Parte XII
Los adoradores del "suntuoso pasado"

Víctor Samuel Rivera

Como ya hemos anotado, Ventura García Calderón usó Carácter de la literatura de José de la Riva-Agüero como referente para su propia obra, que sus amigos, los editores hispanistas, podían además leer en castellano. Inútil negarlo; Ventura no podía omitir este hecho tan palmario y fundamental. La gratitud le sugirió entonces dedicar unas líneas a Riva-Agüero en una sección titulada “los nuevos”, que en cierta medida estaba orientada a resaltar a “los cinco”, esto es, a los “novecentistas”, estos subversivos pequeños del 900. Es aun más relevante que Del romanticismo al modernismo se abra con una tierna dedicatoria al futuro marqués de Montealegre. Ésta no hace alusión a sus cualidades literarias, que el texto de Ventura no se esmera en resaltar; trata más bien de asociar “su nostalgia a la mía”. Dice el texto, que vamos a transcribir:


“A
José de la Riva-Agüero
Que adora el suntuoso pasado peruano, dedico este libro, para asociar su nombre a mi nombre, su nostalgia a la mía; -y una vez más repetirle mi cariño.

V.G.C.

París, 1910”

Ventura vincula su nostalgia a la del “que admira el suntuoso pasado peruano”. Ese “suntuoso pasado”, demás está decirlo, no era el de los Incas. El pasado del Perú en 1910 terminaba en la memoria de los cronistas de la conquista española. Por tanto, “el suntuoso pasado” era para cualquier lector peruano (y francés) el de la monarquía peruana, cuya existencia databa entonces de apenas 80 años atrás. ¿Qué opinión podría merecerles esto a Lesca y Martinenche? ¿No estaban estos monarquistas de París interesados también por el “suntuoso pasado” –aunque más no fuera el de Francia-?

Ventura sacó de la imprenta su Del romanticismo al modernismo en abril de 1910. Pocos meses después de la impresión del libro de Ventura, en 1910, la Ciudad de los Reyes fue visitada por una extraña y diminuta comisión académica francesa. Ésta estaba integrada nada menos que por Ernest Martinenche y Charles Lesca. Desde el punto de lo que podríamos llamar la “historia oficial”, Martinenche venía acompañado por Lesca para crear lazos universitarios franco-peruanos. En esta línea, Martinenche había investido antes a Riva-Agüero de encargado de la sección peruana de una institución, dedicada a fortalecer los vínculos de los hispanistas franceses con América Latina. La institución era el Groupement des Universités et Grandes Écoles de France pour les Relations avec l’Amérique Latine. Martinenche, desde 1909, había intentado servirse de Riva-Agüero –sin mucho éxito que digamos- para organizar el comité local. José, que entonces era poco más que un estudiante en la redacción de su tesis de doctorado, no logró gran cosa. Inició negociaciones con las autoridades de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, con el rector, el decano de la Facultad de Letras, los profesores más eminentes y los alumnos de habla francesa. Un fracaso completo. 

No hemos encontrado rastro de ningún evento oficial ni de discurso o banquete universitario; sólo sabemos que José se reunió con Lesca y Martinenche y les mostró los tesoros coloniales de Lima. Se tomaron unas fotografías juntos. Colocó después algunas suscripciones al Bulletin, donde él escribía. Allí terminó todo.

Caetera desiderantur...

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