Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

sábado, 23 de mayo de 2009

La Reina derrocada por la Providencia Santa


Teología para el golpe de Estado
El Nacimiento de la Paz de Descartes (IV)

Las tres partes precedentes se hayan disponibles en pdf en la Biblioteca Virtual de Pensamiento Político Hispáinico Saavedra Fajarado
Víctor Samuel Rivera
Universidad Nacion al Federico Villarreal (IV)

Hemos visto que el argumento central del Ballet se despliega lateralmente desde el centro hacia los lados, que son también claramente el pasado y el futuro, que están integrados en una unidad de comprensión narrativa. El argumento es, luego de la lectura del Discurso, la Carta sobre la Irresolución y Las Pasiones del Alma, claramente un extenso caso de una Reina irresuelta. Es un problema filosófico político, a saber, ¿qué hacer, qué sucede si la que decide no decide? Estamos ante una Pallas no puede ser sabia, pues le falta el criterio de definición de la sabiduría, que es la resolución en las acciones. Ya sabemos que es por eso que el problema se presenta como la convocatoria a sus consejeros, a sus pares, y a los Estados Generales-. Pero la historia de la Reina es que ésta no es capaz de admirarse por la gravedad del evento, no es capaz de ver la importancia del asunto. En los términos de la Carta del amor, Pallas no es capaz del “amor perfecto” que deben tener los soberanos por su pueblo. “Ella tiene el poder del destino”, decía el coro. Ése es el problema. Tiene un poder muy grande, que hay que quitarle.


Hay elementos para pensar que Descartes podría haberse visto influenciado por la lectura de Nicolás Maquiavelo, de quien sabemos con certeza leyó El Príncipe y luego los Comentarios a Tito Livio. Pero lo cierto es que era crítico con la idea de Maquiavelo de que un Príncipe pueda legitimarse a partir de una iniciativa propia. En buen cristiano, era contrario a los golpes de Estado. En realidad la legitimación no es posible como un proceso humano pues, como hemos visto, la legitimidad es un presupuesto anterior, de orden ontológico; en la argumentación de Descartes sobre las pasiones, basado en la admiración, que es la pasión primitiva ante algo dado “más noble que nosotros”. Pero también hemos visto que la racionalidad relativa a la decisión atiende asuntos y eventos y es, por tanto, histórica, sujeta a un acontecer que no está enteramente en manos del hombre, salvo en la medida estricta de las decisiones. Como ya se anota en la Carta sobre la Irresolución, éstas, incluso cuando son resueltas y rápidas, pueden ser fallidas . Entonces se agrega la idea de que la resolución, que es una virtud, depende en parte de la suerte. No nos vamos a detener ahora en este tema, de por sí muy complejo tanto histórica como conceptualmente. Sí podemos afirmar que la relación entre la virtud y la suerte en la decisión del Príncipe va vinculada en la idea del acaecer como Providencia. Dice la Carta sobre la Irresolución que a la hora de afrontar el evento y decidir: “No es asunto aquí de tener temor de lo desconocido (que pueda venir)”. Por lo tanto –agrega Descartes para terminar la carta- “Lo mejor en esta clase de materias es confiarse en las manos de la Providencia Divina y dejarse llevar por ella”. La solución final del Ballet terminará precisamente de esta manera.


La entrada antepenúltima del Ballet plantea una idea inusual. La paz, que es el “asunto importante” sobre el que debe decidir la Reina, es en realidad el prototipo de un suceso admirable, de un evento que es nuevo, y que por ello recibe y es deudor en el esquema de Las Pasiones de un sentimiento fundante, que en la política es la remisión ontológica del origen y, por lo mismo, de la legitimidad. En efecto. Hacia la Entrada XVIII, justo antes de que termine el Ballet, Jano presenta la peculiaridad de la situación irresuelta como una decisión entre la vista conjunta, narrada. del futuro y el pasado juntos: “Dos frentes por eso tengo /Hacia atrás uno que representa /Toda la vida precedente /El otro el porvenir por objeto tiene”. Jano, pues, alega instando a una decisión fundante en proporción al carácter nuevo del acontecer:




“Pues bien, con frecuencia se ha creído
Que parecidos estos dos frentes eran,
Pero ya que inestables son los tiempos
Juzgar es preciso de manera otra.

De este modo, hasta ahora no habiendo
Otra cosa visto que una larguísima guerra
Y ya que la Paz sobre la Tierra viene
Para de toda angustia librarnos,

Se dará cuenta uno de que, sin de ser sabio necesidad alguna,
Ni de extraordinario pensar en nada,
Que la imagen que atrás me queda
Menos bella es que la que adelante tengo”.



No importa qué vaya a pasar después, el régimen debe ser cambiado, pues cualquier cosa que haya estado pasando hasta el fin de la Entrada XVIII no podría ser mejor. No hay, pues, nada qué decidir ya. Se observa que la Reina que deliberaba no estaba finalmente tan atenta al evento, –digámoslo de esta manera, más cartesiana- la Reina no se había dejado ella misma admirar por lo que debía haberla conmovido, la paz. La narración indica entonces qué se ha hecho (y qué se debe hacer) aquí. Dejarse llevar por la Providencia Divina, esto es, saltarse la prerrogativa real de las decisiones y transformar el régimen político. Para el lector avieso, es el derrocamiento del régimen de la Reina como decididora. El alegato de los recitativos, esto es, el alegato del pueblo, no deja duda de que “aunque uno ignore lo que va a pasar”, “uno no debe tener miedo”, temor del régimen nuevo, sino aceptar la Providencia. Una Reina indecisa, en el esquema de la Carta del Amor, es necesariamente una Reina injusta. Le falta la Sabiduría –lo que siendo Pallas es bastante triste-, pero también el “amor perfecto” al pueblo que se requiere para la vida política. Se requiere, pues, de la Justicia. No nos extrañe este recitativo final del pueblo, ante el que podemos ver danzando a la pobre Cristina, sin la menor idea de que representando su propio derrocamiento, e incluso ya no su nacimiento, sino su muerte:

“Pueblos que creen tantas maravillas ver
¿Quién los ojos les deslumbra?
Nunca antes cosas parecidas se ha visto.
Piensen que en éxtasis su espíritu en los Cielos está.

Pues a Pallas, las Musas y las Gracias a ver van
La Justicia, y la Paz también”




Es notorio que de manera súbita, la suerte y la ineptitud de la Reina han impuesto una forma nueva de régimen político, en el que se hallan las notas que a la Reina Pallas le hacen falta: La Justicia y la Paz. Es interesante observar que ambas ingresan en categoría de dioses nuevos, pues no se hallan en la lista de los miembros de los Estados Generales, son pues “las maravillas que deslumbran”, esto es, objeto de admiración y, por lo mismo, impresiones fundantes del régimen. Pallas parece estar aún en su trono, pero el texto del Ballet no podría ser más expresivo para la nueva situación. A partir de ahora la Reina no tiene más “el poder del destino”, sino que –notoriamente “la Justicia y la Paz co-gobiernan con ella”. Es inevitable observar que el Reino de Pallas ha sido tomado por la Providencia cristiana y que Pallas, desde ahora, es una nueva Cristina, esto es, una cristiana. El bando de los dioses, la vida sensual y los devaneos intelectuales de las Gracias y las Musas de la Corte de Pallas son ahora reemplazados por un régimen que recoge los alegatos del pueblo. Pero es notorio en el texto que este régimen entre Pallas, la Justicia y la Paz es un gobierno de tres, un gobierno trinitario. Acto seguido, Descartes parece comparar el Cielo cristiano del nuevo gobierno con el Olimpo de los dioses indecisos: “¿No juzgarán acaso” (se refiere a la Justicia y la Paz al lado de Pallas) “Que lo que en el Cielo es bello está ya todo aquí?”. La Reina antigua, la irresuelta e injusta reina que quería celebrar su natalicio, danza ahora en realidad su muerte, el paso del régimen de los dioses al de la teología política cristiana. Su lugar lo ocupa ahora la “Sabiduría eterna”, esto es, el Dios del cristianismo. “Agrego los versos de un ballet que se va a representar mañana en la noche para engordar el paquete”, escribe Descartes a Brégy el 18 de noviembre de 1649, saliendo del Te Deum por el cumpleaños de la soberana. ¿Entendería alguien la lección de filosofía política que le daba a la irresuelta Cristina? Concluye el Ballet:







“Vais oh pueblos a ver a Pallas, las Musas y las Gracias,
Pero también a la Justicia y a la Paz.
¿No juzgarán acaso sus rostros viendo,
Que lo que en el Cielo es bello está ya todo aquí?

Por PALLAS la sabiduría eterna se entiende;
Pues es PALLAS la que en este lugar reina.
La Justicia y la Paz reinan con ella.
No tenemos, sin embargo, más que una sola reina y un solo Dios”




17 comentarios:

Augusto dijo...

Me llama la atención el final de la serie, tú siempre sorprendiendo. ¿O sea Descartes era al final partidario del tiranicidio?

Augusto dijo...

Me olvidaba de decirte que le hasdado bien a Giusti. Ya era hora de que alguien pusiera los puntos sobre las íes con el gurú de los liberales locales...

Marina Carrión dijo...

Sobre los líos entre Cristina y Descartes así como el complejo de la sueca de creerse la diosa de la sabidurìa no sé nada ah en cuanto a la película, bastante mala por cierto,solo se salva por la Garbo, bueno claro, a los que les gusta la Divina.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Para Augusto:

Descartes sin duda no era partidario del tiranicidio y es discutible -a pesar de todo lo que parece que he escrito- que apoyaba los golpes de Estado. Por el contrario, es famosa la doctrina del Discurso del Método sobre el conservadurismo en política, que a mi entender se deriva del escepticismo de Montaigne, Charron y -eventualmente- Sánchez.

Es una buena pregunta.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Hola Marina;


Así que ya tienes tu esbozo de un blog propio. ¡Ya era hora! Te recuerdo que conozco Queen Cristina gracias a ti.

Un beso.

VSR

Anónimo dijo...

Aprecio tu trabajo, pero caes en contradicción con tu respuesta al comentario de Agusto. Si Descartes no era partidario del cambio violento de gobierno como dices entonces ¿cómo te explicas que hiciera derrocar a la reina? ¿Por pura burla? Sigo toda la serie de cuatro artículos y eso es lo que parece, que Descartes sólo se estaría tomándole el pelo a la reina. Bueno, ojalá no desestimes mi crítica.

David Huaranca Ventura dijo...

Saludos Samuel,es increíble que las actividades de "supervivencia" en los que uno se halla inmerso nos obligan a alejarnos de estos asuntos académicos.
Acabo de leer tu última entrada y me ha resultado muy curiosa tanto los datos que brindas como tus observaciones. No obstante, lo primero que se me vino a la mente dado mi ignorancia sobre el asunto en específico, es aquel misterio acerca de la muerte del filósofo francés. Por mucho tiempo oficialmente se ha mantenido la idea de que murió a causa de una neumonía,pero últimanente se hace fuerte la hipótesis de que fue "envenenado" por los médicos de la realeza ordenados por los protestantes de la monarquía que no veían con buenos ojos las ideas políticas y morales del racionalista, sobre todo cuando la reina optó por "convertirse" al cristianismo. En fín,anécdotas que los historiadores irán aclarando o quizás no. Hasta la próxima,abrazos.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Hola David;

Estas semanas han sido algo duras para mí, de diversas maneras, lo que explica la parquedad -y a veces la aparente indiferencia-ante los comentarios. Que esto sirva de disculpa a mis lectores habituales.


1. Sobre el eventual envenenamiento de Descartes, lo creo improbable. El frío de 1650 fue probablemente el más espantoso del siglo XVII y -como indico antes- fue muy probablemente la causa del versificador francés de ballets que precedió a Descartes en la Corte de Suecia. Chanut, su mentor, también sufrió de neumonía en fecha análoga, aunque sobrevivió.

2. Sobre el catolicismo de Cristina, me parece verosímil que nuestro filósofo lo hubiera estimulado. Es una leyenda que surge del detalle innegable de que se juntaban a una hora en que no había testigos. La Reina estaba muy interesada en el catolicismo y hablar sobre el tema en Corte Protestante debía ser complicado. Anoto que la Reina no se reunía con él a solas en la madrugada, sino lo hacía acompañada del bibliotecario, lo que restringe bastante la familiaridad e intimidad de trato entre Descartes y la Reina.


Un abrazo grande.

VSR

Víctor Samuel Rivera dijo...

Para Anónino;

No deseo ser descortés, pero creo que en tu comentario no le has hecho justicia al texto completo, en sus cuatro partes, que explican tu inquietud.

Un abrazo.

Raúl Haro Gonzales-Vigil dijo...

Estimado Victor Samuel:

Es de destacar tu esfuerzo por entender el pensamiento de tan destacado filósofo, que en sus reflexiones tiene tanto contenido político, que además da luces sobre su verdadera actitud ante una reina que había perdido el horizonte que debe tener toda realización política, que es el sentido de trascendencia.

Por otro lado...no estoy entre tus blogs favoritos y Sofía sí! jaja

Un abrazo,
Raúl H

Víctor Samuel Rivera dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
kunze dijo...

buena gregorio samsa

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Raúl;

Voy a pasarte la versión final del texto, con notas, así como la traducción del texto de Descartes. En cuanto a Psicoblogsofía... ¡se me había pasado incluirte en la lista de amigos! Esto es en parte porque lo somos. Paso a corregir esa injusticia ahora mismo, no vaya a aser que al final padezca por "irresolución".

VSR

Ricardo Milla dijo...

Estimado Víctor Samuel:

He estado siguiendo esta serie de escritos sobre Descartes. Me parecen muy interesantes. Muy buena redacción, sólo que el tema se hace algo denso.

Ciertamente no sé que decir si Descartes creía que habría que destruir al tirano o no... Es un buen problema. Ahora, ¿cómo es eso de la paz -o sea, en tres líneas?

Me parece bien que pongas a Raúl y Sofía en blogs favoritos. Estamos creando un grupo interesante, y sin estar predeterminado.

Saludos,
Ricardo.

Dick Tonsmann dijo...

Estimado Victor Samuel:
Gracias por darnos la bienvenida a este mundo clásico.
A veces comentar no es tan importante como leer lo que escribes que siempre es una buena referencia. Nada mejor de alguien bien informado sobre el tema.
En todo caso, me he quedado pensando en la distinción cartesiana entre la moral provisional y la moral que sería fruto de la mathesis universalis. La primera es evidentemente conservadora e incluso estoica y es la única que tenemos debido a ser la obra de Descartes una obra inacabada. Pero despues de los sucesos posteriores en la Vida de Descartes no debieron haber significado un vuelco en esa moral. No debió haber sido la última de una naturaleza tal que el conservadurismo sea superado desde una razón que todavía se cree trabajar a sólas consigo misma.
Agradeciendo tu respuesta.
Un abrazo

Dick

Víctor Samuel Rivera dijo...

Estimado Dick;

Me veré precisado a responderte por partes, mientras preparo lo que llamaré "El Discurso de Anamnesis", es decir, mi reflexión por el cierre del primrer año de este blog.

1. "La moral provisional" de 1637 se llamó así en vistas de que el tema central del libro de esa fecha (Discurso del Método) no ofrecía una respuesta a las cuestiones de ética y política desde el punto de vista metódico; es obvio que Descartes esperaba que ese punto de vista habría de desarrollarse después, con experimentos o trabajos complementarios.

2. Desde muy pronto, el autor pensó que la moral estaba vinculada con la física, "los fundamentos de mi física" y que, por tanto, si esa física era desarrollada, la moral vendría de suyo. A eso lo llama la historiografía "la moral definitiva" (versus "moral provisional"). El común de los especialistas sostiene que esto jamás ocurrió: La física nunca habría llegado a la idea de sostener la racionalidad práctica por una suerte de insuficiencia conceptual.

3. Mi punto de vista es que esa "física" era el "Tratado de las pasiones". Este tratado era una explicación médica de la ética, en términos de una dicotomía entre virtud (voluntad estoica) y pasión (esto es, medicina, "física"). La moral, es decir, el cultivo de la virtud (voluntad estoica), se desarrollaba con el conocimiento mecánico del comportamiento del cuerpo humano (el estudio de las pasiones).

Como da para largo y debo ir a clase, prometo seguir más tarde o mañana.

Sin duda, de estas afirmaciones generales no sale mi teoría expuesta en estas cuatro partes sobre el "Nacimiento de la Paz", quizá los menos exitosos de mis posts en este año. La filosofía pura no es tan interesante en estos tiempos de conflicto, reacción, antiliberalismo y posmodernidad.

Un abrazo.

Víctor Samuel Rivera dijo...

Hola Dick (part II).

1. Recomiendo un libro sobre moral cartesiana y el "Tratado de las Pasiones" que estoy leyendo ahora, entregado de la mano de un colega de la Universidad de Buenos Aires, el Dr. Pablo Pavesi, impreso el 2008. Espero venga su libro a Lima pronto.

2. Debo afirmar que para Descartes mismo, "la moral provisional" de 1637 terminó siendo finalmente la única moral posible. Esta ética, basada en presupuestos estoicos y escépticos fue "fundamentada" con "Las Pasiones del Alma". que Descartes pensó era algo así como su desarrollo "médico".


3. El tema de este post es la teología política de Descartes, la idea de la Providencia como intrerventora y del Rey como comisario del evento. Para mis amigos que han leído conmigo a Joseph de Maistre, se verá fácilmente la conexión entre su diagnóstico de la modernidad y la Revolución como una intervención de la Providencia, contra la locura de los reyes ilustrados.

VSR

PD: Igual los reyes me parecen menos malos que sus sucesores.

 
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