Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Lima, Peru
Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Como información general, tengo 51 años, hago pesas, crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Federico Villarreal, así como en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Café con el Anticristo. Tras el oscuro velo de la libertad (II)




  

Café con el Anticristo
Perú: temporalidad y evento en la modernidad temprana


Víctor Samuel Rivera
Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Tras el oscuro velo de la libertad (II)

 Parece discutible que para 1794 hubiera una “opinión pública” peruana. Pero es indudable que existían los cafés y otros centros de reunión donde se discutía temas de actualidad y que, desde la Revolución, el interés por los asuntos políticos y la opinión sobre ellos no era una práctica extraña a la vida social del país. Aparte de libros y otros papeles y gacetas del exterior que pudieran circular en Lima, para 1794 la ciudad contaba con dos periódicos propios, la Gaceta de Lima (1793-1794) y el Mercurio Peruano (1791-1795) (cf. Varillas, 2008, 91-108). Desde 1793, con motivo de la declaración de guerra de Carlos IV a la República Francesa, la Gaceta, órgano con apoyo del gobierno, daba informes regulares de los acontecimientos revolucionarios y de la guerra europea con textos reescritos de otras fuentes impresas; éstos eran adaptados en parte por Hipólito Unanue (El Peruano, 27/10/1811, 127), sabio ilustrado y notable vecino de Lima, cercano al Virrey (cf. Cayo, 1964). El mismo personaje era editor, con la Sociedad de Amantes del País, del Mercurio Peruano. Éste último era una publicación originalmente dedicada al conocimiento del Perú y a difundir la ilustración (Clément, 1987, 285), y que se halló de pronto en la coyuntura de deslindar sus “luces” con el oscuro velo de las luces mortecinas de la Francia (cf. Mercurio Peruano, 23/01/1791). El Mercurio dedicó innumerables artículos y reimpresiones de gacetas europeas a dibujar la imagen monstruosa de la Bestia. En cualquier caso, he aquí un hecho sorprendente: ninguno de los dos periódicos de Lima ofreció jamás una descripción conceptual, una teoría, una explicación de los “principios revolucionarios” de la Francia.

La Gaceta de Lima y el Mercurio Peruano no podían estar más de acuerdo en su tratamiento de la obra de la Bestia. Para tratar el fenómeno de la Francia, desde 1793 hicieron ambas publicaciones periódicas dos cosas: describir a los agentes de la Revolución y narrar sus acciones: describieron lo que tenía lugar, el suceso de la Revolución.
 

Siguiendo a la Gaceta de Lima y el Mercurio se sabía sólo que, por unos principios que nadie en la opinión pública parecía poder poner en papel, combatían a la vez contra la autoridad legítima y la religión (cf. Clément, 1990). He aquí un extracto de la Gaceta de Lima que puede ser usado de ejemplo: “La religión destruida, los altares abatidos, los vasos sagra/dos de las iglesias robados por manos sacrílegas, los más augustos misterios profanados, los sacerdotes y buenos ciudadanos bárbaramente degollados, invadidas las propiedades, los más sagrados derechos vulnerados y anulados. Tales son las empresas de la secta jacobina” (Gaceta de Lima, 26/04/1793, 126-127). Es digno de investigación aparte el tema del carácter antirreligioso de la Revolución, la razón por la que se infería una visión apocalíptica del fenómeno revolucionario. Lo que interesa ahora subrayar es el carácter inexplicable que presenta la Revolución. Para situar lo que está teniendo lugar se acude a “las empresas de la secta jacobina”. Hay que subrayar la expresión “empresas”. El texto es lo que en lógica se podría denominar una definición extensional; se dice qué es la Revolución, no en base a una expresión intensional, teórica o explanatoria, sino en base a una enumeración de hechos: “las empresas”, esto es, las obras, las consecuencias de la Revolución. En cambio, del principio de la Revolución, la “libertad”, la Gaceta de Lima se limita a advertir a los súbditos del Reino, copiando de un papel holandés: “No deis entrada al conocido abuso, tan común en estos tiempos, con que se tratan palabras” como “libertad” (Gaceta de Lima, 1793, Segundo Suplemento, 25); la “voz halagüeña de libertad” es “la entrada de la novedad sacrílega que no oyeron nuestros padres” (Mercurio Peruano, 09/02/1793, 98). Los subrayados de la palabra proceden de los textos originales. El “conocido abuso”, uso conocido de una palabra indefinible, subrayada por algo en el original.

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