Comparto con los lectores el Relato del XV Congreso Nacional de Filosofía del Perú/ Conafil XV, 2015, celebrado en la Universidad Nacional del Altiplano (Puno). Junto a una conferencia magistral, en que recuerdo gustoso la presencia de Claudio Chipana, peruano residente en Londres, hoy fallecido, y en cuyo homenaje deseo colgar este texto, me fue solicitado también redactar el relato del Conafil. El documento final, leido delante de la Asamblea de Conafil, tiene en su forma actual 11 páginas. Como las Actas respectivas no han sido impresas, que era lo que se tenía por previsto, y se hayan cada día más cerca el Conafil 2021 por el Bicentenario de la República, así como el inminente Congreso Nacional de Estudiantes de Filosofía, pre-congreso Conafil, me siento obligado a publicar este testimonio de 2015.
Relato / XV Congreso Nacional de Filosofía/
Universidad Nacional del Altiplano
Conflictos
culturales
Actualidad
y perspectivas
26 – 30 de octubre / 2015
Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía
Desde 2001, que es el año en que ocurrió el
célebre atentado del 11 de setiembre en Nueva York, la Tierra entera se haya
afectada por una atmósfera de conflicto. Esa fecha, sin embargo, conocía el
idioma del diálogo casi como su lengua exclusiva y excluyente para el interés
de la filosofía. Eran las épocas del triunfo aparente del mundo burgués a
escala universal, así como sus sistemas institucionales, económicos y de otro
tipo, en lo que se llamaba de manera prepotente entonces pensamiento único. La patencia y la extensión de los conflictos en
el mundo humano desde esa fecha, que recordamos hoy en la actualidad de guerras
trágicas y violencia a escala planetaria, han llegado a cuestionar seriamente
el carácter conservador de ese lenguaje del diálogo. La violencia en la que
somos y nos movemos exige a la comunidad filosófica encarar realidades de las que,
posiblemente, el hombre preferiría no ser testigo; sería indecente, en términos
de la filosofía, sin embargo, darle la espalda al sufrimiento expandido del
hombre por el hombre para hacer de cuenta que la aldea/mercado anda bien, que
no se sufre tanto, que el mal no vale tanto como el bienestar: Eso sería una
especie de hipocresía profesional, algo que en un filósofo es responsabilidad
mucho más grave que en nadie más en el mundo civil. De otra parte, ancestrales
rivalidades étnicas, regionales e incluso culturales del Perú, que se han hecho
visibles tristemente junto a la corrupción y la violencia en los últimos 20
años de régimen democrático, son un estímulo para re/significar e instalar la
pregunta por el dolor entre los filósofos peruanos. Este es el contexto para la
convocatoria del XV Congreso Nacional de Filosofía.
“Conflictos culturales”, fue el tema general de
la convocatoria. Un congreso convocado para pensar filosóficamente el conflicto
ha resultado ser, por la naturaleza misma de la gravedad y el interés que el
tema convoca en tiempos recientes, un motivo para afianzar y recrear este
espacio para el diálogo que constituye un Congreso Nacional de Filosofía. Lo ha
recreado como agenda del pensar, también como agenda de la responsabilidad del
filósofo en el Perú. Como ocurre con todo espacio humano, este giro al interés
por el conflicto corresponde a un horizonte común de preocupación humana,
incluso más allá de lo que es previsible por cada uno, que quizá no es
plenamente consciente de que es el conflicto mismo, y no tanto cada uno, el que
convoca e instruye en el sentido de las cosas que nos convocan. Pero, para
nuestro consuelo, no hay conflicto sin diálogo, del mismo modo que no hay
diálogo genuino allí donde no hay un lugar concreto, con sufrimientos reales y
palpables, por así decirlo, que ofrezca el medio donde el diálogo fluya y
pertenezca.En el caso del XV Congreso, el diálogo sobre el conflicto se ha
situado claramente en el horizonte de lo andino, así como del interés por
conferirle una articulación discursiva, con las discrepancias que todo diálogo
genuino supone y donde unos y otros tuvieron acogida, empatía y, debe decirse,
amistad.
La lección más grande, más amplia y más
maravillosa que pudo legar el conflicto fue la
amistad. Su escenario fue Puno; se instaló allí, desde arriba, la cumbre de
América, entre las alturas desoladoras y la presión intensa del fluir de la
sangre.
(Si el lector desea leer el resto de las 30 páginas de composición, se sugiere aplastar la imagen del Emperador Pachacútec)
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