Etnocacerismo y economía Entrevista con Davide de Palma (II) /Sección inédita
De la entrevista con Davide de Palma del 26 de julio de 2011 Víctor Samuel Rivera
Davide de Palma: Profesor, ¿cree usted que la situación de sufrimiento en las zonas rurales ha influido en la elección de presidente?
Víctor Samuel Rivera: Ollanta Humala se presentó como candidato a Presidente en 2006. Era el cambio mismo puesto en obra. Entonces estaba asociado a un movimiento político y social andino que se autodenomina “etnocacerismo” y que lideraba Antauro Humala, su hermano. Este movimiento sintetizaba y sintetiza aún de alguna manera las aspiraciones de los pueblos del interior del país, que han estado excluidos del sistema político de manera sistemática, al menos desde el inicio de la República (1821-1826). Lima está en la Costa; es la capital española de la región española del Perú. La Sierra, el resto del país, que es también la fuente básica de la riqueza del Perú a través de la minería, concentra también la mayor pobreza y abandono. Es un hecho histórico que hay dos perúes, uno liberal, blanco, de gente “de izquierda” frívola, llena de privilegios y ventajas, y que, productivamente hablando, genera lo menos; el otro Perú es andino, de gente religiosa, con profundos valores telúricos pero vacía en cambio de los beneficios de la riqueza y la tecnología. Ollanta representaba la emergencia de este segundo Perú, que en gran medida es el verdadero.
El Ollanta actual ha alcanzado el poder con un pacto con los sectores de los “señores” de Lima; es un costeño y no veo por ahora nada en él que me recuerde el etnocacerismo del que salió originalmente. Eso que llama usted “sufrimiento de las zonas rurales” es en realidad una insurgencia ontológica de la Sierra, que brota (sale de la Tierra como un fruto) y se hace Ande. Es el surgir desde la Tierra de una voz que truena. En el terremoto los andinos ven la presencia del Dios. Lo ven, pues, como Aquél que mueve y a quien, porque es el fonde que mueve, claman por quietud. Los andinos, cuando fueron cristianizados, asociaron el trueno con la presencia relampagueante de Dios, y al Ande, la Tierra arrugada y ambiciosa, la veneran ahora con las formas simbólicas de las vírgenes españolas. Las principales procesiones de todo el Perú están ligadas a la Tierra, son la presencia de la Tierra. Trueno y Tierra. Si Ollanta no oye esa voz a la vez andina y religiosa, que permanece aún excluida, no reconoce los votos que le han dado el cargo que ocupa.
Debo aclarar que no suscribo ni avalo diversos errores del etnocacerismo que no viene al caso citar ahora. Otra vez, hablo en términos que podemos llamar “metapolíticos” o bien de hermenéutica política, no en términos periodísticos o como “analista”..
Davide de Palma: ¿Cuál es la situación social y económica de Perú actual?
Víctor Samuel Rivera: En términos macroeconómicos, los especialistas sostienen que la situación del Perú es muy buena. Por lo general, la imagen pública de esta situación se enmarca con dos factores; el primero es un aumento sin precedentes del gasto común en servicios y un boom inmobiliario; el segundo es el aumento neto de las exportaciones peruanas, un éxito económico que se atribuye a políticas de arreglos comerciales bilaterales que se han ido teniendo en estos años con diversos países. Pero la situación del Perú no puede ser tan buena como se ve en los periódicos. No puede serlo. La Defensoría del Pueblo del Perú ofrece al público, por vía virtual, estadísticas de conflictos sociales, que se pueden estudiar y comparar año tras año. No es casual que estos conflictos se concentren en las zonas del Perú del trueno y la Tierra, el Perú del Señor de los Temblores, la imagen religiosa emblemática del Cuzco, antigua capital imperial de los Incas. Es más: los conflictos que llevan consigo muertes y movilizaciones de gran envergadura en la Sierra coincide con el “boom” económico. Cuando dos narraciones son paralelas en el tiempo es razonable sospechar una relación causal entre ellas, entendiendo por “causal” que la una tiene sentido o “hace sentido” con la otra. El Perú blanco y liberal crece; el otro se llena de conflicto y violencia. Ése es para mí el gran indicador y las estadísticas no me dicen nada que ayude a comprender esta situación manifiesta.
Enlace de entrevista hecha Víctor Samuel Rivera en español, el 26 de julio de 2011. La versión en italiano se publicará en pdf.
Carissimi,
Come sapete la scorsa settimana ho realizzato una intervista al prof. Victor Samuel Rivera, filosofo peruviano. Per comodità di lettura la trovate divisa in tre post:
Entrevista con Davide de Palma (Producida el 26 de julio de 2011) La reproduciré fragmentariamente, pues la propiedad es de su autor. Davide de Palma: Profesor, Ollanta Humala ha nombrado como primer ministro a Salomón Lerner Ghittis; anunció que el sociólogo Rafael Roncagliolo asumirá el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores y ha designado ya también al resto del gabinete de ministros. ¿Ve usted alguna perspectiva de cambio político para el Perú con el nuevo gobierno de Ollanta Humala?
Víctor Samuel Rivera: Ante todo, voy a hacer una advertencia. Son algunas precisiones relativas al formato y a las circunstancias sociales de la recepción de lo que yo pueda decir en el medio peruano. Ésta es una entrevista corta y no me es permitido, ni por la formulación de las preguntas que contiene, su número o el espacio disponible, dar charlas muy minuciosas. Es inevitable una cierta simplificación. Trataré que de ésta no salgan muchos malentendidos. De otro lado, es mi costumbre tratar de eludir las preguntas políticas. En el Perú el ambiente de la cultura filosófica es muy reducido y la sociedad es extremadamente excluyente. Quienes no se acomodan con el lenguaje hegemónico liberal son objeto de una severa (aunque velada) persecución profesional. En mi caso esta presión es aún mayor. Eso se debe a mi cercanía con Gianni Vattimo, tanto en términos de amistad como por la deuda académica que tengo con él. La hermenéutica, pero más aún la versión de ella que ha desarrollado Vattimo, no recibe gran acogida en el Perú y para el público medio educado Vattimo tiene más importancia por su activismo gay que por sus libros sobre posmodernidad y nihilismo. Vattimo es leído de una manera extraordinariamente grosera. Esto es: importa más su persona que su pensamiento filosófico. En este espacio corto, la advertencia está resultando ya bastante grande.
Ollanta Humala fue el cambio. El cambio de 2006. Hoy, en 2011, significa la continuidad, la continuidad del régimen político excluyente que es la República Peruana. “Ser” y “significar” deben ser tomados como expresiones alternas. Algo es, pero puede o no significar. El triunfo de Humala significa hoy el triunfo del último extremo de un mismo, es también anuncio de un otro: todo fin que no es la muerte efectiva, es fundación, inicio y don de otra cosa que viene hacia el fin del presente. Por eso no importa lo que es su gabinete actual; importa lo que anuncia. Lo que es continúa con la retención del aparato del Estado por una red social bien definida que emplea el Estado para su propia agenda de enriquecimiento. Es la misma red que ha gobernado el país en la última década. Eso no significa que cada uno de los miembros del gabinete sea un egoísta o que ninguno tenga una perspectiva del Perú o buenas intenciones. Emito aquí un juicio metafísico-político, hago una apreciación metapolítica o bien de hermenéutica política; no hago ni pretendo hacer (como suelen los liberales y los publicistas) un juicio personal. Es fundamental deslindar lo que escribo del lenguaje de un analista político o un publicista. Aparte de eso, no descarto que lo anunciado pueda ser llevado a la realidad, convertido en una institución, por el propio Humala.
Davide de Palma: Profesor, ¿cree usted que la situación de sufrimiento en las zonas rurales ha influido en la elección del nuevo Presidente?
Víctor Samuel Rivera: Ollanta Humala se presentó como candidato a Presidente en 2006. Era el cambio mismo puesto en obra. Entonces estaba asociado a un movimiento político y social andino que se autodenomina “etnocacerismo” y que lideraba Antauro Humala, su hermano. Este movimiento sintetizaba y sintetiza aún de alguna manera las aspiraciones de los pueblos del interior del país, que han estado excluidos del sistema político, al menos desde el inicio de la República [1821-1826]. Lima está en la Costa; es la capital española de la región española del Perú. La Sierra, el resto del país, que es también la fuente básica de la riqueza del Perú a través de la minería, concentra también la mayor pobreza y abandono. Es un hecho histórico que hay dos perúes, uno liberal, blanco, de gente “de izquierda” frívola, llena de privilegios y ventajas, y que, productivamente hablando, genera lo menos; el otro Perú es andino, de gente religiosa, con profundos valores telúricos, pero vacía en cambio de los beneficios de la riqueza y la tecnología. Ollanta representaba la emergencia de este segundo Perú, que en gran medida es el verdadero.
El Ollanta actual ha alcanzado el poder con un pacto con los sectores de los “señores” de Lima; es un costeño y no veo por ahora nada en él que me recuerde el etnocacerismo del que salió originalmente. Eso que llama usted “sufrimiento de las zonas rurales” es en realidad una insurgencia ontológica de la Sierra, que brota (sale de la Tierra como un fruto) y se hace Ande. Es el surgir desde la Tierra de una voz que truena. En el terremoto los andinos ven la presencia del Dios. Lo ven, pues, como Aquél que mueve y a quien, porque es el fondo que mueve, claman por quietud. Es una voz que clama desde el movimiento y hacia él, por lo que es venerado. Los andinos, cuando fueron cristianizados, asociaron el rayo y el trueno con la presencia relampagueante de Dios, y al Ande, la Tierra arrugada y ambiciosa, la veneran ahora con las formas simbólicas de las vírgenes españolas. Las principales procesiones de todo el Perú están ligadas a la Tierra y al trueno del movimiento, que es movimiento de la Tierra: son la presencia de la Tierra. Trueno y Tierra. Si Ollanta no oye esa voz a la vez andina y religiosa, que permanece aún excluida, no reconoce los votos que le han dado el cargo que ocupa.
Debo aclarar que no suscribo ni avalo diversos errores del etnocacerismo que no viene al caso citar ahora. Otra vez, hablo en términos que podemos llamar “metapolíticos” o bien de hermenéutica política, no en términos periodísticos o como “analista”.
Todo el contexto en el que está siendo analizado el primer gabinete de Ollanta Humala no deja de trascender los estrechos linderos de la provincialidad del Perú en el gran teatro del mundo global. Cuando hablo de gabinete no hablo, por supuesto, de la mayoría de integrantes de centro izquierda que lo conforman, incluido el Presidente del Consejo, sino del único ministerio clave allí: el de Economía y Finanzas. Este ha recaído en manos de lo que Ollanta Humala y sus seguidores han denostado siempre como “neoliberales”. No habrá pues cambios por ahí pero, ¿hasta cuándo durará esta “continuidad ideológica”?
Pues hasta que la realidad del mundo así lo decida. Y entonces, aquí vienen las noticias del mundo. Resulta que el mundo está nuevamente al borde del colapso económico. En Estados Unidos el Presidente Obama, en pugna con el Congreso, ha anunciado que la potencia más rica de la Tierra está a punto de entrar en cesación de pagos, es decir, en bancarrota. Obama pide urgentemente que se levanten los topes legales de endeudamiento para poder cumplir con sus obligaciones, pero el Congreso se lo niega. Resulta que, así como en Europa, toda la riqueza de Estados Unidos no es sino la del crédito que, como vemos, ya no puede pagar. Estados Unidos –digo, su iniciativa privada– ha vivido durante los últimos 20 años en una inmensa burbuja financiera, invirtiendo en castillos de naipes que, llegados a un límite, tienen inevitablemente que derrumbarse. Sucedió a medias en 2008 y está a un paso del descalabro total ahora.
Y en Europa la cosa no va mejor, sino peor. Grecia, Italia, Portugal, Irlanda y España han llegado casi al límite de la quiebra, por no decir que están out. Si aún no han caído es porque Alemania y Francia, los países más ricos de la zona Euro, los sostienen a costos enormes. El rescate a Grecia le costará a Francia 20, 000 millones de dólares. El Reino Unido se ha negado a prestar un céntimo. La cosa es pues grave. Muy grave.
La tesis de que los mercados se regulan solos y que mientras más desregulación mejor para la economía de mercado, el libre comercio y la generación de riqueza ha fracasado. La tesis de que la iniciativa individual debe dejarse sin más límite que el libre albedrío de cada cual para que la economía crezca tiene necesariamente que repensarse. El mundo capitalista que se tambalea hoy es el ejemplo innegable. Llegado a un punto de acumulación de riqueza, esa fórmula sirve, sin duda. Pasado ese punto lo que genera la desregulación es el libertinaje que trae consigo la riqueza bamba, el fraude. Esa parece ser la lección que ningún liberal quiere asumir porque lo que antes era libertad de pensamiento hoy, como la riqueza bamba, se ha convertido en un prejuicio. Para sobrevivir el liberalismo necesita refundarse, pero nadie quiere darse por enterado dejándole la mesa servida a los dinosaurios de izquierda.
Estos, agazapados, esperan su momento. Y los liberales, ¿a quién tenemos? ¡A un tecnócrata de valedor! Castilla será el primero en salir volando.
Having lost much of its political clout and theoretical power, communism no longer represents an appealing alternative to capitalism. In its original Marxist formulation, communism promised an ideal of development, but only through a logic of war, and while a number of reformist governments still promote this ideology, their legitimacy has steadily declined since the fall of the Berlin wall.
Separating communism from its metaphysical foundations, which include an abiding faith in the immutable laws of history and an almost holy conception of the proletariat, Gianni Vattimo and Santiago Zabala recast Marx’s theories at a time when capitalism’s metaphysical moorings—in technology, empire, and industrialization—are buckling. While Michael Hardt and Antonio Negri call for a return of the revolutionary left, Vattimo and Zabala fear this would lead only to more violence and failed political policy. Instead, they adopt an antifoundationalist stance drawn from the hermeneutic thought of Martin Heidegger, Jacques Derrida, and Richard Rorty.
Hermeneutic communism leaves aside the ideal of development and the general call for revolution; it relies on interpretation rather than truth and proves more flexible in different contexts. Hermeneutic communism motivates a resistance to capitalism’s inequalities yet intervenes against violence and authoritarianism by emphasizing the interpretative nature of truth. Paralleling Vattimo and Zabala’s well-known work on the weakening of religion, Hermeneutic Communism realizes the fully transformational, politically effective potential of Marxist thought.
Columbia University Press October, 2011 Cloth , 256 pages, ISBN: 978-0-231-15802-2 $27.50 / £19.00
Reviews "Hermeneutic Communism is one of those rare books that seamlessly combines postmetaphysical philosophy and political practice, the task of a meticulous ontological interpretation and decisive revolutionary action, the critique of intellectual hegemony and a positive, creative thought. Vattimo and Zabala, unlike Michael Hardt and Antonio Negri, do not offer their readers a readymade political ontology but allow radical politics to germinate from each singular and concrete act of interpretation. This is the most significant event of twenty-first-century philosophy!" — Michael Marder, author of Groundless Existence: The Political Ontology of Carl Schmitt
"Hermeneutic Communism is much more than a beautifully written essay in political philosophy, reaching from ontological premises to concrete political analyses: it provides a coherent communist vision from the standpoint of Heideggerian postmetaphysical hermeneutics. All those who criticize postmodern ‘weak thought’ for its inability to ground radical political practice will have to admit their mistake—Gianni Vattimo and Santiago Zabala demonstrate that weak thought does not mean weak action but is the very resort of strong radical change. This is a book that everyone who thinks about radical politics needs like the air he or she breathes!" — Slavoj Žižek, author of Living in the End of Times
"The authors argue that ‘weak thought,’ or an antifoundational hermeneutics, will allow social movements to avoid both the violence attending past struggles and, if triumphant, a falling back into routines of domination—the restoration of what Jean-Paul Sartre called the ‘practico-inert.’ Vattimo and Zabala end with Latin America as a case study of applied weak thought politics, where the left in recent years has had remarkable success at the polls." — Greg Grandin, New York University
"Those interested in the potential for theoretical reformulations made possible by postfoundational political thought and those following the rebellion of marginal sectors of society have a lot to learn from this remarkable book." — Ernesto Laclau, author of On Populist Reason
"The work of Vattimo and Zabala clears a new stage for political theorizing based on a careful probe of the current state of destitution and hidden edges of social vitality. While I do not always agree with the conclusions drawn by these marvelous writers, I thank them for sparking an essential debate and replenishing our critical vocabularies." — Avital Ronell, New York University and the European Graduate School
Contents Acknowledgments
Introduction
Part I. Framed Democracy
1. Imposing Descriptions
2. Armed Capitalism
Part II. Hermeneutic Communism
3. Interpretation as Anarchy
4. Hermeneutic Communism
Bibliography
Index
About the Authors
Gianni Vattimo is emeritus professor of philosophy at the University of Turin and a member of the European Parliament. His books with Columbia University Press include A Farewell to Truth; The Responsibility of the Philosopher; Christianity, Truth, and Weakening Faith: A Dialogue (with R. Girard); Not Being God: A Collaborative Autobiography (with P. Paterlini); Art’s Claim to Truth; After the Death of God (with John D. Caputo); Dialogue with Nietzsche; The Future of Religion (with Richard Rorty); Nihilism and Emancipation: Ethics, Politics, and Law; and After Christianity.
Santiago Zabala is ICREA Research Professor at the University of Barcelona. He is the author of The Remains of Being: Hermeneutic Ontology After Metaphysics and The Hermeneutic Nature of Analytic Philosophy: A Study of Ernst Tugendhat; editor of Art’s Claim to Truth, Weakening Philosophy, Nihilism and Emancipation, and The Future of Religion; and coeditor (with Jeff Malpas) of Consequences of Hermeneutics.
Víctor Samuel Rivera Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía
“Evento” puede parecer, fuera de su contexto, una expresión especialmente infecunda y banal. Puede tomarse como una expresión meramente periodística. Pero es, recogida desde su propio uso ordinario, una expresión que alcanza un específico sentido filosófico, que vamos a calificar desde ahora de “metafísico”. En lo filosófico en general “evento” es parte de un cuerpo terminológico de la hermenéutica, muy en particular del lenguaje de Gianni Vattimo (1932-). Vattimo ha intentado esta empresa para articular el discurso de lo que inicialmente llamó “Pensamiento débil”, en un célebre manifiesto conjunto con otros pensadores italianos en 1983. Tomando como punto de referencia una interpretación de Martin Heidegger, desde la década de 1980 Vattimo ha intentado centrar el interés de la hermenéutica como pensamiento de la realidad social. Ha subrayado la idea de que el “Ser” no es, sino que acontece, que llega a ser en la interpretación de las experiencias histórico-sociales. Interpretar la realidad histórico-social es vincularse con el Ser como un acontecer del ser. La interpretación es un dejar ser al Ser, en que éste es a la vez pensar que interpreta y realidad social que tiene lugar y demanda ser pensada. En cierto sentido, la interpretación así considerada se convierte en la filosofía fundamental, en conocimiento del Ser, en ontología. Desde su definición por Aristóteles, la Ontología es la disciplina que se ocupa de las primeras causas y de los primeros principios. Si el Ser es evento, el pensamiento en torno del evento es también ontología. Vattimo ha llamado a veces a su propio ejercicio hermenéutico “ontología de la actualidad”, en una expresión tomada de Michel Foucault.
Hemos tomado la expresión “evento” de la interpretación que hace Gianni Vattimo de algunas ideas de Heidegger, pero en el uso que damos aquí a la expresión nos remontamos también a un origen extraoficial, la metapolítica. La metapolítica es la “metafísica” de la política. El origen de esta expresión procede del siglo XVIII y se relaciona con la recepción filosófico-política de la modernidad de parte de pensadores espiritualistas. Por extraño que parezca, uno de los fundadores de la tradición de la metapolítica, el Conde Joseph de Maistre, elaboró también de alguna manera una concepción del Ser y la interpretación social como “evento”, aunque con un vocabulario algo diferente. Tanto para Vattimo como para de Maistre, sea en metapolítica o en la ontología de la actualidad, el Ser acontece: se trata de un acontecimiento relativo a la interpretación e incorporación en las prácticas humanas entendidas históricamente. La existencia histórica y sus transformaciones, sus revoluciones, son el lugar propio del Ser. Vamos a desarrollar brevemente las dos entradas que hemos mencionado, de cuya conjunción nos servimos para tratar de cuestiones sociales y elaborar la idea de que cuando usamos la expresión “evento” empleamos la palabra en un sentido filosófico y metafísico y no sólo en algún sentido vago o periodístico. Vamos primero a hacer algunas consideraciones generales sobre el evento y luego hemos de pasar a la descripción somera del evento en los autores mencionados.
“Evento” no es en absoluto una expresión general que pueda ser considerada filosóficamente estéril. Por el contrario, es una expresión que puede resultar muy fecunda filosóficamente hablando. “Evento”, en el lenguaje cotidiano, es sinónimo de “acontecimiento”. Como recurso terminológico de la hermenéutica filosófica, “evento” indica un acontecimiento que se inserta en un contexto histórico-social. Es un acontecimiento histórico, que marca y define en y desde una historia. En general, la expresión se refiere a un acontecimiento social que nos parece propio de recuerdo en una narración histórica. En 1814 el Emperador Alejandro I de Rusia ingresa a París; recibe el aplauso del pueblo bajo una fiesta de banderas blancas. Lo siguen en procesión las cabezas reinantes de casi toda Europa, o sus representantes. Lo hemos leído así según Chateaubriand. Sabemos que entender la Europa del siglo XIX es en alguna medida poder representarse este evento. Si hubiéramos vivido en París en 1814 no hubiéramos querido estar ausentes del acontecimiento y, en algún momento, nos hubiera significado el momento. Para usar una expresión de Ludwig Wittgenstein: de alguna manera, el evento se hace “criterio” de la historia donde aparece, esto es: le confiere una identidad frente a otras historias y la singulariza. Reconozco una historia porque a ésta le pertenece tal evento y no otro. El “evento” como criterio en un marco histórico-social hace de foco de significación. Otras cosas hacen sentido cuando se refieren al evento y fuera del ámbito del evento carecen de significado. Todo esto puede revestir interés filosófico y metafísico de muchas maneras, aunque deseamos destacar sólo la referente a la hermenéutica y la metapolítica.
Para los lectores afiliados o consumidores de la hermenéutica filosófica, “evento” es en primer lugar la traducción española del alemán “Ereignis”. En su uso filosófico-político podemos remitirnos a la interpretación de Martin Heidegger por el filósofo italiano Gianni Vattimo. “Evento”, en términos muy generales, forma parte de una constelación terminológica muy compleja, que podemos omitir. Nos interesa en cambio que Vattimo relacione “evento” con la idea de verdad. Se trata de una concepción de la verdad que se halla presente en la obra del “segundo Heidegger”, esto es, el Heidegger posterior a la obra Sein und Zeit (1927). Esta concepción es particularmente manifiesta en los ensayos recogidos en la obra Holzwege (Sendas perdidas, 1935-1943), y muy en especial en el ensayo El Origen de la obra de arte (1935). Aunque la idea de “evento” no se halla propiamente en los textos de Heidegger que sirven a Vattimo de referencia, la interpretación que sigue es muy sugerente.
En 1935 Heidegger habría insinuado que la verdad debe ser entendida como una realidad histórico-social, como una experiencia, como la experiencia histórica, inclusive. La verdad entendida de esta manera presupone también que ésta no es dada, sino que es realizada, que es llevada a cabo por los agentes históricos, esto es, como un contexto amplio de formas de conducta y significaciones colectivas en un determinado contexto social. Si definimos a los agentes históricos sólo como seres humanos, no estamos comprendiendo lo que Heidegger quiso decir en un texto que pertenece a una serie más bien antiilustrada, cuyo énfasis mayor no recae en la capacidad humana de intervenir en la historia, sino en la presencia de otros factores concomitantes, que por desarrollar efectos en una historia humana, bien podemos llamar agentes, aunque ya no serían agente humanos. El autor de la obra “no es XXX”, sostiene de pasada Heidegger: no debe atribuirse la verdad de la obra (el evento) a un ser humano en particular o a un determinado agente humano en general. Las formas de conducta y las significaciones colectivas tienen su verdad desde un ángulo en que el acontecer incluye la intervención no humana. El significado del momento (histórico) es evento en gran medida por la manifestación de esa agencia no humana. Esa agencia no humana caracterizaría en buena medida la verdad de la obra de arte: mientras XXX es el autor, su agente, como una realidad histórica, es particularmente lo no humano puesto e instalado como humano: es, pues, su origen.
El Heidegger de 1935 hace de la verdad la procedencia de la obra, esto es, la procedencia, el origen de una realidad histórico-social. Esta procedencia es a la misma vez su fuente y su significado. Este significado se realizaría, se transformarían en la experiencia social en instituciones. Mejor sería decir: acontecerían como instituciones. En la interpretación que hace Vattimo de El Origen de la obra de arte, y más en particular en los textos de Vattimo de finales de la década de 2010, insiste en la expresión “envío histórico” para referirse a esto. Este envío no es un “mensaje” abstracto, sino que es una realidad social que tiene lugar en el mundo humano, aunque realizada no principal ni necesariamente por agentes humanos. La idea del envío del mensaje que viene del origen remite a esta otra: los agentes del evento envían, son aquellos de donde la verdad procede.
Vattimo-Heidegger hacen de la verdad, antes que lo que es, lo que ha venido siendo desde el origen. Con esta estrategia, la verdad pasa de ser entendida como “un ser” a ser entendida como “un acontecer”, un llegar a ser de algo desde el origen que envía. En una obra de arte, sólo se puede acceder a su verdad si se es capaz de asociarse, de integrarse al contexto histórico social del que la obra forma parte. Comprender la verdad es una asociación con aquello de donde la obra ha procedido, lo que la ha hecho nacer, esto es, el acontecimiento de la obra como un registro histórico-social. En esta interpretación de Heidegger, el autor de Holzwege habría pensado que la verdad, como un significado dentro de un contexto histórico-social, se plasma de manera particular en las instituciones políticas. Una lectura entre líneas del texto orienta al lector a pensar que el tema de la verdad es en realidad el tema de la fundación histórica de los envíos, esto es, del inicio o la fundación de las instituciones sociales. En analogía con las obras de arte, la verdad más fundamental para el hombre sería dada en un contexto más amplio de incorporación y actuación en el contexto histórico del fundar, en el sentido de instaurar un origen. La verdad se presenta en el origen de la obra, en el origen de los acontecimientos histórico-sociales. Heidegger hace una analogía entre la obra de arte y “la fundación de un Estado”.
La idea de “evento” en Vattimo no debe ser separada de la concepción de la verdad en el texto de Heidegger de 1935. No importa si el propio Heidegger pensó o no en estos términos, sino que, si se relaciona la idea de evento con la concepción de la verdad expuesta en El Origen de la obra de arte, nos hallamos en la situación de definir el evento como en acontecimiento histórico-político de la fundación, cuya verdad es un haber venido-a ser. Hemos acudido a una idea heideggeriana según la cual el “evento” puede ser entendido como una intervención de agentes no humanos en la historia. En un cierto sentido, estos agentes intervienen desde la nada. Fundan desde la nada. Hacen que la nada sea fundadora. Si uno se pregunta dónde está el sentido de la fundación, del acto inaugural, del evento que hace posible el envío, la respuesta es que de ninguna parte. Es simplemente un aparecer y un llegar a ser. Justamente eso es lo que queda manifiesto en las ideas de que el evento es indisponible para el hombre. Esta idea puede ser mejor acogida desde el ángulo de la metapolítica, y más en especial desde la teología política.
Otto von Habsburg -- in Österreich amtlich Otto Habsburg-Lothringen, kurz meist Otto Habsburg -- 20. November 1912 in der Villa Wartholz bei Reichenau an der Rax gestroben am 4.7.2011 in Pöcking, Österreich-Ungarn; mit allen Vornamen und voller Titulatur bis 1919: „Se. Kais. und Kgl. Hoheit Franz Joseph Otto Robert Maria Anton Karl Max Heinrich Sixtus Xaver Felix Renatus Ludwig Gaetan Pius Ignatius, Kaiserlicher Prinz, Erzherzog von Österreich, Königlicher Prinz von Ungarn. Er war de älteste Sohn ds letzten Kaisers von Österreich.
Un liderazgo místico, mesiánico y cristiano Chávez y la religión: alianza en el evento
Pongo a disposición del lector, gracias a la colaboración de un lector religioso, este delicioso apunte sobre la convivencia entre el régimen político venezolano y las fuerzas religiosas de ese país. Interesante noticia sobre cómo es en realidad el nexo entre el régimen chavista de Venezuela y sus vínculos simbólicos con la religión, con lo santo y con el catolicismo. No hay revolución sin religión. Allí donde no hay religión, podemos estar seguros que está su alternativa: el nihilismo. El nihilismo es la metafísica del pensamiento único, cuya transformación social corresponde en la religión institucional al "secularismo" (ética sin lo sagrado) y en la gestión pública, el "Estado laico" (política en perscindencia del hecho social de las prácticas religiosas y su significación en la vida civil). Que sirva de indicador para quienes han accedido a mi interpretación del fenómeno político de la revolución americana. El subrayado en negritas es nuestro.
Aparte: Si el actual régimen de Ollanta Humala sigue un camino de gestar el país desde la perspectiva de los humildes, deberá encontrar en la religión a su aliado en el evento. De su relación con las instituciones y prácticas religiosas dependerá de si su régimen es un paso más o no al "salto al vacío" del pensamiento único. Nada de políticas antipopulares ni antirreligiosas, que han infestado Bolivia, por poner un caso. Un caso de país al garete. Muchos derechos, poca compasión. Eso hará del régimen nuevo que va a reemplazar a la Repoública también el inicio de algo en lo que estaremos dispuestos a participar.
Tomado del diario LA NACION / Miércoles 06 de julio de 2011 | Publicado en edición impresa
"CARACAS.- Hugo Chávez alzó con la mano izquierda un pequeño Cristo de madera, tal como lo hizo aquel 14 de abril de 2002 en su regreso al poder, luego del golpe que sufrió en su primer mandato.
Anteayer, horas después de haber aterrizado en Caracas y sorprendiendo a los venezolanos con su retorno desde Cuba, el presidente volvió a sostener esa imagen que siempre lo acompaña en sus discursos. Y entonces dijo: "Me entregué a Dios y a la ciencia y a este gran amor que gracias a ustedes llevo en mi corazón. Este Cristo lo tenía el 14 de abril en aquel retorno y lo levanto de nuevo. Cristo con nosotros, ¿quién contra nosotros?". Esa referencia religiosa recurrente en el primer mandatario ha marcado la conexión que tiene con muchos de sus seguidores.
Cada vez que puede, Chávez destaca su devoción al cristianismo y argumenta sus acciones señalando que Cristo era un revolucionario, como él. Cada vez que tiene la oportunidad de estar frente a sus fieles seguidores, en cadena nacional o en un mitin, repite que Jesús tenía una misión revolucionaria y que él, en tanto discípulo cristiano, continúa con tal misión.
Una de esas tantas ocasiones fue en una alocución el año pasado durante su programa dominical Aló Presidente. "La religión debe ser liberadora, he allí la teología cristiana de la liberación. Cristo no vino a adormecer al pendejo para que lo exploten los ricos. Cristo vino a despertar a los pobres para que luchen por la dignidad, por la justicia social. Esa es la verdad", dijo. Es este fervor religioso, en un país donde más del 70 por ciento de la población es católica, lo que ha afianzado el liderazgo mesiánico de Chávez.
Devotos de distintas corrientes religiosas ven en este presidente a un salvador todopoderoso. La iglesia evangélica, por ejemplo, lo nombró varias veces su candidato y líder principal, pues los cristianos se identifican inmediatamente con lo que pregona el mandatario.
Los practicantes de la santería también se conectan espiritual y emocionalmente con Chávez, por el estrecho vínculo que existe con Cuba, una de las principales regiones donde se sigue la religión yoruba, un culto de origen africano. Es muy frecuente ver en las casas de los chavistas altares con retratos del presidente junto a velas y ofrendas. De hecho, en las semanas en las que Chávez permaneció convaleciente en La Habana, sus fieles organizaron misas y rezos colectivos para pedir por su rápida recuperación en iglesias y en otros templos no católicos. No es exagerado comparar, cuando se es testigo de esa pasión que desata el presidente, la fidelidad política del chavista con la fidelidad religiosa del más devoto de los cristianos.
Ese misticismo que proyecta constantemente Chávez se traduce en una conexión religiosa y amorosa, muy fuerte entre sus seguidores. Por eso muchos lloraron desconsoladamente cuando se confirmó el cáncer de Chávez, y por eso muchos gritaron de alegría cuando lo vieron asomarse en el balcón del pueblo en su regreso a Venezuela".
Noticias de la Coalición Su Alteza Imperial y real Otto de Habsburgo, primogénito del último emperador austro-húngaro y apasionado europeísta, ha fallecido a los 98 años en su residencia privada en la pequeña localidad de Pöcking, junto al lago de Starnberg, en el sur de Alemania. Será enterrado el 16 de julio en Viena. Un portavoz familiar ha confirmado hoy a varios medios germanos la muerte de forma natural esta mañana del que fuera durante muchos años miembro del Parlamento europeo y luchador por superar las diferencias Este-Oeste durante la Guerra Fría.
Según ha confirmado el cardenal austríaco Christoph Schönborn, el expretendiente al trono será enterrado en la llamada "Cripta de los Capuchinos", donde se encuentran sepultados los antiguos soberanos austríacos y algunos miembros de la familia imperial de Austria y real de Hungría.
Hijo del emperador Carlos I de Austria-Hungría y la emperatriz Zita, tuvo que exiliarse con su familia al término de la I Guerra Mundial, cuando el imperio centroeuropeo se disolvió y tanto Austria como Hungría se convirtieron en sendas repúblicas. Tras la muerte de su padre, la familia se exilió en la localidad vasca de Lekeitio, donde Su Alteza Otto de Habsburgo hizo el bachillerato y donde inició una estrecha relación con España.
La jerga del “evento” Réplica a Augusto Sánchez Torres (II-II)Víctor Samuel Rivera Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía
En este post voy a continuar mis observaciones al artículo de Augusto Sánchez Torres sobre mi “Ilave, ontología de la violencia o el terror en el Altiplano” cuyo original escribí en 2005 para un Congreso de la Asociación Española de Ética y Política celebrado en Sevilla. Me ocuparé desde la página 195, la sección tercera y última del texto de Sánchez. Se trata de la sección más filosófica. No la voy a esclarecer tanto para el señor Sánchez como para mis propios lectores, que pueden sentirse algo extraños con los reproches de los que mi manera de pensar es objeto. Esta vez voy a comentar por numerales, recogiendo fragmentos o ideas de Sánchez.
1. Primero me acusa de “pura especulación” (p. 194). Lo que sería de lamentar es que me acusara de “pura información periodística”, pero justamente no puede hacer eso. Vale.
2. “El tema de Rivera no es Ilave, sino “la jerga del evento”. Sus especulaciones “ontológicas” pretenden producir ejemplos empíricos” (Sánchez, p. 195).
El tema sí es Ilave, pero considerado como un acontecimiento histórico de interés filosófico-político, no como un lugar geográfico o un referente de la historia social, etc. Es la diferencia entre una actitud positivista, “científica” y una lectura filosófica. Creo que Sánchez no comprende la gravedad del asunto.
No se pretende producir “ejemplos”. No es que tengo una teoría y busco un caso para “verificarla”. Esto es imaginarse la hermenéutica como en una actividad pseudocientífica. Es justamente lo que la hermenéutica no es. Nunca se busca poner ejemplos para probar teorías, al menos no teorías en el sentido de la ciencia experimental. Se trata de argumentar en torno al sentido de ciertas evidencias de la experiencia (en este caso, histórico social), esclarecer un sentido que ya se tiene. Hay un “evento” (algo que sucede) y se piensa en ello. Pensar es aceptar ese evento, destacar y poner de relieve los aspectos que hacen más intensa la experiencia de su significado. No es probar una teoría o poner ejemplos de ella.
Si Sánchez hizo una tesis sobre Ilave es porque él mismo considera que Ilave es un “evento” de la misma manera que yo. No importa qué haya argumentado en su tesis. Hay un dato básico: Ilave es algo que pasó (un evento), y que por ello compromete el interés del pensamiento (por eso es un evento y no sólo una noticia más).
3. Luego Sánchez resume de manera admirable mi postura fundamental de que el liberalismo es generador de conflictos porque “lo propio del liberalismo es la incapacidad para el Otro” (p. 196). Sánchez replica afirmando:
a. Que (sin embargo) el liberalismo “es un antídoto contra el terror” (citando a J. Shklar). b. Que hay muchos “liberalismos”.
A lo primero respondo ya en el lenguaje de Sánchez, que se acomoda a sus objeciones. Me pregunto si en los bombardeos y las acciones criminales de Estados Unidos y sus aliados en Libia, Afganistán, Irak o Yugoslavia el liberalismo es “un antídoto contra el terror”. Si Sánchez lo cree, entonces me da la razón. El liberalismo es terrorista.
A lo segundo le respondo con la patencia de lo anterior. Cuando hablamos de liberalismo nos referimos a una realidad histórico-social, y no primaria ni principalmente a un concepto. El concepto se explica a partir de la realidad histórico social. ¿Bombardea Irak? Sí. ¿Bombardea Afganistán? Sí. Luego, ya sabemos qué es el liberalismo del que estoy hablando. Todo lo demás es retórica.
4. Luego me acusa de “reaccionario” por unos motivos que salen de cuadro. Afirma que soy reaccionario porque 1. pienso “a priori” y 2. creo en “verdades universales”. Me deja perplejo. Tengo entendido que los que piensan “a priori” son precisamente (algunos) los liberales. Es el pensamiento liberal el que, salvo en su versión pragmatista, es universalista. Es universalista Kant, pero también J. S. Mill. Son universalistas los liberales Habermas y Apel. El pensamiento reaccionario, en cambio, es lo contrario: es antiuniversalista. Justamente por eso se llama “reaccionario”, porque REACCIONA contra la modernidad, esto es, contra el universalismo. Luego, si estoy influenciado por ese pensamiento, debo ser antiuniversalista. ¿No cree usted, señor Sánchez?
La lección que sale de lo anterior es la siguiente: Para hablar del pensamiento reaccionario hay que conocerlo primero.
5. Se pregunta Sánchez si soy “afecto a las monarquías”, algo que vincula a las “verdades” universales. Y afirma que no me atrevo “a decirlo sinceramente” (p. 197). ¿Qué tiene que ver esto con la ontología de la violencia, con Ilave, etc.?
Sea dicho de pasada. Inglaterra es una monarquía y es un país bastante liberal, como pueden dar fe Tony Blair y otros asesinos que con tanto gusto propagan por las armas el liberalismo en el mundo.
¿Cuándo Obama asesinó brutalmente a Osama Bin Laden, que estaba indefenso en su casa con su familia, dialogó mucho?
6. Luego afirma que no distingo tipos de democracia, liberal, republicana, deliberativa, etc (p. 197). Es verdad, no lo hago, pero es porque no viene al caso con el tema.
7. Me gusta lo que sigue (primer y segundo párrafos de la p. 198), pero tampoco hace al caso.
8. “Las dicotomías y polarizaciones no sirven para un análisis…”. Veamos.
Una dicotomía, en mi caso “amigo/enemigo” del que derivo la idea más propia de mi texto, es una herramienta básica en el pensamiento filosófico. Es la base para el pensamiento (aunque ciertamente, no es su fin). Pensar, de otra parte, no es sinónimo de “analizar” ni de “análisis”, salvo en la filosofía moderna, que comprendo es la afección de Sánchez. En hermenéutica pensar no es “analizar”, sino hacer dialéctica, en el sentido aristotélico de la expresión. La dialéctica es la lógica de la historia y del pensamiento político y es lo contrario del análisis.
Lo de “polarizar” es un juego de palabras. Las dicotomías sirven para pensar. La polarización es un fenómeno social por el que unos se oponen con más énfasis a otros. Si Sánchez ha comprendido mi texto (cosa que no dudo), entenderá que el liberalismo genera polarizaciones. Yo no las genero, yo las pienso.
“Polarizar” es una cosa, usar dicotomías para pensar es otra. Es altamente malicioso juntar una estrategia conceptual con una actitud política.
9. En la página 199 Sánchez sugiere que mi trabajo recomienda la violencia. Sánchez me atribuye que sería “legítima” para “una colectividad o una persona” (p. 199). Lo primero es mío, lo segundo es una cosecha bastante extraña de su entendimiento analítico.
Yo no recomiendo la violencia. Afirmo que es fundante, que instituye, que hace lugar. En algún sentido, todo hacerse lugar es violencia. Eso pienso, eso piensa Gianni Vattimo (en otra entrada, a partir de Walter Benjamin) y eso piensa también Carl Schmitt en El nomos de la Tierra, cuya lectura aconsejo a Sánchez. La violencia como un acto físico, como un golpe, una muerte, puede ser fundante, pero no tiene el patrimonio de lo fundante. Para ser más claro: no hay una relación conceptual entre el carácter fundante de la violencia y la violencia física efectiva, el uso de golpes o un crimen. O sea: la violencia no es siempre fundante. Una fundación no es siempre un golpe, o un crimen, etc. aunque es más fácil notar y entender un origen a partir de la idea de una violencia.
Cuando digo “fundante” y lo califico des “violento” en un sentido filosófico que en mi caso recojo de Heidegger, quien a su vez lo toma de la Física de Aristóteles para aplicarlo a las instituciones humanas como eventos históricos. En Aristóteles “violento” se opone a “natural”, pero no significa un golpe, un crimen, etc., sino significa “aparición” de algo no esperado. Hace ser lo que no era. Esta idea, que puede rastrearse desde Aristóteles, fue desarrollada luego por Joseph de Maistre y es así como la usa Heidegger, quien prudentemente no hizo filosofía política. Seguramente teniendo en mente situaciones como la que atravieso ahora.
Con una malicia que realmente es indignante, Sánchez agrega la expresión “una persona” (p. 199). ¿Creerá que deseo hacerle “violencia” a él o a alguna otra persona porque deseo “reconocimiento”? ¿Está insinuando que avalo la delincuencia, la venganza personal o algo así? La sugerencia sale de lo filosófico y es motivo de extrañeza, por decirlo de alguna manera. Agrega Sánchez: “Tómese nota de las consecuencias prácticas de esta inquietante afirmación” (p. 199). Indignación es una palabra que me acomoda bastante.
Hay que distinguir filosófico de no filosófico.
Obviamente, Sánchez insinúa que yo felicito la violencia individual. Esta afirmación según la cual “una persona” puede usar la violencia para ser reconocida es un lamentable testimonio de lo mal que se puede leer un texto ajeno o bien de lo mucho que puede influenciar la mala voluntad a la hora de interpretar el texto de otra persona. Me pregunto: ¿No estoy tratando de Ilave? ¿De dónde sale aquello de “una persona”?: Del afán exagerado, desmedido y no muy agraciado de deteriorar mi trabajo, de ponerlo a una altura periodística y de degradarlo así, de lo que debía ser una discusión sobre la “facticidad”, el “sensus communis” o el “evento”, a una acusación personal según la cual yo justifico y promuevo la violencia, social (Ilave) y privada (¿?). Lo primero pasa como un malentendido, fruto tal vez de un conocimiento algo superficial de los referentes filosóficos de mi trabajo. Lo segundo, en cambio, que no se sigue para nada de mi texto, es un infeliz disparate.
Queda claro que, personalmente, le damos a Sánchez reconocimiento y no violencia. Al leer su texto no se me ocurrió ir a golpearlo.
10. Escribe Sánchez que según Carl Schmitt “la enemistad es una virtud humana” (p. 199). ¿De dónde saca Sánchez semejante cosa? De Schmitt no puede ser. En todo caso, una afirmación de esa magnitud debe estar en alguna obra que yo no conozco y que, posiblemente, Sánchez tampoco conozca. Conocer libros es más importante de lo que parece a simple vista. Concedido que Sánchez conoce mucho más que yo a su pueblo Aymara, pero suponer que conozca lo que piensa Carl Schmitt es una auténtica “violencia”, en el sentido antes anotado en la observación 9.
11. En el Epílogo (p. 200) Sánchez me acusa de no haber leído bien “Liberalismo político” de John Rawls (1993). A veces Sánchez, con todo el respeto que me merece, no atina. Como profesional, la norma que sigo es nunca opinar sobre lo que no sé. Nunca cito ni me refiero a lo que no he leído o no conozco. Harían bien todos los liberales en general en seguir la misma norma. Es muy sana.
12. Sánchez concluye rechazando que la violencia genere reconocimiento. En eso simplemente se equivoca. Luego agrega que el reconocimiento es una “necesidad vital” y una “construcción dialógica” (p. 201). Temo que las citas de Hans-Georg Gadamer y Charles Taylor que usa no vienen al caso. En general, efectivamente, el diálogo es una manera de generar reconocimiento, pero el tema del artículo mío que Sánchez critica tiene que ver con situaciones en las que el diálogo ha fracasado, y cómo ciertas formas de entender el régimen político (el liberalismo) contribuyen a acelerar la violencia por su incapacidad, justamente, para el diálogo (hay un artículo de Gadamer en “Verdad y Método II” que trata de eso, lo recomiendo).
Señor Sánchez. Con todo el respeto que me merecen los seres humanos en general. En mi texto “Ilave, ontología de la violencia o el terror en el Altiplano” se trata de interpretar el fenómeno del “terror como reconocimiento”, no de una recomendación, o una receta para hacerse reconocer. Menos de un aliciente para que los malosos o los resentidos justifiquen actos personales de violencia. Se trata de entender cómo la violencia (social, se entiende) puede dar origen a un reconocimiento (social, esto es, de una entidad política que tiene un ser histórico). Me hubiera gustado que el autor se centrara en las propuestas conceptuales de mi texto, que son no pocas, en las categorías que propuse, etc. y que pensara en alternativas o en reconsideraciones. Por desgracia, la prensa y la retórica han jugado una pasada a la ontología. Caetera desiderantur…
Painting by Karl Vogel von Vogelstein, painted about 1810 Private collection, photo by the Musées d’Art et d’Histoire de Chambéry The Joseph de Maistre Homepage
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