Víctor Samuel Rivera

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El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Este blog, Anámnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política desde el ángulo de la hermenéutica filosófica.

viernes, 17 de junio de 2011

La jerga del “evento” (I-II). Réplica a Augusto Sánchez Torres

La jerga del “evento” (I-II)
Réplica a Augusto Sánchez Torres


Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía


Voy a comentar brevemente un artículo de Augusto Sánchez Torres, magíster en filosofía y profesor de la Universidad de San Martín de Porres (Lima). El texto me concierne especialmente, pues es un comentario referido a un trabajo mío del año 2006, mi Ilave, ontología de la violencia o el terror en el Altiplano (Solar, Año 2, Nº 2, 2006). El texto de Sánchez tiene por título principal La jerga del “evento” y la abstracción del “otro” y fue impreso en Solar (Lima) Año 5, Nº 5, 2009, pp. 187-201. Entiendo que el profesor Sánchez ha redactado su tesis de postgrado sobre el tema al que mi artículo se dedica. También que Sánchez tiene especial interés por su origen, Ilave, un pueblo aymara. Voy a comentar el artículo de Sánchez en la misma secuencia en que su autor compuso su texto.


Sánchez inicia resumiendo mi texto (pp. 187-189). Aunque hay algunos deslices retóricos que me parecen poco amables, considero en general que se trata de una auténtica introducción a lo que mi “Ilave” quiso decir. A diferencia de la mayoría de apreciaciones que he escuchado o leído sobre mis trabajos, Sánchez demuestra que ha comprendido la trama fundamental. Esto solo lo califica ya como un interlocutor académico digno de esta respuesta o de cualquier otra. Sánchez comprende que hago algo que llamo “hermenéutica política” o también “ontología política”. Es una interpretación (que aún va en camino, de la que mi “Ilave” va en calidad de esbozo) de la propuesta de “ontología de la actualidad” de Gianni Vattimo. La tesis central, como nota el propio Sánchez, es que la “enemistad, la conflictividad y la violencia son constitutivos de nuestra identidad” (citándome a mí). Es una tesis ontológica básica: creo que el conflicto es el concepto nodal de toda interpretación filosófico-política de los hechos sociales. En esto hay una iniciativa escandalosa, pues la hermenéutica de cuya tradición me siento parte, Gadamer-Vattimo, contiene fuertes elementos opuestos. “El ser que puede ser pensado es lenguaje”, escribió en célebre frase Hans-Georg Gadamer. Nada podría ser más extraño entonces a la hermenéutica que pensar el conflicto. Pero si esto fuera así, la hermenéutica no podría darnos alcance en lo más fundamental. Los liberales piensan donde no hay problemas. Creo que un hermeneuta puede ser liberal. También que un hermeneuta puede no estar interesado en los hechos sociales, sino en la estética o algo parecido. Pero considero que lo que les queda a los hermeneutas luego de que los liberales han tomado la parte pacífica es lo más interesante. Que es lo ontológico. Vale.



Sánchez entiende en sus páginas introductorias también que en mi Ilave hay una segunda tesis: el liberalismo como forma de régimen político y como metafísica (no distingo ambas cosas) es generador de conflictos. Esto se debe a que como metafísica y como régimen político desconocen la noción de enemistad. Desconocen el rol fundante de la enemistad en las relaciones sociales. Esto es así porque presuponen –metafísica y régimen político- la conmensurabilidad de todos los conflictos. Sánchez ha señalado la influencia de Carl Schmitt (p. 188). No se equivoca. Como ya he intentado decir arriba, intento trabajar la ontología de la actualidad como un pensamiento del conflicto, una hermenéutica del conflicto y la conflictividad. En 2006 eso sonó un poco (bastante) escandaloso para quienes tenían interés en estos temas. En 2008 Gianni Vattimo lo expuso así en su Lezione di congedo, dal Dialogo al conflicto, sobre la cual he redactado un pequeño trabajo y un comentario de 35 páginas que se imprimió en España. Por lo demás, pensar la política desde el conflicto en el mismo sentido schmittiano es algo que puede rastrarse en pensadores de diversa tradición y teóricos de lo político.


El la sección 1. “Recuperando y aclarando los datos empíricos” (pp. 189-191) Sánchez intenta corregir mis conocimientos de geografía y realidad social peruana. “Sospecho que él (o sea, yo) nunca ha pisado Ilave” (p. 189). Se equivoca. Sí conoz Ilave. Pero no creo que eso sea muy relevante. Me pregunto si para escribir sobre el Imperio Romano tuvieron que haberlo visitado Theodor Mommsen o Fustel de Coulanges. Yo también sospecho que ninguno de los dos sabios pisó jamás el Imperio de César y Antonino Pío, que desapareció oficialmente en 476 DC, mucho antes de que alguno de los dos tuviera la felicidad de ir allí. Eso no quita interés ni verdad a sus conocidos trabajos sobre Roma y su Imperio.


En la sección 2, “¿Ilave ha comenzado a existir después del crimen? ¿El agente del evento es un desconocido?” (pp. 191-195) Sánchez se esmera en esclarecer datos de historia social cercana; recoge frases dramáticas de mi texto, las saca del contexto y luego las corrige sobre la base de datos empíricos. Si no estuviera seguro de que es lo contrario, diría que Sánchez no ha entendido lo que ha leído. Exagera el sarcasmo (lo cual encuentro lejos de estar mal), pero a costa de pesar perdiendo la red de sentido de los conceptos. “Hay que apreciar este ejercicio supremo de imaginación” –escribe Sánchez-, “lamentablemente carente de asidero”, repetimos con él. Me hace recordar, salvando las distancias, los chistes sobre el lenguaje filosófico que Rudolph Carnap se echaba en la década de 1930 contra la “jerga” de nuestro maestro Martin Heidegger. Los chistes de Carnal eran muy graciosos, pero no revelaban de Carnap un interés muy intenso que digamos en entender lo que leía de Heidegger. Admitamos que Heidegger hacía otro tanto, pero soy de los que creen que la jerga de Heidegger tiene aún mucho qué decir a pesar de las correcciones gramaticales de Carnap.

En la página 192 de la sección 2 Sánchez deduce que de mi texto hay que inferir que “Ilave es un pueblo asesino”. Arte de birlibirloque. Yo jamás he escrito tal cosa. De todo el artículo, ésta es la sección que me merece menor confianza, académicamente hablando. No sólo creo que Sánchez juzga erróneamente. De mi artículo un lector paciente debe deducir lo contrario, que si juzgara mi texto a Ilave, lo haría para absolverlo, pues el texto está escrito con la finalidad de responsabilizar al sistema político liberal, algo que el propio autor reconoce en su introducción. Sánchez agrega que acuso (sic) de “asesino” al pueblo de Ilave porque “Rivera no está aquí (en Ilave), pues él no es ni andino, ni ilaveño, ni aymara; él es limeño” (p. 192). Tinta en exceso. Quiere decir que no entiendo los problemas de Ilave porque no llevo sangre aymara y –deduzco- que él entiende más porque es aymara neto de nacimiento. Implica que él comprende a Ilave o lo aymara mejor por una cuestión racial. Es un acontecimiento sorprendente que alguien haya escrito algo así. Podría ocurrírseme que Sánchez justamente no entiende mi texto porque él es aymara y mi texto no. Pero yo no razono con localismos, que podrían hacer pensar a mis lectores que soy racista. “Tamaña desmesura”, añade con humildad Sánchez (p. 192). Supongo que escribe esto en calidad de interlocutor en un diálogo racional y no en calidad de aymara.

Lo que sigue, hasta la página 194, es una interesante crónica policial del asunto "Ilave" que no necesita de mi concurso. Luego subraya que aparentemente mi filosofía política no parte de la “realidad social y se pone a su servicio” (p. 194). Eso no es serio. ¿Hegel no hizo filosofía política? ¿Kant no hizo filosofía política? Si Sánchez responde afirmativamente, me gustaría que me explicara cuánto de la “realidad social” de la que él se esmera en escribir aparece en sus textos más emblemáticos. No imagino a Kant dando informes exactos y objetivos de geografía o costumbres locales para su "Historia universal desde un punto de vista cosmopolita". Y -de pasada- no comprendo aquello de que el filósofo de la política “se pone a su servicio”, al servicio de la vida práctica. ¿Al servicio de quién? Cortocircuito del pensamiento.

“Volvamos a Ilave” (p. 194). Sánchez ingresa un episodio nuevo. El autor se sujeta de una frase y la distorsiona. “Comete un exceso verbal”, escribe de mí. Indico en alguna parte de mi texto que “Ilave es después del crimen”. Quiero decir que adquiere identidad ontológica en un sentido en que no la tuvo antes del crimen. En Heidegger se hablaría de “una fundación”. En Vattimo, de un “evento”. En Schmitt de "un acto de violencia". No voy a volver a escribir aquí lo mismo que contiene mi artículo. Hay que leer El Origen de la obra de arte de Heidegger, por ejemplo, y no sólo a Carl Schmitt. Creo que para la cuestión teórica, que tan ausente está hasta el momento, Sánchez requiere de un horizonte de lecturas filosóficas más generoso, que complemente el innegable conocimiento de geografía, costumbres, economía e historia social que Sánchez de Ilave, a lo que se une su vínculo racial y “terrestre”, por decirlo a la manera de Schmitt. Mucho conocimiento, perom poca filosofía. Una carencia que se puede remediar. Pero Sánchez vuelve a la carga otra vez.


Sánchez me refuta en la página 194 de una manera mágica. Me hace recordar ahora que Ilave no puede ser “después del crimen” porque ya existía desde antes, es decir, antes del evento que dio lugar a mi artículo y a su tesis. Que es un pueblo ancestral, me informa, que existe desde hace años de años de años, que tiene una “rica historia pre-colonial” (p. 194), etc. ¿Qué me quiere sugerir con eso? ¿Qué existe desde que la fundaron los aymaras? Entonces le concedo que “existe” desde el Paleolítico, desde el Pleistoceno. ¿Y dónde estaría el interés filosófico de eso? Sí, Lima existe desde 1535, aunque tal vez tenga una “rica historia pre-colonial” que yo no conozco. 1535: fundación de Lima, pero Lima no es un evento. Por aquí va el punto.

Debe aclararse que de lo que se trata aquí, se trató en mi artículo “Ilave” y en general se trata en mis textos de ontología política es de una fenomenología de los hechos histórico-sociales del presente. Eso es “ontología de la actualidad” (Vattimo/Foucault) u “ontología política”. Eso hago en la mayor parte de mis pequeños ensayos de ontología política de este blog. Los hechos histórico-sociales son evento cuando requieren y exigen un sentido. Esto no ocurre siempre; al contrario, es casi nunca. Hablamos de “evento” con singularidades en la vida social, no cuando son hechos banales y cotidianos. “Evento” es un término que designa un acontecer social, pero que es también histórico-social, o sea, que quiebra la atención y la transforma (en sentido hermenéutico) en una narración política. Esta narración es “la historia reciente”, por así decirlo, y es en ese horizonte que se aplican todas las expresiones que tanta sorpresa le causan al autor.

Es en este sentido, en este único sentido que Ilave, el pueblo de Ilave, no es un evento sino y desde el crimen que motiva mi texto (y la misma tesis de Sánchez, imagino). Pensemos en las Torres Gemelas en 2001, en la caída de la Bolsa de Nueva York en 2008. Las Torres Gemelas tienen, junto con la Bolsa, una “rica historia” pasada, sólo que su interés como objetos de reflexión para un hermeneuta de la actualidad no se dirige hacia esa historia. Esa historia puede ser interesante, sí, pero no es evento. Veo la historia de Roma, y recuerdo la Batalla de Actium. Obviamente, Actium ya existía antes, hace años antes de la batalla, etc. ¿Y eso qué importa?


Por ahora me detengo. Habrá una segunda parte, dedicada a las páginas que faltan del texto de Sánchez. Quiero insistir, por si alguien estimara que antes no le he hecho ya suficientemente, en que, al menos en lo referente a la introducción y resumen de mi “Ilave” que el texto de Sánchez es una correcta lectura de su significado. Con datos empíricos que en sí son muy interesantes y recomendables para un geógrafo o un periodista, el autor me reprocha “que no tengo ojos sino en la capital” y que concibo que “la historia del Perú se escribe en Lima”. Mucha personalidad, mucha intensidad. No veo igual medida para el trabajo con los conceptos, su uso o su origen, que es mi trabajo y que debería ser también el suyo. No deja de sorprenderme el interés extraordinario en mostrar mi composición como una especie de afrenta al Ande, como si yo no tuviera aprecio por los hombres del Ande o no valorara un poco la realidad vital del Perú o los peruanos. Es ciertamente cruel que me lo diga justamente a mí, que vengo de dedicar casi una década de lectura y estudio sobre el Perú, la nación peruana y la peruanidad. Sánchez reacciona ante la lectura de mi “Ilave” como si no hubiera entendido lo que he escrito, lo cual juzgo falso. El comentarista adopta una posición de ofendido racial que es inconveniente, y que tampoco está justificada, lo que me fuerza a esta respuesta. Creo que una familiaridad extraña hace que confunda el seso de todos los limeños. En este caso me confunde –seguramente sin intención- con algún filósofo liberal del Callao, de impecable bigotina nacional socialista.

Caetera desiderantur…

miércoles, 15 de junio de 2011

Ni el Cielo ni el Infierno (María Cecilia Villegas, con comentarios)

Ni el Cielo ni el Infierno

María Cecilia Villegas


Tomo este artículo de Correo, edición del 14 de junio de 2011

La campaña presidencial terminó y ahora lo responsable es analizar por qué perdió la derecha. Los últimos 21 años, el Perú fue gobernado en el marco de una economía liberal basada en el mercado y las libertades individuales, aunque en contados casos éstas hayan sido transgredidas durante los 90. Se estabilizó la economía, se derrotó al terrorismo, se dieron garantías para la inversión extranjera y, como consecuencia, el Perú creció y redujo considerablemente el índice de pobreza. Sin embargo, sin asco, volteamos el timón.

García tiene gran responsabilidad: la falta de una política social inteligente, el mal manejo de los conflictos sociales y la mala administración del gasto público. Los fujimoristas, por su lado, no respondieron ni aclararon las acusaciones. Mención especial merecen sus nefastos voceros. Empero, no son los únicos.

Desde los resultados de la primera vuelta, se formaron dos bandos: los que apoyaron al presidente electo, lo hicieron con plena convicción. El Nobel se hizo garante y aseguró que Ollanta representaba la democracia, la libertad y la lucha contra la corrupción. El hijo lo siguió. El Sano y Sagrado llegó un poco retrasado, después de su equipo técnico. Todos aseguraron que podíamos confiar en Ollanta. Podemos argumentar que el Nobel, el hijo y el Sano y Sagrado fueron impulsados por odios y enconos personales, pero su apoyo fue incondicional.

Quienes apoyaron a Keiko, lo hicieron a regañadientes, dudosos, poniendo el parche por delante: "No es la mejor opción", "No me gusta pero qué voy a hacer, es el mal menor". Ésos que creen tener una gran conciencia moral, ésos tenían que taparse la nariz para votar por el fujimorismo. Esa falta de coherencia y seguridad hizo que C, D y E dudaran. ¿Por qué apoyar a alguien que no convence a los ricos, que representa la corrupción, la dictadura?

Una derecha madura y organizada hubiese hecho suyos los logros económicos del gobierno de Fujimori. Lamentablemente, la derecha peruana es débil, pusilánime, carece de hidalguía y valor. Esa derecha debió apoyar a Keiko y defender sus ideales liberales. Tristemente, cuando PPK y Castañeda lo hicieron, fue a medias y tarde. Toda esa tibieza de aquellos que debieron comprometerse y no lo hicieron. Demasiado limpios, demasiado puros. Esos tibios que prefieren no ensuciarse ni hacerse responsables, a ellos Dante Alighieri les tiene reservado un lugar especial: ni el Cielo ni el Infierno; el Perú de Ollanta.

Escucho alzados los tambores de guerra de Gana Perú. Sería inaceptable que el expresidente Fujimori sea trasladado a una cárcel común, aunque el vengativo Nobel lo crea necesario. Espero que la clase política tenga la grandeza de salir a oponerse. Por las razones arriba expuestas, permítanme dudarlo.


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Hola. Me gusta la gente inteligente, aun cuando no comparta yo su ideología. Quise expresamente acotar este texto de María Cecilia Villegas porque pronto voy a escribir en detalle sobre el mismo tema. Se trata de por qué los agentes políticos que apoyaron siempre y desde un principio la candidatura de Keiko Fujimori no adoptaron el tono emocional adecuado, que era el correspondiente a una guerra civil. Cecilia lo ve como una falta de la derecha. Dicho así, como si fuera una cierta displicencia imbécil de parte de ciertos sectores sociales ante la gran política, es un reproche. Y sólo un reproche moral. Pero adquiere un sentido extraordinario si se comprende mejor que a las elecciones recientes, como un evento, subyacía una realidad más profunda. Dejaré el tema para después.

Que quede expuesto que, sea como fuere, lo que es moralmente correcto ahora es acatar el funcionamiento de las instituciones políticas y sus reglas.

sábado, 11 de junio de 2011

Todo tiene su final (Carlos Meléndez, con comentarios)

Todo tiene su final
Carlos Meléndez
Tomado de su blog El Jorobado de Notredame, accesible en el archivo de Correo.


Por primera vez tendremos un gobierno de izquierdistas elegido democráticamente (aunque ellos mismos se empeñaron en hablar de fraude los días previos) y es, valgan verdades, hasta cierto punto merecido para quienes insistieron por diversas vías (desde el proyecto revolucionario, la organización partidaria, pasando por el frente electoral y ahora a través del atajo de un outsider militar) llegar al poder. Felicidades muchachones del ayer. No creía que la harían. Precisamente mi escepticismo sesgó parte de mi análisis durante la campaña: al igual que muchos otros no pensé que Humala podría triunfar; al igual que pocos sí veía las posibilidades del fujimorismo debido a su soporte social. Gajes del oficio de analista político.

Con esta columna termina mi colaboración con el diario Correo. Agradezco a su director por permitirme tener un espacio semanal desde el cual coincidimos y discrepamos, pero sobre todo desde donde pretendí (usted lector juzgará si con éxito o no) promover una voz discordante en medio de un unísono políticamente correcto que ha pecado de acrítico y que hasta ahora estigmatiza los argumentos que no suenan a aplausos. Precisamente por eso, Correo me pareció la palestra ideal para azuzar los prejuicios con los que se lee la prensa nacional.

Al nuevo gobierno le deseo lo mejor, ya que el panorama que se le viene no es sencillo. Ha levantado las expectativas de los sectores movilizados y tiene que demostrar que tiene operadores políticos para contener la violencia. Me gustaría ver a Javier Diez Canseco volviendo a Puno a desbloquear carreteras. Ha prometido un cambio en la administración de políticas sociales, pero no distingo una tecnocracia social capaz de trascender los papelógrafos y los plumones de las ONG. Como quisiera que Mocha dé el salto a una Dilma. El Ministerio de la Mujer debe dejar de ser lo más mediocre de la burocracia estatal. Si de verdad creen que su triunfo electoral ha sido la victoria de la memoria (sic), me gustaría verlos capaces de plantear políticas de reconciliación y de promoción de los derechos humanos que calen en las mayorías (¡ahora no tienen excusa!). Si de verdad están convencidos que ésta es la oportunidad del progresismo para gobernar y hacerlo bien, me gustaría ver a los palomillas de Twitter dejar las redes virtuales y volverse activistas de redes sociales reales. Si de verdad creen que Lima no es el Perú, agarren sus chivas y múdense a Ilave a construir democracia. Y a los que votaron por Humala, dejen el rollo ridículo de "vigilantes" (eso en todo caso sería para la oposición), y tengan un rol activo. No caigan en la ilusión de la democracia participativa, porque no podemos darnos el lujo de un posible fracaso de Humala. Ahí sí podríamos tocar fondo.



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Unos pocos comentarios insubstanciales a las partes subrayadas del artículo de Carlos en negrita.

1. Keiko debió ganar. Representa el 75% de los votos del exterior. El 60% de los votos de Lima (esto es, de las clases educadas), el 80% del voto céntrico (esto es, de las clases propietarias, San Isidro, Miraflores, Surco, etc.). Era el voto católico (Rey, la jerarquía eclesiástica) y el protestante (Humberto Lay). Era además un voto esencialmente popular urbano (Keiko triunfó sobre Ollanta hasta en Villa el Salvador). Pero, pese a todo, perdió. Eso implica que un segmento de las gentes educadas, los religiosos, los propietarios y el pueblo llano resolvió no votar por Keiko. Eso fue resultado de la campaña de Ollanta, llena de calumnias y falsedades a las que uno puede sobreponerse solo lentamente. La guerra sucia contra Keiko duró una semana. En tres semanas el resultado se hubiera repuesto y Keiko hubiera triunfado.

Si algo demuestra el actual triunfo de la extrema izquierda en el Perú es que una buena campaña (inclusive una muy sucia) es un elemento que no debe desestimarse en un proceso electoral. Keiko hizo una pésima campaña. Su oponente es a todas luces un personaje más que cuestionable. Keiko se limitó a criticarle generalidades. Su campaña, a diferencia de la de Ollanta, manifiesta una increíble incapacidad para entender la metafísica de la política. Estos últimos comicios constituyeron una analogía de guerra civil y era muy importante marcar posición y adoptar el tono emocional de una guerra civil. Keiko no lo hizo, y perdió.

2. Victoria de la memoria: De la memoria de la izquierda caviar y de la extrema izquierda. La "memoria" sólo afectó al voto urbano popular de Lima. Y es una memoria de la que no nos acordamos otras personas. Creo que el 25% de peruanos que votaron como "fujimoristas duros" poseen una memoria social de mejor calidad. Keiko no hizo nada por esa memoria. Había que recordar lo que la izquierda había hecho del Perú entre 1969 y 1992. Pero de eso no se hizo campaña. Es una lástima.

Ahora veremos con calma qué ocurre en el Perú.

lunes, 6 de junio de 2011

La jerga del evento/ Augusto Sánchez Torres


Una presentación inicial
para una respuesta a "La jerga del evento"
de Augusto Sánchez Torres


He leído con especial interés un artículo de Augusto Sánchez Torres. Éste se titula "La jerga del evento" y es una respuesta a mi "Ilave: el terror como reconocimiento" publicado por la Revista Solar Nº 5, Año 5, 2009, pp. 187-201. Encuentro el trabajo bastante bien hecho, como una totalidad textual. La lectura me ha entretenido bastante y considero que es valiosa en tanto intenta (y logra) ser una consideración académica sobre uno de los trabajos sobre los que guardo más simpatía. El original de mi trabajo fue escrito para un congreso de la Asociación de Ética y Política Española y expuesto en Sevilla en el año 2006. Luego lo cedí a la revista de Ciencias Sociales y política Socialismo y Partipación, que no me dio respuesta, aunque lo publicó con fecha atrasada en el número que cita Sánches Torres. La versión que tomo por la más apropiada y definitiva fue impresa por Solar en el Nº 2, Año 2, pp. 35-50. Hice del mismo texto una versión ampliada, que tengo en casa y deseo acomodar en libro (con otros textos de factura semejante). No me reconozco completamente en el texto que critica Sánchez Torres, pues el tiempo nunca pasa en vano, pero algunas ideas básicas, sobre todo "la jerga del evento" son elementos centrales de mi pensamiento. Creo que el autor de la crítica merece una respuesta en aquello en que juzgo que se equivoca, en que considero que me malinterpreta o donde, a mi juicio, tal vez no ha dado en el clavo. Lo más relevante para mí, sin embargo, es la idea de "evento", que -insisto- es un aspecto nodal en la filosofía que hago y también en las cosas que creo y enseño. No es una mera "jerga". Es una herencia conceptual con la que en esa ocasión quise llevar a la práctica una modalidad de la hermenéutica filosófica que se denomina "ontología de la actualidad" y pienso que sería deshonesto conmigo mismo no hacer una breve respuesta, que no deseo apresurar dada la calidad de lo que vengo de leer. Por el momento deseo dejar el enlace para que el propio lector que así lo considere pueda echarle un vistazo al texto de crítica.

Augusto Torres Sánchez, "La jerga delo evento. Respuesta a "Ilave: ontología de la violencia o terror en el Altiplano" de Víctor Samuel Rivera", Solar Nº 5, Año 5, 2009, pp. 35-50

lunes, 23 de mayo de 2011

Unas palabras sobre el proceso electoral


El proceso electoral
Diagnóstico de mi sí a Keiko


Víctor Samuel Rivera



El Perú lleva diez años de éxito económico, pero una razón muy profunda, de esas que los analistas no pueden explicar, sugiere un cambio radical en este país. Mientras los Estados Unidos y la Unión Europea van camino del desastre, las cifras macroeconómicas del Perú son casi tan buenas como las de la China. Si le creyéramos a las fuentes de conocimiento financiero y a los periódicos, que son como sus bocinas, habría que imaginarse que hay en el Perú una bonanza que bien anhelarían los súbditos de los reinos de Marruecos o Jordania. Y como de economía sé poco, me limito a exponerte el diagnóstico social por los resultados electorales de la primera vuelta. Hubo tres camdidatura "normales" y dos "anormales". Califico de "anormales" a las que van acompañadas de algún sentimiento excepcional de incertidumbre y entusiasmo (u odio) y que implican un riesgo social. Los "normales" tienden a arriesgar cero. Desde esta terminología parakuhneana, pasaremos a distinguir entre sectores de representación "burgueses" (normales) y "populares", anormales y no burgueses. En la primera vuelta, los partidos burgueses, de derecha e izquierda, con tres candidaturas, no totalizaron juntos ni el 45 % de los votos válidos. Los partidos populares, esto es, los “incorrectos” políticamente hablando, tuvieron sumados, un triunfo manifiesto con todo el porcentaje restante.

Los partidos burgueses representaban en términos políticos el presunto boom económico del Perú. Si una cosa queda clara es que ese boom no es lo que ven los actores sociales tomados electoralmente. Las dos candidaturas populares juntas hacen 55 % frente al 45% de los burgueses. Si asumimos lo que representan en contra del mundo burgués, es evidente que se parecen mucho, tienen la misma clientela primaria y expresan, por tanto, los mismos intereses. Son los intereses rurales, pobres económicamente (eso que con tanta donosura llama la burguesía "los excluidos", mientras ellos, los privilegiados, se atragantan con champaña). Es evidente lo que el poblador medio piensa sobre el supuesto despegue económico del Perú y, de pasada, de los que los llaman "excluidos". Si pensara diferente, nunca hubiera puesto la balanza en favor de los candidatos que lo representan en la peor de sus facetas: la de su fracaso. En esta clase de materias, prefiero creerle a los votantes que a los periódicos. El voto incorrecto define la naturaleza del voto en general, es el voto predominante y es, por lo mismo, la verdad del voto.


En relación con la bonanza económica y el modelo económico. El 55% cree que el modelo económico no es bueno. Cree que el gobierno actual es necesariamente malo, pues representa el modelo que ha rechazado en las tres versiones en que se ha reproducido. Y no se trata sólo de una opción relativa a la economía. Se trata atmbién de una cuestión relativa a las ideas políticas y la concepción de los valores políticos de los que mandan. Pero los partidos burgueses son también los más explícitamente “liberales”. Representan lo más cercano a las ideas políticas del "pensamiento único". El que es casi el retrato del pensamiento único es el candidato de los liberales de izquierda o socialdemócratas, Alejandro Toledo. Un indígena cuyos funcionarios eran por regla general unos clásicos tipológicos de la raza blanca. Se decía amigo de Georges Bush y se fotografiaba a su lado hasta unos meses antes de la quiebra financiera de Estados Unidos. Mientras todo indicaba la quiebra inminente del mundo liberal, este hombre era más pro norteamericano que nunca. En pleno surgimiento de Rusia y la China como potencias mundiales, y mientras la violencia norteamericana cubría de sangre las páginas internacionales, Toledo se apegaba con ardor al modelo político y económico Bush. Este hombre, un alcohólico y toxicómano irremediable se consideraba el candidato de lo que llaman aquí –que parece sarcasmo- el “modelo”, nunca superó el 30% de las preferencias, y al final quedó en cuarto lugar, con sus peores enemigos delante de él. Apenas logró el 15% de los votos válidos, en un contexto de importante número de votos nulos o viciados. El primer diagnóstico es que el pensamiento burgués fue repudiado (una vez más) por el pueblo. Puso primero a un militar antisistema, homofóbico, con un par de intentonas de golpe de Estado (32%); luego a la hija de quien casi un 50% de la población considera un exdictador y un criminal (24%), en tercer lugar a un candidato que representaba la alianza de los sectores políticos opulentos modernos, más el voto religioso, de los católicos y los protestantes (19%). Frente al minúsculo 15% de Toledo, obviamente, lo que los votantes rechazaron no era sólo el modelo económico. También eran las ideas políticas del pensamiento único.

Los votantes pusieron en primer lugar al candidato chavista, de quien sabemos tiene las mismas pretensiones que los vecinos de Venezuela y Bolivia. Una dictadura popular perpetua con control de la prensa y reelección indefinida. En segundo lugar colocaron a la hija de Fujimori, cuyo gobierno fue uno de los aliados estratégicos de Chávez contra Estados Unidos. De ninguno de ellos puede decirse que es “demócratico” en el sentido en que lo son los seguidores desenfocados de la “tercera vía”. En realidad Humala y Fujimori son todo lo contrario. Ambos, tanto Humala como Fujimori no sólo son modelos de autoritarismo y populismo. En ambos se revela un espectro de apoyo en los sectores vinculados a la milicia. Y buscan o cuentan también con el apoyo de la Iglesia. El primero lo hizo explícitamente, con un rosario en la mano, yendo a la pila bautismal de la Catedral de Lima, donde el Arzobispo de Lima. En esa ocasión remeció a los diarios, pues, contra todo pronóstico, rechazó las agendas gay. Fue el primer candidato en atreverse a hacerlo, y luego hubieron de seguirlo los demás. El movimiento antigay en el Perú, aunque no existe, es enorme. Una encuesta un mes antes de la elección reveló que el 75% de los votantes rechaza las agendas gay y de hecho esta postura antihomosexual fue determinante es el éxito de la campaña electoral del chavista.

Fujimori está literalmente embarcada en un entorno religioso. Tiene como vicepresidente a uno de los políticos más importantes del Opus Dei en el Perú, Rafael Rey Rey. Es como si la Providencia hubiera coronado en el apellido la lealtad religiosa del personaje. De Keiko Fujimori se conoce que goza personalmente de la simpatía del clero y durante la campaña fue uno de los candidatos que más presencia hizo en espacios religiosos. Son abundantes sus fotografías rezando ante imágenes populares. Literalmente, la imagen contraria de los candidatos socialdemócratas, que enarbolaban la agenda del “Estado laico”. En mi opinión, uno de los más grandes errores de la gente correcta en estas elecciones peruanas de 2011. La parlamentaria más representativa de Fujimori, como su vicepresidente, pertenece también al Opus Dei. Por razones que Joseph de Maistre explicaría mejor que yo, esa señora se apellida Chávez, de tal manera que es una gran verdad lo que se ha dicho ya: que hay dos candidatos “chavistas”. Una gran verdad metafísica.

Aparte de las cuestiones de lo políticamente correcto, el tema más candente es la situación de la causa verdadera del presunto boom económico peruano. Los contratos con las empresas de extracción de recursos naturales, que exportan gas natural, cobre y oro, fundamentalmente a la China. Por lo general, las empresas hicieron sus contratos de extracción con el Estado durante los regímenes “correctos” y “democráticos” de Valentín Paniagua y el indígena Alejandro Toledo, con evidente perjuicio para el pueblo u los intereses del Perú. Estos contratos han permitido que los ingresos de las empresas se hayan incrementado docenas de veces desde su firma, sin que eso haya significado gran cosa para los pobladores del país, en un contexto de resistencia popular y sublevaciones, muchas de ellas con tristes desenlaces. Una impunidad insultante ha venido maquillando esa situación intolerable con una retórica de políticas de diálogo e inclusión en agendas de derechos, aunque sin modificar en nada los ingresos de las susodichas empresas. Muchos derechos e inclusión, pero de modificación de contratos, naca la pirinaca. El campo del Perú se daña ecológicamente; las tierras se hacen inútiles para el futuro mientras una minoría excluyente, cuyos labios están balbuceantes de derechos, disfrutan de la fortuna residual en los opulentos balnerarios de la costa de Lima. Los tratos son leoninos, y por mucho menos se hubieran frenado en Venezuela, Rusia o cualquier país normal. En Chile, el vecino neoliberal y conservador, el Estado administra la empresa de extracción de cobre, la causa y el soporte de la riqueza y el desarrollo de ese país. La bandera del programa de Ollanta es la renegociación con las empresas mineras. Apenas descubrirse como elegida para la segunda vuelta electoral, Keiko Fujimori mostró también su interés en el tema. Es un consenso ahora que la explotación criminal de las mineras ha llegado a su fin. No importa quién de los dos candidatos populares gane, inexorablemente se ha de renegociar los contratos mineros firmados en la época del “modelo”.


No podría votar ahora por Ollanta Humala. En primer lugar porque no hay nada en él que no sea posible también por la hija del preso. En segundo lugar, porque Humala ha hecho en la actualidad una alianza con los sectores que respaldan a Alejandro Toledo. Votar hoy por Humala es hacerlo por aquel cuya afición a la bebida debe haber influenciado en su más que desastroso gobierno anterior, que regaló el Perú a los intereses empresariales, dejando en manos de pocos lo que por derecho debe atender a los peruanos. Humala más Toledo es Toledo, la gente, las tácticas, el lenguaje que ha vendido/regalado el Perú. Humala viene además con una confusa multitud de agendas cruzadas, con un alto nivel de ideologización cuyas consecuencias en el mediano plazo son imprevisibles. Diversos “colectivos” de organismos pro-Humala han iniciado una ola de ataques violentos contra políticos y medios de prensa, que dejan una estela de pánico e incertidumbre que bien haríamos en eliminar ahora, que es más fácil. Hace unos días agredieron al futuro Presidente del Congreso y fue famosa, y lo será por siempre, la agresión incalificable de una multitud de 60 matones que, al más triste estilo fachista, golpeó a uno de los más notables periodistas del Perú, Jaime d’Althauss. Una inmensa presión social ha frenado estas agresiones, pero no se puede eliminar en cambio su significado, lo que éstas representan: la ideología del pensamiento único y el nihilismo.

Votaré por Keiko Fujimori. Voy a imaginar que no ten
go nada en favor de ella, pero los argumentos que tengo contra Humala me bastan. Votar por Humala significa poner en riesgo el régimen político. No el “modelo” político o económico, que va a ser cambiado de todas maneras, sino la continuidad del régimen electoral tal y como ahora lo conocemos, dado el ejemplo inocultable de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Se trata del fin de la democracia electoral y su reemplazo por un régimen personal de excepción indefinida. Esto último me hubiera parecido no sólo útil, sino también necesario en una alternativa frente a una candidatura burguesa. Creo que no hubiera sido sólo mi criterio, sino el del al menos el 55% de votantes que han optado en la primera vuelta por una alternativa popular. En el caso presente, sin embargo, cuando un candidato popular se enfrenta a otro que también lo es, el cálculo racional nos indica que es preferible no llevar la danza de los cambios tan lejos como ha ocurrido en esos países, cuya economía y cuyo equilibrio político los conduce, al parecer inexorablemente, a una suerte de tiranía que, por ser de izquierda, no reúne sin embargo argumentos suficientes para abismarse en su futuro. El riesgo es una experiencia inevitable en este caso. Y sin riesgo, no hay salvación. Claro, no con tanto riesgo. No con el riesgo de ver aquí las experiencias trágicas de Ecuador o Bolivia, donde la burguesía parásita es la única que nunca pierde.

A los riesgos los llammos los hermeneutas "emergencias", o "novedades" del Ser. Yo soy de los que aceptan el sí del Ser. El voto a Ollanta es un voto de temor. Del justo temor de los intelectuales "normales" que no están dispuestos a poner en riesgo su propia seguridad, que juzgo que es, además, fundamentalmente una seguridad económica. Pero aquí el Ser se expande en el pueblo, a cuya inteligencia me atengo. En todos los casos posibles.

jueves, 19 de mayo de 2011

Peter Burke / Video conferencia en Lima



Peter Burke en Lima

Video conferencia


Universidad Nacional Federico Villarreal

Miércoles 18 de mayo de 2011

Facultad de Humanidades
Universidad Nacional Federico Villarreal
Dirección: Av Colmena Izquierda s/n, Lima



El historiador británico Peter Burke dará una video conferencia en la que abordará el tema de la historia sociocultural del conocimiento. Burke es ampliamente conocido por sus trabajos sobre cultura e historiografía, temas a los que ha dedicado numerosos libros y artículos, que han sido traducidos al español. En el Perú es conocido por sus trabajos sobre la cultura popular en la Edad Media así como por su libro sobre los Annales. En menor medida, ha sido leído por su investigación sobre la fabricación de la imagen de Luis XIV. Sus estudios sobre historia cultural y, en particular, uno de sus últimos libros, co-escrito con su esposa, sobre Gilberto Freyre, han circulado menos.

Los aportes de Burke están referidos principalmente al campo de las posibilidades de los historiadores y cómo ampliar las herramientas metodológicas de la historia sobre todo por medio de su contacto con otras disciplinas. Varios de sus libros se dedican precisamente a este tema, desde su clásico Formas de hacer historia hasta el ya mencionado sobre Freyre. Su presencia virtual en Lima es resultado del esfuerzo de un grupo de jóvenes colegas, que han conformado un grupo de investigación por medio del cual se han venido realizando numerosas actividades en los últimos meses.

Organiza: Cidehmer

sábado, 14 de mayo de 2011

¿Y si es tu culpa caviar? Carlos Meléndez



Saturday, May 14, 2011
¿Y si es tu culpa, caviar?

Carlos Meléndez

Medio Lima ya se ha rasgado las vestiduras por el desenlace de segunda vuelta. Ya nos hemos sentido un poquito mejor echándole la culpa a Alan, al modelo neoliberal, a la falta de redistribución, a la historia de exclusión y desigualdad, a Francisco Pizarro, a Sarita Colonia. Yo también lo he hecho. Confesión de parte. Ojo: no es fácil echarle la culpa a la derecha, a los empresarios, a Toledo o a PPK que no están a la altura del momento histórico para declinar faltando horas a ser candidato presidencial. Se requiere de mucha valentía para enfrentarse al establishment económico y decirles (aunque no te lean o te escuchen) que tienen la responsabilidad de que Huancavelica vote por Humala y Perú (Nebraska) por Gastón.

Pero pensando con frialdad el asunto, en realidad los caviares acaban teniendo su cuota significativa de responsabilidad con el escenario entre "el cáncer y el sida" (Premio Nobel dixit) que afrontamos. En primer lugar, la exclusión política al fujimorismo durante la transición (fuera del Acuerdo Nacional, desaforo de sus congresistas, etc.) permitió que los seguidores del ex presidente convirtieran la marginación en su capital político para construir la mística del perseguido; e interpretar la justicia (merecida condena contra AF) como una revancha de sus enemigos políticos.

Pero sobre todo condujeron la agenda de la construcción de instituciones democráticas y de la defensa de los derechos humanos a un nivel elitista. Durante casi veinte años, con recursos procedentes de fuentes internacionales, la necesaria agenda por la democracia en manos caviares no caló en el público objetivo que anunciaban retóricamente en sus proyectos. Sino ¿por qué entonces gran parte del elector peruano no le hace ascos a votar por el fujimorismo si éste representa un retroceso en términos de justicia y democratización? Si hubieran dirigido y diseñado intervenciones inteligentes y populares, la causa democrática (si es que existe) no estaría encerrada entre las butifarras de su café favorito.



Los candidatos de menos credenciales democráticas pasaron a la segunda vuelta porque la democracia, los derechos humanos, la justicia lastimosamente no importan. Y no se me indigne más estimado caviar, porque fueron ustedes los que han llevado esta agenda en sus manos (y recursos no les ha faltado). Y ahora se ponen del lado de un candidato, en vez de cuestionar por igual la tentación autoritaria de los dos. Al hacerse los giles con respecto a Humala (y hasta endosarlo), sabotean sus propias convicciones democráticas. No sólo hacen de la defensa de los derechos humanos una causa elitista, sino convenida, interesada; y así inútil. Por tanto buscar su memoria con vista al mar, terminan dando la espalda al país.

Publicado en Correo, 14 de Mayo del 2011.

Tomado de El Jorobado de Notre Dame

Subrayados en negrita: Son míos.

No podría estar más de acuerdo con Carlos. La civiconería o caviarada ha demostrado su más absoluta imbecilidad para entender y diagnosticas los problemas y las necesidades nacionales. Por ello sus pronósticos son también nulos. Mucha "indignación", mucho apego por "la verdad", pero mucho amor también al oportunismo, el dinero y la buena vida. En particular, una obsesión satánica por "la verdad" incapacita a las clases pensantes burguesas para comprender a los actores sociales, sus necesidades y a sus intereses, incluidos los suyos propios. En buena hora. El vicio tiene su fin en sí mismo.

Es evidente que nos referimos a los "cívicos" o caviares como una corporación social, y no como un conjunto numérico de personas. Muchos caviares efectivos son mis amigos. El reproche de Carlos al que me uno tiene que ver con el uso social de la inteligencia, al que el fanatismo, el egoísmo y la hipocresía ha hecho nula en relación con la realidad. Pero me alegro, pues gane quien gane, voy a tener muchas razones para sonreirme los próximos cinco años. Y conmigo el pueblo y sus instituciones más representativas y esenciales.

Ah. Y si "medio Lima" (esto es, la gentita aristocrática, esa minoría insignificante cuyos intereses hoy están en juego) apoya a Ollanta, son seguras dos cosas: que Ollanta va a perder, y que Ollanta está mal.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Carolina Armenteros y Richard A. Lebrun: Joseph de Maistre and the Legacy of Enlightenment (2011)


Obra nueva sobre el Conde Joseph de maistre

Nueva obra histórica sobre el Conde Joseph de Maistre en lengua inglesa
Joseph de Maistre and the legacy of Enlightenment
Volume: SVEC 2011 :01
Series editor: Jonathan Mallinson
Volume editor(s): Carolina Armenteros and Richard A. Lebrun

Date of publication: January 2011

Pagination: x + 254 pp., pb (broché)

Price: £60.00 / €68 / $96

ISBN-13: 978-0-7294-1008-3

Description: Although Count Joseph de Maistre has long been regarded as characterising the Counter-Enlightenment, his intellectual relationship to eighteenth-century philosophy remains unexplored. In this first comprehensive assessment of Joseph de Maistre’s response to the Enlightenment, a team of renowned scholars uncover a writer who was both the foe and heir of the philosophes. While Count de Maistre was deeply indebted to thinkers who helped to fashion the Enlightenment – Rousseau, the Cambridge Platonists – he also agreed with philosophers such as Schopenhauer who adopted an overtly critical stance. His idea of genius, his critique of America and his historical theory all used ‘enlightened’ language to contradict Enlightenment principles. Most intriguingly, and completely unsuspected until now, Maistre used the writings of the early Christian theologian Origen to develop a new, late, religious form of Enlightenment that shattered the logic of philosophie.

The Joseph de Maistre revealed in this book calls into question any simple opposition of Enlightenment and Counter-Enlightenment, and offers particular lessons for our own time, when religion is at the forefront of public debate and a powerful political tool.

Index:

Carolina Armenteros and Richard A. Lebrun, Introduction
I. Polemics of the Counter-Enlightenment
Darrin M. McMahon, The genius of Maistre
Joseph Eaton, ‘This babe-in-arms’: Joseph de Maistre’s critique of America
Jean-Yves Pranchère, The negative of the Enlightenment, the positive of order and the impossible positivity of history
II. Makers and heirs of the Enlightenment
Philippe Barthelet, The Cambridge Platonists mirrored by Joseph de Maistre
Carolina Armenteros, Maistre’s Rousseaus
Yannis Constantinidès, Two great enemies of the Enlightenment: Joseph de Maistre and Schopenhauer
III. Maistrian afterlives of the theological Enlightenment
Douglas Hedley, Enigmatic images of an invisible world: sacrifice, suffering and theodicy in Joseph de Maistre
Emile Perreau-Saussine, Why Maistre became Ultramontane
Aimee E. Barbeau, The Savoyard philosopher: deist or Neoplatonist?
Elcio Vercosa Filho, The pedagogical nature of Maistre’s thought
Carolina Armenteros, Conclusion
Summaries
Bibliography
Index

jueves, 28 de abril de 2011

La historia de los vencidos/ Historia hegemónica en el límite de la empatía


La historia de los vencidos

Historia hegemónica en el límite de la empatía


Víctor Samuel Rivera
Sociedad Peruana de Filosofía

Para la versión electrónica en la Biblioteca Virtual de Pensamiento Político Hispánico Saavedra Fajardo, haga click aquí.
Hace tiempo no redactaba un post filosófico.



Es un dogma del estudio del pensamiento histórico-político que todos los contextos políticos se hallan tejidos alrededor de una historia hegemónica. Es la historia principal, la que resulta, frente a los materiales del estudio histórico social, la fuente más básica de significado de todos los relatos. Este dogma procede, para citar en otro contexto una metáfora de Juan Donoso Cortés, como la atmósfera en relación a la naturaleza. En relación con el trabajo de los investigadores y las expectativas de los lectores, la historia hegemónica procede como un agente que nunca interviene, si no es cuando tiene que asfixiar. Deja respirar, o no lo deja. La historia hegemónica resulta así imperiosa, tanto para el investigador como para los destinatarios. Existe para exigir de lo que rodea. El investigador debe rendir cuentas a un sentido establecido; el lector, buscar la realización de ese sentido en la fuente autorizada. Este dogma se halla expresado en una tradición que atraviesa el pensamiento de la historia de todo el siglo XX., desde Walter Benjamin y Arnold Gehlen hasta Gianni Vattimo y Tzevan Todorov. En esta tradición la historia general, que es la portadora del sentido, se llama la “historia de los vencedores”. Como atmósfera, la historia hegemónica resulta ser una esencia mandatoria; se realiza como el libreto de una actuación que los escritores y lectores de la historia deben realizar al comprender lo que investigan y leen.

La expresión “historia de los vencedores” dice bastante de sí misma, de su significado metafísico. Es una definición metafísica de la atmósfera de interpretación. Sugiere un panorama en el que hay o hubo alguna vez vencedores y vencidos. En realidad, la historia de los vencedores asume a los vencidos como un riesgo. Esto es tanto mayor cuanto menor es en la posibilidad social de su retorno. Se trata de un presupuesto algo absurdo, pues busca protegerse más de lo que es más improbable que se produce nuevamente. Por lo general, los vencidos no tienen chance alguna de volver. De volver socialmente, como realmente los mismos. Mientras más lamentable sea el pasado social de los vencidos es menor la posibilidad de su regreso y, por lo mismo, es más inútil la idea de tener protección contra él. Nunca el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán ha sido tan malo como para los historiadores de hoy. Es un signo cierto de que nunca va a regresar. Hoy todos los nacional socialistas de la realidad han muerto. El retorno, sin embargo, es siempre posible, aunque de manera análoga. Cuando se representa el peligro en un actor social, se reproduce en él los rasgos más improbables, que son interpretados sobre la base de la historia hegemónica.


La historia hegemónica misma supone que los vencidos pueden volver. Es por eso que mismo que los vencedores deben reactualizar su triunfo, deben ganar de nuevo en la comprensión de la historia. Esto nos indica que la comprensión presente del pasado debe orientarse a la experiencia del triunfo de los que han triunfado. Adquiere el carácter efectivo del triunfo y se convierte en su consecuencia. Pero la idea de que hay vencedores, que impele a realizar su triunfo en la comprensión, remite el sentido a una fuente no histórica. Esta fuente es fundante, en el sentido filosófico de que es la inauguración de la historia, si fiat. Remite a una experiencia fundante en que tiene su inicio el sentido del triunfo. Este carácter fundante del conflicto puede ser pensado. Pero al hacerlo es necesario renunciar, suspender, cancelar un momento el rasgo de obligatoriedad de la atmósfera de la historia hegemónica. Debemos hacer un esfuerzo moral que sea la secularización –por así decirlo- del imperio moral del triunfo. En ese sentido, el pensar fundante de la historia parte de la historia hegemónica, pero envía al pensamiento de la ausencia de la hegemonía. Y entonces, insensiblemente, el pensar hegemónico se remite más allá del bien y del mal. Cuando eso sucede, el dogma de la historia hegemónica se ha desvanecido, aunque el costo de eso sea que los valores históricos se han desvanecido con él. Pero se trata de una apariencia solamente.


El dogma de la historia hegemónica remite al momento fundante. Ese momento es un conflicto. El dogma expresa una realidad histórico social, cuyo sentido expresa. El pensar del carácter fundante de la fuente no histórica nos remite también a expresar un conflicto histórico social, pero éste es anterior al dogma y, por ello, su presencia hace discutible el dogma. Pero sólo hay carácter fundante y conflicto cuando los vencedores y los vencidos se invisten de un cierto prestigio. Un cierto prestigio que es posible si ambos son pares en algún sentido. Esta paridad histórica puede ser reconocida en el momento fundante cuando se observa que vencedores y vencidos, en el momento fundante, eran enemigos. Los enemigos pueden acordar pactos, hacer treguas, esgrimir razones; también pueden exterminarse mutuamente. Para ambos la muerte ocupa la razón de ser que en la historia hegemónica tiene el triunfo. No sólo es la muerte del enemigo, sino la propia, pues el enemigo está permitido de matarnos. Cada enemigo tiene un poder gravitante para el otro, y entonces ambos reconocen sus limitaciones y se temen. Pensar la historia antes del dogma es aceptar que ambos, los vencedores y los vencidos, alguna vez, no eran las contrapartidas de la historia hegemónica actual, sino eran actores sociales que disputaban la lealtad del discurso sobre la historia de la que uno y otro eran partícipes y agentes, intérpretes y gestores. Si la vista retrocede desde la historia hegemónica hasta su origen y tiene allí la pretensión de pensarlo, el vencedor y el vencido sólo pueden ser interpretados no hegemónicamente si a cada uno se le adjudica la característica de su poder ser gravitante. Es manifiesto que esto es más verdadero si se le aplica al vencido.


Detrás de cada historia hegemónica, que es también historia buscada e historia deseada, hay un gran conflicto cuya esencia y cuyo destino ha sido ocultado por el discurso de la hegemonía. El pensamiento histórico que se interesa por el origen del triunfo, por su esencia metafísica, debe alojarse en su carácter fundante, que se halla en el conflicto originario. Para esto el vencido debe recuperar su carácter de enemistad. Pero la verdad del conflicto sólo es posible realizando esa reinvestidura estrictamente más allá del bien y del mal, en la medida humana en que eso es posible. El vencido-enemigo debe recuperar en el discurso el prestigio y la dignidad de los enemigos efectivos en el mundo histórico-social. El vencido debe ser capaz de argumentar persuasivamente. Debe mostrar, por así decirlo, sus argumentos más interesantes. La historia se hace entonces historia del conflicto. Y el conflicto sólo es posible si el agente del pasado es digno. Y es digno sólo si es racional. Y es racional sólo si sus argumentos pueden ser aceptados como argumentos dignos, es decir, como argumentos serios, a los que se debe rebatir. Los mejores argumentos del vencido se reconocen porque ponen en riesgo el mundo histórico social del vencedor. Mientras más difíciles y sofisticados sean los argumentos de los vencidos-enemigos tanto más edificado sale el que comprende sus intereses. Pero de esta manera, insensiblemente, cuando la historia mira la conflictividad de la cual ha surgido la historia hegemónica no observa una situación limítrofe de desorden, sino que se encuentra en un orden diverso del de la historia hegemónica, a la vez paralelo y verdadero. El conflicto originario se revela como un horizonte de racionalidad. El discurso del vencido se rehabilita, se hace interesante y es objeto legítimo de respeto y admiración.

La historia hegemónica remite a su origen en el conflicto. Y al investigador y al lector, que son los actores de la comprensión de la historia, los fuerza una nueva atmósfera, la atmósfera de la racionalidad del vencido-enemigo. A diferencia del discurso de la historia hegemónica, el discurso del vencido no cumple las expectativas del lector, que es reconocer sus patrones morales en el pasado, lo cual incluye el despojo de la dignidad moral y racional del vencido. El lector lee desasosegado unas posibilidades que a él mismo le parecen racionales y justificadas. Y si no se lo parecen, comprende que la nueva atmósfera es mandataria, y lo fuerza. Lo que vale para el lector vale aún más para el investigador. Éste, en la atmósfera de la recuperación de la conflictividad, se ve obligado, en este marco, a renunciar al carácter moral del mundo histórico social al que efectivamente pertenece. Entonces debe (tiene que) admitir errores respecto de sí mismo; debe sospechar del dogma de la historia hegemónica y hacerlo, además, moralmente. Comprende que en ello le va la vida. El enemigo puede reclamarle ahora con justicia, pues el enemigo, de ser un actor en una historia pasada, ha pasado a ser un agente real y eficiente, que opera no fuera, sino dentro de la propia comprensión de la historia del investigador. El límite de esta actitud es hacer de la comprensión del conflicto, y en el conflicto, del vencido-enemigo, una actividad empática. Ese límite es deseable, es decir, tiene la característica de que porta consigo la atmósfera propia de lo anhelado. Esto se debe a que en este límite señalado por la empatía el enemigo, que puede en el extremo reclamar la vida de su enemigo propio, es capaz de negociar, llegar a un entendimiento y realizarse en acuerdos parciales o concesiones razonables. Una actitud hostil no es buena consejera en política y anula toda capacidad de negociación. Comprender la historia del vencido así termina para el investigador y el lector en una actuación del pasado que recupera el sentido porque recupera el carácter genuinamente conflictivo del vencido-enemigo de la historia hegemónica.

sábado, 16 de abril de 2011

Fernando Fuenzalida, recuerdos


Fernando Fuenzalida,
Recuerdos

Víctor Samuel Rivera
Sociedad Peruana de Filosofía


Me matriculé en el curso de Antropología Filosófica. Era el primer curso de filosofía que llevaba en la Facultad de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú, ya en calidad de alumno de especialidad. Íbamos a tratar del mito, el tema me fascinaba y estaba entonces de moda en los predios de mi universidad. Enrique Prochazka se enteró de que iba a tomar el curso con el profesor Edgardo Albizu, un filósofo de origen argentino que trabajaba en el Perú en aquellos años. Y entonces me dijo que no, que no podía ser, que cómo se te ocurre a ti estudiar el mito con Albizu, que si no sabía ya de “Fuenza”: el profesor Fernando Fuenzalida Vollmar (1936-2011). “¿Cómo? ¿No sabes quién es Fuenzalida?” Años que no veo a Prochazka y no me cruzo con sus ojos verdes y bohemios; amigo entrañable en cuyo departamento fabricábamos pruebas y exposiciones de filosofía con Brenilda López. Algunas tardes, Chazka me leía sus cosas de ficción, que lo han hecho finalmente célebre, una especie de leyenda de la literatura del Perú. Pero volvamos al Prochazka de mi recuerdo. Prochazka era, ante todo, mayor que yo y, aunque pasábamos horas hablando de literatura y reparando bicicletas, como dos niños, sus opiniones, en esto y en todo, eran para mí casi órdenes del comando superior. Tenía que conocer a Fuenzalida. Curiosamente, y pese a que me gustaría recordar otra cosa, hice caso omiso de la sugerencia imperiosa de Prochazka ese semestre (todos llamábamos a Enrique Prochazka por su apellido, que en sí mismo tiene todo el misterio de un apodo). Llevé el curso con Albizu. Un tiempo después me matriculé en la Facultad de Ciencias Sociales y llevé el curso sobre el mito con Fuenzalida.


Fernando Fuenzalida era un personaje fascinante. Al final era un hombre formal, perpetuamente cansado y que apenas emitía sonidos. Lo recuerdo aún de pie en una cena que dio Eduardo Hernando Nieto en 2004 y a la que asistimos varios a los que nos unía la gratitud por este maestro. Vestía esa noche un blazer azul y guardaba un porte nobiliario que se alejaba bastante del Fuenzalida que yo había conocido por Prochazka. En 1985 Fuenzalida era un intelectual miraflorino, en todo, en su ropa, en su caminar desgarbado, en todos sus defectos, en su maletín de cuero y sus camisas de cuadraditos. Pero Fuenza no era como el auténtico miraflorino, que es siempre “decente”, es decir, que es siempre de izquierda, aunque él personalmente goza de todos los privilegios sociales de los que su teoría se lamente y en su familia hay algo del abolengo y de las facciones señoriales del Virrey Pezuela. Fuenzalida era otra cosa. Era parte de un selecto y anomalísimo grupo de intelectuales que circularon entre las décadas de 1970 y 1990 y que leían todo lo que había que leer, pero que leían además todo lo que está prohibido leer también. Y le sacaban provecho. Con ellos, en especial con Onorio Ferrero, uno aprendía la bondad de lo prohibido. Recuerdo a Gianbattista Vico, a quien leí por primera vez seriamente gracias al magisterio de ambos personajes. Después, cómo no, a la Escuela Teológica, y muy especialmente al Conde de Maistre. También a René Guénon, de quien aprendí sobre el significado de la modernidad tanto como leyendo a Martin Heidegger, que es decir no poco. Metapolítica, revolución conservadora. Quizá debo resumir la atmósfera que rodeaba a Fuenzalida como el justo lugar de lo sobrenatural en la reflexión humana. Era lo contrario de un racionalista. Era un filósofo.


Algunos chicos le decían a Fuenzalida “Fuenza”. Aún Eduardo Hernando Nieto lo llama así, como si ayer fuera siempre. Hace un par de años le diagnosticaron de manera definitiva una enfermedad que iba arrebatándole las facultades mentales y que, en realidad, ya lo tenía bastante mellado desde tiempo atrás. El rumor entre la gente pensante era que había que rendirle honor publicándole algo, antes de que se muriera. Por suerte, ese honor se le ha cumplido. El daño que la enfermedad produjo en su mente quizá no le halla permitido gozar de estos bienes de la fama, tan tardíos e ingratos como lo fueron. Estos años el primer tema de Eduardo al hablar por teléfono era cómo estaba Fuenza, cómo le iba, si estaba en la clínica, si había tenido alguna crisis, si la enfermedad se llevaba arrastrando a la muerte algo más de él. Eduardo debe haber sido uno de los alumnos que más se han ocupado de Fuenza y de su salud. De sus necesidades, de la enfermedad y de su herencia intelectual. Creo que sólo he llegado a valorar a Fernando Fuenzalida en toda su magnitud, a la vez intelectual y humana, a través de Eduardo Hernando Nieto.


Fuenzalida llegaba siempre tarde. Tardísimo. No perdonaba una. En el curso sobre el mito de la Facultad de Ciencias Sociales, de 1984 ó 1985, había que esperarlo muchísimo. Una vez llegó no 30 ó 45 minutos, sino dos horas tarde. La esperanza de los más había cedido al aburrimiento. Quedábamos sólo tres alumnos en el jardín que da al frente de la Facultad de Artes, sentados en el piso. Angustiado, hecho una sopilla de nervios llegó tardísimo el maestro. Su mirada inquieta iba a derecha e izquierda mirando perdido el aula repleta de alumnos ajenos. Era tan tarde que ya no teníamos aula. Fuenza nos miró con cierta tristeza. Nos preguntó si aún queríamos la clase. Cuando le respondimos que sí nos miró con alivio. Levantó parcamente su maleta de cuero, que era como una mochila gorda y panzurrona. Sonrió al acomodarse y caminamos. Fuimos a buscar un aula juntos los cuatro, los tres alumnos y él. Y quiero recordar así a Fuenza, al profesor favorito de Prochazka, al maestro de Eduardo. Ahora que ha muerto, quiero creer, profesor Fuenzalida, que el aula de Ciencias Sociales lo espera aún, que al final de la jornada, maestro, ha de llegar usted sudoroso, con sus papeles, con sus libros de esoterismo y de teología política a improvisar, como siempre hacía, una de las clases maravillosas que son de las pocas que recuerdo de memoria de toda mi vida estudiantil. Mientras lo espero, maestro, le ofrezco mi gratitud.

miércoles, 13 de abril de 2011

No votaré por Humala


Por qué no voto por Humala

(supongo que ésta es una primera parte de una saga más grande, no lo sé)
Víctor Samuel Rivera

He resuelto dedicar algunos posts al tema electoral. Entre otras cosas, porque al fin, después de tiempo, me parece que el panorama se pone interesante. “Interesante” en el sentido de Joseph de Maistre. Para decirlo de alguna manera: no es que algo pasa, sino que lo que pasa es algo.

Durante años he visto con simpatía el régimen de Hugo Chávez. He saludado jubiloso en su momento los cambios políticos en Bolivia y Ecuador, aun cuando no fuera sino en privado. No he tenido empacho en dar una voz de apoyo a estos regímenes, y lo he hecho inspirado en motivos filosóficos relacionados con la interpretación metafísica del mundo, que en esta ocasión no son relevantes. Pensé –y pienso- en la libertad política, pero es que ni Chávez ni sus pares dan una como gobernantes. Son pésimos, son unos incalculables idiotas.

En el año 2006 voté por Ollanta Humala contra Alan García por razones análogas. Menciono todo esto porque no creo que estas razones me comprometan a votar otra vez por el señor Ollanta. Lo que media es un hecho bastante crudo, pero inapelable: el proyecto que yo creía que Chávez significaba ha fracasado. En Venezuela hay inflación, escasez de alimento, desorden civil, angustia. Ya ha pasado mucho tiempo desde que Chávez es líder de un país que nada en petróleo. Comparo la vida en Venezuela y en las monarquías petroleras de Arabia, y no me queda dudas de que Chávez hace algo extraordinariamente mal, algo que no lo califica como gobernante. Y lo que viene con Chávez es el modelo de Chávez. Y como Chávez no sabe lo que hace, su modelo no es en absoluto modelo a seguir. Más vale traerse un Rey de Arabia, de esos que regentan con sabiduría y paz en las Costas del Golfo de Persia.

Durante años, ya camino de tres lustros, he visto con paciencia la ineptitud, la torpeza, la práctica idiotez con la que Chávez ha gobernado Venezuela. He compadecido sus fallas en la dirección económica. He justificado su incalificable gestión pública en aras de razones metafísicas. He sido empático hasta el exceso. Pero basta de metafísica. Chávez, y sus pares de Bolivia y del Ecuador, son todos unos gobernantes ineptos. Aún creo que Chávez es un gran político. Tiene de Mussolini todo, casi, menos la facultad para gobernar. Justamente a Chávez le falta lo que a cualquier gobernante de su tipo debería sobrarle, talento de gobierno. Los de tipo Chávez han generado y sostienen la autonomía de Sudamérica, pero lo que hay que pagar para esa sustancia metafísica es excesivo. Hacen gran política, pero reparten hambre; Dios los colma de petróleo, pero en sus tierras el pan es caro y la electricidad un lujo. Respecto de las pobres gentes que los eligen, no se puede decir otra cosa sino que las gobiernan bestialmente, como si a sus tiranos los hubiera poseído un demonio animal, un Demonio con derechos animales, esos derechos -debo agregar- que son casi los únicos derechos que tienen éxito en sus berreados países.

Nuestra situación del Perú actual es harto compleja, y debo abreviar éste mi lamento. Pero si algo deseo subrayar, es que Ollanta Humala es, hasta ahora, un pequeño Chávez. Un Chávez sin gobierno, un Chávez que comanda, pero no manda. Dejémoslo pequeño, como está, si es que chávez, lector mío, qué es lo que te estoy diciendo. Y si no lo chávez, entonces vota por Humala. Y chavrás.

Keiko, la fuerza del destino

domingo, 3 de abril de 2011

José de la Riva-Agüero nunca escribió en "Hebdomadaire"




Montealegre y la Revue Hebdomadaire (IV)
José de la Riva-Agüero nunca escribió en Hebdomadaire


Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía


José de la Riva-Agüero ocultaba cosas. Ocultaba las que podían no convenirle. En particular, pensando en el plazo más largo, el del juicio histórico. Desde siempre mostró un interés por disimular y callar todo aquello que podría ser malinterpretado en el balance de su vida, que imaginó siempre en términos grandiosos, como la de un hombre destinado a lo alto. Por esa razón sus textos y su vida mima constituyen un maravilloso trabajo para el lector entre líneas. En el caso del artículo de Marius André de 1921, Montealegre no pudo admitir que los de la Revue Hebdomadaire lo habían mandado a rodar. Que había ido a las oficinas de la revista a reclamarle a André y entregar una rectificación, con la idea de que ésta fuera publicada en el número siguiente, de agosto de 1821 y que los de Hendomadaire no le publicaron nada.

La rectificación contra André existe. Fue impresa por Montealegre, con su propio dinero, en 1937, en el volumen primero de una de sus obras más características de su periodo fascista, un libro que se llama Por la Verdad, la Tradición y la Patria. Un libro cuya portada tiene en relieve símbolos franquistas. El libro en sí mismo es motivo de un delicioso acápite propio, que dejamos para después. Lo curioso es que se indica expresamente en el texto contra André fue publicado en la revista Hebdomadaire, en el número del mes de agosto de 1921. No indica qué número, ni en qué páginas. ¿Se habría imaginado Montealegre que nadie iba a acordarse en 1937 de que los de Hebdomadaire lo habían mandado a rodar 16 años atrás? Eso parece poco probable, si nos referimos a sus amigos de la nobleza peruana, a los Osma, los Aliaga o los Pardo, que con toda certeza se acordaban de esa mala pasada del destino. Ellos ni de asomo iban a olvidarse que al abuelito Montealegre lo habían rajado en París por el centenario de la independencia. Pero los de su casta le perdonarían la mentira, pues de una u otra manera, todos terminaban siendo sus parientes entre sí y proteger a uno era ser solidario al final consigo mismo. La posteridad, en cambio, poblada por gente más humilde, podía llegar a vivir engañada hasta la aparición de este servidor.


Las “Obras Completas” del Marqués de Montealegre de Aulestia fueron publicadas por el Instituto Riva-Agüero entre 1962 y 2007. Si buscamos allí el texto para Hebdomadaire lo encontraremos citado bajo el título de “Aclaración sobre el Mariscal José de la Riva-Agüero”. Los editores del Archivo de las obras y papelería de Riva-Agüero deben haberse percatado pronto de que no contaban con ningún ejemplar de la supuesta publicación de agosto de 1921, por lo que tuvieron que anotarlo. Les falta malicia, pues no tenían consignado el número del ejemplar, ni mucho menos las páginas y eso no los hizo dudar de nada. Hay que recordar que Hebdomadaire salía cuatro veces al mes, o sea, hubo cuatro números y nada de nada. Algo parecido le ocurrió en 1948 a la famosa historiógrafa y discípula de Riva-Agüero, Ella Dumbar Temple. Dumbar Temple, poco después de la muerte del marqués, consignó la presunta publicación de 1921 en la “Bio-Bibliografía de José de la Riva-Agüero”; ésta se halla en la revista Documenta(Lima), de 1948. Hubo de admitir allí que la única razón por la que se consigna esa impresión del año 1921 es que Riva-Agüero lo indicaba así en 1937. En realidad no hay nadie que haya jamás visto tal ejemplar. Es altamente significativo que así haya ocurrido, pues Montealegre era muy escrupuloso en archivar los documentos que había impreso, máxime si trataban de su gran papá, que era un tema neurálgico, literalmente.

Da la casualidad de que tuve la fortuna de adquirir el año pasado la colección completa de Hebdomadaire correspondiente al año de 1921, de la suscripción perteneciente a la biblioteca del filósofo Javier Prado y Ugarteche. Tengo también los números de 1920. La suscripción termina en 1922, pues en 1921 el pobre del filósofo Javier Prado debe haber calibrado las pruebas de la existencia de Dios y su liberalismo de izquierda con la vara eterna, y su familia no parece haber estado interesada en renovar la suscripción. Pero con las fechas de los ejemplares que tengo basta para aclarar todo esto de Hebdomadaire y el gran papá. He vuelto y revuelto cada uno de los ejemplares, que conservan sus índices, con lo que comprobé de todo: que había menciones a Francisco García Calderón, a Víctor Andrés Belaunde y a la revista generacional Mercurio Peruano; todo lo que corresponde con esta historia de contactos maurrasianos franco-peruanos, con toda certeza de parte de Francisco y Ventura García Calderón. Un beneficio colateral fue encontrarme con que la revista Hebdomadaire nunca publicó ninguna rectificación de Riva-Agüero y que, por lo tanto, cuando el marqués consigna una reimpresión de 1921 en 1937 simplemente está mintiendo. En realidad, está ocultando lo que ya sabemos que pasó, que los de Hebdomadaire lo humillaron. Cuando quiso aclarar las palabras desagradables dedicadas a su ancestro el Presidente de la República, algo sucedió y los de la revista lo mandaron a rodar con su carta. La historia de Montealegre y Hebdomadaire debía terminar aquí, pero aún hay un detalle que no hemos tratado, la relación de Montealegre con Marius André, pero eso lo dejaremos para la última entrega de esta serie.

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