Víctor Samuel Rivera

Víctor Samuel Rivera
El otro es a quien no estás dispuesto a soportar

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Doctor en filosofía. Magíster en Historia de la Filosofía. Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía desde 1992. Crío tortugas peruanas Motelo y me enorgullezco de mi biblioteca especializada. Como filósofo y profesor de hermenéutica, me defino como cercano a lo que se llama "hermenéutica crítica y analógica". En Lima aplico la hermenéutica filosófica al estudio del pensamiento peruano y filosofía moderna. Trabajo como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; he trabajado en Universidad Nacional Federico Villarreal desde 2005. He sido profesor en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima hasta 2014. He escrito unos sesenta textos filosóficos, de historia de los conceptos, filosofia política e historia moderna. Tengo fascinación por el pensamiento antisistema y me entusiasma la recuperación de la política desde el pensamiento filosófico. Mi blog, Anamnesis, es un esfuerzo por hacer una bitácora de filosofía política. No hago aquí periodismo, no hago tampoco análisis político de la vida cotidiana- De hecho, la vida cotidiana y sus asuntos no son nunca materia del pensamiento.

lunes, 21 de febrero de 2011

El rito, apuntes someros y trailer



Película recomendada por La Coalición

Palma clásica de La Coalición 2010


Apuntes para la interpretación desde una perspectiva hermenéutica:

1. No hay presencia binomio conceptuales modernos:

objetivo/subjetivo natura/sobrenatural real/ imaginario (psicológico)

2. No hay concepto de verdad como objeto de prueba, sino verdad como mostración.

3. La verdad es una experiencia, aunque no una experiencia privada (privada, personal) / la verdad es lo que se presenta en los acontecimientos

4. Los acontecimientos son contingentes, pero tienen un sentido

5. El sentido depende de una aceptación originaria (anterior a la reflexión) pero que está presente desde un inicio

6. Lo santo y la verdad se llaman mutuamente.

7. El mundo ordinario (/burgués, el mundo promedio) es invadido por una esfera de sentido alternativa.


Basta de filosofía por hoy.

Ficha técnica
Título: El rito
Título original: The Rite
Dirección: Mikael Håfström
País: Estados Unidos
Año: 2011
Fecha de estreno: 18/03/2011
Duración: 114 min.
Género: Drama
Reparto: Anthony Hopkins, Alice Braga, Ciarán Hinds, Rutger Hauer, Chris Marquette, Franco Nero, Toby Jones, Torrey DeVitto, Maria Grazia Cucinotta, Colin O'Donoghue
Web: whatdoyoubelieve.war nerbros.com
Distribuidora: Warner Bros. Pictures
Productora: New Line Cinema, Contrafilm, Fletcher & Company

viernes, 4 de febrero de 2011

¿Qué es la posmodernidad?: II. La decisión


¿Qué es la posmodernidad? (II)

La decisión

Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

En nuestro post anterior dedicado a temas de hermenéutica, “La Marcha”, intentamos introducir al tema de la posmodernidad. El tema giraba en torno a si tiene sentido que uno pueda considerarse un posmoderno de izquierda o derecha. En La Marcha hicimos una metáfora heideggeriana. En ella distinguimos el acontecer, el sucederse de las cosas, de la música, el ritmo que permite identificar estos acontecimientos. Imaginemos un desfile militar, una procesión religiosa. Para quienes en todo lo que escribo ven ultramontanismo o fascismo, les aconsejo enriquecer su imaginación con un desfile burlesco, una procesión de carnaval, un festival de zamba en Río de Janeiro. Hay allí también los mismos elementos: algo acontece y marcha. Espléndidas cariocas agitan sus plumas entornando las gambas, montadas algunas en carros alegóricos. Un balance vibrador palpita en sus senos morenos. Algunas incluso son travestis voluptuosas a quienes la tecnología moderna ha adaptado para la marcha. Imaginemos a una travesti que se ha disfrazado de Michel Foucault, o de la Diosa razón, o de esa liberal de Mónica Lewinski. Sea lo que sea que marcha en el festival de zamba, si marcha, tiene una música.

En un esquema heideggeriano o hermenéutico es fundamental distinguir el entorno emocional de la experiencia de sus ingredientes. Los segundos son parte del mundo. Son “ónticos”. Eso se prueba porque se pueden contar. Puedo decir: son estos cinco; estos son ocho, etc. y enumerarlos. Si se cuentan, también se identifican y cambian. Por esta razón todos y cada uno de esos ingredientes es prescindible. Ninguno es indispensable. Justamente por eso marchan, pasan y se van. Uno los recuerda como los que han marchado. En contraste con estos elementos, la experiencia de la emoción es incontable. No es numérica. Tampoco se puede suprimir y es, por lo mismo, indispensable. Por eso, con Heidegger, la consideramos ontológica. “Ontológico” quiere decir: no se puede suprimir. Sin esto no marcha nada. Este carácter indispensable de la música es fácil de comprobar. Se aconseja ver en Youtube el entierro de la Emperatriz Zita. Se ve el cortejo de las órdenes religiosas, de la nobleza y de los notables. ¡El himno del Emperador lo significa todo! Si el lector cree que este ejemplo es algo reaccionario, entonces pulse en Youtube una marcha en la Rusia Soviética. En ambos casos se sugiere, luego de haber visto el video con la música respectiva, retirar el audio. Pero entonces ya no queda el desfile. Queda la imagen del desfile. Permanece una representación, una copia, una reproducción, pero ya no decimos con propiedad “es el desfile”.

Si tomamos en serio a Heidegger y Gadamer y la tradición hermenéutica, las emociones en casos de desfiles, marchas y pasacalles son constitutivas de ser. Pero es una experiencia básica que los desfiles no despiertan en todos las mismas emociones. Hay un sí fundamental en la marcha, que es lo que la hace marchar. Este sí fundamental es lo que la diferencia del silencio y la inactividad. Este sí es una dignidad. Pero esta afirmación no es mandataria. Es obligada, en el sentido de que, cuando se da, cualquier reacción emocional que tengamos nos aparece como la marcha misma. Puede ser una marcha angustiosa, pero también una marcha maravillosa, que colma el universo de grandeza. El sí fundamental, la afirmación en su sentido más amplio, se impone sobre nosotros. Pero este sí es nuestro solamente si “sintonizamos” con la marcha. Esto quiere decir que este sí fundamental podría no pertenecernos. Aún así sería obligatorio, pero no en cambio mandatario. Llueve: de todas maneras nos mojamos. El que sintoniza con la lluvia se acoge al alero; el otro se expone a la pulmonía. Pero del que se expone a la muerte por una lluvia no decimos que ha entendido qué es llover, y sentimos lástima o cólera. El sí fundamental llega hasta nosotros y salimos a su encuentro. Ser indiferentes es insensatez. Abrimos entonces las ventanas de la casa. Encendemos las luces. Prendemos cirios o nos ponemos de rodillas. Salimos al balcón. Incluso colgamos la bandera de los Austria con el águila bicéfala de los emperadores, si es que por la calle pasa el cortejo de Zita; colgamos una bandera roja con una estrella dorada en otros casos, si desfila la efigie de Stalin, por ejemplo. Cuando el Papa fue a Barcelona a inaugurar la Iglesia de la Sagrada Familia el año pasado, los activistas gay se besaron al paso de la procesión. Tuvieron ante sí un sí afirmativo más fundamental, y entonces se besaron. Sus sentimientos descansaban en este sí más fundamental. De esta manera podemos distinguir dos afirmaciones. Ambas son ontológicas. Una obliga, la otra manda. La primera, la que obliga, nos exige reaccionar de alguna manera. Es el sí del Ser, que se afirma solo y anticipadamente. La otra es un tono emocional que explica y da significado a la esfera de nuestras acciones y reacciones. La segunda es a lo que Heidegger habría llamado una “decisión”. Esta decisión es ontológica porque expresa el sí del Ser anticipado.

En la posmodernidad hay una marcha. Es una marcha del Ser, que es quien en último término marcha. Esa marcha tiene ingredientes, cada uno de los cuales es prescindible. Pero hay una música indispensable que da el tono y llama. Los indiferentes a la marcha actúan neciamente. Ellos son “marchados”, pues donde sea que vaya la marcha, ellos no participan de ella. La marcha los lleva. Frente a la marcha son como los ingredientes de una escenografía y no se adaptan, sino que son adaptados. Otros marchan tomando una decisión. Para algunos esa decisión es un pliegue al Ser que se anticipa. Éstos son los filósofos. Para otros, la decisión es un reponerse de la marcha. Como una familia que vive cerca del escenario de la procesión y exige silencio, aunque no va a ser es cuchada, pues el sí fundamental no escucha, sino que es escuchado. En ellos su emoción niega la marcha. Pero es evidente que no la evita. Ahora, en este esquema de comprensión, que es propio de la concepción de la racionalidad posmoderna, ¿ser de izquierda es seguir la marcha?

Caetera desiderantur…


PD para discapacitados: Irán (Persia) marcha en un sentido fundamental. Como marcha ahora el Egipto, y el Yemén y en general, las repúblicas laicas que el pensamiento único impuso al islamismo. Van camino de ser estados religiosos. Así, los países islámicos que son laicos y repúblicas marchan y son evento. En cambio Colombia no marcha o bien es marchada. España es marchada. El mundo de Obama es marchado, pero en cambio China marcha. Los islámicos toman decisiones y se pliegan al Ser. Obama le recomienda la quincena pasada al líder de la China que “sin derechos humanos el éxito no es posible”. ¿En qué mundo vive el señor Obama? ¡Ah! Es un liberal de izquierda. Entonces su pensamiento está en otro planeta. Dijo que no y se perdió. ¿Son de izquierda los rebeldes islamistas de Egipto, de Argelia, del Yemén? ¿Son de derecha? ¿Es de izquierda el Dalai Lama, ese simpático amigo de Hitler que desea reconquistar su trono en China con la complicidad de las ONG norteamericanas y europeas de “derechos humanos”? ¿Puede un liberal explicarse a sí mismo los fenómenos de la posmodernidad? Un liberal de izquierda, ¿en qué piensa? Ups. Anamnesis: Siempre contra el filosofismo, el charlatanismo y la ignorancia.

jueves, 27 de enero de 2011

La filosofía jurídica de José de la Riva-Agüero y Osma



Nueva publicación:

"La filosofía jurídica de José de la Riva-Agüero y Osma (1911-1912)", en Revista Teológica Limense, Año XLIV, Núm 3, 2010, pp. 403-426

martes, 18 de enero de 2011

Montealegre como subversivo (1909-1914)




Franceses, hispanistas y monarquistas (1909-1914)
Montealegre como subversivo


Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

“¿Recuerdas nuestras largas charlas un poco subversivas y monárquicas?”, le escribe Ventura García Calderón a José de la Riva-Agüero en 1909. Ventura alcanzaba a la memoria del joven historiador unos no muy remotos episodios colegiales. El grupo de amigos que salía del Colegio de la Recoleta, al que tiernamente Ventura llamaba “Los cinco”, recorría el tramo entre la Calle de la Amargura y la de Lártiga con interminables charlas sobre Nietzsche, de Maistre y Donoso Cortés. Eran Ventura y su hermano Francisco, pero a veces también, junto con José, Mansueto Canaval y el frustrado poeta Raymundo Morales de la Torre. Les interesaba la excepción, la historia y la guerra. Pero para Ventura y Francisco, amantes de la subversión, la charla con Riva-Agüero se centraba en la forma de régimen político más apropiada para crear un gobierno futuro para el Perú. Conversaban sobre la monarquía constitucional y la república anárquica, comparaban el Imperio del Brasil del siglo XIX, expansivo y exitoso, con la historia del Perú de la misma centuria, de su paso de Reino poderoso a enjuta entidad revolucionaria y fracasada, ruina sobre cuyos recuerdos aplastaba cadencioso su paso. Por haber charlado así los cinco alrededor de 1900, algún día sería el grupo llamado “los novecentistas”. Pero por esto último, por su interés en una forma de régimen político apropiada para el Perú, alguna vez los cinco y sus postreros adherentes serían conocidos como los “futuristas”. Los jóvenes discutían para el futuro la teoría “del buen tirano”.

Mientras escribía su carta del año 1909, Ventura llevaba ya tres años en París. Vivía allí desde 1906 con su madre y sus hermanos, con Juan, José y Francisco. Para entonces el último era considerado en Europa un polígrafo célebre, un representante de las letras latinoamericanas. La Academia Francesa le había concedido ya un premio por su obra Le Pérou contemporain, uno de los grandes manifiestos de los “novecentistas”. Francisco era, pues, famoso. Para hacerse una idea de quién era ya Francisco en 1909 basta figurárselo sentado en la calle del Café Cornot, a 50 metros de la Place de l’Ètoile, renovando charlas, esta vez con grandes personalidades de la vida filosófica francesa del momento. Podemos figurarnos a Gustave Le Bon, Gabriel Tarde, Émile Boutroux, Gabriel Séailles, Théodor Ribot o Henri Poincaré. Ventura –que algún día habría de ser postulado al Premio Nóbel de Literatura- hacía entonces un esfuerzo bastante fructuoso por no quedarse atrás. Mientras recordaba las charlas antiguas de la Recoleta, podía jactarse de haber publicado ya también su primer folleto con los Hermanos Garnier, en 1908. En 1909, mientras escribía a Riva-Agüero, soñaba con terminar su más famosa obra de juventud, la hoy rara compilación de literatura peruana Del romanticismo al modernismo. Ventura quería en las letras hispanoamericanas lo que su hermano en la filosofía. En este contexto pasan las charlas “un poco subversivas”. También estas referencias monárquicas que, como habrá notado el lector, sugieren un verdadero enigma.

Ventura estaba elaborando los prólogos y los comentarios a su Del romanticismo al modernismo en un contexto muy afortunado de relaciones ligadas a su interés por publicar libros y volverse famoso. Alrededor de 1907, se había topado con una red de hispanistas franceses que giraban en torno de Fouché Delbosc. Por este último conoció a uno de los grandes expertos en literatura hispanoamericana y un representante singular de los estudios hispánicos en Francia, Ernest Martinenche (1869-1950). Éste era a su vez amigo muy cercano de un hispanista de origen argentino que vivía en París y que era de oficio editor de libros, Charles Lesca. Martinenche, además de estar interesado en la cultura y la literatura “hispánica” -que ahora llamaríamos más bien “iberoamericana”-, venía de ingresar en la docencia en la Universidad de La Sorbona de París, en 1907, lo que señala el inicio de una larga y exitosa carrera académica como experto en temas españoles y latinoamericanos. Edición de libros y ambiente universitario. Pues bien. Resulta que el círculo hispanista de Fouché Delbosc era también el nido de un tipo particular de activistas monárquicos, vinculados a l’Action Française, un órgano de prensa de la extrema derecha integrista francesa. Estos monarquistas como Martinenche y Lesca se caracterizaban por ser también positivistas y nacionalistas, y estaban asociados, a través de l’Action Française, con los grandes pensadores y activistas franceses del monarquismo de la época, Charles Maurras y Maurice Barrès. En 1907 Francisco había citado a estos dos últimos en su Le Pérou Contemporain. Riva-Agüero debía estar interesado, pues, en estos personajes. ¿No parecían cómplices acaso de sus charlas “subversivas” y “monárquicas”? Ventura, ahora, mientras componía su Del romanticismo al modernismo, los tenía muy, muy cerca.

Durante el año 1909 Ventura, que era muy ingrato para escribir, redactó una lista notable de cartas para Riva-Agüero, entre otros motivos, para obtener el material para la compilación del año siguiente, cuya existencia en la imprenta era debida a la ayuda de Martinenche y Lesca. El de Lártiga había redactado en 1905 una tesis de bachiller el Letras dedicada en gran parte a la historia de la literatura que ahora Ventura quería compilar. El libro es Carácter de la literatura del Perú independiente. El libro de Riva-Agüero, poblado de observaciones literarias, era en realidad un texto de sociología o psicología colectiva basado en el modelo de Hyppolite Taine y en el que se había desarrollado una historia de la literatura peruana, y muy en particular del periodo que Ventura refiere como “romanticismo”. Para 1909 José conservaba el material con el que había trabajado, una buena parte los originales de las obras citadas, pero también copias de los originales que su autor no había podido comprar y que debía haber tomado de la Biblioteca Nacional. En su mayor parte se trataba de obras raras y muy valiosas. Ventura, en París, no tenía acceso a nada de eso, y a José, en cambio, ese material le parecía ahora marchito e inútil. Ventura, consciente de que deseaba de Riva-Agüero más y más material para su compilación literaria, de que éste era inaccesible, y aun de que Del romanticismo al modernismo era una suerte de reciclamiento del trabajo de su amigo de la Calle de Lártiga, debía interesarle tentar al amigo en esta doble militancia hispanista-monarquista por el lado que estaba más asegurado: la monarquía.


Charles Lesca y Ernest Martinenche, los editores y contactos de Ventura, eran unos monarquistas nacionalistas y positivistas. Pero el autor de la tesis de 1905 también lo era. No ya en las polémicas infantiles a la salida del colegio, sino como tesista universitario. Riva-Agüero venía de haber defendido en 1905 la tesis de la “superioridad teórica de la monarquía”, un tópico que es fácil de olvidar en un país donde la idea misma de la nación se piensa en parámetros republicanos. “¿Recuerdas nuestras largas charlas un poco subversivas y monárquicas?” –podemos imaginar releyendo Riva-Agüero la carta de Ventura de 1909-. Pues bien: esas charlas continuaban en París, y las proseguía Ventura con sus amigos los literatos hispanistas. La posición monarquista es desarrollada como uno de los temas centrales de la obra, en particular en la sección dedicada al poeta Felipe Pardo y Aliaga, cuyas tendencias monarquistas la historiografía no se atreve a afirmar. Ventura usó de referente para su propia obra el texto de José, que sus amigos editores hispanistas podían leer en castellano. Ventura dedicó tiernamente la obra a Riva-Agüero y le dedicó unas líneas en calidad de escritor en la sección “los nuevos”, en cierta medida dedicada a resaltar a “los cinco”, esto es, a los “novecentistas”.

No mucho después de la impresión del libro de Ventura, en 1910, la Ciudad de los Reyes fue visitada por una extraña y diminuta comisión académica francesa. Ésta estaba integrada nada menos que por Martinenche y Lesca; la visita del hispanista y del editor fue sucedida por otra del propio Ventura, en 1911, en que intervino activamente en la vida política de Riva-Agüero. Desde el punto de vista formal, Martinenche venía acompañado por Lesca para crear lazos universitarios. En esta línea, Martinenche invistió a Riva-Agüero de corresponsal y encargado de la sección peruana de una institución dedicada a fortalecer los vínculos franco-latinoamericanos. En calidad de tal Riva-Agüero comenzó a redactar para una publicación dirigida por Martinenche unos reportes periódicos sobre la situación de la cultura, la producción bibliográfica y la literatura peruana, que se iniciaron en 1910 y continuaron un par de años más, hasta 1912. Pero ya sabemos que a Riva-Agüero, luego de su libro de 1905, no le interesaba la literatura peruana. Le interesaban en realidad más los temas subversivos de la sección política de su libro de 1905, que iba desarrollando en las obras sucesivas del mismo periodo de relación con Ventura y los hispanistas franceses, esto es, entre 1909 y 1912. Se trataba de la forma de régimen político y de temas como la monarquía, la guerra y el fundamento del orden social, los mismos temas de los cinco caminando desde la Calle de Amargura hasta Lártiga y viceversa. Algo nos sugiere que Lesca y Martinenche no atravesaron el planeta Tierra desde el Café Cornot hasta el palacio de la Calle de Lártiga para confirmar un corresponsal de literatura, sino para contactar con este Riva-Agüero subversivo. “¿Recuerdas nuestras largas charlas un poco subversivas y monárquicas?”, relee Riva-Agüero la letra de Ventura.

domingo, 9 de enero de 2011

¿Qué es la posmodernidad?



I. La marcha

Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía
Dei Gratia, 1992

La verdad marcha, y puede marchar más o menos rotundamente. Incluso a veces puede caminar, en el sentido de que va a alguna parte. Es propio de la verdad el ir, el desplazarse. Pero cuando decimos que “marcha” no sólo queremos decir que va a algún lado (o sea, que es un sentido), sino que adquiere, en nuestra lengua, las connotaciones de “marchar” y “poner en marcha”. No es necesario retorcer la fuente inspiradora de esta manera de comprender la verdad, El origen de la obra de arte, de Martin Heidegger (1935). Como el lector informado en hermenéutica a quien me dirijo sabe de sobra, este ensayo de Heidegger se considera normalmente como el inicio de la segunda etapa de su pensamiento, la Kehre y es el que abre la colección Holzwege (1935-1943). Pero dejémonos de exquisiteces. No habrá aquí juegos en alemán y traducciones esmeradas, pues consideramos tales cosas trabajo de traductores, que no de filósofos. En cambio tendremos aquí un intento de hacer comprender –especialmente a los jóvenes- qué es la posmodernidad desde el punto de vista de la tradición filosófica. Esto con la idea de ver cuán diferente es la posmodernidad como un horizonte de discusión filosófica y la posmodernidad fuera de la filosofía, como término del lenguaje ordinario. Fuera de la filosofía, hablar de “posmodernidad” y “posmoderno” es pura chapurrería ideológica que sirve –como todo lo moderno- para sindicar y castigar. Hace bipolaridades del estilo “sí” y “no”, donde sí es siempre el patrimonio del chapurrero. Esa chapurrería es mala porque obstaculiza el pensamiento, ni más ni menos. Privilegia un prejuicio que es poco profesional. El joven que desea ser filósofo debe abominar la chupurrería, por más que ésta se revista de los consabidos histerismos morales “de izquierda” y la –tan asquerosa- limpieza “moral” de los archiobispos laicos que la predican desde sus honorosísimos pasquines.



La noción de posmodernidad puede ser explicada de varias maneras. Esta vez vamos a tratarla desde el punto de vista de la verdad. Entiende la posmodernidad quien está atento a su verdad. Esto para atender las inquietudes de los jóvenes. En particular ésta: ¿un posmoderno puede ser de izquierda o de derecha? La pregunta, en 2010, luego de 20 años de la caída de Berlín, bien podría ser desestimada como el resultado de la falta de estudios histórico-sociales. Si el joven tiene –digamos- 23 años, es muy probable que no se acuerde del sentido histórico que ese concepto tiene, y cuya fuente es de la edad de la juventud de sus padres. Pero hay profesores de filosofía que hacen discurso filósofico de tipo ahistórico. Me refiero, como no puede ser de otro modo, a los liberales. Como Habermas creía haber integrado la hermenéutica al neokantismo, es posible que haya liberales que crean también que lo son. Esa discusión podemos dejarla para otro momento. Pero debe quedar claro que es por razones conceptuales e históricas (y no ideológicas o de opción personal) porque el liberalismo no sólo no ha incorporado la hermenéutica, sino que es incompatible con ella. Es una cuestión académica, no una cuestión ideológica o política.

Dejado lo anterior en claro, hagamos ahora filosofía. Para Heidegger –y para nosotros- la verdad marcha. “Marchar” es una metáfora militar. Es como “desfilar”, y se relaciona con lo marcial, con lo terrible de una marcha, que es el mostrarse de los que van: van a enfrentar la guerra. Este marchar no es sólo un caminar de cierta manera. Nos remite también a una música, la música de la marcha, la marcha militar como género musical. La marcha es el ritmo del que marcha. En francés se dice bien “ça va” como sinónimo exacto de la expresión “ça marche”: marchar es el ritmo del acontecer, que si el acontecer va, si el acontecer avanza, entonces marcha. Pero si marcha tiene un ritmo, y se reconoce por tanto en una marcha. Marcha, pues, de una manera. Esa manera es el significado del desfile. Esta metáfora de Heidegger, que he reconstruido de manera lo más pedagógica posible –para uso del los estudiantes que deseen ser filósofos seriamente-, nos hace pensar en qué es lo que tipifica la experiencia del ritmo, de la marcha. La marcha no es sólo una pieza musical, sino que su significado va con la realidad moral que está representada en la experiencia de vivir una marcha. Como es propio de la filosofía de Heidegger, pero en realidad de la hermenéutica en general, esta consideración nos dirige a un tono emocional. “Caminar” carece de todo, es lo más cercano a un mero ir. Pero en el mero ir uno siempre está pensando en la meta, mientras que el camino se le subordina como un instrumento. Es mi camino-para. Pero cuando “va”, el acontecer implica una canción. Pensemos en la melodía escrita por Joseph Haydn para el último Santo Emperador Romano Germánico. Hoy el himno de Alemania. Pero antes lo fue del Imperio Austro-Húngaro. Las letras no parecen hacerle mucha honra, pero lo que nos importa ahora es que la música de la marcha es también la marcha pues es el sentido de la marcha. Una marcha-desfile no marcha sin su música.


“Tono emocional” quiere decir: comprendemos la marcha marchada por el toque de la marcha. Cuando la marcha se toca durante la marcha, entonces “ça marche”, la cosa misma marcha. Y cuando eso sucede, podemos decir de ella que es “verdadera” en términos hermenéuticos. El tono emocional que da ritmo a la marcha nos hace partícipes de la forma de ser de la verdad. Esta participación “va” con la marcha. Podemos simplificar esto diciendo que se trata de un compromiso con lo que marcha. Escucho la marcha y –si soy francés- y me preguntan qué tal, entonces digo “ça marche”. Quiero decir: lo que veo en el ritmo de la marcha es verdadero, y se revela en esto: que manifiesta una emoción inevitable cuya experiencia. Ahora bien: no hay una relación necesaria entre la experiencia de la marcha y su ritmo, entre su verdad y el tono emocional que rodea una experiencia cualquiera. Se trata de un saldo conceptual que es propio de la manera de ser misma de ser parte o no ser parte de la marcha. La marcha llama la atención. La marcha musical irrumpe en el horizonte auditivo: se comprende que indica algo. Es una señal del acontecer que marcha. La marcha es una experiencia conmovedora y comprometedora cuando el irrumpir es aceptado como un llamado. Escucho la música y voy tras ella; me integro, por tanto, al sentido de la marcha, a la que entonces me adhiero. Como una cuestión de hecho, no hay ninguna necesidad lógica en que el llamado de la marcha despierte un sentimiento afirmativo. Muy al contrario, la marcha puede ser tomada de muchas maneras, en varias de las cuales uno puede aceptar o rechazar.

En una comprensión filosófica de la posmodernidad, ésta es un acontecer que marcha, esto es, se manifiesta como una verdad que hace su anuncio y presenta su ritmo. Pero a un llamado puede decírsele que no. Uno puede aplastar las manos contra las orejas para omitir el llamado. Este llamado igual llama, lo cual se confirma justamente en el rechazo. Incluso más en el rechazo que en la solicitud pues el llamado es un llamado político y lo propiamente político descansa en un no que no es una mera negación, sino una hostilidad hacia la marcha, justamente. Su verdad descansa en aceptarla o negarla, incluso cuando no puede evitarse oírla. El mero no, la negación simple, la ignoración mera del acontecer, habíala declarado Heidegger imposible en Holzwege. Tanto si marcha como si no marcha, marcha. Comprender qué y cómo marcha es nuestro trabajo. ¿Qué marcha con la posmodernidad? ¿Marcha la secularización –por ejemplo-, el laicismo, los derechos humanos, la democracia liberal, el libre mercado? Son parte de la marcha. Pero no son su ritmo. Y sólo el que atiende al ritmo, a la marcha, marcha.

Caetera desiderantur…

martes, 4 de enero de 2011

Montealegre y los Condes Serristori


Montealegre en el Palacio Strogonoff
José de la Riva-Agüero y los nobles emigrados en Roma (1922-1930)

Víctor Samuel Rivera

Uno de los centros de mayor intensidad de la vida del Marqués de Montealegre de Aulestia fue el palacete de Vía del Corso. Vía del Corso es aún una famosa avenida de Roma, en uno de cuyos extremos se halla la Plaza Venecia; en la década de 1920 era también el lugar preferente para los discursos de Benito Mussolini. Allí, a pocos metros de la columna de Trajano, en el número 35, se hallaba la puerta del Palacio de los Condes de Serritstori. Según entiendo por mis investigaciones en torno a la vida del gran polígrafo y pensador peruano, éste solía ir donde los Serristori con mucha frecuencia. De hecho, durante años, la Casa de los Serristori fue uno de los centros privilegiados para los contactos de nuestro marqués. José de la Riva-Agüero y Osma vivía en el mayor anonimato posible junto a las marquesas su madre Doña Dolores y su tía la Marquesa de Casa-Dávila. Montealegre residía en el Hotel Royal, Vía 20 Settembre. Donde los Serristori –según lo sugieren los indicios que aquí reconstruimos- se hablaba más francés que italiano.

En mi interés por esclarecer los vínculos de Montealegre en Italia hace un par de años tuve un interesante encuentro con algunos miembros de la nobleza europea. No es un secreto que Montealegre vivió en la capital de dicho Reino desde 1922 hasta 1930. Se trata de un periodo lleno de oscuridad, en el cual es casi nada lo que escribió y menos aún lo que se sabe. Era expreso deseo de su madre Doña Dolores que su lugar de residencia en Roma fuera cerca de la Corte Papal, por motivos a la vez políticos y religiosos. Los Montealegre residieron en Vía 20 Settembre hasta 1926, en que Doña Dolores murió. Luego, por motivos que no vienen al caso ahora, se cambiaron a un lugar más humilde. Montealegre se regresó en 1930. Cuando hace un par de años entrevisté a los miembros de la nobleza para indagar sobre la década de 1920 lo primero que hicieron fue preguntarme con qué italianos se había relacionado. Yo sabía con qué franceses y con qué españoles. Pero pensar en los italianos se hizo un quebradero de cabeza. De pronto me di con la sorpresa de que no podía contestar casi nada. Recordé que Riva-Agüero se había relacionado con el Príncipe Chigi. Los nobles me hicieron notar que Chigi había sido un personaje famoso de la historia italiana, parte del régimen de Mussolini. Pero entonces recordé: Chigi era amigo de los Condes Serristori. El sentido común me indica que Riva-Agüero accedió a Chigi por estos condes. El entorno de estos condes era pues, la clave de los contactos en Italia. ¡Pero los Serristori estaban tan lejos de ser personajes relevantes de la historia italiana! “A esos no los conocemos”, me dijeron.

Por examen de la correspondencia de Montealegre entiendo que Chigi era amigo de Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII y que ambos eran amigos, a su vez, de una noble polaca, la Princesa Radziwill. Pues bien, ésta última era íntima de Madame Serristori. Radziwill formaba parte de un círculo de nobles emigrados de Europa Oriental en la Corte de Roma, en particular de Polonia y Rusia, los cuales estaban más entendidos en francés que en italiano. En un mundo ítalo-parlante, estos eslavos de diferentes nacionalidades deben haberse sentido más a gusto hablando el idioma del Conde de Maistre que el del Papa, a quien por ser ellos de religión ortodoxa no veneraban. Eran estos emigrados sí amigos de Chigi y de Don Alfonso. Esto se explica por el status de la Radziwill, título de una de las grandes familias de la realeza polaca. En Roma era una emigrada, pero su posición era casi la de una reina, y era a nivel de la realeza que ésta era atendida en el medio romano. En este círculo que conformaban Radziwill y Serristori eran especialmente próximos los Príncipes Novikow y Stephanow. Un dato interesante de la vida de Riva-Agüero en el Reino de Italia es el gusto que adquirieron las marquesas por los bailes rusos, una herencia cultural que indudablemente era debida al trato con estos Novikow y Stephanow. No resulta sorprendente en absoluto que en este contexto el marqués se hubiera trasladado luego de la muerte de Doña Dolores del Hotel de Vía 20 Settembre al Hotel Strogonoff, un lugar cuyo nombre no es posible evitar asociar a los nobles Novikow y Stephanow ni, por lo mismo, a la Princesa Radziwill y al Príncipe Chigi y, por intermedio de éstos, a los Condes de Serristori.

Uno bien puede preguntarse cómo así una noble familia limeña establecida en Roma en 1922 tuvo como centro de contactos la casa de unos condes más o menos poco destacados, que al parecer no hablaban mucho el italiano y que, como es manifiesto, se relacionaban en Italia más con la nobleza extranjera que con la italiana. De Novikow y Stephanow habría que agregar, además, con toda certeza, que eran unos personajes más bien grises y pobres. “Cher Marquis”, – le escribe una vez la Condesa de Serristori a Montealegre, advirtiéndole del cuidado que hay que tener para bien invertir el dinero en un círculo de pordioseros nobiliarios- hay ¡“Tantos refugiados rusos y polacos más o menos en la miseria”! Es evidente a quién se refería. Pero todo se aclara cuando, en Vía del Corso 35, hace su ingreso la Duquesa de Terranova, la hermana de la Condesa de Serristori.

Un día la Terranova llega a Corso 35 con algún chisme de la Condesa Potocka, la esposa del Conde Potocki y, por mejor seña, una peruana. Iba a soltar una nueva de la encantadora y criolla Susanita Potocka. Pero rápidamente cae el telón de la ignorancia para el lector. Hay que decir que la Terranova era hermana de la Serristori, y ambas a su vez amigas de la Potocka. La Serristori y la Terranova, las amigas de Susana, eran en realidad las hermanitas de la Gándara, Hortensia y Carmen, respectivamente, ambas afortunadamente casadas con Conde y Duque. Como eran amigas de Susana Potocka y ésta estaba casada con el Conde Potocki, de oficio diplomático polaco, esto las acercaba a la encumbrada Princesa Radziwill, que podemos imaginar complotando para que la monarquía fuera restablecida en su querida y eslava Polonia; por medio de la Radziwill, pasamos por el Príncipe Chigi y desde él a la Reina de Italia: hay que saber que era del dinero de la Reina que vivían a su vez los emigrados de otras casas reales en desgracia emigradas en Roma, verbigracia los polacos y los rusos, y es así como llegamos hasta los pordioseros eslavos, estos príncipes Stephanow y Novikow a los que les gustaban los bailes rusos y de los que ya sabemos andaban peseteando a los Montealegre. Ignoro si las hermanas de la Gándara eran limeñas de nacimiento, pero lo dudo, pues la Serristori escribía en francés. Lo que sí es indudable es que los de la Gándara tenían una rama familiar peruana y que es de esa rama, como no podría ser de otra manera, que hizo recurso la Marquesa de Montealegre cuando resolvió, alrededor de 1922, ir a vivir a Italia, un país en donde no conocían, ni ella ni su hermana ni su hijo, a nadie. La Terranova termina los chismes que tenía que contar. Los Montealegre invitan a todos los emigrados de Corso 35 al siguiente baile ruso en el Hotel Strogonoff. Los Montealegre pagan.

Caetera desiderantur…


PD: Obligado ver el video sobre los Radziwiil

Nuevos dossiers


Estimados lectores:


En el transcurso del mes voy a diferenciar los enlaces históricos de los de hermenéutica. Para el caso voy a dividir la banda lateral con "Escogigos de Anamnesis" en los dos rubros mencionados para facilitar el empleo de la página.


domingo, 26 de diciembre de 2010

Hacker en Google



Hacker en Google

Víctor Samuel Rivera

Unas breves observaciones sobre la manera en que se hackea el Google. Vigente la prueba hoy que redacto, 26 de diciembre de 2010, 1:00 pm. Hora de Lima. ¿Quiere usted ingresar al portal de la famosa revista Araucaria, número 24? Coloque usted en la banda del buscador Google la expresión entrecomillada “Araucaria 24” en búsqueda especializada. Podrá comprobar usted mismo que en las dos páginas de resultados no contienen ninguna referencia a la famosa revista de pensamiento político en lengua española “Araucaria”, posiblemente la más famosa e importante en su género. El número 24 es el del número más reciente, que está colgado en la red desde hace seis meses. Usted puede ver, en la segunda hoja, un link que permite ir a “resultados omitidos”. Aplaste allí y entonces ¡sorpresa! El buscador indicará en el segundo y tercer lugar “Araucaria, Nº 24, institucional”. Esto es: aparece al punto la revista famosísima en su último número… que antes permanecía oculta. Evidentemente, porque la han ocultado. Pruebe usted en el buscador con otros números de Araucaria, y comprobará que éstos sí aparecen. Si Google fuera un ser inteligente, no podría omitir Araucaria 24 de la lista de “Araucaria 24”. Y Google es inteligente. Pero no es un miserable mañoso, como el canalla potoaudio que ha ocultado la revista con algún truco sobre el programa que Google usa. No es la primera, ni será la última, pero al menos esta vez deseo que lo sepa Google mismo, dado que es su programa el que es hackeado.

Debo resaltar que hace un par de meses me consta no haber tenido ningún problema en acceder a la mencionada revista.

Recibo una multitud ya aburrida de intervenciones por Internet y las asumo como parte de mi vida cotidiana. Es una especie de mafia informática. Me aburre la sola idea de detallar el asunto. Si le doy algo de prensa al caso presente es por la incomodidad que me causa en particular. Abreviaré los precedentes, entonces.

Ayer remitía saludos por fin de año a diversos amigos, sobre todo españoles, algunos de los cuales ya me habían advertido que no aparecía un artículo mío impreso en la revista “omitida” y que ésta difunde especialmente por Internet en formato pdf, pues es una publicación académica internacional con sede en varios países Iberoamericanos cuyo objetivo es difundir su contenido. La versión impresa, indexada debidamente y registrada en la Universidad de La Rioja, es remitida a las principales universidades del mundo, en cuyos catálogos puede confirmarse mi aserto. Es evidente que se trata de un link de la mayor relevancia. ¡Vaya usted a ver lo que aparece en el lugar de “Araucaria 24”!



Pues bien. Mis amigos deseaban que, dada la dificultad que parecían tener en hallar ciertos textos míos por el buscador de Google, fuera yo quien les proporcionara el link respectivo. En Araucaria 24 he publicado yo en este año que se va “Dios, patria y Rey. José de la Riva-Agüero y Javier Prado”. Primero, por inercia, busqué el link por nombre del Marqués de Montealegre de Aulestia, tema del trabajo. Nada. Ningún resultado que remitiera a Araucaria 24. Entonces opté por escribir “José de la Riva-Agüero y Osma”, pensando en que es más usual anotar al marqués por su nombre corriente. Entonces nada tampoco, nada de nada. Debo reconocer que aparecía un link a una biblioteca mejicana en que, curiosamente, mi nombre está redactado mal. Indicio curioso de maña. Mi nombre no sale bien, entonces no ha sido omitido. Como no encontré la revista, entonces pedí, en este orden: el título del artículo, el mismo título y mi nombre, el título, mi nombre y el de la revista, y luego el título, mi nombre, el nombre de la revista y el número de la revista. Entonces me hallé con que no salía nada. Era como si nunca hubiera yo escrito nada. Sólo había notas sobre mi blog, lo cual no está mal, pero nada sobre la revista misma. Fue entonces que me dije, ¡va! Busco la revista y punto. Una vez dentro, hago clic en mi artículo y recojo el vínculo. ¡Cuál no sería mi sorpresa cuando comprobé que no salió nada! Al canalla no le había bastado con “omitir” mi nombre, y el de mi trabajo, sino que, por lógicas razones, debió programar que la revista misma fuera excluida del buscador.



Hay quienes deben estarse divirtiendo con la historia. Cuando pasó algo semejante con mi Facebook hace un par de años y yo exhibí queja pública, a través de aquí, justamente, éste me fue repuesto casi inmediatamente, por Facebook mismo, más un sistema de seguridad particular que aún es vigente y agradezco. Espero que Google haga lo propio ahora. Y tú, canalla, el de los potoaudios, dime, ¿no tienes otra cosa mejor en qué dedicar tu tiempo y tu mafioso dinero que en intentar la cancelación del Sol con uno de tus dedos mugrientos?

Google bless You all.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Montealegre y el Ibero-Amerikanisches Institut (1931-1944)


Montealegre y el Ibero-Amerikanisches Institut (1931-1944)
José de la Riva-Agüero y Osma, consultor de Alemania

Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía


“A raíz de su actuación en épocas de guerra y paz” –le escribe Edith Faupel al Marqués de Montealegre de Aulestia en 1933- “todos los alemanes tienen por usted sentimientos de gratitud y amistad”. El Mariscal Paul von Hindenburg le ofrecía la medalla de Arte y Ciencia del Reich. El motivo era haber escrito una extensa conferencia sobre Goethe en el primer centenario de su muerte, en 1932. Un acto de honra a la cultura alemana bastante peculiar, dado que es una singularidad dentro de los trabajos académicos de José de la Riva-Agüero. Montealegre no frecuentaba la obra de autores alemanes. De hecho, no conocía el idioma alemán. Un conocimiento de su obra revelaría sin dificultad que esta mirada a Alemania resultaba algo rara en un autor cuyas preferencias habían recaído siempre en España y Francia. Pero adquiere relieve el único hecho por el cual Montealegre había elogiado públicamente a Alemania. En tiempos de guerra, en la Primera Guerra Mundial, el entonces joven Riva-Agüero había sido un panegirista del Káiser Guillermo II, una auténtica singularidad teutónica en un mundo escandalosamente adverso a Alemania. Sus más cercanos amigos, Ventura y Francisco García Calderón, fueron –desde París- unos entusiastas enemigos del Káiser. Francisco escribió un folleto “Sobre el germanismo”, cuyo ideal debía oponerse al de Francia. Una de las crónicas más atroces que haya recibido el Káiser fue escrita por Ventura, en 1919; se titula, “El emperador se va”. En Lima, los grandes intelectuales cerraron filas en pro de la causa de los vencedores de Alemania, como el filósofo Javier Prado. Pero solitario, el Riva-Agüero de 1919 era solidario con los imperios europeos. Y así lo sabía en su escritorio e Berlín Edith Faupel mientras redactaba la carta.

Inclinemos la mirada hacia la mano agradecida que recordaba en 1933 la valentía por defender a Germania del marqués de la Calle de Lártiga. Edith Faupel era graduada como doctora en Letras por la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, y aunque no lo he comprobado con documentos, debe haber llevado sus estudios durante “los tiempos de guerra” en que Montealegre hizo los méritos para una medalla de Alemania. En 1931 Faupel dirigía la Sección Peruana del Ibero-Amerikanisches Institut de Berlín. El razonamiento es muy simple: Faupel contactó a Montealegre, a quien conocía de Lima; sabiendo que éste era un germanófilo, le pidió que hiciera el trabajo sobre Goethe. Montealegre se tomó el trabajo de estudiar un tema que no conocía, sobre el que redactó al final un texto de 35 páginas y 30 notas, que hizo imprimir con su propio bolsillo. El texto se titula Goethe. Homenaje de Lima en el primer centenario de su muerte, Lima, Imprenta Torres Aguirre, 1932. Tanto Faupel como Montealegre ganaban algo.

No hay testimonio escrito de lo que vengo de explicar. Montealegre conservó una serie de cartas con Edith Faupel que van de 1931 hasta 1941. La mayor parte de esa correspondencia es irrelevante: se trata de acusos de recibo o solicitudes de publicaciones para su registro en la biblioteca del Ibero-Amerikanisches Institut de Berlín. Para el que conoce la obra del pensador peruano, que se esmeraba tanto en su imagen en un futuro, resulta evidente que a Montealegre debe haberle incomodado que la posteridad sospechara que hubiera escrito algo a cambio de una medalla que sin duda no necesitaba. El Ibero-Amerikanisches Institut de Berlín se había abierto recién en 1930 y Faupel, como doctora en Letras graduada en Lima, venía perfecta para su cargo. Esto, más la indiscreción de haber revelado de dónde salió el interés de Montealegre por Goethe sería todo lo que tengo que escribir a no ser porque, en 1933, precisamente mientras Hindenburg le ofrecía al marqués la medalla a las Artes y las Ciencias, el general Wilhelm Faupel, el esposo de Edith, era designado por el Reich como el director del Instituto. Exceptuando el periodo entre 1936-1938, en que fue sustituido por Albrecht Reinecke, desde 1934 Faupel fue el celoso guardián de la oficina de su esposa. Es muy sospechoso que el premio de Riva-Agüero haya coincidido en el tiempo con el nombramiento del general Faupel en la oficina del directorio del Ibero-Amerikanisches Institut; Montealegre es premiado en 1933 y Faupel es nombrado director al año siguiente. Como es manifiesto para el lector, es muy probable que Edith se haya jugado un riesgo al impulsar la carrera de su marido a través de la figura (entonces sobresaliente) del gran polígrafo peruano. Es muy simple: su esposo es llamado al cargo de director gracias a la intervención de Riva-Agüero, que se encaminaba además en favor del nuevo régimen que, entretanto, se iba articulando en Alemania. Cuando éste se consolida, imaginamos un pequeño bigote sobre traje militar que ve con simpatía desde su oficina de Canciller del Reich el encargo de los Faupel en el el Instituto, que, aparte del incidente de 1936, no se interrumpe más hasta 1945. El general Faupel fue un manifiesto adicto del régimen nazi y hay disponibles estudios recientes sobre su trabajo, por ejemplo Reinhard Liehr/Günther Maihold/Günther Vollmer; Ein Institut und sein General: Wilhelm Faupel und das Iberoamerikanische Institut in der Zeit des Nationalsozialismus. Frankfurt, 2003.

El pequeño bigote no se equivocaba. Montealgre iba a ser uno de los intelectuales americanos que más empeño pondría en la causa de Alemania “en tiempos de paz y guerra”, en particular de guerra, hasta 1944, en que el marqués dejó de existir. “Todos los alemanes” tenemos “por usted sentimientos de gratitud y amistad”, escribía entretanto la señora Faupel. Sin duda, esos sentimientos eran muy intensos en ella.

jueves, 16 de diciembre de 2010

El mercado Montealegre






Movimiento en el mercado de los libros
del Marqués de Montealegre


Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía

Queridos lectores:

Me acuso de un cierto descuido por mi blog, en particular en las últimas ocho semanas. Pero alguna vez debo tomarme en serio las opiniones de los médicos en lo que a mi persona se refiere. El médico dice, “no, profesor, no trabaje usted. Descanse, ¿qué le cuesta tomarse unos días para no hacer nada?”. He pasado años trabajando muchísimo, y de alguna manera –como dice Aristóteles- “el hábito tiende a convertirse en naturaleza”. No puedo, pues, abstenerme de trabajar del todo. El “descanso” es para mí un inmenso vacío del que creo poder excusarme algo. Existe el reemplazo del trabajo, el trabajo sustituto, el pseudotrabajo, que es una nada productiva. Esa idea me gusta más, aunque no pueda abandonarme del todo a ella. Entonces me he dedicado a la valorización económica de mis libros. Acabo de descubrir que mi William Havey, La circulation du sang , de 1879 es una auténtica joya bibliográfica, que vale unos 400 Euros; llevo la desilusión de que mi largamente centenario ejemplar del escéptico Juan Maldonado, Comentario a los cuatro evangelios, fechado en Lugdunum, 1604, vale en realidad lo mismo que mi libro de William Harvey. En este ocio he descubierto algo interesante sobre José de la Riva-Agüero y Osma, un dato interesante para los que hacen de su ocio lo que yo con el mío: mirar y admirar sus propios libros.

En el periodo en que comenzaron a volverse públicas mis obras sobre el Marqués de Montealegre, las obras de nuestro marqués, José de la Riva-Agüero y Osma, se han revalorado en el mercado de libros de colección. Hace un año apenas, sus folletos y obras más antiguas no aparecían en los mercados de libros raros de Europa. Esto entre 2008 y el presente. Confieso que intenté encargarme algunos en España, Italia y Francia sin mayor éxito entre 2004 y 2006, que fueron los años en que hice acopio de sus trabajos para desarrollar mis investigaciones, entonces en pañales. Una vez me dijeron en Madrid, “sí, nos acordamos de él, pero no se consigue nada”. Bien por los españoles, que deben recordar a uno de los hombres que más amó e hizo por su patria fuera de España en el siglo XX. Pero mucho recuerdo a falta de libros. "¿Cómo no nos vamos a acordar de Riva-Agüero?" me dijo un catedrático de Salamanca. Pero ni folletos, ni manuscritos. Nada de nada. Pues bien, en los últimos meses se ha reimpreso obras de Montealegre para ponerse a la venta. Hoy se puede comprar por 120 Euros (fuera del transporte) su preciosísimo (y muy raro) El Perú histórico y artístico (1921), que hace un par de años no existía. Y la obra ha sido reimpresa. Eso revela que ha adquirido demanda incluso aparte del ámbito de los coleccionistas de antigüedades literarias. Un fantasma recorre Europa.

Como se sabe, los tomos de las so-called “Obras Completas” de nuestro marqués, que aquí no se terminan de vender desde la época del primer desgobierno del señor Fernando Belaunde (para los lectores extranjero, circa 1965), sueltos valen igual en Europa que las obras de Víctor Cousin, ese gran ministro del Rey Carlos X, impresas en el siglo XIX: 30 Euros cada tomo (por separado/ precio en Lima: 10 soles). Su tan poco acogido Por la Verdad, la Tradición y la Patria (1937-1938), que casi se abren al paso en los suelos de Lima junto al polvo y la polilla, se tasan en Europa entre 60 y 250 Euros, obviamente sin los gastos de envío. Un folleto de los años treinta: 60 Euros; un libro de su juventud en buen estado es una auténtica joya de librero. Miro y remiro las separatas de discursos subrayadas y anotadas, libros comentados, apuntes de diversas fechas y otras maravillas que a lo largo de los años me ha regalado o vendido muy barato quines aprecian mi investigación y me felicito a mí mismo. Lo que hace un lustro era chatarra literaria peruana ahora son gemas de bibliófilo. ¿La clave? El alza de los libros de Montealegre es el Sabbath de mi trabajo, es el reposo productivo, una analogía con el divino trabajo que no hacemos, sino que nos hace.


Y así descanso, cumplo con los requerimientos de los mil médicos que me asedian y sé, dentro de mí, que el carro del evento arroja flores de gratitud al que sabe que es llevado, y que, desde las bridas, lleva. El sabio es más sabio si se acerca a su modelo, aquel que sin actuar las pequeñeces, es el deseo de todo lo que se mueve, el que, indiferente al movimiento, es a su vez el pensamiento del movimiento y, por ende, su motor.

Volveré sobre el tema. Caetera desiderantur…



Acceso a "Dios Patria y Rey. José de la Riva-Agüero y Javier Prado (1904-1905)", en Araucaria, 24, 2010. Haga click aquí.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Tras las manos del Führer. Heidegger y la lógica de 1934



Les presento la versión en pdf de un texto que ha sido impreso en dos versiones. Es el único texto que he escrito sobre Heidegger en formato de comunicación académica, un comentario narrativo sobre el curso de Lógica de Martin Heidegger de 1934, en base a las notas de Helène Weiss. Esta versión fue impresa en la revista Escritos de Medellín, 2007: Escritos, ISSN 0120-1263, Vol. 15, Nº. 35, 2007, pags. 298-317. Una versión revisada (y, sobretodo, más clara) se imprimió con igual título en Analogía filosófica (México), ISSN 0188-896X, Vol. 22, Nº. 2, 2008, pp. 167-186.

Considero que la segunda versión es la definitiva. Al que la desee, puedo acercársela en versión fotográfica por correo privado.

Para el acceso a la versión de 2007, haga click aquí.

martes, 23 de noviembre de 2010

José Ignacio Moreno y Joseph de Maistre


José Ignacio Moreno:
En defensa de la teología política


Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía



Estoy redactando un texto grande sobre José Ignacio Moreno (1767-1841). Quizá me demore algo, pues tengo orden médica de reposar. En mis posts anteriores, así como en la versión de mis reflexiones “José Ignacio Moreno, el de Maistre del Perú” para la Biblioteca Saavedra Fajardo de Pensamiento Político Hispánico, he venido sosteniendo que este personaje monarquista de la era de las independencias, era en realidad un teólogo político. He intentado sugerir que fue un lector temprano de la obra de Joseph de Maistre y que tuvo acceso a ella incluso desde antes de la independencia. Pero mis argumentos han sido observados por algunos lectores serios, en particular por tres colegas, uno peruano, otro español y uno italiano. Los tres me han insistido –no sin razón- en que los textos de Moreno que yo cito no prueban que el personaje haya leído a Joseph de Maistre. Los tres, en cambio, me han indicado la cita de L'Esprit des lois de Montesquieu.



Moreno escribió un discurso monarquista en 1822 amparándose en argumentos tomados de Montesquieu. Eso es cierto. También Bernardo Monteagudo usaba los mismos argumentos, como se puede probar por sus memorias, que son casi al pie de la letra los de Moreno-Montesquieu. De hecho, parecen la trascripción de una traducción libre de M.V. Licenciado, impresa en Londres en 1821 en cuatro tomos y de la que tengo el original. Pero yo nunca he negado que los argumentos de Moreno en favor del gobierno monárquico procedían de esa fuente. Lo que he hecho es afirmar que junto con esos argumentos venían ideas de Joseph de Maistre que tienen que ver con los sentimientos ontológicos de la experiencia histórica del nihilismo liberal. Esto último de ninguna manera pudo salir de Montesquieu. Joseph de Maistre también había leído a Montesquieu, y cualquier ojo educado en la historia del pensamiento político sabe que Montesquieu es citado profusamente en el célebre panfleto contrarrevolucionario Considérations sur la France del Conde de Maistre (1796). De Montesquieu procedían los argumentos monarquistas de Moreno, que concluyen en una tesis sobre la vigencia del gobierno mixto (monarquía constitucional) para el Perú. Pero esa tesis era también compartida por Joseph de Maistre, de quien parece proceder el diagnóstico del constitucionalismo liberal y el civismo republicano como un “error”, cosa de la que he tratado antes. Esta vez quiero poner en consideración del lector esta cita de Moreno, tomada de un contexto de polémica contra el clero nihilista de la república temprana y que es –esto sí, indudablemente- una defensa de Joseph de Maistre como inspirador de Moreno. De sus ideas políticas y religiosas:


Los vencedores de la historia prolongan su mandato con el silencio y el olvido. Ya en el siglo XIX Moreno era una suerte de interlocutor mudo en un diálogo de sordos. A quien en Lima se conocía como “el Doctor” por su inegable sabiduría y talen to, se lo ninguneaba como a un delincuente porque le cabñia –cito a Moreno- “esa palabrita”: ultramontanismo. El charlatán parece siempre –en el corto plazo, por suerte- más poderoso que el pensamiento, y lo es, pues se remite al éxito de lo obvio, aunque bajo la venda protectora que concede la estulticia. Siempre los helados serán más sabrosos que la comida que alimenta. Merecen, pues, los helados, ser más famosos. Así, los libros de Moreno se leían y comentaban, pero las grandes discusiones de filosofía política y política religiosa que han constituido la historia escrita del siglo XIX durante el siglo XX hacen caso omiso del nombre del presbítero de Guayaquil, para remitirse tan sólo a sus ideas. Escribe Moreno en 1831 en defensa del Conde de Maistre y de de la filosofía política religiosa (en un mensaje cuyo eco parecieran ser los gélidos pasillos donde chuchurra la ignorancia):


“En el Mercurio Peruano, Nº 760, del 10 de marzo de 1830, en una nota al discurso sobre las relaciones de la América con la Europa y consigo misma, se ha escrito del Conde de Maistre y de su obra intitulada El Papa: “No es posible encontrar más ultramontanismo, ni más mala fe, textos truncados, doctrinas falsas, y cuanta perfidia puede poner en obra para sostener la monarquía universal del Papa, con todos los errores de los Ultras”.


Lo de ultramontanismo no es de extrañar: éste es un término de moda, que está a la mano para despreciar e insultar a todo el que no piensa como el común de los autores franceses, cuyas obras son las únicas que se leen y consultan para decidir del Papa, y es por esta parte muy cómodo para salir del conflicto en que nos pone la fuerza de los raciocinios y argumentos de los Ultras, sin más discusión y examen. Lógica admirable, que enseña a triunfar del contrario, no destruyendo sus pruebas, sino previniendo los ánimos con una palabrita y alarmando contra él las pasiones.
Más cuando se denuncia al público la mala fe de un escritor célebre por sus talentos, erudición, estilo y honradez, habría sido preciso probárnosla, mostrarnos esos textos truncados, convencer de falsas sus doctrinas, en fin, poner en luz su perfidia; porque decir todo esto nada cuesta a un charlatán cualquiera; probarlo sí sería obra de un verdadero crítico y erudito [...]. Entretanto, la evidencia de lo contrario repele por sí a la calumnia”.


El lector entre líneas no puede evitar ser él mismo quien, en esta ocasión, realice una analogía. Moreno era, en realidad, todo lo que describe de positivo al Conde de Maistre. “Lo de ultramontanismo –escribió- no es de extrañar: éste es un término de moda, que está a la mano para despreciar e insultar a todo el que no piensa como el común de los autores franceses”. ¿No puedo haber trocado “franceses” por “peruanos”? Pero entonces ya sabemos quién es el “ultra”. Es el propio Moreno. La “lógica admirable, que enseña a triunfar del contrario, no destruyendo sus pruebas, sino previniendo los ánimos con una palabrita y alarmando contra él las pasiones” se usa contra Moreno. “Cualquier charlatán” lo descalifica sin citarlo, con “una sola palabrita”. Se denuncia, pero no en Francia, sino en Lima, “la mala fe de un escritor célebre por sus talentos, erudición, estilo y honradez”. Es evidente que se refiere a sí mismo, al propio Moreno que, como Joseph de Maistre en Francia, era esto: un “erudito” y un “escritor célebre”. También un "Ultra". El charlatanismo, por cierto, no ha cambiado gran cosa desde la época de Moreno, pues "una palabrita" parece tan eficaz hoy como antaño. Tampoco ha cambiado la naturaleza de la verdad, que es tan esquiva para los ganadores apresurados.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Conferencia sobre José Ignacio Moreno, Teólogo Político peruano en la era de las independencias





Les anuncio mi ponencia en el XV Coloquio Interdisciplinario de Invetigaciones Históricas

Tema: José Ignacio Moreno:, ultramontano desconocido y divulgador del Conde de Maistre

Fecha: Martes 09 de noviembre del 2010

Hora: 3:00 pm

Lugar: Sala Lumière(s) -AlianzaFrancesa. Av. Arequipa 4595 – Miraflores- Lima


Auspician: Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA), Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), Alianza Francesa de Lima, Centro de Altos Estudios Universitarios y La Coalición

Para acceso al programa, click aquí

href="http://coesco.blogspot.com/2008/08/xiii-coloquio-interdisciplinario-de.html">Acceso directo en http://coescounfv.blogspot.com/
Presentación por el Instituto Francés de Estudios Andinos

jueves, 4 de noviembre de 2010

Jornada Universitaria Razón y Fe 2010/ Conferencia de Dick Tonsmann

Jornada Universitaria Razón y Fe 2010
"Las dimensiones de la persona humana"



Jueves 04 de noviembre de 2010,

de 6:00 pm a 9:00 pm.

Exponen los doctores Dick Tonsmann, Julio Aparicio, Pedro Chacón y el Padre Francisco Chávarry
Lugar: Auditorio "Sebastián Barranca"/ Universidad Ricardo Palma (Lima)

Organizan: Universidad Ricardo Palma

E-mail: capellania@urp.edu.pe

A>uspicia: La Coalición
 
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